El Último Suspiro
Flotaba el loto, pálido y mudo,
bajo un cielo sin alma, sin rumbo ni luz.
Sus pétalos eran promesas marchitas,
susurrando memorias de un alba sin cruz.
El agua lo llama, le canta en su lecho,
lo envuelve en un beso de sombra y cristal.
Las ondas lo arrullan con tacto funesto,
y el loto suspira, rendido al final.
Sus hojas se quiebran, su talle se arquea,
un eco doliente se pierde en la piel
del río que, hambriento, lo abraza en su pena,
lo arrastra a lo hondo… lo apaga en su sed.
Se ahoga en la bruma de un sueño sin nombre,
se hunde en la niebla de un mundo sin sol.
Y en su descenso, la nada lo esconde,
el loto se esfuma… sin rastro, sin voz.