Capítulo único
Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom estaba cansado, había tenido un día algo difícil en la universidad, ya faltaban sólo dos años más y terminaba la carrera, sin embargo, era aún más cansino teniendo en cuenta que de ahí tenía que ir a trabajar, y no conforme con eso, llegaría a casa para cocinar y limpiar, porque su novio no lo haría.
Y siempre buscaba justificarlo, que sí, que porque Georg era quien lo mantenía básicamente, ya que su trabajo de medio tiempo no le permitía tener una economía holgada. Que bueno, si bien le servía para pagarse parte de la universidad, porque había accedido a una beca, no era como que le sirviera para lo demás. Así que el castaño era quien ponía el dinero… Lo cual era difícil, ya que si bien tenía la oportunidad de irse donde sus padres de nuevo, no era muy tentador, no cuando le dijeron que era pésima idea que se fuera a convivir con un hombre que era su mayor al poco tiempo de conocerlo.
Por eso mismo es que había soportado muchas cosas de Georg, nunca le levantó la mano, por suerte, aunque sí golpeaba paredes, o rompía cosas. Pero el peor defecto del castaño es que era infiel, y ni siquiera se molestaba en ocultarlo.
Tom lo había conocido en el trabajo, era su superior, y le coqueteaba todo el tiempo, era guapo así que el de rastas aceptó, cuando le colmó de regalos, el joven se sentía más que feliz, ya que apenas tenía dieciocho años, y era muy impresionable con las cosas materiales, cuando le ofreció viajar juntos no se negó, así que ahí empezaron su relación, cuando básicamente Georg le dijo que todo tenía un precio.
Pero Tom se sentía bien con eso, con que Georg siempre le colmara de atenciones, comprándole ropa, zapatos, viajes, idas a conciertos, todo lo que quisiera…
Aunque luego es que ya no lo invitaba a salir juntos los fines de semana, y es por eso que una noche lo siguió, y vio cómo estaba besándose con un chico rubio en la barra de una discoteca gay, el de rastas se enfrentó a él, sujetando la jarra de cerveza y lanzándole encima de Georg.
—Eres un imbécil —dijo Tom para luego irse, mientras Georg se reía.
Al día siguiente, Georg le llevó un ramo de rosas.
—Ten, te hice una extensión de mi tarjeta de crédito, cómprate lo que quieras —le susurró en el oído, y luego le dejó un beso en los labios.
Así que ese modo era que a cada infidelidad que Tom le descubría, lo colmaba de regalos.
Pero después de que Georg lo contagiara de sífilis, porque básicamente una noche lo forzó a hacérselo sin condón, y que Tom estuviera en un humillante tratamiento por un tiempo, es que Georg le volvió a traer un ramo de rosas.
—¿Qué quieres? —preguntó Tom, realmente molesto, si bien ya estaba limpio, de todas formas quedaba el recelo, pudo haber sido cualquier otra cosa como VIH o algo así.
—Pues… Te traje este ramo, hermoso como tú —masculló Georg, con una sonrisa que buscaba lucir arrepentida.
Tom puso los ojos en blanco. —Sí, lo que sea.
—Anda, Tomi… Mira que las rosas vienen con un regalo más —comentó Georg en tono coqueto.
—¿Qué sería ahora? ¿Otra venérea? —soltó sarcástico Tom, cruzándose de brazos.
Georg bufó. —No, esto —farfulló, sacando el sobre de entre las rosas, extendiéndoselo.
El de rastas lo miró desconfiado, pero igualmente intrigado, así que sujetó el sobre, abriéndolo y gritó al ver su contenido. Eran entradas para el concierto de Bill Kaulitz, sí sabía que iba a venir, pero no le alcanzaba el dinero para comprarlas, y mucho menos en primera fila que era lo que le había comprado Georg.
—¿Ahora sí me perdonas? —preguntó Georg, abriendo sus brazos, y Tom se lanzó a ellos, dejándole un beso, realmente a este punto ya no amaba al castaño, y simplemente para no darles el gusto a sus padres que vivía con él, porque no se podía amar a alguien le engañase todo el tiempo, y que incluso le forzaba a tener sexo cuando no quería.
Pero sí, fingiría que lo quería, sólo porque le había ofrecido el mejor regalo que podría tener.
Así que pasaron los días y el rastas estaba sumamente emocionado. Cuando finalmente llegó el día del concierto, casi no comió por los nervios, y dejó que Georg le tomara de la mano mientras conducía en dirección al local.
No hicieron cola al ser VIP, y pasaron de frente, Tom por una parte se sintió mal de ver la cantidad de gente que estaba afuera, que se notaba incluso que llevaban días acampando, pero era entendible, no todos podían pagar esa entrada, incluso él no hubiera podido.
Cuando se acomodaron con los otros, se dio cuenta que en efecto estaba simplemente a una corta distancia del escenario, y se sintió muy emocionado, su yo adolescente estaría saltando en un pie en ese momento, que claro, ya tenía veintidós años, sin embargo, no dejó de ser fan de Bill Kaulitz, siempre compraba sus discos, incluso tenía bastante merch suya desde que era un jovencito, ya que lo siguió desde sus inicios, y ellos se llevaban sólo cinco años, así que realmente se sentía muy feliz de tener la oportunidad de verlo. Tal vez hubiera preferido tener un meet and greet, pero sabía que eran muchísimos más costosos, y para pocas personas, como menos de diez. Quizá habría podido usar la tarjeta de Georg, porque ya le había desactivado la extensión, pero… No pensó que iría al concierto, y para el meet and greet sí o sí debes tener una entrada.
El ambiente se llenó por completo, evidentemente la mayoría eran mujeres, aunque igualmente distinguía uno que otro hombre. Cuando la música comenzó a sonar, y el humo salió, es que Tom miró emocionado al escenario, sabía que Bill saldría del piso.
Georg lo tomaba por la cintura, y dejaba besos que él respondía ausente, realmente en este momento la prioridad para el menor es ver a su ídolo, no le interesaba su novio infiel.
—¿No quieres agradecerme un poco lo que gasté en las entradas? —susurró Georg contra su oído, para luego morderle el lóbulo, sentía cómo frotaba su erección contra su pierna pero no le interesaba.
—Después —respondió Tom, no iba a ceder a sus impulsos de hacer algo sexual en un lugar público.
—¿Por qué estás tan tímido ahora? —preguntó Georg.
Bill apareció en el escenario, saludando a todos con su cabello rubio corto, y su ropa tan simple pero llamativa al mismo tiempo, su camiseta decía “chúpame” y Tom pensaba que eso era tan sexy que si se lo proponía era capaz de chupársela frente a todos en el concierto.
—¿Tomi, por qué no respondes? —insistió Georg, dándole un beso, riéndose al verlo tan absorto con el rubio oxigenado del cantante.
—¿De qué te ríes, payaso? —cuestionó Bill en el escenario, mirando desdeñosamente a Georg, que estaba riéndose a un costado de Tom. Luego fijó su mirada en el de rastas.—Te voy a hacer una pregunta bien sencilla, ¿ok, mi amor? —inquirió el hombre hacia Tom.
El de rastas se señaló a sí mismo, sin podérselo creer, su ídolo lo llamaba “mi amor”, en pleno concierto, a vista y paciencia de todos los presentes, sintió cómo sus piernas le flaqueaban, y de algún modo se sentía como las protagonistas de las historias cliché de Wattpad, porque nunca pensó que eso le sucedería, es decir, sí, había escrito historias con rayita poniendo que Bill se casaba con él, donde tenía que fingir que era una chica y ponerse un seudónimo de “mujer” para pasar desapercibido, sin embargo nunca pensó que realmente pasaría, porque sí, sabía que Bill era bisexual, aunque algo más ambiguo con su orientación, pero la mayoría de gente que conoció en el fanclub eran mujeres, así que Tom si bien fue fanático suyo desde que era un adolescente de trece años, nunca fue a las reuniones del fanclub por hacerse pasar por una chica llamada Tamara que escribía fanfics, siempre se mantuvo desde el anonimato de internet.
—Espero que seas honesto conmigo, ¿ok? —preguntó el cantante, viéndole con fijeza a Tom, el cual se sentía estremecer en ese momento, y asintió efusivamente porque era más que evidente que no podía hablar, es decir, podría hacerlo pero se perdería entre el bullicio.—¿Quién es él? —cuestionó señalando a Georg.
Tom miró a su novio, el cual arqueaba una ceja frente a esa interacción tan cercana entre su novio y el cantante ese, el de rastas hizo símbolo con los brazos de que no lo conocía. Georg se sintió indignado, todavía que había pagado las entradas para que su pareja estuviera en primera fila y Tom hacía como si no supiera quién es.
—¿Tu novio? —inquirió Bill, y Tom negó con efusividad incluso con los brazos para más ímpetu.
Georg boqueó sorprendido, literalmente en su propia cara le negaba que eran pareja luego de años de relación.
—¿Qué carajos, Tom? —preguntó Georg, viéndole con enojo retratado en el rostro, lo suficientemente fuerte como para oírlo frente al bullicio.
—¿Usted conmigo? No, disculpe, no lo conozco —soltó Tom mirando al castaño, siendo muy expresivo y vocalizando bien para que el cantante pudiera notarlo a lo lejos.
—Sí, hay un problema, hay un conflicto aquí. Porque, ¿cómo puede ser el tu novio si tu novio soy yo? —cuestionó Bill, mientras la gente gritaba desesperada.
Tom se quería derretir ahí mismo, no le importaba nada, ni Georg, ni sus cuatro años de relación, ni que estuviera ahí enojado por negarlo como Pedro a Jesús.
Tom estaba casi dando saltitos de la emoción, gritando porque Bill le había dicho que era su novio, no importaba si todo era un show, lo guardaría en su memoria y sería un aliciente para dejar al estúpido de Georg con su infinidad de veces que le fue infiel, el empujón que necesitaba para irse de esa convivencia y quedarse solo, pero feliz de haber sido el “novio de Bill Kaulitz durante un concierto”.
—¡Te amo! —gritó Tom a todo pulmón en dirección a Bill, viéndolo sonreír al notar lo que decía.
—Cálmate, Tom, ¿qué mierda te sucede? Tu novio soy yo —refutó Georg, queriendo tomarlo por el brazo, se sentía un poco absurdo de enojarse por un crush que tenía su pareja con el cantante, pero sí se sentía muy humillado de todo este teatrito. Tom se removió de inmediato de su agarre.
—¿Tú qué? Mi novio es él —dijo Tom, frunciéndole el ceño—. Si te molesta, vete —soltó el de rastas.
—¿Estás mal de la cabeza? ¿Qué diablos te sucede? —preguntó Georg, comenzando a desesperarse del espectáculo que estaba haciendo su novio allí.
—Me molesta el que ahora mismo yo estoy haciendo un show en la tarima, y yo estoy viendo que él te abraza, te besa, y tú te quedas tranquilo ahí, como que es normal —soltó dolido Bill.
—¡Nooo! —gritó Tom, negando con el dedo.
—Entonces vuelvo a preguntar. ¿Quién es él? —inquirió Bill.
—¡No es nadie! —respondió Tom, siendo de lo más expresivo con sus gestos para que note su respuesta.
Georg realmente se estaba enfureciendo, porque si bien era algo tonto, y era obvio que sólo era una cosa de mal gusto que hacía el cantante de pacotilla, su novio estaba siguiéndole ese maldito juego, haciéndolo quedar como un imbécil frente a todos.
—No me digas que es tu novio, mi amor, porque tú sabes que no lo puede ser —habló nuevamente Bill, viéndolo con fijeza, con esa mirada felina y tan suya que hacía que Tom se derritiera ahí mismo, como gelatina líquida. —Mi amor, ¿cómo tú me haces eso?—canturreó todo mirando a Tom.—Si yo soy tu macho…—siguió cantando, Tom asintió efusivamente, y Georg apretó los puños—,si yo soy tu hombre… El que te corresponde—cantó con más sentimiento esta parte, sin dejar de ver al de rastas—. Nadie a ti te ama como yo…—siguió la canción, y Tom le miró coqueto al cantante, si este era su momento Wattpad le sacaría el jugo al máximo, incluso le movió el piercing del labio de forma insinuante.
Mientras que Georg casi botaba espuma de la boca por la rabia.
—Nadie a ti te besa como yo…—canturreó Bill, y Tom por un instante sintió que sólo eran ambos en ese momento, al tener esos ojos color chocolate viéndole con tanta intensidad—.Nadie te lo hace como yo…—siguió, esta vez guiñándole un ojo y moviendo las caderas en el escenario, de una forma que era muy sugerente, y Tom sintió cómo su interior se estremeció por eso, al pensar que sí, ni el sexo que había tenido con sus exs o con Georg, se podía comparar a sus fantasías salvajes y la sensaciones donde se masturbaba con un consolador pensando en Bill.
Lo escuchó cantarle todo el tiempo, y cuando terminó la canción, Bill miró a Georg, riéndose.
—Acabas de comprar un boleto para que tu chico venga a ver a otro macho —le habló Bill, con una sonrisa segura de sí mismo—. Él te jugó el juego de la psicología inversa. Yo quiero que tú entiendas que esta noche yo soy su papi, yo soy su macho, yo soy su marido —acotó con seguridad mirándole a Georg—. Pero no te me deprimas… Porque esta noche cuando vuelvan a casa, tú eres quien le hará el amor a ese hermoso hombre, aunque… Créeme que estará pensando en mí cuando se lo haces —barbotó para luego guiñarle un ojo a Tom—. ¡Igualmente le daré un premio a este fanático tan hermoso! —añadió.—Así que espera la señal, bebé —le dijo a Tom, el cual asintió emocionado.
Georg se sentía cómo la rabia le generaba bilis en la boca del estómago. Se mantuvo a un costado de Tom, porque sí, él lo había engañado, pero que lo humillase de esa forma… Definitivamente se vengaría cuando lleguen a la casa, no tendría contemplaciones. En ese momento quería sacarlo del concierto, pero tampoco quería atraer la atención, así que se quedaría allí de brazos cruzados mientras Tom coreaba las canciones, saltando, gritando, y derritiéndose por otro hombre. Realmente le parecía absurdo, sí, Tom era guapo pero era estúpido pensar que un famoso se fijara en él.
Cuando terminó por fin el concierto, con desmayadas incluso, uno de los de seguridad se acercó a ellos.
—Joven, acompáñeme, el señor Kaulitz quiere verlo en su camerino —habló el hombre grande, alto y con lentes.
—Ni te atrevas, Tom, si vas, se acaba nuestra relación —le advirtió Georg, al reconocer ese tipo de actos de famosos, que algunos rockeros hacían llamando a una fan del escenario para cogérsela, entonces el teatro del cantante no había sido del todo un show, realmente quería tener sexo con su novio.
Tom sabía lo que implicaba aquello, y sentía que estaba en un sueño del que no quería despertarse jamás. Pensó realmente que sólo sería un juego en el escenario, aunque su ídolo se lo dijo, que le daría una sorpresa, sólo que no esperaba que todo ese coqueteo fuera real, y ahora que sabía que lo era, lo aprovecharía al máximo.
Tom se giró a ver a su novio, le sonrió y le mostró el dedo medio. —Terminamos y jódete —dijo para luego seguir al guardia de seguridad.
Georg se quedó pasmado, viendo cómo el de rastas se iba, mandando al diablo su relación de cuatro años.
…
Tom se sentía muy nervioso, sus manos le sudaban, y él trataba de controlar su respiración, porque realmente iba a verlo, y mucho más que eso… No lo había invitado a un meet and greet, sino directamente a su camerino, y él no era un jovencito virginal, sí, tenía veintidós años, pero su vida era activa sexualmente desde los quince años.
Sin embargo, no por eso se sentía más experimentado o menos ansioso. Nunca pensó que genuinamente tendría la oportunidad de acostarse con su ídolo, y no es que hubiera tenido muchas parejas sexuales, sólo tres, contando a Georg.
Cuando llegaron a la puerta con la estrella que recitaba el nombre de su cantante favorito, Tom tragó saliva duramente, para luego ver cómo el guardia tocaba la puerta. Al menos eso quería decir que tendrían privacidad.
El rubio abrió la puerta, con una sonrisa en su rostro.
—Hola, Saki. Gracias por traer a minovio—comentó Bill, guiñándole un ojo a Tom, el cual sonrió nervioso por ello.
El hombre se hizo a un lado, Tom entró y Bill cerró la puerta con seguro, sentándose en un sillón que tenía en el camerino.
—Hola, guapo, ¿cuál es tu nombre? ¿Quieres un poco de agua o estás bien? —cuestionó Bill, palmeando el espacio en el sillón para que Tom se sentara.
El de rastas asintió y se ubicó a su lado, sintiendo cómo su muslo chocaba con el del cantante, estaban con ropa, claro, pero de todas formas lo tenía a un lado que internamente gritaba de la emoción.
—Hola, Bill… ¿Puedo decirte Bill? —preguntó Tom nervioso.
—Pero, mi amor… Te dije que esta noche sería tu papi… —masculló Bill, tocándole el muslo y susurrándole en el oído, haciendo que Tom se estremeciera al sentir el aliento en su oreja, junto con sus labios rozándole al haberle dicho esa frase.
—Soy Tom —soltó el de rastas, sintiéndose por completo nervioso, como si realmente fuera virgen y el mismo adolescente de trece años enamorado del joven de dieciocho que estaba en pleno apogeo de su carrera.
—Uhmn, Tom —repitió Bill, apreciativamente, mientras le olía el cuello y luego se alejaba un poco, con una sonrisa ladina—. ¿Tu novio se enojó mucho porque viniste conmigo?
—Ah… Lo terminé antes de venir aquí —se sinceró Tom.
—Lo notaba un poco agresivo en la forma en que te agarraba, por eso me tomé el atrevimiento de intervenir —masculló Bill, respirándole en el rostro básicamente, y Tom estaba embebido oliendo su aroma a menta junto con su perfume… Una esencia amaderada, con un toque tenue de cítrico muy masculino, un olor que hacía que sintiera hambre y no precisamente de comida.
—Ah, sí, pero no valió la pena, descuida,papi—farfulló Tom, sintiendo sus mejillas enrojecerse al hablarle así, sólo eran cinco escasos años, sin embargo, el verlo con esa mirada predatoria tan de cerca, y la barba finamente recortada… Hacía estragos en su sistema, lo hacía sentir tan cohibido, y al mismo tiempo con ganas de desconocerse, quería ser coqueto, lo deseaba con fervor, pero también se sentía tan tímido, era tan confuso para el de rastas la forma en que le intimidaba, pero le excitaba a partes iguales aquel hombre.
Bill se relamió los labios, haciendo que Tom sintiera cómo su miembro latía en sus anchos pantalones al ver cómo esa lengua era pasada por esos labios decadentes, tan bonitos, gruesos y con esos piercing en las comisuras, distintos al que él tenía en la esquina de su labio, los del rubio eran delgados y en argolla, mientras que Tom tenía uno en argolla sí pero no completa, y con una bolita de metal en cada extremo, sin embargo, sí se fijó cómo brilló el piercing en la lengua del cantante cuando se relamió sus labios, era intrigante pensar en el uso del frío metal en cualquier contexto, ya que por lo que le había dicho Georg, el piercing de Tom se sentía rico cuando le hacía orales…
Tom tuvo que aguantarse un gemido al imaginar sentir el piercing de la lengua del rubio contra su pene.
—¿Pero sí eres menor que él, cierto? Esa carita tan fina… Espero que seas mayor de edad y no me metas en problema, Tom —masculló Bill, sacándolo de su ensoñación.
—Sí, tengo veintidós años —respondió Tom.
—Oh… Son pocos años de diferencia, pero tu rostro… Es un pecado, te echaba menos, eh. Aunque igualmente eres más hermoso de cerca. Esas pestañas largas, nariz respingona, labios llenos, seguro que debes chuparlo bien rico, ¿verdad? —cuestionó Bill, mirándole la boca.
—¿Entonces el mensaje en tu camiseta es más una orden que sugerencia? —preguntó Tom, intentando sonar casual, mientras movía insinuante su piercing en el labio, no respondiendo su pregunta, sin embargo, dándole una señal de que en realidad sí estaba de acuerdo con la idea.
—Me gusta dar órdenes —farfulló Bill, con una sonrisa.
—No soy muy obediente… Pero por ti,papi, puedo hacer una excepción —soltó Tom en un tono apretado y necesitado, mientras que batía sus pestañas simplemente porque era consciente del efecto que tenía en los hombres cuando hacía cosas así, sintiéndose un poco más confiado al notar que realmente no le era para nada indiferente al cantante, si bien era su ídolo y un sueño estar junto a él, por la forma en que apretaba las piernas y el bulto que notaba en sus pantalones era evidente que se estaba conteniendo, y sí, Tom amaba ser dominado, pero también disfrutaba de enloquecer a sus amantes… Le hacía sentir un poco en control de la situación, al ver cómo era tan deseable para el contrario.
Así que por más que fuera una oportunidad única, y realmente de ensueño, Tom quería encender más a ese hombre que siempre había sido su fantasía desde que era un adolescente.
El rubio le dio una mirada lobuna, cargada de lascivia por la forma en la cual le había hablado Tom. Bill se acercó nuevamente al rostro del de rastas, y lo tomó por la quijada, apretándolo sin llegar a lastimarlo, sin embargo, sí girándolo hacia su rostro.
Bill no había visto un fan así, aparte de hermoso, uno que fuera tímido pero coqueto al mismo tiempo, esa dualidad estaba acabando con él, se sentía tan excitado que quería hacérselo ahora mismo. Atrajo su rostro hacia el suyo, y lo besó, porque esos labios gruesos y sensuales no los había visto en nadie, así que cuando sintió lo acolchados que eran contra los suyos, se fue calentando más y más.
Tom había tenido muchas fantasías con Bill, pero al sentir sus labios chocar contra los suyos, simplemente era algo que nunca pensó que realmente podría pasarle, y allí estaba, cerrando los ojos mientras correspondía al beso, sentía cómo la barba de Bill le raspaba, pero eso no lo desalentaba, movía sus labios en sincronía con los suyos. Bill lo soltó pero para situar su mano en su nuca, debajo de sus rastas, sintiendo cómo los vellos del de rastas se erizaban frente a su toque, haciendo que el más joven se estremeciera, arqueándose contra él, gimiendo en el beso y Tom decidió que tenía que tenía que hacer algo con las manos en vez de dejarlas apretadas sobre sus muslos, así que metió sus dedos entre los cabellos del cantante, haciendo que se juntaran aún más sus rostros…
Bill coló la lengua dentro de los labios del menor, y Tom apretó sus dedos, sin llegar a lastimar al rubio, era tan suave al tacto, y el de rastas seguía invadido por su aroma que lo aturdía, y también sentir ese piercing en su boca, la forma en la cual dominaba el ósculo, cuando Bill le pasó la lengua por el paladar, él decidió succionarle la lengua, haciendo que quien gimiera fuera el de barba, sorprendiéndose por cómo se la jalaba, y disfrutando gratamente ese giro. Pero Bill quería estar a cargo, así que sacó su lengua, y le mordió el labio inferior, para luego pasarle la lengua encima del piercing brillante que tenía. El cantante volvió a besarlo, disfrutando de la sensación de sus labios, pero empezando a desesperarse, porque quería ver esa lengua habilidosa en otra parte de su anatomía.
Bill se separó por aire, y le dejó un beso en el cuello con lunares del de rastas, disfrutando de cómo lo tenía con la piel erizada por el deseo. Vio su rostro, cómo sus labios estaban aún más hinchados, húmedos, rojizos, también el fan tenía las mejillas sonrojadas, haciendo que luciera aún más irresistible. Bill le mordió el cuello, haciendo que Tom diera un bote y soltara un gemido.
—Quiero que me la chupes —ordenó el cantante, respirándole en el cuello, haciendo que Tom se estremeciera al sentir su aliento caliente y luego cómo su lengua serpenteaba por la zona, haciendo que su respiración se acelerase.
Tom asintió, y Bill se separó de él, bajándose el cierre y liberando su erección, el de rastas tragó saliva, el cantante no usaba ropa interior, y su miembro estaba allí, erguido, con las venas notorias, sus testículos estaban depilados en la base, vio cómo Bill se acarició frente a él, esparciendo el preseminal en toda su longitud, y luego lo tomó por las rastas, dirigiéndolo hacia su entrepierna, el menor se acomodó en el suelo, dejándose guiar, situándose entre sus piernas, mientras sujetaba la base, quitando la mano del mayor con cuidado, pero sin dejar de ver con fijeza al rubio.
Bill le quitó la gorra, y la bandana, y Tom se lo permitió, normalmente no dejaban que le tocaran el cabello, pero el pensar que él lo haría le pareció excitante, así que se dejó hacer, gimiendo cuando Bill pasó los dedos por su cuero cabelludo, acariciándolo, alentándolo a tomarlo por la boca.
Tom no dejó de verlo, pero sacó la lengua afuera, pasándola por la cabeza de su ídolo, simplemente tentándolo más, arremolinó su lengua alrededor del glande, observando cómo Bill siseaba y se relamía los labios.
—Estás siendo muy provocador —soltó Bill con la voz cargada de deseo—. Anda, métetelo —instó, pero Tom pasó con cadencia su lengua desde la cabeza hasta todo lo largo, dejándole más lametones, sin metérselo todavía, y eso excitaba a Bill, al punto de sentir un poco de frustración porque eran toques tenues, que hacían que su erección palpitase.
Bill apuñuscó la mano entre sus rastas y Tom jadeó, ese pequeño jalón le había excitado.
—No te voy a rogar —advirtió Bill, dirigiendo su cara nuevamente hacia su pene.
Tom sonrió pero luego abrió la boca, relajando la garganta para recibirlo, agradeciendo que años de práctica le habían permitido casi abolir su reflejo nauseoso, por lo que realmente pudo recibir a Bill en su cavidad, sintiendo que tenía un buen tamaño, el suficiente como para ser tan confiado en sí mismo, aunque era evidente que el cantante era team sangre, porque al inicio no se veía todo ese potencial, al menos no hasta que se excitó, pero era de los mejores en la experiencia del de rastas.
Bill soltó un jadeo, y el de rastas apretó sus labios alrededor del falo, formando un sello, mientras hacía más succión, y comenzaba a tararear, haciendo que aquella vibración resonara contra la erección del rubio, consiguiendo que pusiera los ojos en blanco. Era un buen truco, y tuvo que resistirse las ganas de reír porque sino iba a lastimarlo con sus dientes, y no tenía suficiente conocimiento de qué le gustaba a Bill como para emplearlo, algunos disfrutaban de los dientes siendo pasados con suavidad por la piel del pene, mientras que otros eran sumamente sensibles y les dolía así que prefería irse con cuidado. Tom generó más saliva, haciendo que fuera más fácil el sacarlo de su boca y volvérselo a meter, haciendo de arriba abajo, sintiendo cómo latía entre sus labios, y la leve curvatura de su miembro que le chocaba contra la úvula, pero él era muy capaz, así que simplemente ahuecaba la mejilla contra la polla del cantante, haciendo que fuera tan jodidamente apretado, al sentir esa boca caliente, húmeda y esa condenada lengua tan hábil que lo recorría… Que incluso Bill podía sentir el fuerte tirón en los testículos, pero no, no iría a correrse así, jaló con fuerza a Tom de sus rastas, haciendo que se quitase el pene de la boca, con un sonido de “pop” al romper la succión, con los labios tan sensuales ensalivados, y cómo se quedaba un hilillo de saliva.
—No creas que quiero venirme en tu boca, lo sé, es sensual, y realmente me gustaría que te lo tragues. Pero… No nos queda mucho tiempo, así que lo mejor es que me venga en tu culito —avisó Bill.
—Sí, papi —soltó Tom con sumisión, mientras el rubio le limpiaba el excedente de saliva con su pulgar, simplemente para tener la excusa de tocarle la boca, iba a fantasear con esos jodidos labios toda su existencia.
—Ponte contra el sillón, bájate los pantalones, y levanta el culo —ordenó Bill, poniéndose de pie, mientras el de rastas obedecía la orden, y el cantante iba a por una botella de lubricante y un condón que tenía en su bolso.
Tom se sentía expuesto, lo sabía, era consciente de ello pero no le importaba, nadie podría recriminarle lo que estaba haciendo. Cualquier persona en su posición haría lo mismo, el tomar la oportunidad para acostarse con su ídolo, así que obedeció, sintiendo cómo sus pantalones se quedaban en los muslos, y que el cantante tendría la perfecta visión de su trasero. No tenía vergüenza, no cuando muchas veces había soñado con esto, aunque jamás pensó que se haría realidad.
Escuchó cómo Bill se movía detrás suyo, se giró levemente y agradeció que se pusiera un condón, aunque igualmente le había hecho un oral sin él, en el candor del momento, e incluso observó cómo se ponía lubricante en los dedos, al menos era amable, más de lo que había sido Georg en más de una ocasión, se fijó hacia el frente, tomando aire y agradeciendo que había tomado sólo líquidos, y se había hecho una ducha anal, con la intención de agradecerle a su ex, pero bueno… Mejor uso no podría haberle dado que estar limpio para su ídolo.
Cuando Tom sintió los dedos de Bill presionar su entrada, suspiró, relajándose automáticamente y se mordió el labio cuando lo sintió dentro… Sólo eran dedos, lo sabía, pero ya su propio miembro estaba allí erecto, y bañado en preseminal por la sesión de besos, y el haber disfrutado hacerle la mamada a su cantante favorito, incluso pensaba que era irónico el asunto, ya que muchas veces había soñado y hasta escrito sobre ello, pero no pudo seguir el hilo de sus pensamientos cuando el rubio curvó sus dedos, tocando su próstata, por lo que su polla dio un bote contra su vientre, y apretó su interior por inercia, escuchando cómo siseaba Bill, abstraído en su propio placer al sentir el calor que emanaba de aquella abertura.
Bill aumentó un dedo más, haciendo movimientos de tijera, notando cómo Tom se movía contra su mano, evidentemente deseoso de más… Y el rubio sintió cómo su excitación aumentaba en demasía.
—Eres tan goloso —susurró Bill con voz aterciopelada contra el oído del menor.
—Más, papi —pidió acezado Tom, apretando intencionalmente su canal, mientras que escuchaba cómo Bill gruñía para luego gemir, porque esa presión en sus dígitos, podía imaginarla con claridad en su dureza.
Bill curvó los dedos de nuevo, dando con el punto mágico de Tom, haciendo que este se quebrase un poco más, tan deseoso y necesitado por su verga, sí, le gustaba esa sensación, porque las fanáticas y fanáticos siempre eran así… Aunque había algo distinto en este muchacho, algo que hacía que Bill realmente quisiera que se realizaran exámenes para no usar condón. No podía describir lo que era, pero sabía que Tom era único. Así que menudo imbécil era su ex por tratarlo así de mal.
Bill siguió dando con la próstata de Tom, el cual ponía los ojos en blanco mientras gemía sonoramente. El resto de su staff lo sabía, que cuando él ponía seguro, iba a tener sexo, así que no importaba lo ruidosos que fueran, nadie entraría. Pero… Ya estaba lo suficientemente dilatado, por lo que sacó sus dedos, dejando a Tom la sensación de vacío, y aire, sintiéndose frustrado porque iba a llegar, estaba tan cerca, aunque no, mejor que venirse con sus dedos era con su pene.
Bill se echó lubricante extra, aunque el profiláctico tuviera su propia lubricación, pero quería ser cuidados, y le abrió las nalgas, observando complacido su entrada rosada que se contraía por el deseo, le daba ganas de comérselo, lamérsela y demás… Pero no, ya lo había torturado lo suficiente.
Bill dirigió su erección hacia su entrada, y comenzó a ingresar, viendo cómo Tom se arqueaba más, habituándose a la sensación del pene de Bill, sólo había metido la cabeza, cuando comenzó a hundirse más, y el de rastas boqueó, pero no iba a quejarse, controlando su respiración para acostumbrarse, su madre no había criado a un cobarde, así fuera un pene grueso podría soportarlo, no se quejaría por el tamaño y recibiría todo porque sabía que era capaz de hacerlo… Sí, era el más grande que había probado, pero no por eso arruinaría este momento. Tom relajó más su interior, para que el cantante pudiera avanzar.
Bill estaba obnubilado por el deseo, realmente apretaba rico, era algo bueno de estar con hombres, siempre era más estrecho… Se aferró a las nalgas del de rastas, sintiéndose tan bien dentro de este fanático, que era como si fuera un premio para él más que para Tom.
Cuando se metió por completo tuvo que tomar aire, porque sentía que si no lo hacía se correría de inmediato, y no podía pasar esa vergüenza. Bill se aferró a las caderas de Tom, el cual gimió, así que le gustaba que le agarren de las caderas… Bill sonrió, apretando más la zona, sintiendo cómo su interior se hacía aún más estrecho así que tuvo que morderse el labio inferior.
Bill se salió de Tom, pero volvió a entrar, esta vez en un ángulo diferente, sin dejar de sujetando por las caderas, empezando a agarrar un ritmo, observando cómo el de rastas empujaba el trasero contra su pelvis, era tan bueno, un amante complaciente y asertivo. Volvió a hundirse, hasta que sintió las piernas de Tom flaquear y escuchó cómo apretó más la voz, era su próstata, y se rió para sí mismo, volviéndole a dar en el mismo lugar, una y otra vez…
Mientras que Tom estaba ensombrecido por el deseo, su interior ardía, no por dolor, sino por el placer, realmente Bill se había tomado su tiempo en prepararlo, porque sabía que era grande, y él lo agradecía, pero ahora completamente abierto para el cantante, sintiendo cómo sus paredes estaban sumamente sensibles por las penetraciones, y cómo arremetía contra su próstata. Tom se sentía tan lleno como nunca antes, y el sentir sus testículos contra su trasero, simplemente era algo que le encantaba.
Bill se movía bien, la forma en que le daba las estocadas, justo en su punto de placer, y luego se salía, y volvía a entrar, a veces no saliéndose por completo, dándole en el mismo lugar varias veces, con sus caderas besándole el trasero. Tenía un ritmo tortuosamente lento que estaba haciendo que Tom apretara los ojos con fuerza, porque era más consciente de cada centímetro que ingresaba en su interior, y eso lo excitaba y ponía al borde.
—Más rápido, papi —pidió Tom con voz necesitada, y Bill disfrutó de cómo lo apretó al pedir más, por lo subió sus manos hacia su cintura, y aumentó el ritmo de las embestidas.
—Tócate mientras te la meto —dictaminó Bill en un jadeo—. Tócate porque no podré hacerlo por ti, y quiero que te vengas fuerte contra mi sofá, para luego venirme dentro tuyo —acotó con voz acezada, se notaba que estaba conteniéndose para no venirse, no antes de su fanático al menos, pero Bill se sentía al límite, toda su piel estaba escarapelada por el deseo y el orgasmo pugnaba por salir con mucha fuerza, definitivamente Tom era especial, nadie lo había enloquecido tanto.
Tom hizo caso a la orden, sujetándose el pene, esparciendo el preseminal en su polla, en toda su longitud, mientras movía las muñecas al mismo ritmo de las penetraciones, sintiendo cómo empujaba sus caderas en ambas direcciones, contra su puño, y luego contra la erección de Bill. Le gustaba sentirse así de lleno, y la forma en que todo su cuerpo se remecía por las vibraciones cuando tocaba su próstata. En ese instante su cuerpo era como un templo de placer… Sus ojos se ponían en blanco constantemente, Tom no podía resistir por más tiempo, tocarse su miembro, sentir cómo su mano lo masturbaba, mientras seguía recibiendo a Bill en su interior, estaba dolorosamente cerca.
—Me voy a venir, papi —avisó Tom, aumentando el ritmo de las jaladas en su dolorida polla.
—Vente… Sobre mi sofá —ordenó Bill, y ese susurro en su oído bastó para Tom, corriéndose contra el mueble y su mano, viendo cómo salían hilos de semen, y sintiendo cómo el cantante seguía dándole estocadas en su culo.
Un par de embestidas más de Bill, y finalmente se vino en el condón, saliendo con cuidado del interior del de rastas, y dejándole una nalgada juguetona, que lo hizo brincar y puso rosadas sus nalgas porque había sido algo fuerte, pero en lugar de dolerse a Tom, le gustó. Se giró, comenzando a vestirse, mientras veía que Bill botaba el condón a la basura, y se subía los pantalones.
Bill sacó una cajetilla de cigarros. —¿Te molesta si fumo? —cuestionó el rubio.
Tom negó.
—¿Quieres uno? —preguntó Bill, y Tom aceptó, el rubio le pasó un cigarrillo, que el de rastas se puso con cuidado en la boca, el cantante le encendió el fuego y tomaron una calada.—Termino este cigarro y me voy —avisó.
—Está bien, gracias —dijo Tom, porque sabía que había sido algo de una sola vez, pero realmente le cumplió un sueño al de rastas.
Bill lo miró de arriba abajo, realmente era sexy.
—Sabes, aún tengo un par de fechas aquí —comentó casual Bill—. Me estaré quedando en Le Germain Hotel Montreal, la habitación 483, por si quieres ir a verme —ofreció, guiñándole un ojo—. La clave es… Ratón.
Tom parpadeó confundido, atorándose con el humo. Bill le palmoteó la espalda. ¿Había entendido bien? ¿Bill Kaulitz quería volver a verlo?
—¿Quieres repetir? —inquirió Tom, cuando recuperó la compostura.
—¿Tú no? —preguntó de vuelta Bill, arqueando una ceja.
—Sí… Por supuesto —respondió Tom.
—¿Entonces? —cuestionó Bill, no entendiendo su reacción.
—Sólo que… Olvídalo, me puse nervioso —se sinceró Tom—. No creí que esto pasara, y menos que quisieras volver a hacerlo.
—Pues sí, estuvo muy delicioso, Tom. No te mentiré, no suelo repetir. Pero… No sé, tal vez te venga a ver en otra ocasión o te pague los pasajes para encontrarnos en otro sitio al irme de aquí —masculló Bill, para luego reír—. Pago capricho cuando algo me gusta mucho.
Tom se enrojeció, sintiéndose totalmente sorprendido por lo que le decía el cantante.
—Vaya, te sonrojas después de todo lo que hicimos. Sí que eres especial, eh —farfulló Bill, con una sonrisa, para volver a dar una calada.
—Yo… —iba a responder Tom, pero mejor fumó un poco más.
Sentía que estaba viviendo un sueño del cual despertaría en cualquier momento.
Pero cuando se acabó el cigarrillo, Bill lo sujetó por el rostro, besándolo nuevamente, adueñándose de su boca, y haciéndolo sentir tan a gusto que volvió a pasarle los dedos por su cuero cabelludo, inundado por su aroma tan embriagador. Se separaron por aire y el de rastas sonrió.
—La próxima vez te tendré un regalito extra… —dijo Bill, para luego morderle el lóbulo de la oreja.
—¿Cuál? —inquirió Tom, que sí, era materialista, pero en sí tenía más curiosidad que nada.
—Me encantaría tenerte dando botes sobre mí con ropa interior de encaje, ¿sabes? Y tal vez unas orejas de conejito… —comentó con complicidad, poniendo a Tom rojo, nunca había usado nada así, y tampoco Bill había tenido oportunidad de pedirle a alguien que usara algo que él eligiera o comprara, porque no tenía tiempo para relaciones, pero algo dentro suyo le decía que Tom podría aceptarlo, no quizá una relación, sin embargo, sí verse más de una ocasión y dejar que las cosas fluyeran.
—¿Lencería de mujer? —preguntó Tom, un tanto cohibido.
—Pues sí, la verdad es que no te disfruté por completo desnudo, y tú tampoco a mí, pero por lo poco que pude ver… Realmente tienes un jodido buen potencial debajo. No me malentiendas, no quiero que seas mujer, soy bisexual, pero no… Simplemente tu cuerpo, así tal cual es… Me provoca fantasías que quisiera hacer realidad —respondió Bill con una sonrisa.
Tom se sentía tan halagado en varios sentidos y asintió. Era capaz de usar todo lo que le pidiera Bill.
El cantante volvió a besarlo y luego se alejó. —Bueno, paremos o te volveré a follar y realmente tengo que irme.
Tom asintió.
—Gracias por todo —dijo Tom, dejándole un beso corto en los labios.
—Las que te adoran, hermoso —farfulló Bill, guiñándole un ojo, y Tom se acomodó la bandana y gorro.
Sintiéndose tan en las nubes cuando salió del camerino. El guardaespaldas lo guió a una taxi que le habían pedido con anterioridad, el cual le dijo que a dónde iba.
Tom dio la dirección de la casa de sus padres. No quería ver a Georg, mandaría a pedir sus cosas. Sabía que era algo humillante volver donde ellos, pero preferible eso que lidiar con su ex que estaba hecho una furia por lo que pasó con Bill.
—Ay, hijo, por fin regresas —le habló su madre, abrazándolo, y él se dejó hacer.
Luego entró a su cuarto, riéndose al notar los póster de Bill Kaulitz en la pared. Y luego vio una foto de cuando tenía trece años, donde estaba besando a su póster.
—Bueno, Tomi, lo lograste, más que un beso de hecho —soltó Tom mirando a su foto.
Se dio una ducha y luego durmió plácidamente en su cama, incluso si sus pies sobresalían fuera de ella, se sentía tan satisfecho y en paz, que no le interesaba nada más.
Aún tenía la promesa de volver a verlo en la habitación 483. Y sabía que iría. No se lo perdería por nada del mundo.