Un encuentro diferente [Katsudeku]

Summary

¿Cuál es la peor primera impresión que le puedes dar a alguien? Pues que piense que eres un vagabundo y termine dándote dinero y comida. Katsuki e Izuku tienen un primer encuentro diferente, ¿cómo serán los siguientes?

Status
Complete
Chapters
5
Rating
5.0 13 reviews
Age Rating
18+

El vagabundo

Era el peor día de su vida. 

A lo largo de sus 30 años Katsuki podía admitir que había pasado por muchas cosas malas, por muchas cosas difíciles, por días en los que realmente le había costado llegar a la noche y poder dormir, pero este en específico había logrado que el rubio se rompiera. 

Eran cerca de las 11 de la noche y estaba sentado en el suelo de un puente mirando fijamente como el agua corría por debajo de él, pensando en cómo a pesar de tenerlo todo una sola persona había convertido su vida en una mierda. 

Katsuki era un alfa que se sentía sumamente orgulloso de sí mismo, desde que salió de la universidad había construido una empresa desde los cimientos y que en ese momento le llenaba los bolsillos de cientos de miles de millones mensualmente. Había luchado con uñas y dientes por sacar adelante su empresa y hoy en día lo había logrado. 

Ahora era una de las personas con más dinero en Japón, una de las más influyentes en su área, guapo como pocos y con unas feromonas que llamaban a cualquiera, fuera alfa, beta u omega. 

Fue así como conoció a Uraraka, una linda modelo beta que rápidamente se convirtió en su novia y hasta hacía poco su prometida. Desde que se comprometió con la castaña la chica movió todas sus influencias y las de Katsuki para que su boda se llevara a cabo lo antes posible y el rubio estaba de acuerdo con eso a pesar de las circunstancias. 

Porque a su madre nunca le agrado Ochaco y lo más sorprendente de todo era que a su padre tampoco. Tan grande era el desagrado de sus padres por la beta que no supo cómo los mayores dejaron de hablarle si no se separaba de ella, pero el alfa siempre la defendió. 

Los siguientes que se alejaron fueron Eijiro, Mina y Denki, sus mejores amigos desde que estaba en la secundaria, los tres se pusieron en su contra en incontables veces con respecto a las actitudes de Ochaco, pero de nuevo, Katsuki la defendió. 

Incluso su asistente personal, que era una mujer mayor y un amor con todo el mundo, le daba ciertas miradas enojadas a la mujer.  

Aunque no lo había dicho en voz alta y nunca lo diría, de unos meses para acá se sentía sumamente solo. Pero con la única con la que podía contar era con Ochaco, ella había permanecido a su lado a pesar de todo. 

Por ello ese día quiso darle una sorpresa, salió temprano de la oficina y prácticamente corrió a su departamento en donde ahora también vivía la castaña, quería que salieran a ver alguna película y a cenar en algún bonito restaurante. Lo mejor para la que sería su esposa en una semana. 

Pero mientras se encontraba en el baño, solo con una toalla después de ducharse escuchó risas, específicamente la risa de Ochaco junto con una más grave. El rubio no sabía que tendrían invitados y cuando iba a salir del baño las risas cambiaron y se transformaron en gemidos. 

El alfa se quedó paralizado frente a la puerta, los jadeos aumentaban de intensidad y se escuchaban perfectamente. Su corazón latía a mil por horas y sus manos temblaban. Tenía una idea clara de lo que estaba pasando en su propia habitación y en su propia cama, pero no tenía el valor de salir y enfrentarse a la realidad.  

Miró a su alrededor y solo vió el cesto de la ropa sucia, se vistió y abrió la puerta dispuesto a salir corriendo. Al abrir la única persona que hasta ese momento lo mantenía en pie le enterró un cuchillo en el corazón. 

Ochaco se encontraba en su cama, en la que habían compartido tantas noches, tantas risas, tanta pasión, con el pene de un beta desconocido en lo profundo de su coño. 

La escena le llenó la boca de bilis y el asco le llegó al estómago. 

—¡K-Katsuki! —gritó la castaña al verlo salir del baño—. No es lo que crees… —se separó del hombre peliazul bajándose de la cama y corriendo hacia él desnuda. 

—¡Aléjate de mi mierda! —Katsuki estaba seguro que si lo tocaba iba a vomitar ahí mismo. 

—¡No! Katsuki por favor, tienes que escucharme —suplicó. 

—Quiero que te vayas de mi casa —gruñó casi con su voz de mando—. No quiero ver ni una de tus pertenencias en mi casa… ni un maldito cabello tuyo. ¡Tu y yo ya no somos nada! —dijo huyendo de allí ya no podía mirar a la mujer por la cual alejó a todos sus seres queridos.

—Katsuki por favor —rogó tomándolo del brazo pero el rubio se zafó rápidamente llegando a la puerta de salida–. Esto es tu culpa ¿sabes? —Katsuki se paró en seco—. Siempre me dejas sola por ir a tu trabajo, prefieres ir a reuniones sociales que salir conmigo, te pedí que me compraras aquel collar de diamantes y dijiste que no, ¿cómo crees que me sentí?¿no crees que yo también tengo necesidades?

No podía creer lo que la beta le estaba diciendo, quizás en otro momento si no se sintiera tan perdido podría haber respondido algo, pero no, si hablaba rompería a llorar y por ningún motivo le daría esa satisfacción a Ochaco. 

Sin decir una palabra más salió del departamento pese a los insistentes gritos de la chica y caminó sin rumbo durante horas, sin importarle que se pusiera a llover ni que el frío le calara los huesos. 

No fue hasta que llegó a aquel puente que se sentó a mirar la nada, y aunque no había sacado su teléfono con él, no tenía la cara para hablar con sus amigos y menos con sus padres. Cómo les explicaría toda esa mierda sin que alguno de ellos (su madre más probablemente) le dijeran “te lo dije”. 

Había sido un tonto, se había dejado engañar, se había dejado manipular para terminar completamente solo. Y él tanto que se jactaba de ser el mejor alfa, si claro. 

De repente dejó de sentir que la lluvia lo mojaba y una cálida chamarra le cubría los hombros. Asustado miró hacia arriba y se le cortó la respiración. 

Frente a él, con un paraguas sobre sus cabezas estaba el omega más hermoso que había visto en su vida. 

Su cabello era verde del mismo tono que sus brillantes ojos esmeraldas, tenía el rostro bañado con hermosas pecas que se atenuaban bajo su evidente sonrojo y le estaba mostrando la más grande y bella de las sonrisa. 

—¡Hola! —dijo tiernamente. 

Y Katsuki habría respondido si las deliciosas feromonas del chico no le hubieran derretido el cerebro y solo pensara en enterrarse en su cuello. El omega olía a bosque tal cual el aroma que le encantaba respirar cuando salía a escalar. 

—Vi que te estas mojando aquí, emm…¿tienes algún lugar donde ir?¿Algún refugio o centro de ayuda? —preguntó avergonzado. 

Katsuki seguía sin responder, en primer lugar porque no entendía las preguntas y en segundo porque estaba demasiado perdido en la belleza del pecoso. 

—Umm…¿No puede hablar? —susurró más para sí mismo que para el rubio—. ¡Ya sé! —gritó haciendo saltar al alfa y metiendo una mano en su bolsillo—. En este momento solo tengo esto en efectivo, pero te ayudará a llegar a algún refugio, no es bueno que te quedes mojado en medio de la noche. También tengo esto —dijo extendiendo una caja de comida para llevar— Cómelo cuando estés abrigado, es una de mis recetas más populares, la gente lo pide a diario y me preguntan por los secretos de la receta —el omega rió más brillante—. Pero no puedo darles la receta de mi katsudon o mi restaurante se irá a pique. 

El pecoso seguía hablando y hablando y Katsuki no podía despegar los ojos de él ni siquiera para pestañear, era hermoso, el ser más deslumbrante… Y pensaba que Katsuki era un vagabundo. 

—¿Restaurante? —el peliverde detuvo su monólogo. 

—¡Oh sí! Tengo un pequeño puesto de katsudon y ramen a unas cuadras de aquí —el omega soltó tantas feromonas de felicidad que Katsuki casi ronronea al sentirse también feliz—. Se llama Plus Ultra, puedes pasarte por ahí algún día, te prepararé el más delicioso de los katsudon. 

El rubio memorizó todos los detalles y datos que le estaba dando el omega, incluso intentó mirar si portaba alguna marca de apareamiento, pero era bastante difícil ver algo en la oscuridad de la noche. 

—¡Oh no! —Katsuki de nuevo casi pega un brinco, se había vuelto a perder demasiado en el omega—. Ya debo irme, mi programa de All Might va a comenzar. Por favor ve a algún refugio y aliméntate —esto último lo dijo ya emprendiendo camino, pero sin dejar de sonreírle. 

Una vez que estuvo solo Katsuki miró sus manos, una de ella con unos billetes arrugados y en la otra, la caja de comida. 

Se echó a reír con una fuerte carcajada. Aquel omega peliverde de brillante sonrisa y deliciosas feromonas le había arreglado el día.

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.

Dos semanas después Katsuki se encontraba frente a la puerta de Plus Ultra. Sus manos temblaban y estaba nervioso, pero estaba decidido a entrar y conquistar al omega pecoso. Por ello se encontraba con su mejor vestimenta, con su pelo arreglado y emitiendo feromonas llenas de confianza. 

Muchas cosas habían pasado en esas dos semanas, había arreglado la relación con sus padres y con sus amigos, había puesto una orden de alejamiento para Ochaco ya que se negaba a dejarlo solo presentándose constantemente en su casa y en la empresa y por su puesto aquella noche había comido el katsudon que le habían regalado. 

Le había hablado a Eijiro y a su padre acerca del omega y de su interacción pero no le había dicho a nadie que había llorado como un bebé cuando llegó a casa y comió la deliciosa comida hecha con tanto cariño. 

Fue esa misma noche en la que decidió conocer de verdad al omega y enamorarlo tanto como él se había enamorado a primera vista. 

—¡Bienvenido! —gritó una voz que reconoció de inmediato cuando entró. 

—Hola —dijo Katsuki lo más seductoramente posible que pudo—. Es un placer volvernos a encontrar —extendió la mano. 

El pecoso confundido la tomó sin despegar la vista de su rostro, hasta que algo pareció encajar, sus ojos se abrieron enormemente y sus mejillas se colorearon. 

—Oh… ¡El vagabundo!