#1|•Accidente
15/04/2004. "El puerto de Ensenada", Baja California; México.
─México, el barco enviado a Taiwán ha sido derrumbado por una tormenta imprevista, se necesita recoger a los sobrevivientes inmediatamente.
─Pa' fuera las ambulanchas pues.
El equipo de rescate marítimo estaba preparado, México, quién está ahora a la cabeza, subió primero al barco y los demás al poco tiempo también, arrancaron lo más rápido que se pudo junto con otros cuatro salvamentos.
El clima de la zona no es exactamente violento, pero tampoco es seguro pasar muy de cerca con cargamento pesado, esta vez la zona de peligro se expandió varios kilómetros y nadie sabía por qué.
─México, la zona aún no es del todo segura, en cuanto veamos nubes o marea agitada tendremos que detenernos. ─dijo uno de los marineros ansioso.
─No creo que esa tormenta dure mucho, ha estado así últimamente. ─habló el tricolor, este mantuvo el volante todo el rato, estaban yendo relativamente rápido.
Al cabo de unas pocas horas, llegaron a la zona cercana, las nubes ya estaban dispersas y ya no habia marea tan violenta.
Lograron recoger a todos los marineros y con un poco de paciencia pudieron estabilizarlos, la mayoria tenían unas cuantas fracturas y heridas leves, pero nada más grave, además del terrible cansancio.
Todo iba bien y con calma hasta que alguien gritó.
─¡Tierra a la vista!
─¿Qué?
─No es cierto.
─¡Pero ahí está! No debería haber una isla aquí...
Empezaron todos a murmullar, estuvieron a punto de avisar al gobierno mexicano, pero el mismo México los detuvo.
─¡Alto! ─todos guardaron silencio de inmediato. ─Nadie va a reportar nada a nadie, dejen la isla. ─habló con fuerza para que todos lo escucharan sin necesidad de los wakie talkies.
─¡Pero...!
─Pero nada, Rosario, dejaremos esa isla en paz, nadie de aquí va a decir nada a nadie, ¿entienden? ¡Tenemos gente qué llevar a urgencias!
Todos asintieron y gritaron "si, señor". En seguida, dieron la vuelta y regresaron al puerto, desde lo lejos todos vieron que la isla volvía a ser ocultada entre nubes y la niebla, volviendo a su estado de perpetua marea violenta y poco segura.
24/06/2004 San Francisco, Estados Unidos.
En la asamblea de la ONU, se estaban discutiendo los cambios de estrategias para incentivar la igualdad, sin embargo, México estaba inmerso en su mente, pensando en aquella isla que uno de sus marineros encontraron.
Para su desgracia como país sumamente conocido, la Organización de las Naciones Unidas lo interrumpió de su disturbio mental y su indecisión sobre volver.
─¿Estás de acuerdo con la propuesta?
Lo único que recuerda haber escuchado es algo sobre educar a los niños desde la escuela primaria.
─Ehh... Si, estoy de acuerdo. ─Intentó parecer que sabía qué estaba aceptando.
«La próxima debo prestar atención...» pensó con lamentos internos.
Finalmente se retiraron de la asamblea y los países pararon en un hotel específico para ellos, los americanos en su propio edificio incluyendo a México, este simplemente seguía pensando en la isla sin darse cuenta que está actuando muy distinto a lo usual.
─¿México? Pasa algo? ─Preguntó Perú primero.
─Si, estás medio atarantado hoy. ─afirmó ahora Argentina.
─Estoy bien, sólo he tenido problemillas con la gorda. ─Mintió con un tono cansado.
─Agh, siempre es ese tripleijueputa. ─dijo Colombia.
México se rió un poco, es muy fácil engañar a la gente cuando hay una buena cortina.
─Si... ─murmulló con un tono demasiado bajo y suave de lo usual.
Los demás latinos lo miraron en silencio mientras volvía a sumergirse entre las dudas y pensamientos.
─Amigo, anda re ido. ─susurró ecuador.
─Ey, sht, México.
─Agh, qué putas quieren?
─Uuhhh qué delicada, sólo queremos saber qué te tiene tan pensativo, ni siquiera Estados Unidos te pone tan de malas.
─Sólo eso, Perú, estoy bien. ─Se estiró y fue a su habitación.
Los demás Americanos se fueron a sus habitaciones también.
─Estados Unidos.
A excepción de Perú y Chile.
─... Yes?
─Qué hiciste para que México se comporte tan raro?
─Uhh... What? I have literally done nothing to make Mexico angry or something. ─dijo nervioso. ─Aunque hubiese hecho algo, México nunca es tan silencioso, también se me hizo raro, I was about to ask you about it.
─Hmm... Espero no sea nada raro.
3/10/2004 Baja California, México.
─Rosario, reúne a la tripulación que fue al rescate de los marineros de la embarcación fallida hacia Taiwán.
••Sí, señor. ••dijo a través de la llamada telefónica.
Despues de varias horas, los marineros rescatistas que México acompañó en aquella ocasión estaban en un solo punto de nuevo.
─A qué se debe el honor, señor México?
─Tranquilos, no es necesario que me digan señor, pero necesito que me hagan un gran favor.
México reunió otro grupo de rescatistas para asegurar la zona, mientras el país con su grupo volvieron a embarcar en un barco de salvamento y zarparon hacia el Pacífico.
La zona volvió a asegurarse, dejando un claro donde normalmente se veía gris y oscuro.
─Es una suerte que sólo nosotros podemos investigar por esta zona.
─Lo sé, aprovecharé esa ventaja al máximo con el descubrimiento.
─¿Anexará la isla al país?
─Lo dudo, no creo que tenga cosas muy atractivas, especialmente porque está rodeada de tormentas, debe estar desierta esa isla.
Oh, qué equivocado estaba, apenas vieron la isla a lo lejos notaron que era gigante, era la primera vez que podían atravesar las aguas que la rodeaban.
Finalmente, México, el primer país que logró cruzar las aguas para descubrir una nueva isla gigante, y su gente, los primeros humanos en pisar aquella isla.
O eso creían.
Bajaron del barco a explorar la zona, estaba llena de vida, habían aves, reptiles, incluso México vio lo que cree son ratas salvajes.
─Oh... Esto es hermoso.
Los mexicanos fueron en grupo, adentrándose entre los árboles cuyas ramas y hojas formaban un techo verde y brillante.
─No toquen ni se lleven nada, sólo venimos a ver, esta isla no es de nosotros. ─recordó México antes de que su gente se le ocurriera moverle.
El grupo asintió y siguió el paso de México.
Se les erizó la piel al escuchar aullidos.
─No mames... Hay lobos aquí... ─susurró uno de los marineros incrédulo.
─Vete a la verga...
─Deberíamos irnos.
─No, esperen. ─dijo México, deteniendo su paso, observando fijamente un punto entre la maleza. ─Alguien nos está viendo.








