Capítulo 1.
Si soleadas playas, las olas del mar y las margaritas, eran un regalo de Dios, el hielo, la nieve y las tormentas de nieve eran la mayor mierda que Satanás había dejado en el mundo.
Jongdae respiró cogiendo fuerza antes de bajarse de su coche y meterse de lleno en el inicio de una tormenta de nieve impresionante. Al instante, el aire frío se filtró a través de su pesado abrigo de cuero y empezó a temblar. El viento frío se estrellaba contra su cuerpo, haciendo que se deslizase en un trozo de hielo, y antes de poder recuperarse, perdió el equilibrio y se cayó.
Sí, esto fue sin duda un buen trabajo del hombre para ir abajo.
Si había algo que Jongdae nunca había soportado mientras crecía, era el tiempo frío. Tal vez porque era un cambiaformas halcón y al pájaro en él no le gustaba la nieve. Había una razón válida para que todos sus homólogos se dirigieran al sur cada año. Si tuviera dos dedos de frente, se habría unido a ellos en lugar de tomar un trabajo con poca paga. Pero la necesidad de anonimato lo mantenía en Minnesota, donde su única forma de entretenimiento estaban siendo sus bolas congeladas.
Infiernos, tal vez su hermano Minhyung no se había equivocado al llamarlo quejica. Por supuesto, había sido hacía casi dos décadas, cuando Minhyung le había lanzado las palabras. Fue su manera de despedirlo, pero algo le decía que la opinión de su hermano no había cambiado en los últimos años.
De todos modos, Jongdae no podía esperar para entrar en casa y encender el fuego. Tal vez incluso pudiera añadir un poco de aguardiente de menta a la mezcla, vivía la vida realmente en el borde. Además se arroparía con su manta y entonces estaría en el cielo, Satanás sería condenado. Lo único que le faltaba era un cuerpo caliente dispuesto a restregarse, pero uno no siempre obtiene todo lo que quiere.
Tirando del cuello de su chaqueta para protegerse el rostro de otra dura ráfaga de viento, corrió por el camino de la vieja casa de campo, que estaba en muy mal estado, manteniendo el equilibrio mientras subía los escalones del dañado porche. Él no iba a quejarse, ya que había vivido en lugares peores.
Era noche de fiesta, el cielo estaba más oscuro desde que estaba en la mitad de mierda de la nada y no había alumbrado público. Eso fue antes de añadir la fuerte nevada, que era más fuerte a cada minuto que pasaba. A pesar de su visión mejorada, tenía problemas para ver a más que unos pocos metros. Cuando se tropezó con algo, maldijo por haber olvidado dejar encendida la luz del porche al salir.
Por suerte, llegó a la puerta sin caerse de culo. Justo cuando estaba levantando los dedos entumecidos para abrir la cerradura, notó que no había el más mínimo susurro de movimiento a su izquierda. No era mucho, de hecho apenas se escuchaba el aullido del viento, pero aún así fue suficiente para hacer que su adrenalina lo azotara de golpe.
Todo lo que vio fue la silueta imprecisa de lo que había sido un granero y más nieve. No había nadie allí. No había criaturas al acecho, y lo más importante, no había Cuervos volando en el cielo, lo que podría arruinar sus vacaciones más rápido que un Santa tacaño, con el fetiche de un traje verde resistente y monstruoso.
Sin embargo, se quedó mirando el paisaje cubierto de nieve durante varios minutos. Su corazón latía con fuerza y vaho blanco de escarcha salía de su boca mientras respiraba profundamente. Necesitaba sentir el toque reconfortante de frío acero, por lo que deslizó su mano dentro de su abrigo poniendo el dedo en el gatillo de su Glock.
«Está bien» —murmuró—. «Tal vez no fue tan buena idea tomar esa segunda copa en el bar». —La verdad, no había sido una buena idea salir de su rutina, pero estaba muy cansado de hablar solo consigo mismo. Él sólo había querido escuchar la voz de otra persona. Incluso si eran solo los borrachos locales de la pequeña ciudad, no pretendía meterse a conversar en las discotecas.
Como todavía no había visto nada fuera de lugar, Jongdae hizo un ligero movimiento de cabeza. Todos los años de estar escondiéndose lo habían convertido en un paranoico. No había forma de que nadie lo hubiera encontrado, se había convertido en un experto ocultando sus huellas. Así que todo estaba bien, no había de qué preocuparse. Ahora bien, su corazón latía con fuerza y su estómago se apretó.
Rápidamente abrió la cerradura y se precipitó al interior, cerrando la puerta detrás de él. Mientras presionaba la espalda contra la madera, contuvo el aliento, recorrió la mirada por la habitación, sin encontrar nada fuera de lugar.
«Mira, te estás volviendo contra ti mismo. Te estás alterando por nada» —dijo, tratando de ignorar el hecho de que había caído tan bajo como para hablar solo de nuevo—. «No te han encontrado. Estás a salvo. Todo está bien».
Ahora sí podía creer sus propias palabras.
—Creo que he encontrado la casa —dijo Minseok a través de su intercomunicador, mientras parpadeaba para quitarse la nieve que caía en sus ojos.
—¿Lo crees o la has encontrado? —Fue sarcástica respuesta de la sede.
Minseok mostró los colmillos y dejó escapar un pequeño silbido, aunque el imbécil al otro lado no estaba ahí para verlo. —Recuérdame que de una patada a tu escuálido culo cuando regrese a Michigan, rata.
—No te burles. Tú sabes que me gusta el dolor — disparó de nuevo Rat, que sonaba más aburrido que asustado.
Minseok cerró los ojos y poco a poco contó hasta diez. Nadie podía enojarlo más rápido que ese guepardo. Uno de estos días, iba a encontrar una manera de silenciar a la rata. Entonces, toda la población felina de los cambiaformas se daría un gran abrazo grupal para celebrarlo.
—Hablando de dolor, ¿hace mucho frío ahí fuera? — preguntó Rat con una voz demasiado feliz y con retintín.
—Como si no hubieras visto el informe del tiempo en uno de tus malditos ordenadores —espetó Minseok de nuevo entre el castañeteo de sus dientes—. Mis bolas se están congelando. ¿Eso te hace feliz?
—Tú jaguar nunca ha aguantado el frío. Pero eres un gatito demasiado idiota como para reconocerlo. Muchas gracias.
—Me aseguraré de hacerle saber a Chanyeol lo que has dicho cuando volvamos. Estoy seguro de que a nuestro líder le encantará saber la alta opinión que tienes de los Jaguares ya que él también es uno. —Minseok alzó la mano para limpiarse la nariz sólo para encontrar que los mocos se habían congelado en su lugar—.Bieeeen... alguien GQ como él, tenía que estar así, más sexy de lo que jamás hubiera estado. Lo único que faltaba era sacar la lengua y pegarla a un poste y tendría la foto completa.
—No tienes que preocuparte de la ira de Chanyeol. Él ya la tiene toda concentrada en ti por no regresar a casa para Navidad —dijo Rat arrastrando las palabras.
Esta vez el comentario dio en el blanco y Minseok sintió que la culpa le pesaba. Nacidos de la misma camada, eran más que hermanos y no le gustaba decepcionar a Chanyeol. No ayudaba mucho que esta fuera la primera Navidad en casa con su hermano pequeño, Kyungsoo, a quien acababan de encontrar hacía unos meses y todavía se estaba ajustando a la vida en la sociedad de los cambiaformas.
—Dile que estoy aquí ahora, para que la próxima Navidad podamos tener a todos nuestros hermanos en casa —dijo, con el difícil objetivo de mantener su voz neutral. Fue difícil al pensar en su familia destrozada. Cuatro hermanos separados de ellos hacía veinte años y sólo habían encontrado a uno. Eso significaba que tres de ellos todavía estaban por ahí, y no descansaría hasta traerlos de vuelta.
Levantó la mirada hacia la vieja casa de campo, pensando en el hombre que estaba en su interior. Hasta el momento, Jongdae había sido su única pista y el que les podría hablar de casi toda una generación de cambiaformas. Lo que había sido de ellos. Minseok no iba a descansar hasta que el hombre se lo contara todo. Incluso si tuviera que ser creativo y encontrar maneras de hacerlo hablar.
—Sólo dile a Chanyeol que estoy en el camino correcto y que pronto estaré en casa con buenas noticias. —Cortó el enlace antes de que Rat pudiera soltar un comentario de listillo.
Quitándose su pasamontañas, dejó la cubierta del árbol tras el cual había estado escondido y comenzó a bordear el camino a la casa. Debido a que estaba nevando fuera e iba vestido de negro, sabía que destacaba contra el blanco. Para compensarlo, se quedó cerca de los árboles y los edificios, escondido tras sus sombras, mientras mantenía un ojo avizor sobre Jongdae y los Cuervos. A pesar de que no había visto ninguna señal de ellos, sabía sin ninguna duda que vendrían, ya que andaban detrás del mismo objetivo que él. El cambiaformas halcón, puesto que sabía demasiado para su propio bien.
Sin embargo, Minseok no podía dejar que cogieran al hombre. Jongdae era el único que podía decirle dónde estaban sus hermanos desaparecidos. El único que podía ayudarle a unir a su familia de nuevo después de tantos años separados. Posiblemente el único que podría salvar a toda la raza felina de la extinción.
No le gustaba tener que ir a un pájaro en busca de ayuda. Aunque los Halcones no eran tan desagradables como los Cuervos, nunca habían sido amistosos con la raza de Minseok. Por supuesto, eso fue antes de los Cuervos se hubieran revuelto y casi extinguieran la raza de los Halcones. Eso hizo que se preguntara ¿por qué Jongdae y los otros Halcones ayudaron a los niños felinos en primer lugar?
Durante años, los felinos ni siquiera sabían que los niños desaparecidos estaban vivos. Hacía veinte años, los Cuervos habían lanzado un ataque masivo en varias casas felinas, y acabaron con cualquier felino que se encontraron antes de prender fuego a las casas. Solo recientemente, habían descubierto que los Halcones habían logrado salvar a algunos de los niños huérfanos y los habían escondido entre los seres humanos. ¿Por qué ocultaron a los niños en vez de llevarlos de vuelta con los felinos? Eso era un misterio. Sinceramente, llegado a este punto, Minseok no daba el culo de un mono por los motivos, él estaba mucho más interesado en el lugar donde se encontraran.
Acercándose a la casa, le dio al cielo una mirada más, preocupado antes de apretarse firmemente contra el revestimiento de madera astillada junto a la ventana de la cocina. Un vistazo al interior, le dijo que todas las luces estaban apagadas y Jongdae probablemente se habría ido a la cama. Por un instante, se preguntó si el halcón todavía se vería como se veía en las fotografías que los felinos tenían. Dios, esperaba que no. Sería más fácil realizar esta misión si el hombre era gordo, feo y dejado.
Minseok sabía que las posibilidades de que así fuera eran escasas o ninguna. A pesar de que habían pasado veinte años, ese tiempo no era nada para los cambiaformas. Una vez que pasaban la pubertad, el proceso de envejecimiento casi llegaba a un punto muerto.
No había duda de que Jongdae todavía se vería tan bien ahora, como cuando se había tomado la última imagen de él.
La imagen de lo guapo que se veía el hombre de cabello oscuro mientras sonreía a la cámara, volvió a Minseok. Su mandíbula cincelada y cómo los ojos negros del halcón, parecían que llamaban a Minseok.
Minseok resopló. Mierda, ¿a quién quería tomar el pelo? En el fondo había sabido que esta misión era algo más que encontrar a sus hermanos desaparecidos. Desde que había visto la foto de Jongdae, se había producido alguna compulsión extraña y tenía al halcón en la mira.
Mirando hacia la ventana, los labios de Minseok se extendieron en una sonrisa salvaje. Había llevado a cabo uno de sus objetivos, porque antes de que Jongdae se escondiera en su casa, Minseok había visto lo suficiente para hacerse una idea de que finalmente había encontrado al halcón. Incluso a través de la oscuridad y la nieve, Minseok había sido capaz de distinguir las líneas duras del cuerpo del hombre. La manera suave, sensual de caminar, aun cuando él había estado deslizándose sobre hielo.
A pesar del frío, la polla de Minseok aumentó mientras fantaseaba con la idea de quitarse la ropa y meterse en la cama con el halcón. ¡Oh, como de cálido y sensual se sentiría el cuerpo de Jongdae apretándose contra él, dándole calor en más de un sentido!
«Mantén tus pensamientos fuera de tus pantalones y regresa de nuevo a la misión». Ahora que había encontrado al halcón, lo último que necesitaba era dejar a su mente vagar y arruinar las cosas.
Ahora, todo lo que tenía que hacer era llegar hasta Jongdae y convencerlo de que hablara. Después de eso, podría preocuparse por quitarse la comezón que había desarrollado por el halcón. Sacando una serie de dagas, Minseok se dirigió cautelosamente a la puerta principal. Tendría que entrar y luego hacer todo el camino hasta la habitación sin ser detectado. No es que estuviera preocupado, era un felino y nadie podía oírlo venir.
Jongdae podía oír que alguien se acercaba y, a juzgar por el olor, era un cambiaformas felino. A pesar de que su corazón empezó a correr, se aseguró de mantener su respiración a un ritmo constante y lento, fingiendo dormir. Poco a poco, deslizó una mano por debajo de la almohada donde guardaba sus seis pulgadas de hoja. Era una de sus armas favoritas, perfectamente equilibrada, tanto para luchar como para tirar. Tan pronto como sus dedos se deslizaron alrededor de la empuñadura, un pequeño confort se apoderó de él.
El felino se encontraba en la sala de estar. La mayoría no lo hubiera oído llegar, pero años de esconderse habían afinado los sentidos de Jongdae. No era mucho, un leve susurro de desplazamiento de aire, pero fue suficiente para que él no pensara ni por un segundo que se lo había imaginado. Además del olor almizclado que desprendía el gato.
Otro sonido, esta vez más cerca, le hizo saber que el gato estaba en el pasillo fuera de su puerta. En este momento, su corazón estaba tronando tan fuerte que era un milagro que el intruso no lo oyera. Jongdae apretó los dedos alrededor del cuchillo. ¿Cómo era posible que lo hubieran encontrado? Había sido tan condenadamente cuidadoso. Había dejado su vida de cambiaformas atrás y comenzado de nuevo. Le había ido bien, también. Tenía un trabajo decente. Un lugar al que llamar hogar. Demonios, ni siquiera había empezado un plan de jubilación. Ahora bien, en este momento podía irse a la mierda el mundo que había construido cuidadosamente y echarse todo a perder.
«Eres tan puta que vas a morir por esto». Todo su interior hervía, ya que no podía gritar las palabras en voz alta. «Voy a hacer una alfombra con la piel de tu culo para ponerla delante de la chimenea. Entonces me voy a comprar un perro sólo para que se mee en ella como mi último gran acto de mierda».
El susurro de la tela contra la madera le dijo a Jongdae que el acechador acababa de entrar en su habitación. Sin alterar el patrón de su respiración, captó en el olor. Sí, definitivamente era un felino. Sin lugar a dudas. El hecho de que ahora ellos lo cazaran era inquietante, pero no le sorprendió del todo. Lo único sorprendente era que habían tardado veinte años en averiguarlo.
A pesar de que no oyó nada más, podía sentir al felino cada vez más cerca, a no más de unos pocos pasos de su cama. Si hubiese sido cualquier otro intruso, Jongdae habría saltado ya a enfrentarse a él. Pero ese tipo de táctica no funcionaría con un felino debido a su capacidad natural para moverse.
No, él iba a matar al gato y luego enviar sus restos de vuelta con el resto de su coalición como advertencia. Tal vez entonces se lo pensarían dos veces antes de venir a hacer de su vida un infierno. Una nueva inyección de adrenalina pasó a través de su cuerpo, haciendo que su piel se sintiera tensa y notara la picazón de un sudor frío en la frente.
Un ruido sordo sonó cuando el felino saltó. Al mismo tiempo, Jongdae giró sobre su espalda y tiró de su espada. El plan era que cuando el gato cayera, su propio peso lo empalaría en el cuchillo.
La cosas no salieron como él había deducido.
«¡Hijo de puta!»









Está muy buena la adaptación 🫰