“PENSAMIENTOS”

All Rights Reserved ©

Summary

Raffaela Duarte creció entre sombras y luces, moldeada por una familia marcada por secretos y tensiones.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

14.04.2025


Hay noches en que el techo pesa más

cuando no es el mío.

Y aunque las paredes sonrían con cortesía,

yo sólo escucho el eco

de un lugar que no me llama por mi nombre.


Ella,

con sus ojos llenos de expectativas antiguas,

espera que yo encaje en una foto

que nunca se tomó para mí.

Insiste en que la sangre

es suficiente abrigo para el frío.


Pero yo…

me hundo en silencios que no se notan,

en gestos pequeños que gritan

“no quiero”,

aunque parezcan susurros malcriados.


Tal vez no sepa decirlo,

tal vez me falte el lenguaje exacto

para explicar

que hay hogares que no me pertenecen,

aunque su apellido los reclame.


Y ella duele.

Duele cuando no entiende.

Duele cuando insiste.

Duele más porque la quiero,

pero a veces no sé cómo

amar sin huir un poco.

No sé si esto te lo debería decir,

ni si encontraré el tono justo

para no sonar como si estuviera huyendo otra vez.

Pero hay cosas que no caben en el silencio,

y yo me he tragado muchas.


No me quedé.

No quise quedarme.

Y no fue por desprecio,

ni por rebeldía,

ni porque no ame tus raíces.

Fue por mí.

Por este corazón extraño que tengo,

que a veces necesita respirar lejos

de lo que se espera de él.


Esa casa,

esa familia que tú llamas hogar,

para mí siempre ha sido un lugar prestado.

Un espacio donde sonrío

como si no me pesara tanto ser invisible en medio de tantos.


Yo sé que tú los amas.

Sé que te hacen sentir que perteneces.

Pero a mí no.

A mí me hacen sentir como si tuviera que disfrazarme.

Como si cada gesto, cada palabra,

tuviera que pasar por un filtro de “sé buena”

aunque por dentro me esté deshaciendo.


Tú me miraste como si te hubiera fallado.

Como si decir “no” a quedarme fuera lo mismo que decirte “no te quiero”.

Pero no es eso, mamá.

Te quiero.

Te quiero tanto que me duele decepcionarte.

Pero me quiero lo suficiente

como para no seguir quedándome en lugares

donde tengo que dejarme a mí misma en la puerta.


Tal vez pienses que exagero,

que soy demasiado cerrada,

que debería aprender a tolerar,

a adaptarme.

Y quizá tengas razón.

Pero ¿y si también es válido no encajar?

¿Y si mi manera de cuidarme es decir “hasta aquí”,

aunque tú no lo entiendas?


No quiero que esto sea un reproche.

No lo es.

Es sólo mi forma torpe de explicarte

que no me fui por rencor,

sino por necesidad.


Ojalá un día puedas ver eso,

y no esta distancia que ahora duele más que cualquier palabra no dicha.

Ojalá algún día me entiendas,

como a veces tú también quisiste que te entendieran.


Con amor,

aunque a veces me esconda tras el silencio…