TERRAINE

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Summary

Soy Terraine, la heredera de la Tierra, elegida para custodiar el equilibrio entre mundos, entre tiempos y destinos. Desde el momento en que fui marcada, mi vida dejó de ser mía. A través del Umbral, viajé por líneas temporales rotas, enfrenté realidades distorsionadas y vi de cerca el caos que amenaza con consumirlo todo. Pero entre las sombras del tiempo, encontré a Eryon. Un viajero del tiempo, un hombre envuelto en secretos, con una mirada que esconde siglos de historias. Él no era solo alguien que cruzaba el Umbral, era alguien que lo desafiaba. Nos encontramos, nos perdimos y nos volvimos a encontrar, atrapados en el eterno juego del destino.

Status
Complete
Chapters
20
Rating
n/a
Age Rating
18+

Eryon

Las raíces del mundo me hablaban en susurros, y cada hoja que caía llevaba consigo una historia. Mi cuerpo vibraba al ritmo de la Tierra, sintiendo cada herida infligida al equilibrio natural.

No necesitaba palabras para comprenderlo:

Algo estaba roto.

El viento trajo consigo una voz familiar, profunda como el eco de las eras. Me giré antes de que llegara, pues ya sabía quién era.

—Siempre llegas antes de que te llame —dije con una sonrisa cansada.

Sateriel, mi único hermano, apareció entre los árboles. Sus ojos, oscuros y antiguos, veían más allá del presente. Él era el único que podía comprender mi propósito sin explicaciones.

—Porque el tiempo me muestra lo que necesitas antes de que lo pidas. —respondió, su tono sereno como siempre.

Me crucé de brazos y lo observé con intensidad. Su capacidad de ver el pasado y el futuro lo convertía en el guía de nuestras misiones, pero también lo condenaba a conocer demasiadas verdades.

—¿A dónde nos llevará esta vez? —pregunté, conociendo ya la respuesta.

Él extendió una mano y en su palma, una imagen se formó: un fragmento de historia atrapado en la corriente del tiempo. Vi fuego y sombras, vi el reflejo de un destino aún por decidirse.

—El equilibrio se ha roto otra vez, Terraine. Y solo tú puedes restaurarlo.

Sabía lo que eso significaba. Otro viaje, otro momento crucial. Pero esta vez, algo en la mirada de Sateriel me dijo que el reto sería mayor de lo que imaginaba...

No era algo nuevo para mí. Como heredera de la Tierra, solo yo poseía el poder de reparar lo que estaba roto, de restaurar la armonía. Estaba lista para hacerlo, como tantas otras veces.

Caminamos hasta el altar donde descansaba nuestro libro, el que habíamos escrito desde antes, la bitácora del tiempo. Pasé la mano por su cubierta y observé las letras que cambiantes, nos marcaban el destino.

—Londres —susurré al ver la inscripción.

Sateriel asintió. No me dio más detalles; no los necesitaba. Conocía la sensación de un mundo fuera de balance, la pesadez en el aire, el latido irregular del planeta. Algo se estaba pudriendo en las entrañas del tiempo.

Toqué las páginas y en un parpadeo, el universo se distorsionó. Nos trasladamos a través de los hilos del tiempo, las sombras de la historia deslizándose a nuestro alrededor como un torbellino de memorias vivas. Cuando abrí los ojos, el aire era diferente: denso, frío, cargado de energía desordenada.

Londres. La ciudad latía con un pulso frenético, con un dolor que no debía estar ahí.

Me ajusté la capa y avancé entre las calles empedradas. La modernidad se mezclaba con lo antiguo, pero algo estaba mal. La vegetación estaba débil, los árboles marchitos, y el río Thames emanaba una neblina inquietante. Las memorias de la tierra me mostraban imágenes superpuestas: un futuro colapsado, un pasado que se resistía a desvanecerse.

—El tiempo está roto aquí —murmuré.

Sentí la mirada de Sateriel sobre mí, pero antes de que pudiera responder, algo llamó mi atención.

Entre la multitud, una figura se movía con una cadencia inusual. No era la vestimenta lo que lo delataba, sino la energía que vibraba en torno a él.

La magia.

El hombre mantenía el rostro oculto bajo la sombra de su capucha, sus movimientos eran calculados, como si estuviera evitando ser visto.

No pertenecía a este tiempo.

No era del Umbral.

Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente procesara la información. Seguí sus pasos, sintiendo cómo la tensión crecía en mi interior. No podía ser ¿un viajero? ¿Alguien fuera de nuestra línea?

Él se giró un instante y nuestros ojos se encontraron. Su mirada era afilada, evaluadora, pero también cargada de desconfianza. Había algo en él que me irritaba, una arrogancia que podía percibir incluso a la distancia.

No me gustó.

—¿Quién eres? —pregunté con voz firme.

El hombre, sin responder, se volvió y apresuró el paso.

Oh, no. No iba a escapar de mí.

—Terraine... —Sateriel intentó advertirme, pero ya era tarde. Mis pies se movieron y la persecución comenzó.

No sabía quién era, pero algo en mi interior me decía que ese hombre, era una pieza clave en el rompecabezas del tiempo. Y no pensaba dejarlo escapar tan fácilmente.

Lo seguí por las calles húmedas de Londres, sintiendo la energía a su alrededor pulsar como una advertencia. Giró en un callejón estrecho y lo alcancé justo cuando intentaba desaparecer entre las sombras.

—Alto —exigí, colocándome en su camino.

El hombre levantó la cabeza apenas, sus ojos destellaron con reconocimiento y desdén.

—No sé quién eres, pero te sugiero que sigas tu camino —dijo con voz baja, tensa.

—Lo dudo. No perteneces a este tiempo. ¿Quién eres y de qué línea vienes? —le espeté, sin perder la postura firme.

Se hizo un silencio tenso. Vi cómo sus labios se curvaron en una sonrisa ligera, una que no me gustó en absoluto.

—Eryon —respondió finalmente. —Siempre quise conocer a una de las herederas del Umbral.

Me congelé. ¿Cómo demonios sabía él quién era yo?

quí...