Natural born killers (Toll)

Summary

Basado en la película Natural born killers. Portada hecha por Chikparole. Tom sabía, a ciencia acierta, que su vida era pura mierda hasta que conoció a Bill, su ángel, su luz, su todo... La misma vesania les corría por las venas, hasta el punto de hundirlos en un infierno donde se quemarían a gusto.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom sonrió de medio lado, totalmente en control de sí mismo, observando al camarógrafo que lucía nervioso por estar frente a él, Tom Kaulitz, la leyenda de “Tom y Billy”, los criminales más buscados que ahora estaban allí, encerrados, y jodidamente separados el uno del otro.

Andreas Gühne, el reportero amarillista que estaba obsesionado con la pareja de asesinos, estaba frente a él, relamiéndose los labios ansioso frente a la oportunidad que tendría al transmitir en vivo para el Super Bowl aquella primicia.

—¿Estás listo, Tom? —inquirió el reportero rubio, alisándose el cabello con sus dedos.

—Sólo quiero que liberen a mi dulce Billy, porque no debe estar en aislamiento, con ello sólo hacen que me ponga de pésimo humor —musitó el castaño, chasqueando la lengua, viendo cómo la luz en rojo se encendía.

—¿Y nos puedes contar cómo es que conociste a tu “dulce Billy”? —rió Andreas, viendo cómo Tom mostraba los dientes en evidente furia, el rubio alzó las manos a la defensiva.—Lo siento, Tom, es que me cuesta verlo como alguien dulce teniendo en consideración las víctimas que han tenido juntos, ya que no sólo has sido tú el asesino cruento, sino también “Billy”, quien asesinó a sangre fría a muchos… —acotó el hombre, sentándose frente al castaño con barba.

—Billy me salvó… Él es un ángel para mí, y es dulce, a su modo, aparte del ser más hermoso que haya visto antes. Al nacer caí en un pozo ardiente de mierda olvidado por dios… Hasta que lo conocí —habló Tom, ensimismándose en sus pensamientos, recordando con nitidez el momento en que lo vio por primera vez.

Estaba trabajando como repartidor para el carnicero, y lo observó hermoso en la escalera de la casa que tenía que hacer una entrega. Al inicio creyó que era una chica, con su cuerpo delgado, fino, su rostro delicado con ojos maquillados y un brillo labial, con unas rastas negras y rubias adornando su faz, tan etéreo, con ropa ajustada, una camiseta que mostraba su vientre, haciendo que notase una estrella tatuada que se le antojó delinear con su lengua, tenía una expresión triste, por lo que le preguntó: —¿Qué tienes, lindura? ¿Cuál es tu nombre?

—La vida me ha tratado mal. Soy Bill —respondió Bill en ese momento, haciendo que notase su voz de hombre, de uno joven pero igualmente un varón, no por ello se desanimó.

—Deberías cambiar tu nombre a hermoso, y dime, ¿qué es lo que la vida hija de puta le ha hecho a un ángel como tú? —inquirió Tom.

En lo que los padres de Bill peleaban tuvieron una charla profunda, donde Tom se enteró que el padre de Bill lo violaba, que su madre lo sabía y no le interesaba, y el castaño, tan impetuoso e impulsivo como era, le ofreció que robaran el auto de su padre y huyeran juntos.

Lanzaron el paquete de carne al suelo, y corrieron tomados de la mano. El principio de su aventura.

—¿Pero mataron a sus padres, no? De formas sanguinarias y sádicas —musitó Andreas.

Tom frunció el ceño. —Esas basuras no merecían tener a Billy con ellos, y matarlos… Simplemente fue un placer, ni siquiera eran buenas personas para lamentarse por ello. Lastimaron mucho a mi Billy —acotó con rabia, recordando cómo cuando intentaron separarlos, los asesinaron, notando que ambos eran capaces de matar y que disfrutaban haciéndolo. Claro en ese caso particular fue por tomar justicia por mano propia, sin embargo… Estaban igual de enfermos cuando se excitaron al tener la sangre en sus cuerpos, dándose su primer beso con sabor a óxido, mientras el padre del moreno tenía abierto el canal, y el cadáver de su madre estaba morado por asfixia.

—No quieras hacerlo ver cómo que son buenas personas, Tom. Mataron a muchos inocentes… Gente con familia, hijos, personas que no habían hecho nada. Incluso gente que en su ingenuidad los apoyó —farfulló Andreas con malicia.

Tom sonrió de lado. —No somos buenas personas. Disfrutamos matar. Somos… Asesinos por naturaleza. No finjo ser un buen hombre. Uno tiene que obedecer al cuerpo, ¿sabes? Así como te dice que comas, que bebas, que folles, también tiene otros apetitos que buscan ser suplidos… Como la sed de sangre, el disfrutar ver cómo se extingue la vida de los ojos de otra persona, tomar las cosas… Como animales que somos, que es nuestra realidad, ¿por qué pretender que tomar lo que queremos no está en lo que somos? No soy bueno en absoluto… Y Billy es igual, de algún modo su locura congenia con la mía, por eso nos casamos en el Puente alto —comentó, sintiendo cómo las memorias inundaban su mente.

Ajeno a que toda la trasmisión se iba viendo en la cárcel, consiguiendo que los presos se sintieran alentados por sus palabras.

Tom recordaba cómo Bill se puso un velo improvisado sobre el cabello, no que él fuera una niña, no, sin embargo, sí disfrutaba jugar con su belleza andrógina, lucía hermoso, y el castaño lo veía sonriente, sintiéndose el más feliz en ese momento, poniéndole su alianza en forma de serpiente, y luego Bill hizo lo mismo con él, para luego besarse, sintiendo ambos su lengua caliente en la cavidad contraria, con Tom sujetándolo por su cintura estrecha, mientras el moreno ponía sus brazos en alrededor de su cuello.

—Te amo, mi hermoso Billy. Haces que cada día parezca una fiesta de niños —masculló Tom, acariciando las mejillas de su esposo, observándolo embelesado, el moreno achinó los ojos por la inmensa sonrisa que tenía en su rostro.

—Te amo muchísimo, Tommy —respondió Bill, para volver a besarlo, jugando con su piercing de la lengua, y viendo cómo su velo volaba en dirección al río.

Un grupo mixto de jóvenes en camioneta se estacionaron para decirles maricones, y ambos se soltaron, totalmente ofendidos porque les jodieran en su boda simbólica, sacaron sus armas del auto, comenzando a dispararles, aunque se llevaron a algunos como rehenes, porque Tom quería tener público en su noche de bodas.

Consiguieron una suite de lujo, porque Tom quería lo mejor para su dulce Billy, donde tenían sus rehenes amordazados y amarrados en el suelo, mientras ambos asesinos estaban en la cama.

Tom sentía cómo su miembro se levantaba de sólo recordarlo.

Tom amarró a Bill de sus brazos, inmovilizándolo por sus muñecas, cómo se dedicó a adorar cada parte del cuerpo del moreno, desnudándolo, para su deleite, besándole el cuello, prestándole atención especial a sus pezones los cuales mordió con gula, y después siguió un camino con su lengua por sus costillas, vientre, hasta morder y chupar su estrella, la cual era la parte favorita de todo el cuerpo de su amado. Después le hizo un oral, totalmente entregado a complacer al amor de su vida, pero… No hizo que se viniera, deteniéndose cuando los gemidos de Bill eran tan altos que alertaban a todos, sonrió contra su polla hinchada, sólo lo preparaba para él.

El castaño siguió besando su cuerpo, sus muslos lechosos, sus piernas, sus pies…

—Desátame, Tommy —ordenó Bill con voz acezada, los labios rojizos e hinchados por la sesión de besos previa, y con la notoria excitación retratada en lo oscuro de sus ojos felinos.

Tom obedeció, y vio cómo Bill sonreía travieso, para sujetar su pistola y su navaja, empujando al castaño en la cama, que le correspondía a la sonrisa de su amante, mientras lo sentía empujar levemente el arma blanca en su cuello, sin hacer suficiente presión como para lastimarlo, pero sí como para excitarse por ver una leve gota de sangre emanar de su piel, por lo que Bill apuntó la pistola contra la sien de Tom, quien no le interesaba lo que hiciera su amor con él, simplemente disfrutaba de cómo el moreno era tan sádico… Mostrando ese lado salvaje incluso en la cama, encima suyo, con su erección chocando con la suya…

—Tendrás que hacer el trabajo, Tommy —dictaminó Bill, relamiéndose los labios, a lo que el castaño entendió lo que significaba aquello, que se dilatase para recibirlo.

—Sólo entra —respondió Tom, quien sinceramente estaba sumamente excitado al sentir los ojos de sus rehenes viendo todo esto… Aparte que había disfrutado en demasía el besar cada tramo del cuerpo de su amante. Y le gustaba rudo, a veces llegando a sangrar, no le interesaba que él terminara lastimado, mientras no fuera Bill le bastaba, por lo mismo es que Tom era el pasivo en la cama, ya que su dulce ángel tenía traumas debido al abuso que sufrió de su progenitor.

Y Tom no consideraba como tal un sacrificio el recibir el ímpetu de su ahora esposo, todo mientras fuera con Bill, y haría lo que sea para que no tuviera que sufrir.

Bill chasqueó la lengua, pasando el arma de la sien de su esposo… Por el resto de su cuerpo, hasta apuntarse a sí mismo en el pene erecto, ensuciándolo con pólvora y resto de sangre seca.

—¿Quieres que no sea cuidadoso, Tommy? Porque te podría doler —jugueteó con las palabras en su boca, hablando en un tono infantil, tan típico que él, ambos tenían la misma edad, veinte años, pero Billy… Él era tan único que solía comportarse así, aunque aún no menguaba su agarre en su cuello con la navaja, Tom tragó saliva, e invirtió los papeles, haciendo que Bill se echase, tambaleando su pulso y dejando de apuntarle con el arma blanca.

—Quiero que duela —soltó Tom, alineándose contra la polla de Bill, para comenzar a bajar sobre él, apretando los párpados por el escozor.

Bill boqueó por lo apretado que estaba, pero volvió a ponerle el cuchillo en el cuello, mientras que su esposo se empezaba a mover para empalarse a sí mismo, incluso con más fricción de la usual, pero el de rastas se mordía el labio, para luego jadear, soltando la navaja, y sujetando la pistola.

Tom no podía seguir manteniendo los ojos cerrados, tenía que ver a Bill, el cual estaba hermoso bajo suyo, mientras el castaño seguía montándolo, estimulando su próstata a cada sentón, para que el pene del de barba diera botes sobre Bill, el cual estaba fascinado con sentirlo así… Tan caliente como el averno.

Con los que estaban secuestrados mirando alarmados en una esquina la escena tan… Peculiar, con el temor de ser asesinados en cualquier instante, aunque igual disfrutaban un poco observar a ambos amantes tener sexo salvaje y sangriento.

Cuando ambos se vinieron, Bill le disparó a uno de los rehenes, simplemente en su éxtasis. Tom rió.

—Saben la diferencia entre el bien y el mal, simplemente les importa un bledo. ¿Cómo es que no se matan entre sí? —comentó Andreas, volviéndolo al presente.

—El amor vence al demonio —respondió Tom.

Recordó cómo los separaron al meterlos presos.

—Donde quiera que vayamos, y pase lo que pase, al observar las estrellas sabré que ves las mismas que yo —le susurró Tom, para luego besarlo, al momento antes de que los separaran entre jaloneos.

Tom quería quemar el mundo por separarlo de su Bill.

Antes de que pudieran seguir la entrevista, es que vieron cómo presos abrieron la celda donde estaba Tom, tirándole armas, a lo que él sonrió, quitándole el seguro, comenzó a matar a todos, siendo líder del motín, para buscar a su amor.

Sólo dejó vivo a Andreas, y le pidió que cargue su cámara, siguiéndolo. Mató a un montón de guardias, quedando ensangrentado, hasta llegar al aislamiento, donde vio cómo había un hombre muerto en el suelo, y Bill con una navaja.

—Quiso violarme el bastardo —soltó Bill, con cara lavada, rostro enojado, pero hermoso como siempre.

Se besaron frente a la cámara, ambos bañados en sangre, disfrutando ese mágico reencuentro, en lo que Andreas narraba todo.

Escaparon yendo al bosque, en un auto robado, un Dodge Challenger rojo del 1970, donde siguieron contando su historia frente a Andreas, el cual se sentía tan aturdido en ese instante, con temor a perder la vida.

—Bueno, es momento de dejarte ir, Andy… Siempre estuviste obsesionado con nosotros. Hablando mal desde el inicio. Ahora figuras en mi lista de mierda —farfulló Tom, con una sonrisa torcida.

—Pero me necesitan para dar a conocer su historia… —intentó defenderse el rubio.

—Para eso está la cámara,querido—bromeó Bill, para luego volarle los sesos.

—Ya contamos nuestra historia, mi Billy. El pasado se queda atrás, es hora de madurar, tenemos el infierno por delante —anunció Tom, y Bill lo besó.

—Sí, mi amor. Vámonos —sentenció, subiéndose al auto—. ¿Y a dónde iremos, Tommy?

—A donde nos lleve el destino, mi ángel —respondió Tom, empezando a conducir.

—Deberíamos tener hijos, ¿te imaginas? —preguntó emocionado Bill, quitándose los zapatos y estirando sus piernas.

—Serías un maravilloso padre, Billy —farfulló Tom con una sonrisa que le correspondió el moreno, podía imaginarse a Bill con un infante cargado en brazos, consintiéndolo tanto, al punto de malcriarlo, dándole un padre que no fuera escoria como el suyo.

—Lo seríamos ambos, Tommy —corrigió Bill.

—Sí… Lo seríamos —repitió Tom, siendo consciente de que sería parte de eso, de una familia.

—¿Y qué piensas de tener nuestra propia casa? Tal vez una casa rodante. Sería tan fácil establecernos de esa manera… —suspiró Bill—. En la próxima gasolinera quiero robarla porque tengo hambre, la comida de prisión es una mierda.

—Tus deseos son mis órdenes, mi amor. Ciertamente la casa rodante suena como una opción plausible —habló Tom.

“El momento de realización tiene el valor de mil. Puedo imaginarme con hijos con Bill, siendo felices entre masacres. Así que haré lo que él me pida, porque lo amo y mataré a quien intente separarnos nuevamente”, pensó Tom, observando cómo el viento movía las rastas de su amado, y fijándose que pese a todo tenía su anillo de serpiente en su dedo ensangrentado.

Serían muy felices, a su modo.