Noche de Yule
En Hogwarts todo era hermoso, el castillo grande y con toques medievales, el bosque gigante con criaturas lindas y mágicas, aunque peligrosas. No sabía si era el grupo de centauros que les prohibían entrar al bosque, o el troll que entró hace unos días, pero prefería quedarse en casa a tener que ir a la escuela donde su vida peligraba cada día.
No gustaba de las fiestas ostentosas que ofrecían su familia o más familias relacionadas con la suya; aun así, era mejor asistir a una que quedarse en casa con sus sobrinas o prima mayor. Es por eso que se encontraba en la fiesta organizada por “El club 28” un club integrado solo por los 28 sagrados creado por uno de sus ancestros, la fiesta era en celebración al Yule y además era un buen incentivo para aquellos que permanecían solteros a conseguir una pareja, pues esa era la única razón por la que el club celebraba la tradición.
Y claro, también estaba la oportunidad de hacer negocios entre familias y presumir quién tenía más que el otro, pero eso quedaba en segundo lugar con el tema principal del matrimonio. Para fortuna de su hermano mayor había encontrado el amor en Hogwarts y habían tenido una hija antes de terminar la escuela, ahora que al fin la había terminado presumía de su compromiso y lo cerca que estaba su boda de la mano de su prometido.
Podía verlo a lo lejos hablando con una antigua compañera de clases, Marlene Mckinnon, la actual madrina de su sobrina y al parecer quien, junto al hermano de su cuñado, serían los testigos de la boda de su hermano. En un principio aquello le había disgustado, pero se sentía satisfecho sabiendo que era el padrino de su sobrina, con la que tenía mucho en común.
Realmente estaba aburrido con el tema de la boda, había sido tema de conversación en el mundo mágico desde que fue anunciada unos años atrás, más o menos cuando su prima Bellatrix anunciaba su boda durante una cena familiar en la casa de su adorado tío Alphard y su esposo Marcus Nott. En ese entonces le parecía algo feliz y agradable saber que dos de sus familiares se casarían, pero dejo de ser tan agradable la noticia cuando supo que el compromiso de su hermano solo se daba por el embarazo de su pareja.
Dejo de ver a su hermano en cuanto noto como besaba a su prometido, la mesa donde se encontraba junto con sus padres estaba acomodada al frente de la entrada, y su silla lo estaba aún más al estar en medio, a tal punto que podía ver quienes ingresaban antes que el resto. Por lo que pudo notar como la impecable familia Potter, la familia de su cuñado, ingresaba por la puerta del salón con una sonrisa acogedora, típica de la familia pacifica que eran.
Ellos eran ajenos al club, el ancestro de Lord Potter no había deseado ser parte del club en su momento, ahora ya no podían permanecer debido a un hechizo de sangre, uno poderoso con runas que hasta el momento su prima solo sabia y así lo prefería. De todas formas, sus padres, al ser socios, dueños y de la familia fundadora, hicieron una excepción a las reglas para que pudieran ingresar a la fiesta. Claro, todo aquello era por el compromiso que unía a la familia.
Con un poco de disimulo miro a su padre y haciéndole señas con sus ojos le hizo notar la presencia de los Potter, su padre sonrió con falsa felicidad y miro a la pareja al frente suyo, William Avery y el joven Marcus Parkinson. Conocía a Marcus de la escuela, había estado en cuarto año cuando él fue eximido de sus clases en la mitad de su último año, en verano se casó con el anciano Avery y ahora iba a su lado, siguiéndolo como un cachorro fiel.
—Oh, parece que ya llegó la familia Potter, espero nos disculpen señores Avery, pero tenemos que atenderlos. — Hablo su padre con voz calmada y la misma sonrisa falsa.
—¡Por supuesto! Vayan a atender a su familia, nosotros pasaremos a saludar a los nuevos señores Malfoy. — Y sin más, la pareja se fue en búsqueda de la mesa más alejada a su familia.
La lejanía entre las mesas no era simple coincidencia de los organizadores contratados por su padre, todo se debía a una riña pasada entre su familia y la familia Malfoy. Hace no mucho ambas familias habían buscado comprometer a los dos menores de la familia, es decir, a él, Regulus Black y su prima Narcissa Black, junto con Xenophilius Lovegood y Lucius Malfoy.
La familia Malfoy había estado en búsqueda de compromisos desde antes de que cualquiera de su generación naciera, Septimus II Malfoy había sido el principal incitador en comprometer a jóvenes al apenas cumplir la mayoría de edad. Cosa que hizo con sus tres hijos, Alana, Abraxas y Amira; con la mayor fue todo más rápido y sencillo, siendo casada con un Mckinnon, ella estaba enamorada de ese chico, aceptando a penas la oportunidad se presentó.
Pero con los otros dos las cosas se complicaron, Abraxas se enamoró de un chico, uno agradable y lindo, Regulus nunca supo el nombre, por más que preguntaba a sus padres, quienes contaban la historia, cada que se mencionaba como los Malfoy rechazaron su propuesta de matrimonio. Al final Abraxas fue obligado a casarse con alguien a quien no conocía, un amigo de su padre, por más enamorado que estaba de aquel chico, acepto casarse y se decía que vivió triste hasta que nació Lucius. En tanto, su gemela, ella tuvo un poco más de libertad, como su hermana mayor, pudo ser quien decidiera su esposo, decidió cuando sería y a su padre no le importaba.
Lo cierto es que no encontraba a nadie que le gustaba, o eso decía, estuvo años sola hasta que conoció al padre Xenophilius, un sueco de la familia Lovegood, una familia tradicional en cuanto a magia, no puristas, pero tampoco traidores a la sangre, estaban en un punto medio. Después de la boda se alejó de los Malfoy hasta que nació Xenophilius y se enfermó de muerte, murió dos años después.
La razón por la que Eldar Lovegood se había negado al compromiso rondaba al hermano de su esposa, tras enterarse de lo que le habían obligado a hacer alejo a su hijo de los Malfoy hasta el momento que su hijo tuvo que ir a clases y fue inevitable ver a su primo. Eldar había tenido suerte de que Lucius no fuera como su abuelo, lo demostró al momento de negarse al compromiso, aunque sus razones no fueron las más adecuadas.
“Nunca me casaría con una persona que tenga a mestizos y sangres sucias como miembros” Sus palabras dichas con veneno en cada letra fue el detonante de una pelea entre las familias, pero esperanzador para él y su prima. Las cosas terminaron por empeorar debido a un reportaje en ‘El Diario Profeta’ Donde se hizo un reportaje sobre el compromiso de Lucius Malfoy y Remus Lupin, un amigo de su hermano y un mestizo.
La furia de su padre solo pudo ser controlada gracias a sus sobrinas y a las palabras bonitas y aliento de su madre. Otro escándalo se realizó cuando se dieron las invitaciones de la boda, pues de su familia solo su hermano había sido invitado a la celebración, no su padre, Lord Black, como se acostumbraba en ese tipo de celebraciones. Y desde entonces los escándalos entre ambas familias siguieron formándose durante todo el año hasta entonces donde la familia Malfoy pidió la mesa más alejada a los Black.
Supo por su cuñado que su hermano no había tenido ninguna conversación con Remus desde que deslindó la invitación a su boda debido a su prometido. Lo cual le sorprendió, era el mejor amigo de su hermano, ambos habían pasado mucho tiempo juntos en la escuela, todo se ponía curioso cuando ninguno de los otros amigos, pertenecientes al mismo grupo de su hermano, asistió a la boda en noviembre de ese año.
—¿Vienes con nosotros? — Preguntó su padre poniéndose de pie para acercarse a los Potter y a la vez sacándolo de sus pensamientos.
—No, no, iré a buscar algo para comer, vayan ustedes. — Se puso de pie y se fue en búsqueda de la mesa de postres.
No tenía ánimos de acercarse a los Potter ese día, realmente no tenía ánimos de acercarse a ese Potter. A él, que con una sonrisa lo ponía de rodillas para alabarlo como si se tratara de un dios. Ya no podía seguir con sus idas y venidas de un te quiero por un te amo, no podía quedarse con alguien que pedía, no, exigía mantener la relación en secreto. Su plan era simple, alejarse del hombre que le hizo daño a él y a su mejor amigo, era eso o volver a caer en sus encantos y palabras bonitas, se alejaría de su toxicidad, eso debía hacer.
Al llegar a la mesa de postres no dudo en tomar un plato y servirse distintos tipos de postres buffets, a su vez se metía algunos en su boca y masticaba rápido sin importarle el sabor que tenían, cualquier cosa era mejor que sentir la amargura que surgía siempre que James Potter se metía en su mente, se acercaba o se mencionaba.
—Pensé que el del embarazo era yo. — Escucho, al voltear se encontró con Thomas Nott, su amigo y algo parecido a su primo. —¿Qué te sucede Reg? —
—No es nada Thomas, no debes preocuparte, solo son estos postres, son muy deliciosos. — Le respondió con una sonrisa, mentía y su primo lo sabía, pero no iba a indagar en el tema, eso lo sabía. —¿Cómo estás con tu primer embarazo? —
—Bueno, no es como si pudiera quejarme mucho, ha sido realmente agradable, nada que ver con lo que decía Arthur. — Respondió con una sonrisa pasándose la mano por su vientre.
—Tú a penas vas uno, él ya hizo tres. — Le recordó con burla.
—Son dos de tres. — Respondió con una sonrisa alegre. —¿Qué opinas de Bella y Molly? ¿Nos alegramos por ellas o pedimos ayuda al ministerio? —
—No creo poder alegrarme de una cosa como esa. — Murmuró con desprecio, estaba seguro de que aquel tema afectaba a toda la familia, incluyendo a Thomas. —Pero da igual, dicen que solo es momentáneo, que nada pasará y ese sujeto será detenido a tiempo. —
—Ya han estado matando a muchos nacidos muggles y hace poco desaparecieron dos mestizos que trabajaban en el ministerio, Arthur está revoloteando por todas partes tratando de ayudar con lo que pueda a los aurores. — Explico con calma mientras frotaba su vientre. —Planeamos irnos un tiempo del país, al menos hasta que ellos reciban justicia. —
—No sabía de eso. — Se refería a las muertes, claro que también le sorprendía la decisión de Nott.
—Es lógico, sigues en Hogwarts, los profesores están confiscando las cartas y diarios que tengan ese tipo de información, quieren seguir con eso de que tienen todo controlado, lo más importante, y lo que debe de interesarte, es que los profesores solicitan la autorización de sus padres antes de hacerlo, yo andaría con mucho cuidado Reg. — Y sin más se marchó.
Regulus lo observó dirigirse a una mesa algo apartada a la suya, más no tan lejos como la de los Malfoy. En ella, el joven mago en estado se encontró con su pareja, Arthur Weasley, un pelirrojo demasiado bonachón. Él había gestado tres veces antes de que Thomas lo estuviera, según escucho era todo por un acuerdo entre ambos.
No le agradaba tanto Weasley, él era en extremo agradable, un sol agradable que destacaba en la casa Black por su cabello colorido, recordaba como su tío se quejaba de él cada que bebía whisky de fuego. Pero cada que estaba sobrio se deshacía en halagos al pelirrojo y su puesto en el ministerio, aunque era un cargo algo inútil.
Apartó la vista de ellos, podía ir con ellos, escuchar a Weasley de sus hijos y los magníficos Muggles sonaba más entretenido que volver a su mesa, encontrarse con Potter y entablar alguna conversación con él. Miro su plato lleno de postres que no le gustaban, pero que le encantaba poner en su boca para concentrarse en otra cosa que no sea él.
No negaría que le preocupo saber lo de las muertes y desapariciones, sobre todo que sus padres le negaran esa información, pero tendría tiempo de hablarlo con ellos en privado, no quería hacer un escándalo en plena fiesta y dejar mal posicionada a su familia.
Soltando un suspiro y con la cabeza en alto se dirige a su mesa, en el proceso se le cruza un mesero con copas en una bandeja, tomo una rápidamente sin interrumpir el andar del joven, siguió con su camino dirigiéndose a la mesa donde se encontró con su prima y esposa sentadas en esta, su cabeza se bajó, ya no estaba tan seguro y listo para sentarse en su mesa. Rápidamente, se dio la vuelta para marcharse, pero fue detenido por las palabras de su primo, tenía que saber qué estaba pasando fuera de Hogwarts y quién mejor que la oveja ‘blanca’ de su familia.
—¡Reggie! — Su prima lo saludo con entusiasmo, suspiro nuevamente antes de sentarse al frente suyo, esta vez dándole la espalda a la entrada para evitar la vista hacia los Potter, sonrió lo más falsamente que pudo hacerlo, como su padre, y respondió el saludo.
—Hola Bella, Molly, que bueno verte. —
—Lo mismo digo, no te veo desde el cumpleaños de la pequeña Dora. — Respondió el saludo la pelirroja.
Su prima Bella había estado buscando pareja hace años, prácticamente desde su sexto año, en un principio por petición de su madre, luego por su padre y finalmente porque creyó encontrar a la pareja perfecta. Como varios en la familia, era la esperanza para que se creara una nueva generación de magos con el apellido Black, una generación que tuviera al menos dos personas de sangre pura como resultado, aunque se buscaban, especialmente, genes mágicos especiales.
Como el de su cuñado, Severus era un prodigio de las pociones y de las artes oscuras, y tenía dos apellidos sobre salientes. Otro ejemplo era el de su prima mayor, Andrómeda, quien ya se había casado y tenía por esposo a un metamorfomago, una clase de mago muy difícil de encontrar y que se sabía poseían un gen hereditario para traspasar la magia del cambio a futuras generaciones, el principal ejemplo de aquello era Nymphadora, su primogénita, y la siguiente en tomar el manto de Madam Black cuando alguno de su generación ya no pudiera hacerlo.
El que ella fuera mestiza no sería un inconveniente, en especial con esa sangre matomorfa fluyendo por sus venas, o al menos su padre había pensado eso cuando se enteró de la boda, si bien sus tíos habían mostrado sus dudas, lo cierto es que encontraron que tuvieron razón. Es así como se hizo saber al mundo que el metamorfo y el pocionista se unirían a la sagrada familia Black, se realizó una celebración enorme por los compromisos con los miembros de las familias que se unieron, el resto de familias mágicas que eran amigas de los Black, o que tenían alguna especie de negocio, no les agradaban los mestizos y mucho menos los nacidos muggles. Su padre y él mismo no entendían aquello ¿Qué no habría de especial en un ser que prácticamente venció al gen squib?
—Vimos que hablabas con Thomas. — Claro, a lo que venía, no podía distraerse.
—Me contaba sobre algo interesante, mejor dicho de todo lo que ha pasado fuera de Hogwarts, como el bloqueo de cartas. — Pensaba ir directo al punto, su prima odiaba los rodeos y lo último que quería era enojarla.
—Claro, él te contó, por eso es mi primo menos favorito, mis padres estaban en desacuerdo sobre hacerlo, pero ni tú, ni Cissy deben de estar preocupados en su último año. — La forma en la que hablo, le hizo pensar que hablaba sinceramente, más no podía creerle del todo a Bellatrix, ella siempre engañaba.
—Creo que es un poco tarde, ya ustedes nos preocuparon por su decisión. — Y eso tocó fibra sensible, la esposa de su prima hizo un gesto de incomodidad y pidiendo permiso se marchó alegando tener hambre.
—Alguien tenía que hacerlo, déjalo así Regulus. — Su prima no solía llamarlo por su nombre, solo por una especie de apodo cariñoso, a menos que se tratara de un tema serio, pero no podía quedarse con dudas.
Se tomó el tiempo de mirarla, su cabello como siempre estaba desordenado, pero sus risos estaban prolijos como siempre, el maquillaje aplicado finamente en su rostro le hacía resaltar su belleza, en especial con esos hermosos ojos grises y cejas finas. Pero debajo de ese maquillaje, cerca de sus ojos pudo notar dos bolsas oscuras, ojeras debido al cansancio, y su labial rojo brillante no podía ocultar como estaban maltratados, los había mordido seguramente por estrés.
—¿Por qué? — Pregunto con cautela.
—¿Por qué? Porque si no lo hacían ustedes tenía que hacerlo yo, los mortifagos irían por ustedes al enterarse de Ted, era mejor que yo lo hiciera. — Respondió bajando la voz, como si de un secreto se tratara. —¿No lo entiendes aún? Todo se trata por la familia, “Siempre puro” ¿No? Eso hago, siempre puro a la familia. —
—Si se enteraran, podrían matarlas. — Murmuro con enfado y preocupación.
—No lo harán, estamos jugando bien nuestras cartas, a él no le importa Severus o Milky, ni siquiera Dora, piensa que están bien, no tienen muchos problemas con mestizos, pero con Ted, un nacido muggle con el don del cambio, es un problema, él podría esclavizarlo e incluso matarlo. — Soltó un suspiro, pudo notar que ella estaba agotada. —Esta decisión ya fue tomada Regulus, tus padres y los míos confían que estará bien por un tiempo, en cuanto Severus y Sirius se casen, Andy y Ted se marcharán, estarán ocultos en una de las residencias Black, pero no podré saber de ellos nunca más, seré repudiada. —
El ser repudiada para una familia sangre pura era la máxima señal de desprecio, había pocas personas en su familia que fueron repudiados y en su mayoría habían sido personas que habían apoyado ideales de magos oscuros y en su tiempo magos traidores a la sangre. Pero eso era pasado, si repudiaban a su prima sería el miembro más actual en serlo desde hace siglos, lo peor de ser repudiado era que volver a ser parte de la familia era mucho más difícil.
Y ahí entendió que su prima lo sabía, sabía las consecuencias de ser repudiada y aun así no le importaba, entendía por qué lo hacía, no era egoísmo, clasismo u odio hacia aquellos que no tenían sangre pura. Ella estaba preocupada por su familia, preocupada por lo que podrían hacerles y sobre todo porque lo que ella podría hacerles, pensaba en su familia en todo momento y como resultado la perdía.
Se disculpó con su prima y le ofreció sus postres antes de marcharse de la mesa con su copa medio vacía, no quería hacerla sentirse peor de lo que seguro ya estaba, ya era un poco tarde, podía inventar una brillante excusa y marcharse a casa aprovechando las chimeneas. Pero en el proceso no podía evitar preguntarse si Bellatrix estaría bien por su cuenta en esa manada de serpientes venenosas, podía ayudarla, seguirla en su cruzada como ella siempre hacía, ayudarla, su prima siempre había sido la más leal a la familia y sus miembros, ir en contra de ellos debía suponer un reto para ella.
Llego rápido a la mesa de postres donde tomo un canapé dulce, no pensó mucho al metérselo a su boca, mastico con rapidez y trago antes de tomar otro variando entre comer y beber hasta que se terminó la copa. Bufo viendo su copa vacía. Por un minuto se había olvidado de sus problemas, pero seguir comiendo así no le traería paz, dejo la copa vacía en la mesa de postres y se decidió por irse, ya no quería quedarse en la celebración.
Al estar inmóvil y pensativo no noto como alguien se posicionaba a sus espaldas, o una respiración a sus espaldas, sin embargo, podía ser extraño no notar un apretón en su hombro, más si su cuerpo ya se había vuelto experto en reaccionar a apretones similares a ese, en especial viniendo de ese sujeto en particular.
—¿Qué hace Regulus fingiendo ser Lucero? — La voz de su antiguo amante y, ahora, familia política le causó un escalofrío que pudo disimular.
—No encuentro una luna cerca. — Y con esa frase se dio media vuelta para verlo. —¿Qué crees que haces? Te dije que no te me acercaras más. —
—Decidí ignorar lo que dijiste, por qué sé que estabas enojado por como te trate ese invierno. — Regulus hizo una mueca de disgusto al recordarlo mientras disimuladamente veía por su izquierda a uno de sus mejores amigos siguiendo en silencio a su esposo, una estrella brillante apagada.
—No por como me trataste, sino por lo que hiciste con Frank. — Murmuró con enfado.
—¡Yo no hice nada con Frank! — Ahora él también estaba molesto, Regulus lo miro con cinismo antes de darse la vuelta, estaba dispuesto a marcharse en búsqueda de sus padres, planeaba despedirse y marcharse a su casa
—Lo que digas Potter. — Murmuró con aburrimiento, más, antes de siquiera dar un paso, fue detenido por el muchacho de lentes redondos.
—Lo que paso con él es distinto, yo no pensé que Rabastan lo hiciera en serio. — Soltó un suspiro frustrado. —Vamos, no puedes enojarte conmigo luego de lo que hiciste. —
—No, pero tú puedes, tú puedes enojarte y aun así decides acercarte y fingir que nada paso, como si fuera buena idea quedarte a mi lado. — Pronto, se formó un nudo en su garganta que tuvo que tragar en seco al notar que su copa vacía se había quedado en la mesa de postres. —No soy bueno para ti y no eres bueno para mí, ¿por qué esforzarnos en tratar de hacer algo que sabemos no funcionara? —
—Porque lo hará, yo lo sé, sabes mejor que nadie que te amo. — El de ojos verdes volteo la cara tratando de no caer en esos bonitos ojos avellanas que la enloquecían, pero James tomándolo del mentón hizo voltear la cara de Regulus. —Por favor Reggie, eres mi corazón, recuerda. —
—¿Eso desde cuando? ¿Antes o después de ayudar a Lestrange? —
—Desde el momento en el que te pusieron ese nombre. — Besó su mejilla mientras pasaba sus manos a su cintura.
Nuevamente, caía ante sus hermosas palabras y caricias de amor, ¿por qué se le hacía tan difícil resistirse? Enlistar las cosas que le gustaba de Potter podía tomarle algo de tiempo, pero podía hacer una lista corta empezando por su cabello castaño oscuro alborotado, sus ojos avellanas que en ocasiones parecían ser pardos al tornarse verdes, su nariz perfilada, labios carnosos y sonrisa hermosa, su musculatura como consecuencia por practicar tanto quidditch, los límites de su piel bronceada y su piel sin broncear eran otro de sus gustos. Las piernas gruesas que, en ocasiones contadas con una mano, rodeaban su cintura, su abdomen tonificado y esas manos grandes y fuertes que estrujaban sus glúteos, sus muslos, sobre todo su cintura. Aunque sin duda lo que más le gustaba era su voz gruesa y sus gemidos en sus noches de pasión.
—Vaya, no estaba enterado de que eran tan cercanos. — Y eso lo hizo separarse de James como si su cuerpo ardiera en ardientes llamas.
—Padre, solo saludaba a James, no lo veía desde hace tiempo. — Explico Regulus con rapidez.
—Qué saludo tan cariñoso. — Murmuro Euphemia Potter, la madre de James, con tono de burla. —¿Cómo has estado Regulus? —
Tras responder la pregunta su madre cambio de tema rápidamente guiándola hacía los preparativos de la boda que se acercaba, por lo que escucho en la conversación tenían planeado hacer la celebración a finales de su ciclo escolar, en primavera, donde el sol salía y las flores se habría para las abejas. Quiso quejarse sobre sus alergias, pero eso no importaría, su hermano y su madre harían lo que se les diera la gana, ambos eran tan parecidos que parecían ser una sola mente; en cambio, su padre era más parecido a él, ambos gustaban de la música clásica y el buen arte, gozaban de leer obras clásicas, las operas en latín y el teatro griego. Su madre y hermano preferían los deportes, las canciones pegadizas y con letras para cantar, vestirse elegante y las compras variadas.
Claro que debido a sus pensamientos se perdió completamente del hijo de la conversación, solía ser tan distraído como su amigo Xenophilius. Paseo su vista por el lugar buscando a su hermano con la mirada, encontrándolo al lado de Peter Pettigrew, otro amigo de su hermano, y la pareja de este, el hijo del juez de Wizengamot; los res hablaban, seguro de la boda, seguro del compromiso de la otra pareja o del último año de Barty Crouch Jr. Decidió virar su vista nuevamente, esta vez posando hacia al frente donde James lo miraba, él le sonrió y con su cabeza apunto una salida al jardín, dudo un poco para luego asentir con su cabeza y con extremada lentitud camino hacia la salida, siendo seguido con lentitud por James.
Caminaron en silencio por las afueras de la mansión, gracias a un hechizo de contención, no hacía el frío viento que aparentaba por el invierno. Regulus miraba las estrellas por cada paso que daba, murmuraba de vez en cuando las constelaciones que reconoció con la vista, James lo observaba con una pequeña sonrisa, le gustaba, a él le gustaba Regulus, pero parecía que no le creía cuando se lo decía.
Potter no podía enumerar lo que le gustaba de Regulus, no podía tomarse el tiempo de hacerlo, de todas formas solo habría una cosa en su lista, Regulus, eso le gustaba de él, todo. No había algo que le desagradara del joven, si a Regulus le disgustaba sus pecas, James le diría que nunca vería estrellas tan cercanas como esas, si él odiaba su marca de nacimiento, James la besaría con cariño y la admiraría cada que la mirara. No había algo que odiara de Regulus y nunca lo habría.
Aun sonriendo se retrasó un poco del andar, se acercó un poco hacia un arbusto de jazmines, tomo una de las flores y la arranco del arbusto. Camino el corto tramo hacia el azabache, posicionándose al frente suyo, le entrego la flor con su mano derecha, mientras la otra empuñada se ocultaba en su espalda, haciendo así una pequeña reverencia sin quitarle la mirada a los ojos de Regulus. Él detuvo su andar y la tomo en sus manos, algo preocupado.
—Gracias. — Le agradeció Regulus después de unos segundos. —Por sacarme de ahí, pero...—
—Basta de peros, solo lo postergas, ¿por qué no me dejas amarte? —
—¿Y si solo nos lastimamos? —
James hizo su más grande su sonrisa antes de negar con la cabeza, dio un paso para acercarse aún más a Regulus, beso nuevamente la mejilla de Regulus mientras posaba su mano derecha en su cintura y la izquierda acaricio el brazo izquierdo ajeno deslizándola de poco hasta llegar a la mano de Regulus. Se balanceó de un pie al otro, simulando los movimientos de un vals y tarareando un poco de una melodía suave. Ambos bailaban bien, les encantaba hacerlo juntos, normalmente abrazados y los más pegados posibles, compartiendo caricias cariñosas y besos tiernos. Pero aquello quedo en el pasado.
—No quiero bailar. — Murmuro Regulus evitando moverse mucho y poniendo cierta rigidez en su cuerpo
—Lo necesitas, baila, respira, tranquilízate y luego vemos. —
Ambos se miraron unos segundos directo a los ojos, sí, James tenía una vista horrible, pero una mirada hermosa, se quedó mirándolos mientras se posicionaba mejor para empezar a bailar dicha melodía que James tarareaba. Movió sus manos hacia el cuello del de gafas mientras seguía su tarareo, apegaba su cabeza a su pecho sintiéndose a gusto en ese momento, James rio levemente con lentitud y dejando de tararear, con un paso lento movió sus manos a la cintura de su acompañante, abrazándolo, apretándolo a su cuerpo.
—Bailaste, respiraste y te noto tranquilo. — Detuvo su balanceo quedándose quieto. —¿Ya quieres ver? —
—Solo no quiero sufrir. — Alzo su mirada, ambos se vieron nuevamente a los ojos, esta vez fue James quien admiraba los ojos ajenos.
—No lo harás, no sufriremos, eso te lo prometo con mi vida. —
Y Regulus le creía, nuevamente cayó ante él y no se sentía mal por hacerlo, ambos acortaron la distancia que había entre los dos dándose un tierno beso, uno cálido y lleno del cariño que intentaron ocultar esforzándose en pensar en el pasado y olvidar el futuro. Nuevamente, empezaron a balancearse mientras del cielo oscuro y estrellado caían falsos copos de nieve, tiñendo el piso, los árboles de un blanco frío y derritiéndose en sus cuerpos calurosos.
Era verdad después de todo, Regulus era el corazón del león y el león estaba feliz con eso. Se dieron más besos como ese al terminarlo, unos más cortos, otros con más movimiento que el otro, pero siempre demostrando el amor entre ambos y sin esperar algo más. No pensaban en la lujuria, solo en mostrarse su amor como mejor pudieran.
Cuando volvieron a entrar pasaron todo el tiempo juntos, se sentaron uno al lado del otro, escondiendo sus manos tomadas con cariño debajo de la mesa. Ambos compartían miradas cómplices y sonrisas poco discretas que sus padres y hermanos prefirieron no mencionar en la cena.
Ambos hablaron de futuro que aguardaba gozante de verlos juntos, hablaron de cómo James planeaba extender, él negó familiar vendiendo pociones a nivel internacional e inclusive continental al mencionar América. O también de cómo Regulus planeaba estudiar reliquias mágicas o aritmancia dada a su facilidad con los números, después de todo su familia no lo necesitaría para hacerse cargo del manto de Lord en un futuro.
Todo siempre había dependido de Bellatrix y Sirius, aunque ahora que Bellatrix sería repudiada lo más seguro era que Andrómeda tomaría su lugar en la competencia. Pero para aquello faltaba mucho, sus padres seguían vivos, Andrómeda seguía estudiando para ser aurora y Sirius aún no se casaba, con la guerra calentándose a fuego medio tampoco podía asegurar nada.
La mesa Black era la más ocupada del salón, también la más ruidosa, Bellatrix estaba con una sonrisa y mirada nostálgica mientras hablaba con su hermano y su madre sobre la boda, Molly estaba en la mesa de los Nott, hablando con el blandengue de Arthur Weasley, su padre bromeaba con Euphemia Potter y su esposo Fleamont conversaba con voz pausada y tranquila a Severus. De vez en cuando escuchaba una carcajada limpia de su padre, y también como se apresuraba a decirle a su madre parte de su conversación con la señora Potter.
Al terminar la cena, James y Regulus se despidieron con un abrazo largo y un beso en la mejilla, prometiendo verse al día siguiente para el almuerzo de ese día y los siguientes en los que Regulus todavía seguía en casa. E incluso cuando eso pasó, cuando Regulus se fue a Hogwarts a terminar su ciclo escolar, ambos seguían viéndose todos los sábados en las visitas a Hogsmeade donde James lo esperaba en la entrada del pequeño pueblo mágico y lo acompañaba todo el día. Las cartas vía elfo no faltaron en los días regulares, aunque no eran tan frecuentes como las llamadas por espejos gemelos, donde hablaban durante noches enteras sin dormir un solo minuto. Y claro, como olvidar esos días en los que Walburga firmaba un permiso para sacar de la escuela a Regulus por un día a pedido de James, quien gozaba de su agrado y tenía su aprobación como futura pareja.
Se habían decidido por mantener en secreto la relación, en el tiempo en el que Regulus salía de clases y la boda de sus hermanos se concretarán, aun así estaban bien con eso, no tenían problemas, podían esperar años de ser necesario para anunciarse su relación mientras pasarán todo ese tiempo juntos.