Nuestra Canción - (FanFic Ruslana y T/N)

Summary

Hace seis años, Ruslana y T/N eran inseparables. Compartían canciones, sueños y una promesa: algún día brillarían juntos en un escenario. Pero la vida los separó demasiado pronto, dejando su historia en pausa. Ahora, el destino los vuelve a cruzar en Operación Triunfo, sin saber que su conexión está a punto de renacer. Entre ensayos, galas y emociones a flor de piel, descubrirán que algunos lazos nunca se rompen... y que la música no es lo único que los une. Pero en un mundo donde cada nota cuenta, ¿serán capaces de seguir el ritmo de sus sentimientos? (T/N es un chico en esta historia)

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 - Acordes del pasado

[Hace 10 años...]

El sonido de la lluvia golpeaba suavemente el cristal de la ventana, acompañando las risas de ambos mientras se escondían bajo una mesa llena de partituras arrugadas y crayones rotos. Ruslana sostenía un pequeño bajo de juguete, y tú tamborileabas con las manos sobre una caja vacía, marcando un ritmo improvisado.

—¡Eres demasiado lento! —se quejó ella, frunciendo el ceño mientras intentaba seguir tu ritmo.

—No es mi culpa que toques raro —respondiste, sacándole la lengua.

Ruslana resopló y volvió a intentarlo. Apretó los labios con concentración y golpeó las cuerdas con tanta energía que el bajo de juguete emitió un chillido estridente. No importaba. Para ustedes, en ese pequeño salón de música de la escuela, ya eran estrellas de rock.

Desde que se conocieron en el patio del colegio, con apenas cinco años, habían sido inseparables. Mientras otros niños jugaban al escondite o al fútbol, ustedes se sentaban en los escalones de la entrada, compartiendo auriculares y escuchando canciones que los adultos consideraban "ruidosas".

—Algún día, tocaremos en un escenario de verdad —dijo Ruslana una tarde, con los ojos brillando de emoción.

—Sí, seremos famosos —asentiste sin dudar.

Y así, con la inocencia de la infancia, hicieron ese pacto.

2 años pasaron y su amistad solo creció. Se colaban en la sala de música después de clases para tocar con instrumentos de verdad, componían letras sin sentido y prometían que algún día el mundo los escucharía. Cuando Ruslana consiguió su primer bajo real, fuiste el primero en probarlo. Y cuando recibiste tu primera batería de segunda mano, ella fue la primera en desafinar tratando de acompañarte.

Pero, como en todas las historias, llegó el día en que las cosas cambiaron.

Esa tarde en el parque, notaste que Ruslana estaba inusualmente callada. Pateaba piedritas con fuerza, evitando mirarte.

—Me voy a mudar —soltó de repente.

El corazón se te detuvo por un segundo.

—¿Qué?

—Mi papá consiguió trabajo en otra ciudad. Nos vamos en dos semanas.

Sentiste un nudo en la garganta. No podías imaginar tu vida sin ella.

—Pero... ¿y nuestro sueño? ¿Y nuestro escenario?

Ruslana apretó los labios. Parecía que no quería decirlo en voz alta.

—No lo sé... —susurró.

Te levantaste de golpe.

—No puedes irte.

Esta vez, te miró directamente. Había tristeza en sus ojos.

—No depende de mí.

El silencio entre ustedes se llenó con el sonido del viento moviendo las hojas de los árboles. Entonces, Ruslana metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó un colgante con forma de púa de guitarra.

—Quédatelo —dijo, extendiéndotelo—. Para que no me olvides.

Lo tomaste con manos temblorosas.

—Nunca podría olvidarte.

Como siempre hacían cuando sellaban una promesa, entrelazaron sus meñiques.

Y mientras el sol empezaba a ocultarse tras los árboles, supiste que esta despedida no sería para siempre.

Dos semanas después, Ruslana se fue.

Y tú, con la púa colgada al cuello, juraste que algún día la encontrarías de nuevo.


[En la actualidad]

Las luces blancas del pasillo parpadeaban levemente mientras avanzabas con pasos firmes, aunque el nudo en tu estómago se hacía más grande con cada metro que recorrías. La fila de aspirantes a Operación Triunfo se extendía a lo largo del pasillo, algunos ensayaban sus canciones en susurros, otros movían las piernas con impaciencia, y unos pocos simplemente miraban al frente, en completo silencio.

Tu corazón latía con fuerza. No era la primera vez que cantabas frente a alguien, pero sí la primera vez que tu sueño dependía de unos pocos minutos sobre un escenario.

"No lo pienses demasiado", te repetiste mientras te aferrabas a la púa de guitarra que colgaba de tu cuello.

PrimerCasting

Cuando finalmente dijeron tu número de casting, avanzaste hacia la sala de audiciones con tu guitarra.

Era más grande de lo que imaginaste. En el centro, un pequeño escenario con un micrófono. Frente a él, una mesa larga donde los jueces te observaban con expresión neutra.

Uno de ellos, con gafas y una libreta en la mano, te miró directamente.

—Nombre y canción que vas a interpretar.

Aclaraste la garganta antes de responder:

—Soy T/N y cantaré That's so true de Gracie Abrahams.

Algunos de los jueces hicieron una anotación en sus libretas y luego asintieron, dándote la señal para comenzar.

Cerraste los ojos por un momento y tomaste aire. Cuando la primera nota salió de tu boca y el primer acorde salió de tu guitarra, el miedo desapareció.

Tu voz llenó la sala. Al principio, el temblor de los nervios se notaba, pero te fuiste soltando con cada verso, recordando por qué estabas allí. Sentiste la canción en cada parte de tu cuerpo, y cuando terminaste, un breve silencio inundó el lugar.

Uno de los profesores sonrió levemente.

—Tienes un timbre interesante. Nos gustaría verte en la siguiente fase.

Tu respiración se entrecortó.

—¿Eso significa que pasé?

—Eso significa que nos vemos en el segundo casting.

No podías creerlo. Saliste de la sala con una sonrisa que no podías disimular. Habías superado la primera prueba.


Un día después empezó el segundo casting, que fue una prueba de fuego. Menos aspirantes, más exigencia.

Te hicieron esperar en una sala con los demás concursantes que habían pasado la primera fase. La tensión era palpable. Algunos tarareaban canciones, otros revisaban sus teléfonos como si eso les ayudara a calmar los nervios.

A tu lado, una chica con el pelo oscuro y ondulado te miró de reojo antes de soltar una risita.

—Si sigues golpeando el suelo así con el pie, lo vas a romper.

Te detuviste en seco, sin haberte dado cuenta de que estabas moviendo la pierna a un ritmo frenético.

—Lo siento —murmuraste.

—Tranquilo, yo casi me arranco las uñas con los dientes. Soy Chiara y tú?.

Le sonreíste, sintiendo que, por alguna razón, la energía de ella era reconfortante.

—T/N.

—¿Preparado para morir de nervios? —bromeó.

—Completamente.

Soltaron una carcajada antes de que llamaran a los primeros aspirantes.

Cuando llegó tu turno, la sala tenía un ambiente diferente. Ahora no solo se trataba de cantar bien, sino de demostrar que podías interpretar y conectar con la audiencia.

—Esta vez queremos ver más de ti —dijo uno de los jueces—. No solo cómo cantas, sino cómo sientes la canción.

Respiraste hondo y subiste al escenario.

Esta vez, en cuanto abriste la boca, no hubo nervios.

La música te envolvió y te dejaste llevar. Tus emociones se reflejaban en cada palabra, en cada expresión. Cuando terminaste, te diste cuenta de que habías hecho algo diferente: te habías mostrado tal y como eras.

Los jueces intercambiaron miradas antes de asentir.

—Bien hecho. Nos vemos en la siguiente fase.

Cuando bajaste del escenario, Kiki te esperaba con los brazos cruzados.

—¿Y bien?

—Pasé.

Ella chasqueó la lengua y sonrió.

—Sabía que lo harías.

El tercer casting llegó más rápido de lo que esperabas. Cada ronda eliminatoria reducía el grupo de aspirantes, dejando solo a los que realmente tenían posibilidades de llegar a la academia. En esta etapa, la tensión era distinta. Ya no bastaba con cantar bien; necesitabas demostrar que podías llenar un escenario, conectar con el público y hacer que cada nota contara.

Cuando llegaste al lugar de la prueba, notaste que el ambiente había cambiado. Menos personas, miradas más serias. La emoción todavía estaba ahí, pero había una sensación compartida de que el sueño estaba a punto de volverse real... o de desvanecerse.

—¿Listo? —Chiara te codeó con una sonrisa nerviosa.

—No sé si listo, pero aquí estoy —respondiste con una risa baja.

Kiki se había convertido en tu pilar durante el proceso. Habíais coincidido en varias pruebas y, aunque el concurso era individual, el apoyo mutuo hacía que todo fuera más llevadero. Tenías claro que querías llegar hasta el final, pero también querías que ella lo lograra.

En cuanto llamaron tu nombre, tomaste aire y entraste. La sala era la misma de siempre: iluminación precisa, un espacio vacío donde solo quedabais tú y los jueces. Noemí Galera te miró por encima de sus gafas y te hizo la pregunta de rutina:

—Nombre y canción, por favor.

Mantuviste la calma.

—T/N. Y cantaré Granade de Bruno Mars.

El instrumental comenzó a sonar. Respiraste hondo, cerraste los ojos un segundo y dejaste que todo lo demás desapareciera. Sabías que esta vez no se trataba solo de cantar bien, sino de transmitir algo real.

La primera nota salió con naturalidad, y conforme avanzaste en la canción, comenzaste a sentirte más seguro. Te moviste con fluidez, usando el espacio a tu favor. Imaginaste que ya estabas en un escenario de verdad, con un público frente a ti, luces cegadoras y la adrenalina de saber que cada palabra tenía que llegar a alguien.

Cuando terminaste, el silencio se sintió eterno. Luego, los profesores intercambiaron miradas y asintieron.

—Eres interesante —comentó uno de ellos—. No sabemos exactamente qué es lo que tienes, pero lo tienes.

Te costó procesarlo. ¿Era un cumplido? ¿Una advertencia? Noemí sonrió un poco y pasó la mirada por sus notas.

—Gracias, T/N. Eso es todo por hoy.

Saliste de la sala con la cabeza dándote vueltas, sin saber si lo que acababa de pasar era bueno o malo.

El cuarto casting tuvo un ambiente completamente diferente.

La primera diferencia fue el lugar. No estabais en un auditorio ni en una sala de ensayos con un piano al fondo. Era una sala amplia, con sofás, alfombras, luces cálidas y una sensación más relajada.

Habíais pasado de ser un grupo de desconocidos a una comunidad en formación. La presión de competir se había transformado en una especie de camaradería. La mayoría sabía que, aunque todos querían un puesto, en el fondo se alegraban por quienes pasaran.

La prueba no era en solitario esta vez. Os agruparon y os hicieron interactuar entre vosotros, improvisar armonías y demostrar que podíais adaptaros. Algunos ya tenían confianza entre sí, otros no tanto. Pero al final del día, todos compartían el mismo objetivo.

—Siento que esto ya es la academia —comentó alguien en un descanso.

—Ni de coña —se rió otro—. Cuando entremos, todo será más intenso.

La forma en que usaron "cuando" en lugar de "si" te hizo sentir una presión extra. Hasta ahora habías llegado lejos, pero... ¿y si todo terminaba ahí?

—Pase lo que pase, ha valido la pena —dijo Chiara, chocando su hombro con el tuyo.

No supiste qué responder. Solo asentiste.

Esa noche, mientras todos se despedían, nadie lo dijo en voz alta, pero la sensación estaba ahí. La próxima vez que os encontrarais, algunos no estarían.

Pero lo que no sabías... era que antes del quinto casting, las cosas iban a cambiar de una forma que no esperabas.

El cuarto casting había terminado y la sensación de alivio era casi tan grande como la tensión por lo que venía. Sabías que la competencia estaba a punto de volverse real. Pero por ahora, solo quedaba disfrutar la noche.

—¡Vámonos de fiesta! —gritó Naiara, levantando los brazos con una energía contagiosa.

No hubo muchas discusiones. Todos estaban de acuerdo en que se lo merecían. Así que, después de cambiarse rápidamente en el hotel, se dirigieron a una discoteca en el centro de la ciudad.

Las luces parpadeaban al ritmo de la música y la pista estaba llena. Te apoyaste en la barra con una copa en la mano, observando a los demás. Kiki bailaba con Lucas y Álex en el centro de la pista, gritando la letra de una canción. Por otro lado, Martín hablaba con Suzete en una esquina, riéndose por algo que ella había dicho.

—Pareces aburrido —comentó Omar, acercándose con una sonrisa relajad

—No lo estoy —respondiste, aunque tampoco estabas en tu ambiente.

—Si lo estás —insistió, dándote un codazo amistoso—. Relájate, en dos días podríamos estar fuera del concurso.

—O dentro —dijiste con una media sonrisa, aunque la incertidumbre pesaba más de lo que querías admitir.

—Tienes razón. —Omar tomó un sorbo de su copa, encogiéndose de hombros—. Pero por ahora, vamos a aprovechar. ¿Bailamos?

—Ni en broma.

—Sabía que dirías eso —se rió, dándote otro codazo antes de girarse hacia la pista.

Volviste la vista hacia el resto, dejando que tu mirada se perdiera entre la multitud. Todo parecía normal, hasta que tus ojos se posaron en alguien más.

Alguien que no esperabas ver jamás.

Apenas viste su perfil entre las luces y la gente, pero fue suficiente. Esa melena pelirroja, ese movimiento de cabeza al reírse, esa postura tan familiar... Un escalofrío te recorrió la espalda.

No podía ser.

Tu respiración se volvió errática. La viste girarse hacia su grupo, aún sin verte. Tu corazón latía con tanta fuerza que podías sentirlo en los oídos.

—¿Estás bien? —preguntó Omar, frunciendo el ceño.

—Sí... sí, ahora vengo.

Caminaste entre la gente sin quitar la vista de ella. Cada paso se sentía irreal, como si estuvieras en un sueño. La música seguía sonando fuerte, pero en tu cabeza todo estaba en silencio.

Entonces, ella giró la cabeza en tu dirección.

Y su risa se cortó.

Sus ojos oscuros te miraron fijamente, como si su cerebro aún estuviera procesando lo que veía.

Tú sentiste lo mismo.

Un segundo de silencio. Dos.

—No puede ser... —susurró ella, sin moverse.

Tu garganta estaba seca.

—¿Ruslana?

Ella parpadeó, dio un paso adelante, luego otro.

—¿T/N?

No supiste quién se movió primero, pero de repente, estabas justo frente a ella.

—¿Qué haces aquí? —preguntaste con incredulidad, sintiendo un cosquilleo en el pecho, una mezcla entre emoción y nerviosismo.

—¿Qué hago yo aquí? ¿Y tú? —replicó ella, con una risa nerviosa.

Se miraron el uno al otro con una mezcla de sorpresa y nostalgia. Era como si el tiempo se hubiera detenido, como si volvieran a ser esos niños en la sala de música. Pero ahora eran mayores. Diferentes.

—Dime que esto es una broma —murmuró ella, llevándose una mano a la frente.

—Ojalá lo fuera —respondiste, sin poder apartar la vista de ella.

Ella te recorrió con la mirada, analizándote con la misma intensidad con la que tú la mirabas a ella.

—Dios, cuánto tiempo... —murmuró, casi como si no pudiera creérselo.

—Seis años.

—Seis años... —repitió ella, dejando que el peso de las palabras cayera sobre ambos.

Entonces, sin previo aviso, se lanzó a abrazarte.

El contacto te descolocó por un segundo, pero tu cuerpo reaccionó antes que tu mente. La rodeaste con los brazos sin dudarlo. Fue un abrazo fuerte, cálido, lleno de todo lo que no se habían dicho en años.

—No me lo creo —susurró ella contra tu hombro, su voz sonando un poco temblorosa.

—Yo tampoco —admitiste, cerrando los ojos por un instante.

Cuando se separó, su sonrisa era suave, pero sus ojos estaban brillantes.

—¿Vas al quinto casting? —preguntó, con un atisbo de emoción contenida.

—Sí.

Ella abrió la boca y luego rió con incredulidad.

—No puede ser.- dijo ella

—Espera, ¿tú también?

Asintió con entusiasmo, mordiéndose el labio como si quisiera asegurarse de que no estaba soñando.

—Madre mía... —soltaste, pasándote la mano por la nuca.

Ella te miró con esa expresión de emoción que recordabas tan bien. Hasta que se fijó en el colgante.

- Aun tienes el colgante de pua? -dijo mientras lo sostenía en su mano, acercándose a ti.

Asentiste sonrojado. Fue ahí cuando viste el brillo de sus ojos.

—Nos prometimos que algún día cantaríamos juntos.

—Y ahora estamos a un casting de hacerlo.

Ambos se quedaron en silencio, procesando la locura de la situación. La música seguía sonando, la gente seguía bailando a su alrededor, pero en ese momento solo existían ustedes dos.

Entonces, Ruslana alzó una ceja y sonrió de lado.

—¿Y ahora?

—Ahora... supongo que seguimos bailando.

—¿Bailando? —preguntó divertida, cruzándose de brazos.

—Bueno, no, yo miro y tú bailas —dijiste con una sonrisa ladina, intentando mantener la compostura.

Ella rodó los ojos, pero su sonrisa se ensanchó antes de tomar tu muñeca.

—No, no, esta vez no te vas a escapar.

—Ruslana, suéltame —protestaste, sintiendo un ligero calor en las mejillas.

—Ni lo sueñes.

Te arrastró a la pista con una risa burlona mientras tú intentabas zafarte. Y, por primera vez en toda la noche, te dejaste llevar.

Porque habías encontrado a Ruslana.

Y el futuro, de repente, parecía mucho más emocionante.

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Que tal mi primer capitulo? Os ha gustado?


Tengo pensado hacer mas historias, así que si queréis dar ideas, adelante :)


Nos vemos en el siguiente, votad si os ha gustado ^^