Nada es lo que parece (toll)

Summary

Gustav quería que Bill lo ayudara a sorprender a Georg, porque, ¿quién mejor que Bill para ayudarlo a intentar ser el pasivo en su relación? Es que era más que obvio, si grazna como un pato, camina como un pato y se comporta como un pato, entonces, ¡seguramente es un pato! ¿Verdad?

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Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Bill estaba pintando sus uñas, mientras cantaba Toxic de Britney Spears, con el ventilador encendido porque había demasiado calor para lidiar con ello.

Gustav vio al cantante y se acercó, luciendo un poco nervioso.

—Bill, quería hablar contigo —manifestó el baterista, sentándose a un costado del moreno, el cual arqueó una ceja sin dejar de fijarse en sus uñas.

—Sí, Gus, dime en lo que termino de pintarme —instó Bill, siendo muy cuidadoso con no salirse de la uña.

—Bueno… Ustedes ya, pues Tom y tú están juntos más que como hermanos —comenzó a decir Gustav.

—Sí, la etapa de aceptación ya pasó luego de tres años —soltó Bill con sarcasmo, sin dejar de pintarse las uñas. Gustav bufó.

—No me refiero a eso. Me mantengo al margen de sus asuntos. Sino… Tú sabes que estamos en esa etapa exploratoria con Georg. Es decir, ya estamos juntos desde hace casi un año. El problema es que siempre hemos mantenido el mismo rol… En la cama, ya sabes, como tú con Tom —farfulló Gustav y Bill se manchó el dedo por lo dicho, mirando a su amigo.

—¿Qué? —preguntó Bill, dejando el esmalte a un lado. Luego agarraría la acetona, quería ver si había entendido bien.

—Sí, es decir. Tom me dijo que es el activo siempre, y bueno, lo entiendo, si bien no es el estereotipo de un macho, la verdad es muy tierno a veces. Tú eres femenino, dulce y así —explicó Gustav con simpleza.

Bill se rió y arqueó una ceja.

—Entiendo, sí, es evidente pues —musitó Bill en un tono indescifrable.

—Sí, o sea tampoco digo que eres una mujercita. Lo sabré yo que te he visto golpear a Tom tantas veces, ser grosero como tú solo, gritarnos como si fuéramos tus lacayos… Mientras que Tom es más de bromear, hacer planes, e incluso a veces es tímido, pero sí, se entiende que él no se maquilla, ni pinta las uñas, ni usa ropa ajustada, y eso —complementó su idea.

Bill comenzó a pasarse la acetona para limpiar esa uña.

—¿Y a qué viene tu interés con lo que pase en mi cama? —inquirió Bill.

—Bueno, es que Tom me dijo que eres muy sumiso. Así que… Eh, quisiera sorprender a Georg —habló con nerviosismo Gustav, rascándose el cuello, Bill lo miró nuevamente—. Yo siempre he sido el activo, sin embargo, sí quisiera darle un regalo de aniversario, porque él me ha mencionado un par de ocasiones que le gustaría probar ser el activo —agregó, con la expresión seria pero un sonrojo en las mejillas—. Así que quería ver si podías darme unos consejos para serlo. No sé, sinceramente no he estado con otro hombre fuera de Georg, sólo mujeres. Y como quiero que sea sorpresa, no quiero decirle que me enseñe.

—Aww, Gus. Eso es tan tierno —mencionó Bill, sintiendo genuinamente ternura por lo dicho por su amigo, podía sentir mucha empatía.

—Sí, bueno. Entonces… La verdad es que Georg siempre está muy limpio, y yo no quisiera que hubiera un inconveniente por algo así o no sé. Georg nunca soltó un gas al hacerlo, y tengo miedo que me pase algo así y corte el ambiente —habló Gustav.

Bill puso expresión de asco.

—Ni me juzgues…

—Está bien… Uhmn. Supongo que… —se quedó dubitativo Bill mirando a una pared.

Gustav lo vio, hasta que pasaron varios segundos.

—¿Es que ustedes no tienen sexo seguido o por qué es que no sabes qué responder a algo que se supone haces seguido? —preguntó Gustav, confundido por Bill que lucía disociado.

Bill rió. —No, sí tenemos mucho “tiempo de gemelos” —repuso el moreno.

—¿Entonces por qué no recuerdas lo que haces antes de que te partan el culo? —cuestionó Gustav.

Bill se mordió la lengua, mostrando una sonrisa fingida donde no abría la boca.

—Sí, bueno. Ehm… La limpieza es fundamental. No sólo por fuera, principalmente por dentro. Puedes comprar duchas anales —masculló Bill.

—Entiendo, duchas anales —repitió Gustav, apuntándolo en el bloc de notas de su celular—. ¿Y hay algo que deba evitar comer antes?

Bill se quedó pensativo nuevamente, sacó su celular de su bolsillo.

—¿Qué haces? —interrogó Gustav, confundido al verlo tomar su móvil.—¿Vas a buscarlo en internet?

Bill se rió nervioso y bajó la pantalla hacia su muslo.

—No, no, ¿cómo crees? Yo no tendría que buscar algo en internet que claramente hago todo el tiempo —respondió en el mismo tono extraño de antes.

Gustav arqueó una ceja.

—Bueno, sobre evitar comer. Supongo que legumbres. Ah y picante, si no le dolerá a Georg y créeme, es un dolor que… No se lo deseo a nadie —explicó Bill.

El rubio apuntó en su bloc de notas conforme hablaba.

—Pobre Tom… Pero espera, tú odias el picante —mencionó Gustav suspicaz, recordando que quien solía comer picante era Tom, el cual lo dejó abruptamente de la noche a la mañana, alegando que podría sufrir de gastritis.

Bill rió. —Ah, sí, es que una vez lo comí sin querer —contó el moreno—. ¿Georg se prepara a sí mismo? —cambió de tema.

—Sí, es decir, sabe hacerlo. Aunque prefiere que yo se lo haga como parte del juego previo —narró el baterista.

—Bueno, entonces es importante la preparación, bastante lubricante pues, igual como cuando eres activo. Por lo general si Georg sabe hacerlo, sabe dar con su propia próstata, sin embargo, dar con la otra es distinto, que bueno, tú sabrás cómo activo. Así que procura ser muy comunicativo con ello, los pasivos que van a ser activos por primera vez suelen ponerse muy nerviosos, así que trata de relajarlo, dile que lo quieres, que confías en él, y que hará un buen trabajo. Aunque tal vez se le complique un poco correrse sin recibir estimulación en su próstata. En ese caso lo mejor es que le compres un juguete sexual que tenga puesto mientras recibes —aconsejó Bill.

Gustav parpadeó confundido. —¿Entonces ustedes se turnan y eso te dijo Tom antes de darte su…?

Al baterista se le complicaba imaginar a Tom siendo pasivo o versátil.

Bill abrió grandemente los ojos y rió.

—No, ¿cómo crees? Si soy un pasivo muerde almohada, Tom ni un dedo aceptó por atrás, es virgen ahí —masculló Bill y ahora sí Gustav captó el tono cínico.

El baterista se sentía conflictuado. ¿Sería que Bill le estaría mintiendo? ¿Entonces Tom también le habría mentido? Era difícil saberlo con ese par de gemelos.

—¿Entonces cómo se hace para relajarte en ese momento y que entre todo? —interrogó Gustav.

—Debes entrar lento… Digo, Georg debe entrar lento, dar un tiempo hasta que te acostumbres, no sé, tal vez sirva que Georg te bese o masturbe para relajarte, o ambos —mencionó Bill.

—Bueno, gracias, Bill —habló Gustav, palmeándole la espalda al cantante para luego irse, viendo cómo el moreno le sonreía.

Cuando Gustav se fue, Bill puso expresión furibunda, y terminó de pintarse las uñas.

Cuando Bill y Tom llegaron a su departamento, el de rastas vio a su gemelo confundido.

—Bibi, ¿por qué estás enojado? Me has tratado tan distante todo este tiempo —masculló Tom.

—Oh, no lo sé. Tú dime —soltó mordaz el cantante, haciendo que el rubio arqueara una ceja.

—No entiendo —se sinceró Tom.

—Sabes, Gustav vino a pedirme consejos sobre cómo ser el pasivo, ya que al parecer soy un pasivo necesitado de pene que recibe todo el tiempo porque Tom, Dios del sexo, nunca pone el culo —farfulló Bill, cruzándose de brazos.

Tom se sonrojó hasta las raíces del cabello y luego rió.

—Es que, bebé… Ya sabes, tengo una imagen que mantener —dijo Tom, poniendo un leve puchero.

—Tom Kaulitz, tienes una imagen que mantener para la prensa, que no debe saber que tenemos una relación porque somos incestuosos porque da igual que seamos bisexuales aunque no vaya a decir alguien que te gustan los penes porque finges demencia. Por eso pretendo ser el por siempre virgen en busca de la chica ideal y tú el mujeriego sin responsabilidad afectiva. Pero a nuestros amigos, ¿qué carajos les importa quién recibe o no? ¿O tengo que recordarte que tú mismo eres quien quiere ser el pasivo siempre y que nos turnamos como una vez al año? —preguntó indignado Bill.

Tom se sonrojó aún más.

—Es que quería verme como un machote —mencionó Tom en voz bajita.

—Tom —suspiró Bill—. El rol que tengamos en la cama no define que seas más o menos hombre. Simplemente es lo que disfrutamos más. Los dos seguimos siendo hombres. Pero… Ya que quieres ser tan “machote”, no haremos el amor —terminó por decir.

Tom boqueó indignado.

—¿Me estás castigando? —interrogó el de rastas.

Bill asintió y se metió al cuarto de huéspedes.

Tom se sintió frustrado, porque ellos tenían la vida sexual muy activa, entonces… El pensar que le estaba negando acción con su Bill Jr., hacía que el de rastas se sintiera deshecho.

Bill estaba leyendo una revista en la sala sobre las nuevas tendencias que había en la moda. Tenían días libres así que podían quedarse en casa en pijama, sin maquillaje ni nada.

Tom salió de su habitación, sólo usando bóxers y se sentó al lado de su gemelo.

—¿Qué lees? —preguntó Tom, acomodándose al costado de su hermano, posando una mano “con sutileza” sobre el muslo del menor, el cual arrugó la nariz, quitando la mano de su gemelo.

—Un artículo —respondió Bill cortante, sin ver a Tom, aunque era plenamente consciente de que el de rastas estaba simplemente usando bóxers con la intención de seducirlo, pero no, el cantante era determinado, así que si bien podía verlo por su visión periférica, no iba a observarlo directamente.

—¿Sobre qué? —cuestionó Tom, acomodando su quijada sobre el hombro del menor, respirándole cerca del cuello mientras fingía leer el artículo junto a él.

—Sí, el artículo se llama: ¿Cómo perder las bolas en tres sencillos pasos? Paso 1: Haz enojar a tu hermano —soltó irónico Bill.

—Bill… —se quejó Tom contra el oído de su gemelo, para luego morderle el lóbulo de la oreja, haciendo que Bill bufara y se levantara abruptamente del sillón.

—Bien, me voy al cuarto de huéspedes —dictaminó Bill, con el rostro rojo, y un bulto en los pantalones que Tom notó con claridad, para luego irse a la habitación, azotando la puerta con violencia.

Tom suspiró. Bill mismo se había excitado, pero era tan terco, que simplemente por hacer valer su “castigo”, prefería aguantarse las ganas. Pero… No podía durarle mucho aquella actitud, no cuando Tom sabía todos sus puntos débiles. Y aparte era estúpido, porque él tenía la llave de repuesto del cuarto de huéspedes.

El de rastas se tronó los dedos, tendría que jugar sucio para hacer que Bill recapacitase de ese pésimo castigo.

Bill estaba viendo Titanic en la televisión. Sinceramente no se aburría de esa película, cuando escuchó cómo abrían la puerta.

“Mierda”, pensó Bill, olvidando agarrar la llave de repuesto.

¿Y qué es lo que vio entrar? A Tom, vestido de mucama, con un plumero.

—¿Ese no es mi traje? —cuestionó Bill, observándole, que sí, se notaba que era suyo, porque le quedaba más apretado a Tom, el cual lo miró con indiferencia, el moreno a veces disfrutaba de vestirse con esos trajes en la cama, sin dejar de ser el activo, simplemente porque le gustaba jugar y cómo le hacía lucir aquellas prendas, incluso tenía uno de monja y Tom uno de sacerdote… Eran muy interesantes sus juegos de roles. Pero Tom estaba con todo el aire sumiso que excitaba al gemelo menor, incluso con esa indiferencia fingida le miraba entre sus pestañas, de una forma tal que le hacía hervir la sangre por el deseo.

—Señor, vine a limpiar —masculló Tom, comenzando a pasar el plumero sobre las superficies de la cajonera.

Bill abrió sus fosas nasales, notando cómo Tom estaba usando una tanga debajo de la falda, y se obligó a mirar a la pantalla, tratando de no pensar en cómo aquel pedazo de tela se metía entre las nalgas tan apretadas de su gemelo, con la mano temblorosa quiso subirle el volumen con el control remoto.

“Por la puta madre, Tom”, maldijo Bill mentalmente.

Pero Tom no se quedó allí, fue frente a Bill, dándole la espalda para fingir que tenía que agacharse, evidentemente de una forma poco decorosa, donde se le veía todo el culo expuesto bajo la falda, y cómo el pene lo tenía apretado y erecto en la tanga, aparte de mostrar sus muslos, haciendo que el menor comenzara a salivar y su miembro se elevara en sus pantalones, sin importarle que Jack y Rose estuvieran cogiendo en el coche, tenía una mejor vista del cuerpo de su gemelo en esa jodida pose tan sexy, tan dispuesto y abierto para él, lo estaba tentando, tenía que darle el crédito, estaba siendo un maldito cabrón seductor.

—Me tapas —mintió Bill, porque ni siquiera Tom estaba a la altura del televisor en esa posición, y se cubrió con una almohada el pene, simplemente para no darle el gusto.

“Tal vez estoy siendo un estúpido por preferir castigarlo cuando me castigo de paso”, caviló Bill, sintiéndose muy excitado, mientras veía cómo Tom se levantaba, viéndolo con una ceja arqueada.

—¿No le gusta lo que ve, señor? —preguntó Tom con aire coqueto, ahora sí tapándole la televisión.

—No, quiero ver la película, muévete —farfulló Bill, usando todo su autocontrol para mostrar un rostro inexpresivo.

Tom se cruzó de brazos, sin moverse.

—¿Cuánto apostamos que esa almohada está ocultando tu verga dura? —preguntó Tom, fastidiado, de todas formas Bill no podía tomarse muy en serio su enojo, ya que la faldita se movía al compás de cada acción del mayor, y estaba comiéndoselo con los ojos… Pensando en lo delicioso que sería tener esos muslos apretándole la cara al pasarle la lengua por su apretado agujero…

Porque sí, si bien tenían las piernas delgadas, Tom sí hacía ejercicio, y por ello al menos sus muslos eran un poco más gruesos que los suyos, sin contar que su trasero también… Él básicamente era el flaco desnalgado con suerte de tenerle. Claro que Bill se proponía a hacer ejercicio en algún punto de su vida para que Tom pudiera agarrar un poco más.

—¿Bill? ¿Vas a responder? —inquirió Tom, acentuando más su ceño fruncido.

—Vete, Tom —ordenó Bill, sin verle, porque sabía que no podría pedirle eso observándole a la cara.

Tom sentía su orgullo herido en ese instante, y apretó la mandíbula. En este punto sintiendo cómo bajaba su excitación por el coraje. Quizá debería mandar a su gemelo al diablo y luego esperar que él le rogara para metérsela…

Pero Tom sintió cómo se evaporaba su rabia al ver cómo Bill movía su pierna por la ansiedad. “Maldito mal nacido mentiroso”, caviló el de rastas, Bill estaba estresado con esa situación que él mismo les había puesto. Sí… También Tom había tenido que ver al mentirle a Gustav, es más, ni siquiera tenía que contarle detalles como quién era o no el pasivo, si bien era su amigo no tenía por qué saberlo, pero el de rastas se sintió tan bien de “lucir” masculino y que no dudasen que era el activo, no porque no le gustara recibir, si había algo que el gemelo mayor adoraba es sentirse totalmente lleno mientras Bill le estimulaba la próstata, incluso cuando se turnaban, muchas veces tenía que meterse un juguete analmente para poder excitarse más, ya que sus orgasmos prostáticos eran más intensos que sólo los que tenía por estimulación a su pene.

Jamás pensaron en hacer un trío donde realmente hicieran un trencito. No, de hecho hasta habían hecho un dildo casero con la forma del pene de Bill, no era como tal casero, era más bien un paquete que venía con los ingredientes, y indicaciones para que uno mismo hiciera su dildo personalizado. Entonces era el favorito de Tom, que si bien muchas veces usaba un plug anal, prefería percibir el pene de su gemelo, aunque no pudiera imitar su temperatura ni la textura de su piel, era un incentivo para cuando tenía el rol activo una vez al año.

Pero Tom no podía negar que si por arte de magia hubieran dos Bill, se la pasaría de una forma… Totalmente magnífica, probando cualquier posición, ya sea de tren o recibiéndolos a los dos. Sin embargo, eso no era realista, sólo fantasías locas que tenía de vez en cuando.

Así que ahí estaba con el estúpido de su hermano novio aguantándose las ganas de hacerle el amor por darle una supuesta lección, que era muy absurda teniendo en cuenta que eran sus días libres.

—Bien, jódete —farfulló Tom, tirándole el plumero encima y de ahí saliendo enfurruñado, de la habitación, para luego cerrarla con fuerza al igual que cuando Bill entró.

Bill soltó un suspiro cuando su hermano se fue, levantando la almohada y viendo que su erección no había bajado, siseó por la excitación cuando la tocó por encima.

“Masturbarme sería dejarlo ganar, porque cedería antes sus provocaciones” pensó Bill, por lo que comenzó a tratar de reproducir recuerdos asquerosos para que se le bajara la excitación.

Luego de un rato su pene volvió a su estado de descanso y respiró tranquilo. Pero ya no quería ver Titanic, era una película que solía ver con Tom, dónde luego se tocaban mutuamente o dejaban la película a medias por hacerlo en donde estuvieran. Suspiró, era difícil cuando cada cosa que hacía evocaba a su mente a Tom.

Así que vio otros shows que estuvieran en la televisión hasta que finalmente se durmió.

Cuando se levantó, buscó a Tom en la cama y se dio cuenta que no lo hallaba ni lo haría, porque aquella no era su habitación. Se apretó el puente de la nariz sintiendo que era demasiado, iba a ir a dormir con él, necesitaba sentir el calor de su cuerpo junto al suyo, su aroma, no podía seguir así.

Soltó un suspiro y se levantó, yendo en dirección a su cuarto, cuando abrió la puerta vio a Tom sentado en la cama en pijama, revisando su celular.

—¿Al final recapacitaste y sí tendremos acción? —preguntó Tom, moviendo las cejas sugestivamente. Bill puso los ojos en blanco.

—Tom, hiciste mal. Pero necesito dormir contigo incluso sin tener sexo. Así que iré al baño y luego vendré contigo —avisó Bill.

Tom asintió, viendo cómo el moreno se encerraba en el baño, el de rastas se relamió los labios, teniéndolo en su propio cuarto es que sería más fácil, porque… Tal vez no había considerado cuál sería el enfoque que debía llevar con Bill, ya que si bien le gustaba las ropas de mujer de vez en cuando, más que nada él usándolas, su debilidad era otra…

Se mordió el labio inferior y desvistió rápidamente.

Bill se bañó para sentirse un poco más relajado, sintiéndose más como él mismo al salir del baño con una toalla en el cabello y cintura, no se fijó en la cama, y fue a su cajonera, sacando un calzoncillo y una pijama, que consistía en una camiseta antigua desteñida, con un pantalón de chándal iba a vestirse...Hasta que su nariz detectó el aroma a vainilla, con azúcar morena y crema… Ese era el olor de las velas aromáticas que habían comprado para sus aniversarios, un aroma que hacía que su boca salivase porque lo relacionaba con tener sexo, condicionando su cuerpo como el perro de Pávlov, sintiendo cómo un bulto se formaba en la zona sur.

El menor se giró abriendo por completo la boca y los ojos frente a la visión que tenía frente a sí, de paso botando sus prendas al suelo por la impresión.


Tom estaba encima de la cama, sí, pero… Estaba usando medias largas que terminaban a medio muslo, y aquello era la debilidad de Bill, ver usando a su gemelo medias que simplemente se veían cómo apretaban sus muslos, y no solamente eso, sino que el de rastas estaba con el trasero levantado, mientras su pecho estaba apoyado contra el colchón, y tenía una tanga roja que no le había visto ponerse antes, la lencería tenía una abertura en la parte del trasero, sólo teniendo cubierta parte de sus nalgas, testículos y miembro.

El gemelo mayor tenía los muslos juntos, y abiertas las piernas, con los ojos entrecerrados, y la boca abierta.

—Perdóname, bebé, te ofrezcomi corazón… —canturreó Tom, con un tono de voz apretado, urgido, necesitado, moviendo su trasero de forma invitante, precisamente siendo consciente de que la abertura de la tanga daba la ilusión de lucir como un corazón que tenía en medio su ano.

Bill en ese momento perdió su poco autocontrol, entre estar intoxicado por el aroma que lo excitaba de por sí, para luego ver cómo Tom mismo personificaba sus más oscuras fantasías, como lo era la tanga con abertura, y las medias… Ni siquiera se las iba a quitar, iba a hacérselo con ellas puestas.

Toda la sangre se concentró en su miembro, y se quitó la toalla del cabello, dejando caer la de su cintura, mostrando su orgullosa erección frente a los ojos brillantes de Tom, el cual sonrió complacido, feliz de que su travesura hubiera funcionado, su propio miembro latía entre sus piernas, mientras apretaba su fruncido agujero en antelación.

¿Te has preparado o estás esperando por mí? —preguntó Bill, de todas formas situándose detrás de su hermano, frotando su miembro contra sus nalgas, las cuales apretaba con saña, disfrutando cómo sentía la calidez emanar de su entrada, mientras movía su pene en medio, de arriba abajo, moviendo las caderas, simplemente estremeciéndose con eso, de tenerlo tan cerca, mientras clavaba sus uñas en su trasero, viendo cómo se enrojecía, haciendo que Tom jadeara, quería sentirlo dentro, pero no, no se había preparado.

—Estaba esperando por ti… —soltó Tom con la voz acezada, apuñuscando las sábanas con sus manos, de todas formas empujando el culo contra la entrepierna de Bill, el cual seguía gimiendo mientras sentía cómo su pene se frotaba contra aquella zona, se mordisqueó el labio, deteniendo sus movimientos, porque si bien aquel vaivén era tortuoso para el mayor, porque le hacía sentir todo sin realmente estar dentro suyo, también lo era para él porque… Moría por hundirse en Tom.

Bill se acercó a la mesa de noche, sacando el lubricante de maracuyá que tenía allí, un sabor bien exótico de América latina, pero que le terminó gustando tanto para hacerle besos negros u orales. Volvió a su sitio detrás de su gemelo, observando la perfecta visión de su trasero y muslos tan jodidamente sexys, el moreno se relamió los labios, en realidad quizá había sido estúpido por no ceder antes, sin embargo, que Tom hubiera sacado todas las armas de su arsenal era algo totalmente exquisito, tal vez sería buena idea que lo forzase a que sea tan creativo en ocasiones.

El de cabello azabache apretó los cachetes del culo de su gemelo, escuchándolo jadear por el contacto, principalmente cuando pasó su pulgar encima de su ano, sintiendo cómo los esfínteres apretaban más, sabiendo cómo el contacto suave encima hacía que Tom se excitase más, anhelando sentir más porque sus nervios se enervaban por aquel roce. Bill soltó las nalgas de Tom, para echarse lubricante, primero en un dedo, lo haría tortuosamente lento… Para tener a Tom desesperado, y él también sufriendo de paso, no obstante, se tomaría su tiempo.

Bill ingresó un dedo, sintiendo cómo Tom estaba ardiendo por dentro, y las piernas del de rastas temblaron, soltando un gemido quedo, cerrando los ojos, sintiendo cómo se le entumecían las manos de tanto que apretaba las sábanas, sólo era un jodido dedo, pero el gemelo mayor estaba tan excitado, que sentía que era que era como comer después de varios días de ayuno…Sólo había sido un díasin sexo.

Bill hizo movimientos circulares con el dedo, buscando distender más la entrada de su amante, porque por más que estuviera excitado quería prepararlo bien. Era consciente de que cuando empezaron a tener sexo a muy temprana edad, ambos habían sido muy torpes dejándose llevar por la lujuria, por ello sabía la importancia que tenía el hacer una buena preparación antes de hacerlo, si bien Tom se relajaba y abría más rápido que al inicio, aún recordaba el rezago de dolor que le dejaba por días todo retratado en la expresión del de rastas… Y no, Bill intencionalmente no le haría un daño a su Tomi.

Cuando Bill sintió que Tom iba dilatándose un poco, es que sacó su dedo, echándose más lubricante para meter dos, con rapidez para que Tom no perdiera la primera preparación, pero el de rastas que arqueó al sentir los dígitos en su interior, su pezones se frotaron contra la sábana, endurecidos por la excitación, y pensó que sería bueno sentir la lengua de Bill sobre ellos, pero no… Quería un juego previo sí, más que nada para que no le doliera al recibirlo, pero no quería nada muy tardado, no cuando deseaba sentirlo dentro lo más pronto posible. Miró hacia atrás, fijándose en la expresión de concentración de Bill, el cual sacaba su lengua levemente, mientras seguía metiéndole y sacándole los dedos, girándolos, abriéndolos como tijeras, simplemente para ensancharlo más, y Tom tenía que acordarse de respirar para que llegase oxígeno a su cabeza por las abrumadoras sensaciones que tenía al sentir la forma en que su gemelo estaba trabajándolo…

Sinceramente Tom disfrutaba mucho cuando Bill lo preparaba, le parecía muy sexy, incluso aunque por momentos sintiera pinchazos de dolor por las uñas de su gemelo, por lo mismo es que muchas veces él mismo se preparaba, dándole un espectáculo al menor, pero ahora… Estaba gozando todo lo que hacía el menor por él.

Bill sacó sus dedos con cuidado, chupándoselos, sabiendo que Tom lo veía, el cual sintió su miembro latir en su tanga, mientras que su gemelo saboreaba el almizcle de su gemelo junto con el sabor artificial de la maracuyá, y chupándolo con ahínco, a sabiendas de que eso excitaría más al de rastas pensando en su polla hundida en esos labios llenos, pero Tom sólo apretó más sus muslos, por lo que su pene se frotaba en esa leve fricción, manchando de preseminal su tanga.

El de cabello oscuro se rió después de soltar sus dedos, echándose más lubricante y metiendo tres, sintiendo cómo era más fácil cada vez, ahora ya no solamente buscaba dilatarlo, sino también tocarle la próstata, por lo que giró los dedos, siendo un poco dificultoso hacerlo por la estrechez, y más cuando evidentemente lo tocó porque Tom apretó más su hendidura, contrayéndose por la leve estimulación, quería que volviera a tocarlo.

—¡Bill…! —lloriqueó Tom, arquéandose aún más si cabía, él no era el mejor bailando, pero en la cama sí era capaz de hacer muchos movimientos rítmicos que facilitaran el que recibiera a su gemelo.

—¿Qué quieres, Tom? Pídeme lo que quieres —habló Bill, con su voz enronquecida por la excitación, sintiendo cómo su miembro estaba sumamente duro, casi morado por no tocárselo, esperaba no correrse de inmediato dentro de su gemelo.

—Quiero que me la metas —rogó Tom, empujando su trasero contra los dedos de Bill, el cual siseó al sentir cómo se penetraba solo con los movimientos de sus caderas, observando totalmente embebido cómo sus dedos ingresaban solos en las nalgas tan sensuales de su gemelo.

—¿Quieres que lo haga profundo? —cuestionó Bill, torciendo los dedos, para tocarle la próstata nuevamente y sintió cómo Tom lo apretó para luego jadear sonoramente mientras detenía abruptamente sus movimientos.

Tom estaba tan jodidamente sensible, que su miembro, incluso sin tocarlo, sentía que iba a explotar en su tanga.

—Sí… Te quiero profundo… Tan dentro que me hagas perder la cabeza, que te olvides dónde empieza mi cuerpo y donde termina el tuyo —vociferó Tom, apretando más sus dedos y Bill empujó otra vez contra su próstata, pasándolos encima de la hinchazón de esa zona, simplemente a sabiendas de eso lo enloquecía.

—Quiero correrme dentro tuyo —masculló Bill, sintiéndose imposiblemente excitado, pensando con la cabeza de abajo en ese momento, no podía seguir preparándolo, debía metérsela, por la forma en que era fácil la intromisión de tres dedos suponía que estaría más que listo, aunque tres dedos no eran iguales a su pene, pero… Ambos querían, así que trataría de hacerlo lento.

“Mentira, te lo quieres coger tan duro hasta que olvide su nombre”, soltó una voz en su cabeza, y era cierto, pero igualmente Bill sacó los dedos, aplacando esa voz al fondo de su cabeza, mientras masturbaba su miembro, soltando un suspiro al fin recibir atención en su polla, aunque en sí no era para correrse, simplemente para humedecer su verga con el lubricante de maracuyá.

Cuando estuvo lo suficientemente empapado, es que situó su polla sobre el agujero de Tom, presionando con suavidad, mientras el de rastas boqueaba, porque siempre era difícil recibir la cabeza del pene de Bill, porque era la parte más grande, apretó las sábanas, buscando relajar su cuerpo, para permitirle que siguiera entrando.

—Oh, estás tan apretadito, Tomi —halagó Bill, sin dejar de meterse, con lentitud, pero de todas formas imparable, sin detenerse en ningún momento. Ya era un punto sin retorno.

Tom se excitó al escuchar esa forma tan sucia en que le hablaba Bill.

—Sí, estoy apretado para ti, Bibi —masculló Tom, para luego abrir sus fosas nasales—. Sé que te gusta cómo me mantengo estrecho por más veces que me la metas, así que… Estoy así por ti, bebé —agregó, sintiendo cómo su rostro ardía, no por vergüenza, en este punto de la relación no la tenían, no cuando ya se conocían por completo, eran hermanos, amantes, y transgredían todo eso, simplemente por el nivel de excitación elevado que le azotaba el cuerpo.

Bill se metió por completo dentro de Tom, gimiendo al sentir que estaba toda su longitud en el canal apretado de su gemelo, y más por la forma en que le respondía.

—¿Y cómo lo quieres? —preguntó Bill, saliéndose para volver a arremeter, empezando con ritmo lento, que hacía que la piel de Tom se pusiera de gallina.—¿Lo quieres así lento? —inquirió, meciendo las caderas con esa cadencia tortuosamente lenta que hacía que Tom fuera consciente de cada centímetro a centímetro de la piel del pene de su gemelo palpitando en su interior.—¿O lo quieres más rápido? —cuestionó, aumentando el ritmo de las embestidas, haciendo que Tom gimiera sonoramente por la intensidad de las estocadas de Bill.

—Sí… ¡Así! —soltó Tom, el cual sentía que había soportado bastante con Bill negándole el tener sexo, luego la preparación, como para sentirlo lento, lo quería rudo, tan ansioso como él estaba por recibirlo, sin importarle que luego podría quedar escaldado, valdría por completo la pena. Igualmente ahora sólo había un deje tenue de dolor, manejable, mientras Bill seguía metiéndosela con fuerza.

—Así que así te gusta, ¿no?… ¿No que eras el activo, Tomi? Qué difícil debe ser fingir ser un macho pelo en pecho cuando en realidad disfrutas de tener una verga en tu culo, ¿no? —interrogó Bill, relamiéndose los labios, sintiendo cómo sus testículos se apretaban por el ritmo que iba llevando.

—Sí… Métemela rápido, Billy… —jadeó Tom, poniendo los ojos en blanco mientras sentía cómo su gemelo daba con su próstata—. No soy el activo… Me gusta tenerte dentro… Amo cómo tesientolatir —acotó, para después interrumpir su dicción por la forma en que Bill seguía penetrándolo, haciéndole flaquear las piernas.

Ciertamente, ambos amaban la posición de misionero, donde ambos se veían cara a cara, se besaban, y compartían un momento de pasión, sin embargo, disfrutaban también la variación de posiciones, donde quizá no tenían besos de por medio y no se miraban a la cara, pero era innegable que Tom era quien lo recibía, por ver esas rastas rubias moviéndose al compás de sus embestidas y ese cuerpo que lo tenía memorizado en su mente, con sus lunares a la vista, cada cicatriz que tenía… Joder, Bill amaba ver a su gemelo en cualquier condenada posición. Y más ahora que lo tenía abierto de piernas, recibiendo su pene, con esas medias que hacían que perdiera el sentido, mientras seguía dándole estocadas tan profundas y rápidas, que se sorprendía de cómo no se hubiera corrido en ese punto, porque realmente el calor abrasador que cubría su miembro era único, sólo lo conseguía al estar dentro de Tom, y se sentía al límite, con el pene sumamente sensible aún hundido dentro suyo.

—¿Cómo te gusta que te abra el culo, no, Tomi? —inquirió Bill, y Tom se estremeció por ese tono acezado del menor.

—Sí… ¡Sí! Me encanta —respondió en un jadeo necesitado Tom, empujando su trasero contra la pelvis de su gemelo.

Bill sonrió, regodeándose por ello, sólo un instante ya que después dejó de sonreír, con el rostro contraído por el placer, porque después Tom lo apretó tan fuerte que pensó que se correría sólo con eso, acelerando más las embestidas, no dispuesto a dejar de metérsela aún. No… Quería mantenerse en control, una absurda pelea de poderes, porque en sí, Bill sabía que disfrutaba cuando Tom tenía el control, incluso siendo el pasivo, cuando le follaba el pene con su culo, era la cereza del pastel.

—Eres tan perra, Tomi —habló Bill, sin dejar de arremeter contra su agujero.

—Sólo contigo, Bibi —jadeó Tom, porque sí, el lado más desatado que tenía sólo lo había demostrado con Bill, no se atrevía a ser así con alguien más, en sí esta faceta la había explotado porque sabía que le gustaba a su gemelo, y él era más que feliz de complacerlo en todo lo que estuviera a su alcance.

—Sí… Sólo yo te tengo así… Sólo yo lleno ese agujero tan estrecho, mi putita —barbotó Bill, sin dejar el vaivén de sus caderas, completamente hipnotizado por todo lo que sentía desde la punta de sus cabellos hacia cómo su miembro estaba tan apretado en aquel hoyo tan delicioso que era de su Tomi, al cual lo tenía sujeto de las nalgas, sin quitarle la tanga, simplemente disfrutando de sentir esos globos contra sus palmas, sin importarle que le dejara marca en sus glúteos con sus uñas, sabía que a Tom no le interesaría, incluso se sentiría halagado del dolor del día siguiente.

—Sólo tú, mi amor, soy tu putita —respondió Tom, empujándose más, totalmente enamorado de su gemelo, sintiendo que no había más demostración de amor que entregarse en más de un sentido, en cuerpo y alma, dispuesto a darlo todo. Sí… Tom mismo había pecado de estúpido, y ciertamente Bill estaba justificado en castigarlo, pero… Se alegraba que al menos su voluntad pudiera derretirse por la determinación de Tom de hacerlo caer en sus provocaciones—. ¡Sigue dándome más duro! ¡Sólo yo soy dueño de tu verga! —acotó a voz de grito, apretando su interior, y Bill siseó, totalmente excitado por los estímulos que estaba recibiendo, desde el aroma de las velas, el cuerpo de Tom recibiéndolo, asfixiándolo por dentro, las medias, la tanga…

Al final, quien realmente iba a enloquecer era Bill.

—Si sigues así voy a correrme —avisó Bill, casi sin voz, moviéndose un poco lento porque Tom lo tenía demasiado apretado que le era difícil penetrarlo.

—Córrete en mí… —dijo Tom, aunque era una orden, una que Bill no se atrevería a desobedecer.

Tom destensó su interior, y Bill arremetió un par de veces más, hasta que el de rastas volvió a apretarlo, esta vez sin intención de hacerlo, simplemente porque su propio orgasmo lo había alcanzado, incluso sin tocarse el pene se había corrido en su tanga, por lo que el espasmo le recorrió todo el cuerpo, incluyendo su trasero, pero sólo hizo que el de cabellos azabaches terminara por venirse con fuerza en su interior, dejando casi grabada sus palmas y uñas en el trasero del de rastas.

Bill vio blanco por unos instantes, en su nirvana personal… Donde de algún modo se mantenía conectado con Tom, porque no se había corrido por cualquier motivo, sino por hacer el amor con su gemelo, el cual estaba con el rostro apoyado contra la cama, incluso salivando por la intensidad de la faena.

Bill se hizo a un lado, fijándose cómo su semen salía del agujero de su gemelo, relamiéndose los labios, y echándose a su costado, para ver cómo Tom se dejaba caer para observarle, con la boca abierta por estar agitado.

—Vaya, sí que estuvo potente —dijo Tom, perlado en sudor, relamiéndose los labios, no arrepintiéndose de nada.

—Tú eres un provocador —soltó Bill, riéndose, para luego acercarse a su hermano, besándolo por fin, disfrutando de cómo movía sus labios contra los suyos, pasando su lengua perforada por el piercing de la comisura del labio del mayor, colando su lengua en su boca, haciendo que ambos jugasen con sus lenguas, y Tom lo sujetó por la nuca, girando el rostro, para que Bill profundizase en el contacto.

El de rastas amaba besarlo, y Bill amaba hacerlo.

Sabían que aquello los estaba excitando nuevamente, y sería el comienzo de otra ronda, pero no les interesaba expresarlo en palabras, ya que mediante la conexión iban diciéndolo, al punto de pegar sus cuerpos, en lo que sus virilidades recobraban su dureza.

Georg se cruzó de brazos.

—Está bien, valoro el esfuerzo, pero lo estás haciendo mal —masculló Georg, viendo a su pareja.

—¿Entonces…? ¿No estoy haciéndolo bien? —inquirió Gustav, confundido, se supone que Bill era básicamente la reina pasiva, ¿por qué estaba mal?

—Es como si realmente te hubiera enseñado alguien que no tiene ni idea —comentó Georg, riéndose—. Pero, vamos, lo tomaremos con calma, ¿está bien? Igualmente agradezco que quieras darmeesto—acotó, besando a su novio, el cual correspondió al gesto.

Cuando regresaron de sus días libres, es que Gustav fue en dirección a Bill, totalmente enojado porque sus consejos no habían sido los más acertados con Georg.

—Bill —llamó el baterista, con el ceño fruncido.

—Oh, hola, Gus, dime —respondió Bill, con una sonrisa dulce.

—Tus consejos no funcionaron —farfulló Gustav, mirando a los costados.

Tom se unió a ellos.

—¿Qué pasó? ¿Por qué hablan en murmullos? —preguntó Tom, hablando en el mismo tono bajo.

—Que Gustav me dice que mis consejos no le funcionaron —explicó con simpleza Bill, alzándose de hombros.

—Oh… Sí, es que tal vez debiste preguntarme, Gus —mencionó Tom, riéndose.

—¿Por qué? Si tú tienes nula experiencia como pasivo —soltó Gustav, sintiendo que se estaban burlando de él.

Tom y Bill compartieron unas miradas cómplices.

—Digamos que nada es lo que parece —respondió Tom, para luego morderse el labio inferior observando a su gemelo.

Gustav se quedó perplejo, entendiendo lo que implicaba el guitarrista.

“Con razón abre tanto las piernas”, razonó Gustav internamente.

Georg se unió a ellos, sin entender qué es lo que ocultaban.

—¿Qué pasó? ¿Quién murió? —cuestionó Georg en broma, riéndose.

—La fama de Tom —respondió Bill, para luego reírse, mientras Tom ponía los ojos en blanco.

—No le hagas caso, Hobbit. Él no nos entiende —refutó Tom, para luego agarrarse del brazo con el castaño e irse a servir frutas para desayunar.

—Sí, ahora que lo pienso era bastante evidente —comentó Gustav, viendo cómo conversaban Georg y Tom como comadres—. ¿Y sabes qué en un punto sentí celos de Tom? Pensando que tal vez me lo podría quitar.

—No, Georg no le gusta —masculló Bill—. Así que tú tranquilo —le palmeó la espalda.

—Sí, bueno. Entonces hablaré con Tom… O tal vez directamente con Georg para que sea menos humillante —comentó Gustav.

—Sí, lo mejor es directamente hablar con tu pareja de esas cosas —cedió Bill, sirviéndose un poco de café en su taza.

Gustav soltó un bufido, y asintió. Sí, tenía que dejar de creer todo lo que decía Tom, y evidentemente Bill, porque parecía que realmente ambos gemelos disfrutaran jugar con las mentes de la gente. Y no, tener a los Kaulitz en su cabeza no era la mejor sensación del mundo.