Be my daddy (Toll)

Summary

Tom tenía una relación complicada con su madre, donde su único soporte emocional era su padrastro, pero para Bill le era complicado a veces mantenerse ecuánime frente a los continuos acercamientos del joven de diecinueve años, que definitivamente ya no era el niño que conoció cuando empezó a salir con su mamá.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Sara estaba bajando las escaleras, mientras Bill le cargaba la maleta.

—¿Estás segura de que no quieres que te lleve? Precisamente pedí el día libre para poder llevarte al aeropuerto —masculló Bill, mirando a su mujer.

—Querido, ¿pero por qué lo hiciste si yo no te lo pedí? —soltó burlona su mujer.—Aprovecha y ve que ese muchacho no se meta en problemas, no puedo creerlo que tenga diecinueve años, y no se independice —acotó Sara, mirando con disgusto a su hijo.

Tom frunció el ceño, y se levantó para ver a su progenitora.

—¿Ah sí? ¿Y cómo fue que tú lo hiciste, Sara? ¿No fue porque mi padre te embarazó y mis abuelos te botaron de casa a los dieciséis años? —preguntó con veneno el de trenzas, al menos él trabajaba, pero no ganaba lo suficiente como para irse de casa.

Sara lo miró con rabia, dispuesta a lanzarse contra su hijo, hasta que Bill la sujetó.

—Amor, por favor, cálmate o perderás tu vuelo, ¿tu movilidad está fuera, cierto? —inquirió Bill, y su pareja asintió, por lo que el rubio con barba le dejó un beso en los labios, para empujarla suavemente hacia la salida, ayudándola a meter su equipaje en el maletero para después verla irse.

Bill soltó un suspiro y regresó a su casa, viendo a su hijastro ahí.

—Tom, hijo, no deberías responderle así a tu mamá —habló su padrastro, no con tono autoritario, sino más bien comprensivo, entendía que el joven se frustrara por su mujer, ya que no era la persona más fácil de lidiar.

Bill mismo a veces se enojaba por el comportamiento de su mujer, ya que en sí llevaban siete años juntos, dos de noviazgo donde todo fue miel sobre hojuelas, él les invitaba a comer los tres juntos, con un Tom de doce años, que muchas veces se le notaba incómodo, no precisamente por él, sino por su madre, y no fue hasta que se casó con ella hace cinco años, y comenzaron a convivir que entendió el por qué. Sara era muy hipócrita, con su comportamiento pasivo agresivo, y trataba pésimo a su hijo, por lo que finalmente el rubio era quien le brindaba consejos, apoyo y todo lo necesario, ya que su padre lo abandonó cuando era niño.

Pero sí, el hombre de treinta y seis años, no dejaba a Sara, porque el sexo era satisfactorio, y de algún modo sentía remordimiento por pensar en que Tom se quedara con ella, siendo él el mediador entre ambos.

—Es que…Papi—se quejó Tom, haciendo énfasis en el “papi”, en un tono apretado que muchas veces le conflictuaba a Bill, porque era bisexual, ya que el muchacho no era el mismo niño de doce años que conoció, ni el de catorce años cuando comenzaron la convivencia, sino que tenía diecinueve años, muy atractivo, con un cuerpo trabajado que le había visto cuando se bañaban en la piscina… Pero tragó saliva, simplemente Tom veía en él una figura paterna, sí, eso era todo—. Ella siempre es una perra conmigo —acotó el de trenzas.

—Tom, cuida tu lenguaje —pidió Bill.

—Está bien, papi —respondió Tom sumiso—. ¿Crees que podamos ir a bañarnos a la piscina? Aprovechando que tienes día libre y mañana es fin de semana lo tendríamos para pasar tiempo juntos, ¿no estaría lindo? —inquirió, moviendo sus pestañas y luego jugando con su piercing en el labio.

Bill se descubrió a sí mismo viendo la forma en que jugaba con su labio, relamiéndoselo o moviéndolo de una forma que hacía que se apretara el estómago… Pero no, se lo estaba imaginando todo, hasta que notó lo que pedía… Estar casi desnudos en la piscina. “Mierda”, pensó Bill, porque encima estarían solos. Pero se limitó a asentir, sólo era su cabeza haciéndole pensar cosas inadecuadas, se llevaban diecisiete años por dios, incluso podría ser fácilmente su padre.

Cuando Bill se quedó en la silla de la piscina, asoleándose con lentes de sol y su bañado, estaba tranquilo, hasta que se le cayeron los lentes de la impresión al ver a su hijastro salir sonriente meneándose con una sunga.

—¡Papi! ¿Me echas bloqueador? —pidió el menor, echándose boca abajo en la silla, dándole una perfecta visión de su trasero, y Bill trastabilló para sujetar el bloqueador y comenzar a embadurnar la espalda trabajada de su hijastro, tratando de pensar en las cosas más matapasiones para no concentrarse en la sensación de aquella piel tersa bajo sus dedos… Y cómo ese hilo se le metía al culo.—¿También podrías en la parte inferior? O sino me quedará doliendo por insolación, porfis —masculló Tom.

Bill casi se cae de la silla pero terminó por hacerlo, apretando su mandíbula mientras sentía la carne en sus nalgas… Pero escuchó gemidos… De su hijastro, ¿se estaba excitando? Se alarmó ante ello, sin embargo, los ruiditos que hacía eran tan eróticos que quería seguir escuchándolos, así que apagó su consciencia que le decía que aquello estaba mal, y le separó las nalgas, abriéndolas y cerrándolas, observando su agujero fruncido siendo escasamente tapado por el hilo, pero aún así se contraía, quería follárselo, no podía aguantar más. Sí, Tom había tenido actitudes muy curiosas con él, como andar en bóxers cuando estaba solo, o “mostrar casualmente” que tenía juguetes sexuales en su habitación, sin contar que en muchas ocasiones le apoyaba el trasero contra su entrepierna en “cariños”… Y empezaba a creer el mayor que esto era una genuina provocación por cómo no le pedía que parase.

Que se jodiera Sara.

Después de toquetearse en la piscina, es que Tom se lanzó sobre Bill, abrazándolo por las piernas mientras le comía la boca. Así que el mayor lo sujetó por los glúteos en dirección a la casa, donde el de trenzas le pidió que fueran a su cuarto, y el rubio lo entendió, teniendo en cuenta que tal vez no era lo ideal tener sexo con su hijastro en la cama donde estaba con su madre.

Bill lo echó sobre su cama, viéndolo con esa mirada y sonrisa traviesa, los ojos oscurecidos y notando el tremendo bulto en la sunga. Pero Tom se puso de pie, abriendo un cajón, sacando un set de velas eróticas, mientras se mordía el labio inferior.

—Quiero que lo uses conmigo, papi —pidió Tom, extendiéndoselo junto con un encendedor.

Bill lo recibió, viendo cómo Tom sacaba un lubricante del cajón.

—He estado con otros chicos, y siempre uso condón así que estoy limpio, pero… Contigo quierosentirte—soltó Tom con voz apretada, girándose para darle el espectáculo al bajarle la sunga, y luego girándose, mostrando su erección orgullosamente parada.

Claro, el pene de Tom era bonito, aunque no tan grande como el suyo, pero igualmente Bill no esperó para quitarse su propio bañador, pensando en cómo sería correrse en ese culito tan apretadito, porque con Sara siempre usaba condón, ya que aún le llegaba la menopausia, y la mujer realmente tenía el instinto maternal de una piedra, así que no interesara que Bill quisiera hijos, ella no los quería y él lo respetaba, su cuerpo, su decisión.

Bill dejó las velas en la mesa un momento, para sujetar el lubricante, viendo cómo Tom se echaba abierto de piernas, relamiéndose los labios, haciendo que se sintiera imposiblemente excitado con el más joven. Por lo que se ubicó entre sus piernas y comenzó a prepararlo con dedos embadurnados en lubricante, gruñendo al sentir cómo apretaba sus dedos… Pero se relajaba rápido, así que evidente su hijastro era experimentado, sin embargo, no por eso era menos candente, por la forma en que se removía bajo suyo, gimiendo y empujando sus caderas contra sus dedos, para que luego Bill los girase, dando con su próstata, por lo que hizo blanquear los ojos del menor. Hacía mucho que no estaba con un hombre, se alegraba de recordar los pasos al menos. Ingresó otro dedo… Hasta que tenía cuatro dentro de Tom, que estaba comenzando a sudar, con sus labios hinchados por tanto que se los mordía por la excitación.

—Papi… —suplicó Tom, con esa jodida mirada, y esa maldita voz… Tan putamente sensual que era la perdición de Bill—. Sé mi papi… —acotó y Bill gimió girando sus dedos otra vez—. ¡Ugnh!

Bill se mordió el labio inferior, y sacó los dedos, para masturbarse con lubricante, viendo la entrada abierta de su hijastro, y cómo la contraía por el deseo. Terminó de empapar muy bien su verga para que resbalara fácilmente dentro del joven, por lo que se ubicó más entre sus piernas, para comenzar a meterse… Ambos sisearon al sentirse, y el rubio tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no venirse sólo con ello, porque era tan rico sentir ese calor y estrechez envolviendo su polla.

Totalmente ajeno a Tom estaba en su propio paraíso personal.

Bill cuando entró por completo, se quedó unos instantes inmóvil, hasta sujetar las velas con el encendedor, y empezar las embestidas, conforme echaba la cera derretida en el pecho del de trenzas, escuchándolo gemir feliz de sentir ese ardor del momento, mientras el mayor se la metía profundo. Bill tenía cuidado de no acercar mucho la vela a su cuerpo para no quemarlo, a pesar de que era difícil mantenerse concentrado cuando estaba dentro de su hijastro…

—¡Sí, papi, así! —gemía Tom, empujando su trasero contra la pelvis de su padrastro, escuchando feliz el choque de sus pieles, y disfrutando de cómo la cera le daba ramalazos de dolor… Un dolor que le encantaba, ya que había soñado con probarlo precisamente con Bill, cuando finalmente sucumbiera a sus encantos.

La cera caía sobre el cuerpo del menor como chorros de semen que simplemente obnubilaban más la mente de Bill… El cual seguía dándole estocadas, hundiéndose en su apretado agujero, sintiendo cómo las piernas de Tom lo rodeaban, totalmente entregado a la experiencia. Tom era muy travieso, más desatado que su madre, se sentía mal por hacer una comparación, pero… Tom era único, un pecado de diecinueve años. La forma en que se meneaba bajo suyo… Maldita sea, no importaba con cuántas personas se hubiera acostado, ninguno era así de sensual, con su miembro dando botes sin estar siendo estimulado, se relamió ante ello, quería tocarlo, sí, pero también llevarlo al límite.

Tom se quemaba pero aquello sólo aumentaba el placer, mientras gemía, sin parar de llamarlo papi, lo cual siempre había sido dicho de forma intencional para seducirlo, en una voz tan apretada que sólo significaba un contexto sexual, por lo cual agradecía que por fin le hubiera hecho caso. Sí, Tom tenía problemas paternales, no podía negarlo, y Bill siempre había sido una figura paterna para él… Pero no era su sangre, así que realmente luego se volvió su fantasía sexual, un papi que lo protegiera, y que también se lo cogiera fuerte y rudo tal cual lo estaba haciendo ahora.

Bill dejó la vela de lado, para sujetar el miembro de Tom, ya que había sentido los espasmos de Tom en entrada, y no, no se iría a correr, bajó su cuerpo, lamiéndole el cuello, viéndolo acezado, tapándole la punta del pene.

—No te correrás, Tom… No, quiero que lo retengas dentro… Que disfrutes de mi verga tan profundo dentro de ti, con tu orgasmo pugnando por salir, pero no lo saldrá, al menos no tan pronto —susurró contra su cuello, para luego morderle.

—Papi… Pero soy un buen chico, déjame correrme —suplicó Tom con piernas trémulas y Bill sonrió contra su cuello para luego verle a la cara.

—No eres un buen chico, eres uno muy malo y por eso me encantas —masculló Bill contra su rostro, para luego besarlo, reduciendo el ritmo de las embestidas, moviéndose con cadencia mientras jugaba con la lengua del menor, el cual entrelazó los brazos en el cuello de su padrastro, respirándole el aliento y disfrutando por mucho cómo se quería venir… Literalmente estaba en la cima de su orgasmo cuando de pronto volvió a bajar, manteniéndolo a raya, desesperado, ansiando su culminación.

Pero Bill no menguaba, por lo que siguió arremetiendo contra sus caderas, hasta que Tom apretó los dedos de sus pies cuando sintió cómo la esencia del mayor lo llenaba por completo, empujando su caliente semen en su agujero sobrestimulado.

Bill se salió con la delicadeza de un hombre experimentado, y no sus ligues de una noche que eran jóvenes egoístas, su padrastro era un hombre maduro que lo derretía. Y el rubio le mordió el lóbulo de la oreja, haciendo que la electricidad le corriera el cuerpo a Tom, que empujaba su pelvis contra la mano del mayor.

—Córrete para mí… —ordenó Bill contra su oído, sacando el pulgar de su pene, haciendo que Tom se viniera con fuerza, un orgasmo jamás antes sentido con tanta intensidad al haberle hecho parar en su punto caramelo para finalmente salir como si el placer se multiplicara por mil.

Tom se quedó jadeante en la cama, y Bill lo besó con dulzura, haciéndolo gemir por su barba contra su rostro suave, no por dolor, le gustaba lo áspero.

Sería un fin de semana muy largo.

Sara llegó renovada de energía de “su viaje con su amiga”, y les sonrió a su hijo y a su marido al llegar.

—¿Y cómo les fue, mis amores? ¿Se divirtieron mucho en mi ausencia? —bromeó Sara, la cual nunca le decía amor a Tom, exceptuando cuando venía de esos viajes… Que evidentemente no eran con su amiga, sino con su amante.

Bill y Tom compartieron unas miradas cómplices.

—Sí, mucho —respondieron casi al unísono.

Sería su secreto… Al menos hasta que Bill se cansara, y se fuera con Tom, llevándolo lejos de su madre, y siendo supapi.