Chapter 1
Punctured bicycle on a hillside desolate
Will nature make a man of me yet
When in this charming car, this charming man"
Jimin
El sol del atardecer y el viento, golpean mi rostro y me gusta, probablemente llueva más tarde, solo espero que no suceda antes de que llegue a casa. Aún me queda una hora de camino hasta Purpple Hills, el pequeño pueblo en donde vivo.
Si me doy prisa, llegaré antes de que el sol se oculte, muy a tiempo para poder ir hasta donde la Sra James y ayudarle a acomodar sus compras de la semana. La mujer suele darme un par de dólares por la ayuda, es poco, pero no me quejo, es una mujer mayor que vive sola y seguro me dará algún bocadillo delicioso que llevaré a casa para disfrutar mientras miro la televisión.
Mis piernas se mueven lentas pedaleando la vieja bicicleta que pude comprar hace 3 años y que me ha permitido moverme con agilidad para ganarme el dinero que divido minuciosamente en tres partes: ayudar en casa, comprar algunos cómics y ahorrar el resto.
Mis pensamientos divagan de aquí para allá, me gustan estos momentos de silencio donde solo puedo escuchar el sonido de los autos pasando a mi lado en la carretera, es relajante y me permite pensar en cualquier cosa. También me ayudan a distraerme jugando a imaginar hacia donde se dirigen y qué tipo de vida llevan, dependiendo del número de personas que haya dentro de la auto y cómo luzcan, hago mis suposiciones.
Puedo divisar en un viejo Ford Mondeo color vino a una mujer que viaja con una niña de aproximadamente ocho años. La niña me dirige una mirada inexpresiva cuando pasan a mi lado y entonces hago una rápida teoría: seguro están huyendo del padre alcohólico, quizás golpeador. Me rió de mi exagerada suposición, a veces me gusta dramatizar las historias que invento.
¡Naa! probablemente solo van a visitar a la abuela que vive en las afueras.
Unos kilómetros atrás del Ford, un elegante auto color plata se acerca a velocidad media en el carril contrario y fijo mi mirada en el conductor.
¡Uooh! Un hombre muy atractivo va detrás del volante, usa unas gafas oscuras que le sientan muy bien y una camisa color blanca. ¡Dios! ¡Se ve tan caliente! El auto pasa a mi lado y mi cuello casi se tuerce insanamente para seguir observándolo. Entonces hago mi teoría: El señor Encantador seguro se dirige a la ciudad después de un viaje de trabajo. Es soltero, llegará a casa, tomará una ducha y se tocará para liberar el estrés. Después, irá a la nevera, sacará una cerveza fría para sentarse a ver el televisor y volver a su oficina al siguiente día. Tiene pinta de esos hombres interesantes que trabajan en edificios altos en Busan o eso creo, jamás he salido de Purpple Hills.
Me rió de mis ocurrencias mientras sigo creando teorías de los autos que pasan a mi lado, no son demasiados, el camino ya no es muy transitado desde que se abrió la autopista que te lleva directo a Busan, evitando los pequeños pueblos como en el que vivo. Quizás hoy el GPS les ha indicado que hay un retraso en la autopista y se han desviado para llegar más rápido a sus destinos.
Un movimiento imprevisto me hace perder el control de la bicicleta, aprieto el freno y bajo el pie derecho para evitar caerme.
¡Me lleva la que me trajo! Mi bicicleta tiene una llanta pinchada, debí haber puesto más atención al camino.
Saco mi celular del bolsillo, no tiene señal y eso ya lo sabía, pero necesito calcular el tiempo que he recorrido. Aunque conozco el camino necesito confirmarlo y si, apenas he recorrido 30 minutos de los 60 que me toma volver a casa.
Me siento sobre mis talones y me tallo el rostro molesto. No llegaré a tiempo para ayudar a la señora James y tendré que caminar por más de una hora de regreso a casa. Mi única esperanza es que algún conocido pase y se ofrezca a llevarnos a mí y a mi adorada bicicleta porque no pienso abandonarla en medio de la nada.
¡Bien, es suficiente! Digo en voz alta,
después de algunos minutos de lamentarme. Me pongo en pie, me sacudo las manos en el pantalón y levanto mi bicicleta para comenzar a recorrer a pie el camino de vuelta a casa. En cuanto llegue a la zona en donde mi teléfono recupere la señal, le avisaré a mi madre que estoy demorando más tiempo en volver gracias a la estúpida llanta.
Ahí van los dólares que me ganaría esta noche y los deliciosos bocadillos de la Sra James, resoplo resignado andando por la orilla de la carretera.
Un camión de carga pasa junto a mí reduciendo la velocidad y el chofer suena el claxon.
—¡Ey, dulzura! ¿Necesitas ayuda?—la voz rasposa del hombre me grita.
¡De ninguna manera! No me arriesgaré a que un asqueroso y drogado tipo me lleve con el e intente tocarme. No soy ningún estúpido, así que agito mi mano para rechazar la oferta sin siquiera voltear a verlo.
—¡Bien! Camina entonces mariposa—se burla el imbécil y acelera.
Menos mal no se le ha ocurrido insistir, fácilmente ahí, en medio de la nada podría intentar acosarme y no tendría humor para patearle sus apestosas bolas. ¿Mariposa? ¡Asqueroso bastardo! Ni siquiera soy afeminado, mi rostro tal vez sea el problema, soy demasiado lindo pero que se la va hacer.
Comienzo a tararear una canción mientras continúo el camino observando como el cielo comienza a tornarse más naranja.
Si tan solo a mi papá no se le hubiera ocurrido doblar el turno en la fábrica, yo no hubiera tenido que salir a dejarle la cena y a esta hora estaría recibiendo esas galletas de chocolate de la señora James.
Mirando de soslayo noto que un auto reduce la velocidad junto a mí y ruedo los ojos, tal vez otro idiota quiera probar suerte. Intento ignorarlo, pero escucho que el auto se detiene y que la puerta se cierra, alguien se ha bajado del auto pero sigo caminado con la mirada puesta en mis Converse desgastados.
—¿Necesitas ayuda?—Una voz grave pero sutil llama mi atención.
Aquí vamos, al menos no me llamó mariposa. Detengo mi andar, giro hacia atrás decidido a mandarlo a la mierda amablemente pero ¡maldita sea! No es lo que esperaba, es el Señor Encantador de hace un rato.
Se ha bajado del auto, está ahí parado luciendo simplemente delicioso, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón oscuro y la camisa blanca arremangada que se ajusta perfecto a su cuerpo.
No debería de estar hablando con extraños, sobre todo con uno que luce demasiado bueno para ser real, pero es que uno no ve seguido esta clase de tipos por aquí. El pensamiento de que tal vez sea un psicópata, que me violará y después me asesinará para botar mi cuerpo por ahí, pasa por mi mente.
—Mi bicicleta está pinchada—me encojo de hombros porque ¡al demonio! si va a violarme estoy dentro, el tipo está buenísimo.
—¿Vas muy lejos?—pregunta ladeando el rostro—Tal vez me quede de camino o pueda llevarte a algún lugar donde te ayuden con eso—cabecea hacia mi bicicleta.
—Bueno, yo voy a Purpple Hills, está a unos 30 minutos en auto—tallo mi nuca.
—Bien, está de paso. Sube—me indica abriendo el maletero del auto—un chico como tú, no debería de caminar solo en medio de la carretera.
—Gracias—sonrío llevando mi bicicleta a la parte trasera del auto. Es un hermoso Mercedes y sospecho que mi adorada bicicleta no entrará ahí pero me equivoco, el maletero del auto es enorme y la bicicleta entra casi perfecto.
El Señor Encantador sube al auto y yo hago lo mismo. Jimin ¿por qué estas yéndote con un extraño? me pregunto e inmediatamente me respondo ¡Porque está buenísimo y no quieres caminar más de una hora a casa!
Es la primera vez que pongo mi trasero en un auto de lujo, las vestiduras son de piel negra y paso la mano sobre el asiento sintiendo la suavidad del fino material. El aroma ahí dentro, también es delicioso, huele al Señor Encantador, a perfume caro con toques cítricos.
—Espero no desviarte—murmuro mientras abrocho el cinturón de seguridad. El señor Encantador asiente y enciende el motor pero antes de andar, toma un paquete de toallas desinfectantes y me las entrega. Parpadeo antes de entender el asunto y tomarlas para limpiar mis manos, luego él hace lo mismo.
—¿Eres de por aquí o solo estás de paso?—le pregunto para iniciar una conversación casual.
—Estoy de paso—responde.
Parece que es un hombre de pocas palabras, entonces me distraigo mirando sus manos en el volante, son perfectas, grandes y varoniles, con las venas marcadas y por supuesto irían muy bien en mi trasero mientras...sacudo el pensamiento y centro mi atención en el bonito reloj platinado que usa, probablemente también cueste mucho dinero.
—¿Cómo te llamas?—pregunto cuando el Sr Encantador me pilla mirando su reloj.
—Jungkook—responde y espero que me devuelva la pregunta pero no lo hace.
—Me llamo Jimin—murmuro centrando mi mirada en el camino.
El señor Encantador continúa callado pero cada tanto su mirada se desvía a mi, puedo ver parte de sus lindos ojos detrás de los lentes oscuros cuando está mirando de soslayo mis jeans desgastados y rasgados, por primera vez me siento cohibido con mi ropa. Siempre uso ropa cómoda que me permita hacer bien el trabajo, pero lo acepto, mis Converse verde musgo tuvieron días mejores y ni que decir de mi camisa a rayas café. No podría salir a una cita vestido de esta forma con alguien como el.
Pongo una mano para cubrir la parte rasgada de mis jeans que permite ver un poco de la piel de mis muslos, ahora el Sr Encantador parece interesado en mirarlos.
El silencio se vuelve incómodo, quiero saber que está pasando por la cabeza del Sr Encantador y porque demonios está tan callado. Lo miro nuevamente de soslayo, tiene un rostro perfecto, una linda nariz recta, mandíbula definida y esa nuez de Adán en donde sería bueno restregar mi rostro y ¡ouch! El Sr Encantador me ha pillado mirándolo otra vez.
—No va a asesinarme y arrojar mi cuerpo en medio de la nada ¿verdad?—pestañeo tratando de romper el hielo con la broma y una media sonrisa aparece en su rostro a la vez que se revuelve incómodo en el asiento. Entonces, bajo la mirada y lo veo...
¡Hay una enorme casa de campaña en sus pantalones! El Sr Encantador está empalmado y en su rostro hay algo parecido a la vergüenza o tal vez sea incomodidad porque lo pillé.
Entonces me decido y tomo la iniciativa, así soy yo, un poco impulsivo. Solo se vive una vez y no todos los días tengo la oportunidad de ofrecerme a un tipo tan caliente.
—Puedo ayudar con eso—murmuro echando un vistazo a su "problema" y el gira su rostro hacia a mí.
Bato mis pestañas y pongo mi expresión adorable, esa que nunca falla y que me ha conseguido algunos beneficios. Tengo un rostro lindo y a la gente le gusta, así que lo aprovecho.
La nuez de Adán del señor Encantador se mueve para tragar saliva antes de girar el volante para orillar el auto.
¡Joder, si! Solo hay dos posibilidades después de esto: Tomará la oferta o tal vez me eche del auto a patadas.
Bienvenid@s a otro cuento!
Hasta aquí dejaremos el primer capítulo para que me vayan diciendo si les interesó la historia!!! 🌝🌝🌝🌝








