White lies (Toll)

Summary

Bill dijo en su concierto en Perú, y en su podcast, que tuvo un tórrido encuentro con un hombre alemán en su vuelo de México... No mentía, pero tampoco es como lo quiso vender a todo el mundo. Tom no estaba satisfecho con ello. Basado en lo que pasó en el concierto de Tokio Hotel el 8 de diciembre del 2024.

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Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom miró a su gemelo, el cual lucía aburrido.

—¿Qué haces? —preguntó Tom, jugando con sus dedos sobre el brazo del asiento del avión.

—¿Qué te parece que estoy haciendo? —inquirió Bill, señalando su Airpod.

El castaño bufó. —¿Sigues de mal ánimo? —cuestionó.

Bill se quitó uno de los audífonos. —No sabes cómo detesto cuando me hablas usando los audífonos, como si los conciertos no me dejaran lo suficientemente sordo, vienes tú a hablarme cuando tengo algo metido en el oído —soltó furibundo el rubio.

—Bill… Son varias horas hasta llegar a Panamá —razonó Tom—. Así que trata de relajarte un poco, ¿sí?

—Es que me enoja como no tienes idea haber venido en vano a México. No me gusta que los fanáticos hayan quedado insatisfechos, y todavía esos malditos nos echan la culpa. Es estresante —exclamó Bill, hundiéndose más en su asiento.

—¿Y si pido algo para que tomes? A ver si con eso te animas un poco —ofreció Tom, buscando distraerlo, mientras le acariciaba la palma con el dorso de su mano.

Bill arqueó una ceja. —¿Estás coqueteando? —preguntó el rubio, con una sonrisa por fin en su rostro.

Tom rió. —Tal vez sí —habló el castaño en voz baja, para no alertar al resto de pasajeros, que si bien estaban en primera clase, de todas maneras corrían el riesgo de que alguno los reconociera y no viera a bien el que hablara de eso con su gemelo.

—Bueno, que conste que fue tu idea —avisó Bill, mientras llamaba a la aeromoza para pedirle whisky con coca.

Tom sabía que era mejor lidiar con un Bill borracho, que llegara feliz con los fans de Perú, a que estuviera de mal humor todas las jodidas horas de viaje, que bien podría ver películas o dormir, olvidándose por completo de su gemelo, pero no, realmente quería que el menor se animara. Era importante para Tom que ellos estuvieran bien durante las giras, porque aparte de la conexión, estaba el hecho de que tenían ese tiempo juntos, y pues, si bien no eran unas vacaciones, sí sentía que era especial porque lo habían hecho desde siempre.

El castaño recibió de buena gana el vaso, comenzando a tomar junto a su gemelo.

—Bueno, y dime, ¿cuál es tu nombre? —preguntó Bill, jugueteando con la pajilla en la boca, y Tom casi se atora por reírse.

—¿Mi nombre? Ah, sí. Nick —respondió Tom, siguiéndole el juego.

—Vaya, ¿y a dónde vas, Nick? Me refiero, cuando lleguemos a Panamá —cuestionó Bill, sorbiendo de su trago.

—El Salvador —respondió Tom.

—¿Qué mierda es eso? —inquirió Bill.

—Por tu culpa siempre quedamos como ignorantes que no terminamos la escuela, es un país de Latinoamérica —farfulló Tom.

Bill puso los ojos en blanco. —Ya, no rompas el rol, Nick… ¿Y de dónde eres? —siguió cuestionando.

—Ehmn, ¿no sé? ¿Si te hablo en alemán tal vez soy de la India? —preguntó Tom, riéndose, mientras que Bill le daba un golpe en el brazo.—Carajo, Bill, no pegues duro.

—Otras veces no te quejas —bromeó Bill, moviendo insinuante las cejas.

—¿Cómo? Pero si recién te conozco —dijo Tom, riéndose mientras se hacía el desentendido.

—Ah, sí, soy Bill Kaulitz, cantante de Tokio Hotel —habló Bill, relamiéndose los labios.

—Oh, sí, creo que he oído de ustedes en Alemania —siguió la corriente Tom.

—Y dime, Nick. ¿Negocios o placer? —inquirió coqueto Bill.

—Creo que ambos —respondió Tom, para luego sorber de su vaso, sintiéndose inquieto, y sabía que no era por el alcohol, sino por la forma en que Bill estaba mirándole, como comiéndoselo con los ojos, y lo sabía, que no era lo más sensato darle alcohol a Bill porque se ponía aún más cachondo…

Pero… ¿No vendría mal que se relajasen un poco, verdad? Por inercia, Tom miró alrededor, notando que la gente estaba metida en sus propios asuntos.

—Eres muy guapo, eh, Nick. Creo que es el destino cruzarnos en este vuelo. Un hombre alemán tan atractivo, con el que viajaré hasta Panamá… No sé, son varias cosas, mucho puede pasar mientras tanto, ¿no? —preguntó Bill.

—Sí, muchas cosas —cedió Tom, apurando el whisky por su garganta.

Bill llamó a la aeromoza en inglés.

—Traiga la botella completa —ordenó Bill, con una sonrisa que no admitía negación alguna.

La mujer asintió y la trajo de inmediato.

Tom sintió calor de pronto, pero más que por el ambiente o alcohol, por la forma en que Bill estaba muy seguro de sí mismo, mandándole al resto, era algo que no decía en voz alta, pero le gustaba verlo a cargo… Más que gustarle, leexcitaba.

Cuando la aeromoza regresó con la botella, Bill se la quitó con cuidado.

—Gracias, dulzura —masculló Bill, guiñándole un ojo, haciendo que la mujer se fuera azorada de allí—. ¿En qué estábamos? —habló, volviendo su atención a Tom, el cual rió, mientras servía el trago en sus vasos.

—¿En que el destino nos juntó? —preguntó Tom.

—Ah, sí, el destino nos juntó. Sí. Porque dos alemanes que se conozcan en un vuelo de México a Panamá es… Definitivamente una señal, ¿sabes? Principalmente cuando eres tan… —masculló Bill, relamiéndose los labios luego de barrerlo con la mirada—. Sexy.

—Invítame un par de copas y tal vez tengas suerte cuando regrese a Alemania —bromeó Tom, de todas formas bebiendo al igual que Bill, el cual se sentía mucho más envalentonado conforme se llenaba de más alcohol en su sistema, no es como si él lo necesitara, digo, ya era bastante desinhibido con o sin alcohol en su cuerpo.

—Oh, hermoso, es que yo no vivo en Alemania —comentó Bill—. Pero podría recorrerme el mundo entero con tal de verte, ¿sabes? Así sea una noche —farfulló con el mismo aire coqueto que mantenía, ahora acariciándolo con la mano libre en el brazo, y Tom sentía cómo sus vellos se erizaban frente al toque, y más porque Bill se estaba acercando para hablarle, respirándole cerca, su aliento a alcohol entremezclado con su perfume y su aroma natural, estaba aturdiéndole los sentidos, pero no, debía mantener la compostura.

—Me gustaría eso. Aunque tampoco vivo en Alemania… Estoy en Los Ángeles —musitó Tom, y Bill fingió sorpresa.

—¿En serio? ¡Yo también! —exclamó Bill, y Tom quería callarlo por ser tan condenadamente ruidoso.

—Sí… Tal vez podríamos encontrarnos por ahí —ofreció Tom, bajando el volumen de su voz, mientras se acercaba un poco más a Bill, tratando de ser sutil con que su gemelo hablase más bajo.

Bill cortó la distancia y le robó un beso, sólo un roce tenue, porque en realidad quiso profundizar pero Tom se separó.

—Bill, carajo, nos pueden ver —regañó Tom, mirando espantado alrededor.

—Te pones tan cerca que me dificultas pensar con claridad —dijo Bill, sirviéndose más whisky.

Tom recordó la fan party y cómo tuvieron que decir que “sólo era el ángulo”, para no decir que estaban tan ebrios que se olvidaron que podían verlos cuando se estaban besando.

El gemelo mayor empezaba a arrepentirse de que le hubiera dicho a Bill que tomaran, pero… Ciertamente no pudo decir nada cuando siguieron bebiendo, esta vez el mayor alejándose un poco de su gemelo, para evitar que le robase otro beso, pero Bill insistía con ese juego de roles, donde Tom era Nick, “el guapo alemán”, y Bill sólo era el mismo, porque sabía lo narcisista que era su gemelo como para fingir ser alguien más.

Sin embargo, conforme pasaban las horas, iba perdiendo la vergüenza, por lo que en vez de remover la mano de Bill de encima de su muslo, le dejaba que lo acaricie, mientras se estremecía por el toque sintiendo cómo su excitación iba formándose en sus pantalones.

—Bill… —soltó en un jadeo, sintiéndose perdido cuando el menor le respiró en el cuello, su maldito gemelo era muy encimoso cuando estaba ebrio, y era difícil resistirse, principalmente cuando él también estaba borracho.

—Eh, chicos, ya llegamos a la escala —habló Georg, riéndose al verlos, al menos la ropa puesta, que teniendo en cuenta cómo eran los gemelos, ya era ganancia.

Bill se giró violentamente y Tom se tapó con su gorra el rostro.

—Ah, sí, sí… —habló Bill, levantándose todo tambaleante del asiento, con un bulto en los pantalones.

Tom hizo lo mismo, ya había perdido la cuenta de las veces que Georg o Gustav los había descubierto así. Al menos fue él y no algún fan o algo así.

“Maldito Bill, jodidamente coqueto, pero no, debo mantenerme firme y no sucumbir”, pensó Tom.

Tenían hora y media para calmar sus nervios.

Tom se metió al baño, echándose agua en el rostro y cuello, tratando de evitar a Bill todo el tiempo, porque lo conocía, sabía lo insistente que era, y que terminaría convenciéndolo de coger en el baño, y no. Tenía dignidad, ya no eran jóvenes como antes que lo hacían en el baño de las premiaciones fingiendo que “se había perdido el anillo de Bill”, o cualquier excusa pésima para justificar que se desaparecieran. No, ya tenían treinta y cinco años, no podían hacerlo en un baño como dos adolescentes.

“No fue lo que pensaste en el rapidín en el Halloween del 2018”, se recriminó a sí mismo, y sí, tal vez no debió tener acción con Bill vestido de Shrek, en su defensa ni siquiera había ido al baño con esa intención… Negó con la cabeza, igual ya habían pasado seis años de eso.

“Vamos, tú eres un señor, Tom, no te dejes. Eres fuerte, determinado, el mayor, así que sé un hombre y no le hagas caso a tu gemelo”, se repitió a sí mismo.

Pero finalmente cuando se lo encontró Bill no pudo hacer nada porque tenían que comer con el staff, sin embargo, no dejaba de verlo todo el tiempo, con esa mirada insistente y penetrante que era como sentir miles de agujas por toda su dermis. ¿Lo malo? Es que luego se volverían a sentar juntos en el vuelo a Perú, así que no sabía cómo evitarlo en ese momento.

Vio al bajista hablar con Susanne por videollamada, y cuando cortó, lo miró.

—Geo, una pregunta, ¿tú crees que podamos cambiar de asiento en el vuelo hacia Lima? —preguntó Tom.

El mayor se rió. —Tom, ¿te das cuenta que Bill te está poniendo “esa mirada”? —cuestionó el bajista.

Tom suspiró.

—Yo no me quiero interponer entre el amor fraternal —sentenció Georg con tono de burla—. No olvides llamar a Heidi.

—Ya le mandé un texto —se defendió Tom, poniendo los ojos en blanco. El decir “que mantenía constante comunicación con su esposa”, era ponerle un “ya llegué” o “estoy bien”, no el “estar en continuas videollamadas”, eso lo había sacado de la rutina de Georg y Gustav, y era un speech convincente que le repetía al resto, encajaba bien con su perfil de “esposo modelo”.

Era un poco frustrante nunca poder ser él mismo, primero fingiendo ser un mujeriego empedernido sin responsabilidad afectiva, para luego ser el “esposo amoroso”. Y no negaba que en sí que era más apegado a lo que Tom realmente era, pero no con Heidi… Suspiró.

La realidad era otra, con quien se había casado primero era su gemelo, y por eso Heidi se había enojado cuando a Bill “se le escapó” decir que “se casó con su gemelo” y no “casé a mi gemelo”. Evidentemente había sido con toda la intención del mundo, excusándose con su inglés… Que Heidi no se lo creyó y sólo hizo que se enojara al sentir que desmerecía su matrimonio con él. Suspiró. Ya le habían hablado a Heidi, pero realmente la mujer era complicada.

Pero un rubio a la vez, fue lo que pensó, fijándose en cómo Bill seguía mirándolo.

Comió porque sabía que en el vuelo no podría hacerlo. Ya estaba más que visto que Bill no lo dejaría en paz.

En la cola para embarcarse en el otro vuelo a Perú, es que Bill se situó detrás suyo.

—Nick, qué coincidencia volver a verte —soltó Bill, sonriéndole.

—Ah, sí, es que perdí mi vuelo —farfulló Tom, siguiendo el juego.

—Oh, qué lástima… ¿No te gustaría que te invite a mi concierto en Lima? Podrías estar en primera fila —ofreció Bill, con el mismo tono aterciopelado. Para este punto el rubio ya no estaba ebrio, pero seguía igual de coqueto, evidentemente enojado porque Tom lo estuvo evitando.

—Sí, podría ser —masculló Tom, relamiéndose los labios.

—Entonces ven… Tengo un asiento libre al lado. Es que mi hermano irá en otro vuelo —soltó Bill, guiñándole un ojo, para tomarlo de la mano.

El castaño lo sentía un poco arriesgado, pero igualmente correspondió al agarre, cuando se subieron al avión.

Para su suerte, o desgracia según se vea, en la zona de primera clase habían pocas personas. Entre ellos Georg y Gustav, y algunos de su staff. Pero no había más gente. Lo que significaba que Bill tenía mayor oportunidad para ser el descarado que era.

—¿Pedimos algo para tomar? —cuestionó Bill, jugando con el piercing de su lengua.

—¿No tomamos bastante en el vuelo a Panamá? —preguntó de vuelta Tom.

—No lo creo… No fue lo suficiente como para tener sexo —susurró Bill contra el oído del castaño, el cual tragó saliva, tratando de encontrar su autocontrol y resistirse al aliento cálido de su gemelo, o sus labios casi rozándole la oreja.

Tom ni siquiera podía jugar con su piercing en el labio por su nerviosismo porque ya se lo había quitado, era contraproducente usarlo luego de que se le hubiera enredado con el de Bill varias veces. Así que se mordió el labio inferior, tratando de contenerse, pero el rubio le lamió el lóbulo perforado, para luego sujetarlo entre sus dientes.

—Bill… —soltó Tom en una advertencia que carecía de verdadera fuerza.

—Nick —gimió contra su oído su gemelo y, a pesar de que ese no era su nombre, Tom sintió un ramalazo de excitación por la forma en que habló.

—Cálmate —pidió Tom sin verdadera convicción.

La voz del capitán los despertó de su burbuja, mientras les daban la bienvenida, y luego la aeromoza hablaba de cómo ponerse los cinturones de seguridad y demás información que se sabían de memoria.

Bill se mantuvo en su sitio, cruzándose de piernas para que no notaran su tienda de campaña, mientras Tom se hundía más en su asiento. Sólo un poco de charla había bastado para encenderlo. Se sentía tan enojado consigo mismo.

Cuando comenzó el despegue, y nuevamente tuvieron privacidad, es que Bill volvió a estar de insistente, ahora dejándole besos en el cuello, mientras Tom tenía que morderse la boca para no gemir, y sutilmente su gemelo menor le acariciaba el muslo, apretándoselo, sin llegar a tocarle el miembro. Bill era un jodido provocador.

—Anda… Dime que sí, Nick, te haré sentir muy bien. Ya vas a venir a otro país a verme, ¿no quieres tener un trato especial? Puedo hacerte despegar y darle el mejor asiento… En mi pene —jadeó Bill contra el oído de Tom.

—Bill… Estamos en un avión, ¿cómo crees que vamos a tener sexo? —cuestionó Tom, mirándolo inquisitivo. No entendía la logística de aquello.

Bill se rió. —¿Dónde crees?

—¿Aquí frente a todos? No, gracias —reclamó Tom, mirando hacia la ventana.

Bill nuevamente le mordió la oreja.

—En el baño —susurró el rubio.

—Bill, ¿por qué ese afán de hacerlo en el baño? —cuestionó Tom, recriminándole con los ojos.

—Es más excitante, nunca lo hemos hecho en un avión —barbotó Bill.

—¿Estás seguro? —inquirió Tom, arqueando una ceja.

—Bueno, fue una paja, no cuenta —desestimó Bill.

—Bill… Ya no quiero hacerlo en los baños —se quejó Tom, cruzándose de brazos.

—Oh, por favor, Nick. Vamos… —pidió Bill, acariciándole el brazo, ahora pasando sus uñas para tentarlo—. Tomii… —soltó en tono meloso, haciendo que el mayor se gire—. ¿No quieres hacerlo? Sabes que te gustan las nuevas experiencias… Vamos, sé un aventurero conmigo otra vez. Te daré un trato extra especial.

—Ni siquiera puedes prepararme con esas uñas —farfulló Tom.

—Por favor, Tom, no empieces. Las uñas no han sido un impedimento para nosotros. Aparte los dedos son magia tuya, así que te preparas mucho mejor de lo que yo podría hacer por ti —acotó Bill.

—Podrías intentar, no sé, ¿pensar un poco menos en ti mismo? ¿Tal vez analizar si parte del juego previo es sentir tus dedos y no los míos? —musitó Tom.

—Tom, no hagas dramas, que para eso estoy yo. Te hago sentir muy bien de otras formas. Y es poco práctico quitarme las uñas ahora que las necesito durante lo que quede de gira. Y hablamos de un rapidito en el baño, no de una sesión de más de dos horas en un cuarto de hotel —recriminó Bill.

—No sé, no me convences —se quejó Tom.

Bill volvió a pasar sus labios por su cuello, con lentitud, cadencia, simplemente para sentir cómo con su aliento se erizaban los vellos del cuello de Tom, el cual se mordía el labio inferior para no dejar salir el jadeo que pugnaba por reptar fuera de su interior. Ni siquiera Bill lo estaba besando, solamente subía los labios de arriba abajo por la zona sensible de su cuello, mientras que Tom sentía cómo su polla vibraba en sus pantalones y la uña… Bill le pasó la uña por encima de su entrepierna… De una forma tal que se le escapó un jadeo.

—Vámonos al jodido baño —cedió Tom, mandando al diablo su autocontrol—. Pero ve tú primero, y luego yo —pidió, y vio cómo su gemelo se iba en dirección al cubículo—. Sólo me condeno, maldita sea, Bill —habló para sí mismo, fijándose que habían pasado cinco minutos, para levantarse en dirección al baño, revisando en la cartera de Bill, que efectivamente tenía lubricante en un envase pequeño, porque eran prohibidos los potes grandes en los viajes.

Sujetó el envase y fue con él al baño, fijándose que su gemelo menor estaba en el asiento de inodoro.

—Pensé que me habías dejado plantado —habló Bill, para luego empotrarlo contra la puerta, comenzando a besarlo, sin darle tiempo de siquiera respirar.

Pero sí, así de intenso y dominante era Bill.

El menor besaba de forma demandante a Tom, buscando la dominancia con su lengua, mientras que el castaño chupaba su lengua, sintiendo el piercing tan agradable contra lo cálido que se sentía en su cavidad, Bill pasó su lengua por detrás de su paladar, y luego subió sus manos por debajo de su camiseta, delineando los músculos hasta llegar a sus pectorales, jugando con sus pezones, mientras jalaba con cariño sus vellos.

—Oh, mi alemán peludo —molestó Bill contra la boca de Tom.

—Cállate, imbécil —soltó Tom contra sus labios, con la misma sonrisa, para luego volver a besarse.

Bill le rascó el pecho con las uñas, haciendo que Tom siseara por el dolor, pero también se excitara al sentir cómo estaba de sensibles sus pezones, atrajo a su gemelo hacia su cuerpo, tomándolo por la cintura, sabía que no tenían mucho tiempo, pero realmente amaba tocarlo, y sentir sus labios contra los suyos. Amaba demasiado a su gemelo, tanto que no podía resistir mucho a él. No le importaba perder la dignidad con tal de tenerlo siempre.

Por eso Tom siempre cedía.

Bill enredó sus dedos en sus cabellos, jalándoselos con suavidad, sin dejar de besarlo, frotando su entrepierna contra la suya, y haciendo que ambos gimieran en el beso.

—Mierda… Quiero sentirte —jadeó Tom contra los labios de Bill.

—Prepárate para mí, bebé —ordenó Bill, para luego lamerle el cuello, dejándole una mordida que hizo que Tom empujara su pelvis para más contacto.

Tom se separó levemente, lo cual era difícil dado el espacio, sin embargo, se apoyó contra el lavabo, mientras Bill se volvía a sentar encima del inodoro con la tapa puesta, observando atento cómo su gemelo mayor se bajaba los pantalones hasta las rodillas, y abría el lubricante, empapando sus dedos, mientras lo dirigía a su propia hendidura. Desde el espejo Tom podía ver el deseo en los ojos de su gemelo, mientras veía sus propios ojos con la misma lascivia, se relamió los labios y palpó su entrada, con movimientos circulares, sin aún meterse nada, simplemente tanteando, algo que hacía que su propio miembro diera botes contra su vientre, y empujó contra la calidez que emanaba de su propio cuerpo, arqueándose contra su mano al percibir dos dedos lubricados en su canal.

Bill estaba embebido con aquella escena por demás erótica. Claro que amaba preparar a Tom, pero… Verlo era tan excitante. Observar cómo esos dígitos se perdían en su interior, el movimiento de la muñeca, y cómo Tom mismo empujaba su trasero contra su mano. Mierda, realmente el mayor le ofrecía una escena obscena que no se cansaría de ver.

El rubio se bajó los pantalones, masturbándose mientras veía cómo Tom unía un dedo más, el castaño ni siquiera estaba estimulándose la próstata, simplemente rozaba levemente, mientras se concentraba más en relajarse para poder recibir a su gemelo. Tom estaba acezado, con los labios entreabiertos y sintiendo que sudaba, mientras escuchaba la mano de Bill masajeando su erección. Así no durarían mucho tiempo. Aunque igual no recordaba cuánto tiempo tendrían de vuelo, porque Bill estuvo insistiéndole bastante rato hasta que finalmente aceptó.

Tom siguió abriéndose con los dedos, dándose cuenta que estaba más que listo para tener a su gemelo dentro, que simplemente lo vio de reojo en el espejo, como para tentarlo, que él se acercase, quitase los dedos y los cambiara por su verga, pero… La bendita conexión sí funcionó, ya que Bill le correspondió a la mirada, y se puso de piel, quitando su mano, y guiando su pene hacia su dilatada entrada.

Bill lo sujetó por las caderas, y lo miró en el espejo.

—Vas a ver cómo te haré volar… —habló contra su oído, para luego hundirse en él.

Tom puso los ojos en blanco cuando lo sintió llenarlo por completo, su mismo cuerpo se había relajado por la fuerza de la costumbre, pero… Sentir su peso contra su espalda y sus manos apretándole las caderas, era algo que seguía excitándole, incluso con esas uñas que le lastimaban, pero no le interesaba. Era lo demás, simplemente quería más de Bill.

—Dame ese trato especial que prometiste, Billy —soltó Tom en un jadeo, empujando su trasero contra la pelvis de su gemelo.

Bill abrió sus fosas nasales por la excitación y por ese jodido tono apretado que usaba Tom al hablar, simplemente para provocarlo, y le jaló del cabello hacia atrás, lamiéndole el cuello, mientras comenzaba a arremeter contra su cuerpo, haciendo que su pelvis besara el trasero de su gemelo.

—Te niegas y todo… Pero eres bien goloso una vez que aceptas, ¿no? —inquirió Bill, mordiéndole el cuello, sin dejar de mover las caderas, mientras Tom se mordía el labio inferior para no gemir, sintiendo cómo el menor estaba dándole justo en su punto dulce, pero sí lo estaba estimulando, directamente, como para hacerlo enloquecer, y se sujetó el pene, comenzando a masturbarse, apretando intencionalmente su interior, para ver cómo Bill se excitaba más, y siseaba por ello.

—¿Yo…? Sólo soy un alemán que perdió su vuelo —farfulló Tom, siguiendo ese juego de roles que habían hecho en un principio, y Bill rió, pero sin dejar de penetrarlo, metiéndose tan profundo que el mayor tuvo que aferrarse con la otra mano al lavabo, porque sentía que sus piernas iban a ceder.

—Inclínate —ordenó Bill, y Tom obedeció, arqueándose un poco mientras se apoyaba más sobre el lavadero, y sentía cómo Bill incrustaba sus uñas en sus nalgas, haciéndolo jadear, mientras se la metía con fuerza…

Ni siquiera podía quejarse de dolor, porque no le dolía, le estaba dando justo cómo le gustaba en esos momentos. Certeros, intensos y profundos… Tanto así que dejó de masturbarse y simplemente se centró en cómo percibía centímetro a centímetro de arremeter, desestabilizando su sistema nervioso, haciendo que todo su cuerpo colapsara. Bill tenía un jodido poder sobre él… Porque lo sabía, al verse en el espejo con los labios entreabiertos, mientras veía a aquella fiera dándole con todo su ímpetu en su interior… Sabía que nunca podría tener mejor sexo que ese, sin importar lo poco digno que fuera hacerlo en un baño. No…

Bill siguió con las estocadas, mientras Tom se mordía el labio, apretando su interior nuevamente, pero esta ocasión no por molestarlo, sino porque ya estaba estimulándole tanto la próstata que fue un espasmo involuntario antes de que se corriera con fuerza en el lavabo, mientras Bill soltaba sus hilos blanco en el interior de su gemelo dejando un par de embestidas más, para finalmente salirse, con cuidado.

—Mierda —dijo Bill, limpiándole a Tom con papel higiénico—. Eso fue intenso.

—Sí, pero… Primero sales tú y luego yo. No escucho ruido afuera, algo me dice que ya aterrizamos —habló Tom, siendo consciente de su entorno, mientras se acomodaba los pantalones, y guardaba el lubricante.

Bill arqueó una ceja, le dejó un beso en los labios y salió del baño.

En efecto, la gente iba haciendo cola para salir del avión.

El rubio cerró la puerta del baño, para unirse al resto y pasar Aduanas, y luego de un rato bajó Tom, que ya se había arreglado incluso el cabello para lucir como si nada, tal y como lo habían acordado.

No pudieron hablar más en ese momento porque después de salir del aeropuerto, firmaron unos autógrafos antes de irse a su hotel, donde no compartieron cama, pero sí durmieron casi al tocar la almohada.

...

—Odio tener que dormir en cuartos separados —le habló a Tom en lo que los del staff acomodaban las cosas para que grabaran su podcast.

—Lo sé, bebé. Pero es así, ya sabes —explicó Tom en voz baja.

—¿Listos, chicos? —cuestionó Max, acomodando todo para grabarlos.

Los chicos asintieron.

Luego de grabar, Tom miró a Bill incrédulo.

—¿En serio tenías que hablar de tu encuentro en el avión con un alemán? —preguntó Tom, sonrojado en voz baja.

—Pero no mentí —se excusó Bill.

—Bill, Nick no existe —señaló Tom, frustrado.

Bill rió. —La gente no tiene que saberlo.

—¿No crees que tus mentiras nos van a traer más problemas? —cuestionó Tom.

—Tengo que vender mi imagen de “hombre soltero”, ya sabes, al menos hasta que le renovemos el contrato a Marc —mencionó Bill, alzándose de hombros.

—¿En serio crees que la gente es tan estúpida para no pensar que tan raro es que tú te encuentres con un alemán en tu vuelo de México y que éste pierda su vuelo a escala y luego acceda, sin conocerte, a venir contigo a Perú para coger y ya? —inquirió Tom.

—Tom, se creyeron que era virgen por mucho tiempo. Y aún creen en todo lo que decimos, así que sí. Pienso que lo creerán —masculló Bill.

—¿De dónde sacas tantas ideas estúpidas y mal formuladas? ¿Sigues leyendo fanfics? ¿Te imaginas lo que pensará la gente de que casi todo tu libro autobiográfico tiene varias escenas de fanfics que has leído? —cuestionó Tom, frunciendo el ceño.

—Bah, esa gente se inspira en nosotros, ¿qué daño hace que yo diga mentiras basándome en eso? Siento que es un poco de crédito compartido, si usan nuestra imagen, pues, ¿me lo deben en parte, no? Aparte es lo que más vende, lo sabes. La imagen de que soy el gay pasivo muerde almohadas, así que meh —se alzó de hombros—, es lo más creíble supongo.

—¿Entonces vas a seguir con este mal chiste? —inquirió Tom.

—Sí, Tom… Tienes que entender que me debo a mi público. Ellos aman verme como un chico que se enamora con facilidad, y entrega el culo a cualquier desconocido. No lidiarían con la realidad —farfulló Bill.

Tom suspiró.

—Nunca seremos nosotros mismos —musitó Tom mirando hacia la pared.

—No tienen que saber cómo somos en realidad, Tomi, que te baste con que nosotros sepamos la verdad y ya —masculló el rubio, mirando al mayor, para luego dejarle un beso en los labios—. Así que prepárate para el concierto, mi amor.

Tom asintió de forma ausente.

Bill veía al público emocionado, se notaba que ahora sí habían llenado el estadio, sonrió complacido, mientras bebía de su taza.

—¿Tenemos gente borracha aquí esta noche? ¿Quién está borracho? Oh, mírense, chicos. Vale. Se están divirtiendo sin mí. Interesante, porque todo lo que puedo beber es esto. Y esto es whisky —rió Bill—. No, bueno. Sólo es miel con limón, y un poco de jengibre —aclaró, aunque en realidad sí tenía un poco de whisky, pero el público no tenía por qué saberlo—. Pero ayer, de camino hacia aquí, me emborraché muchísimo en el avión. Dios mío. Pedí más y más whisky. Tenía una acompañante hermoso justo a mi lado en mi asiento. Tom volaba en otra aerolínea. Por eso estaba solo. Y de repente el whisky se acabó… —contó como quien dice una travesura—. No sé cómo pasó, pero me divertí mucho… —Bill hacía alusión a que tuvo sexo, mientras la gente reía.

Georg se reía al recordar “qué tanto se había divertido Bill”, y Tom quería que se lo tragara la tierra.

Cuando llegaron al hotel, Tom acorraló a Bill en su habitación.

—¿Qué mierda, Bill? —preguntó Tom, cruzándose de brazos.

—¿De qué? —inquirió Bill, que olía a alcohol.

—¿Cómo que qué? ¿Qué necesidad de decir que yo estaba en otra aerolínea? Es evidente que la gente no va a pensar que con quien tuviste sexo fue conmigo, ¿qué necesidad de decirlo? Quien más aclara oscurece. Precisamente por eso no dejo que tomes en los conciertos. Carajo, básicamente estás diciendo que “tuve sexo con alguien, pero no vayan a pensar que es mi hermano, porque no viajamos juntos”. ¿Y la gente que nos grabó al pasar por Aduanas? ¿Los crees tan estúpidos? —recriminó Tom, exasperado.

—Wow, wow, tranquilo, bebé. Estás sobrepensando demasiado, mi Tomiii… Así que ven, dame un besito y hagamos el amor —pidió Bill, besándole el cuello, mientras Tom se removía.

—No… Bill… Eres un estúpido… —se quejó Tom—. Aparte te olvidaste de la letra —acotó—. Está bien que te relajes, pero no tanto.

—Ya luego se les olvida… No es como que vayamos a volver pronto —masculló Bill, para después lamerle el cuello a Tom.

—Bill… Es que no todo puede ser sexo… Incluso estoy cansado ahora. Ya no somos unos chiquillos —regañó Tom, sin embargo, sí extendió más su cuello para seguir recibiendo las atenciones de Bill en su zona erógena—. Sabes, sí, vamos a hacerlo, pero… Tienes que reflexionar en tu actuar, Bill… No sólo puedes actuar como… —Bill lo besó, callándolo con sus labios que sabían a jengibre y whisky.

Tom fue perdiendo la cólera cuando las caricias torpes, pero efusivas, de su gemelo cobraron más fuerza.