Amor en el mundo del crimen (Toll omegaverse)

Summary

En un mundo donde el crimen y la violencia reinan, Bill, un alfa líder de la mafia con un pasado triste y lleno de dolor, se encuentra con Tom, un omega salvaje que le llama poderosamente la atención. Inicialmente, ambos hombres quieren destruirse mutuamente, pero descubren que son almas gemelas, lo que hace que su vida dé un giro de 180 grados.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Bill Kaulitz a sus cortos veintiún años ha tenido que lidiar con muchas cosas en su vida. Porque él no escogió dónde nacer, y le tocó ser hijo de Jörg Kaulitz, un alfa jefe de la mafia, el cual desde que el rubio tenía siete años le enseñó a disparar un arma, ¿qué hacía su madre que lo permitió? Nada, porque la mataron cuando él apenas era un bebé. Es por eso que Bill sabe lo que es que lo quieran muerto desde que era un infante.

Su vida ha estado repleta de violencia, siendo criado entre sirvientas, y también guardaespaldas, observando cómo su padre asesinaba sin piedad a sus enemigos, por lo que la dosis de sangre es algo a lo que estaba acostumbrado, hasta el punto de ya no chocarle verla, aunque aún recordaba las noches que tenía terrores nocturnos y se orinaba por el temor, su padre le quitó esos traumas a golpes.

Cuando tuvo la edad suficiente, es decir, a sus doce años, se dieron cuenta que era un alfa, y Bill se tornó más agresivo, por lo que su padre lo entrenaba para que pudiera evitar golpes, y también cómo atacar con armas blancas. Sin embargo, Bill tenía apenas catorce años cuando asesinaron a su padre, y no pudo evitarlo. Un hombre se metió en la cama de su padre cuando dormía, y lo mató.

Bill lo vio, porque el mismo hombre intentó asesinarlo, pero no contaba con su sueño ligero, por lo que terminó cortándole la garganta cuando lo tuvo encima suyo, salpicándole toda la sangre en la cara.

Se llamaba David Jost. Y era líder de otro grupo criminal que tenían como enemigos.

Por ello es que Bill se puso alerta luego de lanzar al mayor al piso, mientras se desangraba, le quitó la pistola y le disparó en el cráneo para rematarlo, algo que su padre siempre le decía, asegúrate de que esté bien muerto.

Salió en dirección del cuarto de su padre, encontrándolo muerto en su cama.

Era una imagen que se repetía muchas veces en su cabeza. Pero… En aquel entonces mantuvo su temple, y le avisó a los hombres de su padre.

Cercenó la cabeza de David, y se las envió como aviso a sus enemigos, de que si bien había muerto su padre, de todas formas tenían un líder. De ese modo es que asumió el rango de su padre.

Los enemigos de su padre lo consideraron una burla, sin embargo, Bill les demostró que tenía más agallas que el resto que le triplicaban en edad. No estuvo tranquilo hasta asesinar a toda la familia de David Jost.

Bill sabía manejar los negocios de su padre, que eran básicamente tráfico de personas, principalmente omegas, drogas y armas.

Tenían a la policía comprada, así que no se preocupaba por ello.

Bill a los quince años perdió la virginidad. Tenía unos omegas que estaban a su disposición siempre que él quisiera. Sin embargo, nunca los marcaba y era especialmente cuidadoso para que no quedaran en estado de gestación. El rubio pelo corto no creía que sería sano tener hijos, teniendo en cuenta que básicamente lo querían muerto, y pensando que quizá sería doloroso si un niño pasara lo mismo que él. De todas formas consideraba a los omegas como seres inferiores, así que tampoco eran candidatos adecuados si es que en serio buscara tener un cachorro.

Bill suspiró. Por momentos sí pensaba en tener hijos, pero su vida era muy agitada, y… Él no tenía una pareja, nunca la había tenido. Tal vez si es que encontrara a su predestinada podría realmente plantearse el establecerse, pero esa era una idea tan fantasiosa que incluso lo consideraba una burla. Su padre, si estuviera vivo, le daría un golpe para que se le quitara la estupidez.

Negó con la cabeza, con una sonrisa amarga en el rostro.

Bill se levantó y se dio una ducha. Para luego revisar las capturas de sus trabajadores.

Observó a uno de sus mejores hombres, Georg Listing, era mayor que él pero le tenía el suficiente respeto como jefe de la mafia.

—Infórmame, ¿qué tienes para mí? —ordenó Bill con su voz de alfa.

El castaño asintió y trajeron esposado a un muchacho delgado con ropas grandes, con expresión de furia, tenía rastas amarradas en una coleta y un gorro encima.

—No tuvimos mucha suerte, sólo conseguimos a este omega, al parecer es hijo de los Trümper, quienes le debían dinero, señor. Se desconoce el paradero de sus padres y este omega es todo un salvaje, de hecho por sus supresores fue más difícil dar con él, sin embargo, sí es omega —farfulló Georg—. Tal vez podríamos venderlo, aunque no sé si se deje someter, atacó a muchos antes de que poder capturarlo.

Bill lo miró apreciativamente. Era atractivo, pero… Había un brillo en sus ojos, enmarcados por el odio que mostraba, incluso enseñaba sus dientes por el enojo. Le gustaba aquella determinación.

—Lo quiero para mí —soltó Bill.

—Pero, señor, es salvaje…

—¿Me estás cuestionando, Listing? —interrogó Bill, mirándolo con una ceja alzada, hablándole con voz de mando, su lobo dominando esa situación, retándolo a que le dijera algo más.

—No, señor —respondió el castaño, bajando la mirada.

—Adecuen una habitación para él. No lo pongan con los otros omegas, al menos no hasta que lo haga mío y límpienlo —ordenó Bill, y vio cómo se llevaron al de rastas.

Sería interesante someterlo. Huesos más duros había roído, así que sería bueno tener una nueva adquisición en un harén de omegas.

Tuvo que asistir a unas reuniones, pero mañana tendría tiempo que dedicarle a su nuevo juguete.

El omega fue bañado con las esposas puestas, de todas maneras golpeó a las dos mujeres betas que lo asearon. Por eso terminaron encadenándolo para terminar de bañarlo.

Luego en la noche le quitaron las esposas para que pudiera comer en su habitación.

El de rastas comió con desconfianza, sin embargo, necesitaba recuperar fuerzas, principalmente porque había estado corriendo todos estos días para no ser atrapado, por lo que no había probado bocado. Aparte tenía una idea… Por lo que necesitaba estar bien alimentado para ese momento.

Luego se llevaron su bandeja de comida vacía y lo encerraron, o al menos eso fue lo que creyeron. Por lo que el de rastas se quitó un gancho invisible de entre sus rastas, que siempre lo cargaba para este tipo de situaciones. Forzó la cerradura y abrió la puerta. Se quitó los zapatos y caminó con sigilo por los pasadizos, buscando la puerta de la habitación del líder. Tenía la oportunidad perfecta para huir, pero no, él quería venganza, ya que había hecho que su familia lo dejara atrás por ser omega, y por deberle dinero a Kaulitz.

Así que abrió la puerta con el mismo gancho, entrando con todo el sigilo posible.

Observó al rubio dormir en la cama, era guapo el condenado, pero no por eso dejaba de ser un maldito traficante de omegas. No tenía su navaja, pero sujetó la almohada y la puso encima de su cara, ejerciendo presión, buscando ahogarlo. Sin embargo, todo lo que pasó a continuación fue muy rápido.

Bill sujetó al omega por sus brazos, girándolo para inmovilizarlo en la cama, sacó rápidamente su arma del cajón y le apuntó con ella a la cara.

El rubio pelo corto había sido plenamente consciente cuando el de rastas había entrado a su habitación, lo cual lo consideró una hazaña, sin embargo, pensó que tal vez tenía otro tipo de intenciones, quizá ganarse su beneficio, pero no, el omega quería matarlo y Bill no permitiría que aquello pasase, incluso aunque fuera uno guapo.

Ambos se vieron con fijeza en ese momento.

El de rastas quedó completamente sorprendido por la rapidez del alfa, mientras tenía el arma frente a sí.

—¿Alguna palabra antes de morir? —cuestionó Bill, quitándole el seguro a su pistola.

—Tom. Es mi nombre y nadie me lo preguntó —soltó Tom, hasta que sintió un ardor en su interior.

“¿Qué…? Pero si tomé supresores”, pensó el de rastas, sintiendo su interior lubricarse, y de algún modo el tener el arma en la cara en lugar de desagradarle le excitaba más.

Las fosas nasales de Bill se abrieron. Olía… A fresas. Pero de una forma nítida, tanto que su boca comenzó a salivar, y su cuerpo a calentarse.

“¿Qué mierda?”, caviló Bill, al darse cuenta que su celo de alfa se había activado, sintiendo su erección crecer rápidamente en sus pantalones.

“Lo encontramos, ¡lo hallamos!” gritaron sus voces de lobo internamente en la mente de ambos.

“No puede ser… ¿Este omega salvaje que intentó asesinarme es mi predestinado?”, pensó Bill con terror, sin poder presionar el arma, literalmente no podía matarlo, un dolor físico lo atravesaba con la sola idea de hacerlo.

Bill presionó más el arma contra Tom, y aquello fue la cereza del pastel, el de rastas sacó la lengua y lamió la punta de su pistola, como si estuviera chupando un pene.

—Mierda… —masculló Bill, por lo mucho que le había encendido verlo así.

—¿Vas a dispararme? —preguntó Tom, relamiéndose los labios, sintiéndose totalmente excitado, como nunca antes en sus dieciocho años.

Bill gruñó en respuesta, porque no podía aunque quisiera. Pero ya que estaba juguetón y había empezado a calentarlo… Le enseñaría un par de cosas.

Bill pasó el arma por su mejilla, luego por su cuello, levantó su camiseta con la pistola para delinear con la punta sus pezones y luego un camino por su vientre, viéndolo removerse bajo suyo. Tom tenía la plena confianza de que no le haría daño, a pesar de que no lo conocía, incluso sabiendo que era el jefe de la mafia y había matado a un montón de personas, así que… Sabía que significaba peligro, sin embargo, no por eso dejaba de excitarle.

Tom se quitó la camiseta, pantalones y sus interiores, mostrándose desnudo por completo. Nunca nadie lo había tocado, habían intentado violarlo pero él los había mordido, arañado y con un golpe en las bolas había aturdido a quienes se habían atrevido. No obstante, el lobo de Tom le decía que Bill era su predestinado, y por eso el deseo apabullante que sentía ahora mismo.

Bill podía escuchar a su lobo interno aullar frente a la visión del omega desnudo, mientras que le gritaba que lo marcase… Terminó por lanzarse contra él, sin soltar el arma, para comenzar a besarlo, Tom metió sus dedos entre los cabellos cortos de Bill, abrazándolo con sus piernas, pegándole la entrepierna mientras sentía cómo el moreno lo penetraba con su lengua, sin dejar de presionarle el arma contra su cuello, delineaba con su lengua sus labios, para luego pasarlos por su paladar.

Tom gemía en la boca de Bill, mientras que el alfa le mordía con saña el labio inferior, no lo suficiente para hacerlo sangrar pero sí conseguir que se estremeciera. El de rastas lo acercó más a él, haciendo que chocaran sus entrepiernas, incluso cuando la del rubio aún estaba cubierta por la ropa.

Bill comenzó a besarle el cuello, succionando con fuerza con toda la intención de marcarlo, aún no se atrevía a morderlo como para sellar su unión, pero sí como hacerle ver al resto que Tom sólo era suyo…

Su nariz estaba inundada por su aroma a fresas, tan delicioso, y su piel tan tersa, incluso su sudor era algo exquisito para Bill, porque era el almizcle de su omega, presionó el arma contra su cuerpo, viendo cómo Tom temblaba, no por temor, sino por excitación.

—Eres un chico tan malo —gruñó Bill, viendo cómo el de rastas botaba preseminal conforme el rubio le pasaba el arma por toda la longitud de su erección—. Te excita el jodido peligro, ¿verdad?

Tom se mordió el labio inferior, asintiendo, y Bill bajó con besos por su cuerpo, dejándole lamidas, hasta que se ubicó entre sus piernas, pasando el arma por su trasero, por su entrada tan dilatada, lubricada que pedía gritos que se la metiera. Bill presionó el arma allí, metiéndola sólo un poco, provocando que Tom soltara un grito poco digno, estaba tan mal… Pero lo había encendido como el infierno y quería más, por lo que empujó sus caderas hacia abajo, sin embargo, Bill sacó el arma de su trasero, no quería que su primera vez fuera con un arma, cuando fácilmente podría tener su polla en su interior.

Dejó la pistola en la mesa de noche, volviendo a ponerle el seguro. Se quitó los pantalones junto con su ropa interior y volvió a ubicarse entre sus piernas.

Bill no tenía protección, pero no le importaba en ese instante. Sólo sabía que quería hacérselo, tan duro hasta que Tom no se le olvidara su nombre.

El rubio vio al de rastas, ambos conectaron las miradas en ese instante y el mayor se acercó a besarlo, mientras presionaba su erección contra su hendidura, jadeando en el beso por cómo lo hacía sentir sin necesidad de ingresar aún, el calor que emanaba, cómo latía su interior buscando absorberlo, y antes de poder hundirse, Tom le mordió el labio inferior y empujó su trasero, para sentir cómo Bill se la metía de golpe.

Ambos gimieron por la sensación. Tom abrazó a Bill, incrustrándole las uñas en la espalda, lamiéndole el rostro para luego besarlo. Nunca había tenido nada dentro suyo, pero el miembro del rubio se sentía maravilloso ahí, como si hubieran sido hechos para encajar a la perfección. Bill jugaba con la lengua de Tom, cuando empezó el vaivén de caderas, dándose impulso para salir y volver a entrar. Tom presionó su interior, apretándolo más, haciéndolo enloquecer, Bill lo tomó por las caderas, aumentando el ritmo de las estocadas, consiguiendo que el de rastas se arquease contra él, mientras seguía dándole en su punto de placer.

Tom no tenía con qué compararlo, pero se sentía tan deseado que no podía dejar de estremecerse mientras Bill lo tocaba. Mientras que Bill… Él sí había tenido sexo antes pero nada se le comparaba, era único lo que sentía ahora porque su lobo le llamaba, sus feromonas estabas eran adictivas, incluso no se cansaba de probar su saliva al besarlo, nunca había tenido relaciones con ese nivel de intimidad, y nunca nadie había hecho que se sintiera así de bien.

Bill veía embelesado el cuerpo perlado en sudor de su omega bajo suyo, las expresiones que hacía mientras lo poseía, y cómo lo apretaba como un infierno, un infierno en el que estaba dispuesto a quemarse.

Los ojos color chocolate de Tom lo hipnotizaban, y la forma en que gemía, era realmente algo de otro planeta.

—¡Más duro! —exigió Tom, y Bill le lamió el labio inferior, para arremeter con rudeza.

Saliéndose y volviendo a entrar con fuerza, escuchando a su lobo aullar en su cabeza, sabía que era el indicado.

El lobo de Tom tampoco estaba quieto, quería que su alfa lo marcara ahora, por lo que seguía soltando feromonas para tentarlo, mientras que su parte racional se había ido de sabático.

Tom se aferró a su cabello nuevamente, besándolo con fuerza haciéndolo sangrar, para luego lamer su herida. Le excitaba lo rudo, era algo que no había descubierto antes porque era virgen, y de hecho su primer beso fue con Bill.

Bill movió las caderas en movimientos circulares que hicieron que Tom gritara contra sus labios, seguía volviéndolo loco, nunca había pensando que tener sexo sería tan intenso, y sentía que se había perdido de mucho por no hacerlo, aunque su lobo le dijera que era especial por su alfa, y no precisamente por hacerlo con cualquiera.

Bill siguió hundiéndose en él, haciéndolo poner los ojos en blanco, y salivar. Podía sentir cómo estaba tan cerca, su nudo se estaba hinchando.

Tom no se quejaba, seguía empujando sus caderas para abajo, para mayor profundidad.

Bill jugó con su lengua, haciendo que Tom chupase la suya, e ineludiblemente pensaron que tal vez la próxima ocasión el de rastas tendría que hacerle un oral con esa boca tan decadente y traviesa que tenía.

Bill adoraba la sensación de los labios del omega, principalmente del labio perforado que tenía, era tan sexy, y todo lleno, lo chupó un rato, disfrutando la sensación. Luego pasó la lengua por su cuello… Haciéndolo estremecer mientras se corría entre sus cuerpos.

—Uhmn… Te viniste antes que yo —farfulló Bill contra su oído para luego morderle el lóbulo—. Pero creo que aún podemos divertirnos —acotó mientras terminaba de anudarse.

Tom nunca antes se había sentido así de lleno, no era una sensación incómoda pero sí extraña. Bill ya no se movía.

El rubio sujetó el miembro de Tom, que seguía erguido pese a haberse corrido, y comenzó a masajearlo, algo que nunca había hecho con ningún omega, pero este era especial… Era para él.

Por lo que Bill siguió el bamboleo con su mano, sintiéndolo apretarse más contra él, por lo que terminaba siseando por la sensación. Tom se volvió a correr entre sus dedos, y Bill utilizó su semen como lubricante para seguir acariciándolo, a pesar de que estaba sumamente sensible, su erección no bajaba por completo, por lo que a la tercera corrida del de rastas, es que Bill soltó su esencia en su interior.

Ambos gimieron al unísono, Tom por sentirse tan lleno nuevamente por el semen en su canal, y también el haberse corrido, mientras que Bill por el orgasmo más intenso que había tenido en toda su puta vida.

Bill se salió con cuidado de su omega, y se ubicó a su costado, viéndolo con las rastas sueltas, los labios mordidos e hinchados, los moretones en su cuello y su cuerpo, las marcas de mordidas, pero con apariencia de recién follado que nadie se la quitaba y sólo era suyo, y se aseguraría de que fuera así para siempre. Lo sujetó por el rostro.

—Mío —soltó Bill, en tono autoritario.

—Tú también eres sólo mío —respondió Tom, no sintiéndose ni amenazado ni temeroso de Bill.

Bill rió y volvió a besarlo. Sólo a él podría perdonarle ser un contestón, porque si fuera uno de sus omegas de su harén probablemente lo habría torturado. Pero no, Bill sentía que realmente podía pertenecerle solamente a Tom.

El rubio pelo corto se quitó la camiseta y los cubrió a ambos con la colcha, disfrutando del aroma que soltaba Tom ahora que lo había hecho suyo y cómo invadía cada pedazo de su cama. Bill abrazó a Tom por detrás, y por fin pudo dormir tranquilo.

Al día siguiente, Bill olisqueó el cuello de Tom, dejándole un beso en la nuca para irse a la ducha. Tom se levantó y se metió junto con él, terminando por hacerlo en el baño contra la pared.

Bill al salir es que se vistió, Tom también pero no quería separarse de su alfa.

Natalie, una de las omegas preferidas de Bill, quiso saludar al alfa con un beso, pero Tom se lanzó contra ella, mordiéndole el brazo cuando se quiso defender.

—¡Bill es mío! —gritó Tom, mientras que la omega asentía asustada.

Los guardaespaldas se acercaron a ver la escena.

—¿Nos encargamos de él? —preguntó Saki, mirando a Bill, que se sorprendió por el comportamiento de Tom pero lo entendió.

—No. Nadie va a tocar a Tom a partir de ahora —soltó Bill autoritario, con voz protectora, no quería que siquiera se atrevieran a hacerle daño a su omega—. Es mi predestinado. Y mi harén… Denles la opción de trabajar como servidumbre, si se niegan los venderán —acotó, ayudando a Tom a levantarse—. Ya no necesito a nadie más —sentenció viendo con adoración al de rastas, el cual le correspondía la mirada.

Bill mantuvo a Tom a su lado todo el tiempo, exceptuando cuando tenía que reunirse con otros y luego es que el de rastas volvió a verlo.

—¿Tienes que seguir vendiendo omegas? —inquirió Tom.

—Sí, es el negocio de mi familia —respondió Bill, mientras comían.

—Soy omega. Y por verme como un objeto es que me capturaron, intentaron abusar de mí y llegué ante ti —explicó Tom, buscando señalar su punto. Bill arrugó el ceño.

—¿Pero eso no es bueno? Me conociste así.

—Pero mi familia me dejó atrás por ser omega —acotó Tom.

—Déjame pensarlo, ¿está bien? No es así de fácil como lo pones. Si no manejo el negocio no es que dejarán de venderse omegas, porque es algo que hace la sociedad. Si no lo hago yo, igual mis enemigos pueden hacerlo —farfulló Bill.

—A menos que hagas un movimiento en contra de ello. Tienes la suficiente influencia como para hacerlo —musitó Tom.

—No lo sé. Déjame pensarlo, Tom —pidió Bill, porque lo que implicaba lo que decía Tom era algo muy difícil de conseguir así como así, y de por sí ya lo tenía complicado porque al estar con Tom es que se había ganado un punto débil, no quería que nadie le hiciera daño a su omega.

—Tal vez no para mí, pero sí para el resto de omegas más adelante —terminó por decir Tom.

Bill apretó su mano por encima de la mesa y luego besó el dorso de su mano.

—De verdad lo pensaré —le aseguró Bill.

Tom asintió, no muy convencido pero suponía que al menos era un avance.

Bill siguió haciendo suyo a Tom, hasta que en un momento dado, el de rastas se lo suplicó.

—¡Márcame! —ordenó Tom, a cuatro patas, siendo penetrado por Bill, haciendo sus rastas a un costado para que pudiera morder su cuello. Su lobo se lo había pedido desde el primer día pero ya no podía resistirlo más.

—Sabes que si hago eso no habrá vuelta atrás —avisó Bill, metiéndosela más profundo.

—¡Hazlo! —ordenó Tom y Bill lo mordió en la nuca, tan fuerte que lo hizo gritar, pero luego lamió la herida, probando su sangre y cauterizando la zona.

“¿Me sientes ahora?”, preguntó Bill sin hablar.

“Sí”, dijo Tom en su mente.

Terminaron haciendo el amor con el eco del placer del contrario, haciendo única esa experiencia. Ahora estaban unidos para siempre.

Tom lo sospechó, era lo más probable, que después de tanto sexo sin protección quedaría embarazado.

Pero Bill estaba feliz porque él mismo había pensando en eso, que ya que estaba con su predestinado por fin podría tener una familia.

Así que cuando el vientre de Tom creció, Bill simplemente estaba embelesado con el de rastas, besándole el vientre y acariciando sus pechos, porque habían pasado de ser pectorales normales a crecer varias copas.

Llegado un punto Tom se sentía angustiado, porque sabía que sus pechos estaban sensibles, y se sentía tan lleno de leche, lo cual no entendía por qué si se supone que el bebé no nacería hasta dentro de tres meses, sin embargo ahí estaba, con los pectorales inflamados y llenos de leche, y podía ver cómo Bill lo miraba, adivinándole el pensamiento, él quería chuparle los pezones y beberse esa leche.

Pero no… Tom consideraba que era algo muy extraño.

Hasta que Bill le dio un regalo que lo hizo replanteárselo, simplemente por lo absurdo que era.

Era un traje de dos piezas, básicamente un bikini y un sostén color blanco con manchas negras, un bikini de vaquita.

Cuando Bill llega ve a Tom echado en la cama con el bikini puesto e incluso el sostén ya mojado por la leche que se le escurría.

—¿Entonces quieres ordeñarme, papi? —preguntó Tom con voz sensual.

Bill se puso como un toro, quitándose toda la ropa rápidamente para lanzarse sobre él, levantándole el sostén, para meterse el pezón a la boca, Tom gimió, sintiendo cómo su erección sobresalía del bikini, mientras su alfa comenzaba a chupar el sensible pezón, sintiendo cómo la leche emanaba de él, saboreando su sabor… Tan dulce que Bill sintió que era un manjar de los dioses. Con una mano comenzó a apretar el otro seno, acariciando el pezón, consiguiendo que Tom se arqueara mientras se excitaba conforme Bill seguía lactando con fuerza.

Se sentía tan bien que le quitaran esa presión, y como estaba tan sensible, podía sentir cómo se llenaba de preseminal su bikini simplemente por la forma en la cual Bill arremolinaba su lengua en su cúmulo de carne. Luego se separó simplemente para atacar el otro seno.

Tom estaba tan húmedo, podía sentir cómo su interior quería ser penetrado.

—Papi… Métemela —pidió Tom, acezado.

—Por el tamaño de tu pancita no puedo hacértelo de frente. Tendrás que montarme, vaquita sexy —masculló Bill, mordiendo con suavidad el pezón.

Bill se sentó en la cama, y Tom se hizo a un lado la tanga, para comenzar a empalarse a sí mismo. Mientras el rubio pelo corto seguía chupándole los pezones, el de rastas le daba sentones con todo su ímpetu, disfrutando cómo lo llenaba por completo su alfa, el cual seguía lactando gustoso. Se separó un rato para besarlo, haciendo que Tom probase un poco su propia leche, no le desagradaba, y de algún modo era excitante.

Bill se aferró al trasero de su omega, ayudándolo a recibir todo su miembro, sintiéndose encantado con el sonido de sus pieles chocando y cómo se hundía en él.

Cuando su nudo se hinchó por completo, Tom movió las caderas, haciéndolo gruñir.

Bill apretó sus tetas, hundiendo su rostro entre ellas, para luego volver a chupar, hasta que se terminó por correr dentro de Tom, el cual se había corrido ya varias veces en el vientre de su alfa.

Lo ayudó a levantarse y lo llenó de besos.

—Gracias por cumplirme esta fantasía —dijo Bill, acariciando su trasero, pasando su dedo por la entrada que soltaba su semen.

—Gracias por hacer el movimiento de protección a los omegas —respondió Tom, para luego ser besado por Bill.

—Todo lo que desees serán mis órdenes —susurró el alfa contra los labios del omega.

Tom asintió y volvieron a besarse, amaba a su alfa, y agradecía el haber encontrado a su predestinado.

Bill no podía ser más feliz, por fin, en toda su miserable vida, había hallado lo que más quería, al amor de su vida y tendría su propia familia, a la cual protegería con todo su ser. Jamás le pondría un dedo encima a su hija, porque sí, Tom esperaba una nenita, y haría todo lo posible para hacerlos muy felices para siempre.