¡Ese Doctor es mío! - KookMin / YoonTae

Summary

Jimin y Jungkook son dos médicos residentes del prestigioso Hospital Universitario Gyeongbok. Ambos llevan siendo mejores amigos desde el jardín de niños, y atravesar esta etapa de sus vidas juntos, tanto como colegas y compañeros de piso, empieza a tocar fibras sensibles entre ambos. En especial para Jungkook, quien lleva enamorado de su mejor amigo desde la preparatoria, pero jamás ha reunido el coraje para confesarle sus sentimientos, así que, simplemente, decide ignorar estos por el bien de su amistad. Jimin parece no tener tiempo para el amor, ya que, además de lidiar con el tema de su residencia, debe cuidar de su pequeño hermano de cuatro años tras la muerte de sus padres. Por eso, cuando Jungkook descubre que Jimin está saliendo con el director del Departamento de Trasplantes, siente como si alguien le diera una patada en el estómago. Él no puede evitar pensar que algo no encaja. Jimin… está actuando extraño. Detrás de esas sonrisas forzadas y miradas ausentes, Jungkook percibe algo más oscuro. Algo que —sabe— necesita descubrir antes de que sea demasiado tarde.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

❝You’re in my head

I had plans for the weekend

But wound up with you instead…

Back here again…

Got me deep in my feelings

When I should be in your bed... ❞


Jeon Jungkook cantaba a todo pulmón su canción favorita de primavera, la que pasaban en la radio todos los días desde hace dos semanas mientras viajaba de camino a su trabajo.


❝Friends, just for now

Yeah, but friends don’t say words that

Make friends feel like more than just

Friends, just for now

Now I’m over pretending

So let’s put the “End” in Friends…❞


Giró suavemente el timón de su vehículo y sonrió ante la vista de los árboles de cerezo que se encontraban en todo su apogeo de floración.

Jungkook, con su cabeza apoyada en su dedo índice y pulgar, mientras con la otra sostenía el volante, pensó en cuan fantástico sería invitar a Jimin al parque del río Han y recorrerlo en bicicleta. Solo ellos dos, como en una cita.

Pero pronto, suspiró largo y pesado. Su sonrisa se tornó en una mueca tras obligarse a volver a la realidad.


❝Friends are not supposed to get too close

And feel emotions that we’re feeling now, now, now

We ain’t slowing down, down, down (yeah-yeah-yeah)

But once we cross the line, there’s no denying

You and I can never turn around, round, round

Know we’ll never be the same…❞

❝So let’s put the “End” in Friends…❞


—Ojalá fuera así de sencillo —murmuró para sí mismo junto con un suspiro.


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Jungkook, ya vestido con su uniforme azul y bata blanca, tomó del escritorio de enfermería el expediente de su próximo paciente. Era un día de rondas. Solo debía visitar las habitaciones bajo su cargo y revisar que todo estuviera en orden con los postoperatorios.

De cierta forma, para Jungkook, estar a la mitad de su residencia en cirugía general era un alivio. El primer año fue una tortura, trabajar turnos de veinticuatro horas casi terminó enloqueciéndolo, pero amaba su trabajo. Su gran sueño era ser un cirujano exitoso como su padre. Y aunque se negaba a recurrir a él para obtener privilegios en su camino profesional, valoraba el apoyo moral que este le daba.

Era un lunes por la mañana, y se sentía particularmente optimista.

Dejar atrás el caos de un fin de semana en emergencias convertía cualquier lunes en un día tranquilo y feliz.

Pero había una sola cosa —o más bien una sola persona— que haría de este lunes una tarde de viernes en las que solo faltaba media hora para que terminara su turno.

Jimin era tan cálido como un sábado libre por la mañana.

Su sonrisa amplia y sincera, solo podía compararse con los primeros rayos de sol que se filtraban a través de las cortinas de su ventana.

Jungkook miró a su alrededor con la esperanza de verlo en una de sus rondas, pero aquello no sería posible.

Jimin tenía turno en emergencias.

—¡Kookie, aguarda! —dijo Jimin, para sorpresa de su compañero, quien lo recibió con una sonrisa que por poco parte su rostro en dos.

Jimin, sonrojado mientras trotaba hacia él en sus cómodos zapatos deportivos blancos, aquellos que Jungkook le había obsequiado para Navidad, se detuvo frente a él antes de apoyar la mano sobre su hombro.

—Necesito tu ayuda con algo, ¿puedes? Por favor, no digas que no —juntó sus manos frente a su rostro en un ademán de súplica.

Jungkook hizo un puchero engreído que denotaba cuán frecuentes eran estos pedidos de ayuda por parte de su mejor amigo.

Ya sean pequeños o grandes favores, Jungkook jamás le diría que no a esa mirada dulce que tanto amaba en secreto.

—¿De qué se trata esta vez? —inquirió, cruzándose de brazos. En su rostro, un falso ceño fruncido le dio luz verde a Jimin para que depositara en él toda su confianza.

—Esta noche llegaré tarde a casa, así que necesito que calientes la cena que preparé esta mañana. Hice esos tallarines con cebollín y pollo que tanto te gustan, y si puedes asegurarte de que Minjoon coma toda su comida, te lo agradecería mucho —dijo esto último en un tono de súplica que calentó el corazón de Jungkook.

El estéril ambiente de hospital a su alrededor, junto con los sonidos de enfermeras yendo y viniendo durante sus turnos, lo distrajeron un poco de lo que acababa de decirle su mejor amigo.

También estaba el detalle de que no podía quitar su mirada del jefe de cirugía del que ambos eran residentes.

El doctor Choi Haesoo se encontraba de pie junto a la puerta de su oficina, impaciente en cuanto Jimin hablaba con Jungkook sobre la cena. Era obvio que él aguardaba a que este terminara lo que sea que tenía que decirle, para continuar explotándolo con trabajo extra que no le correspondía.

Jungkook detestaba a ese sujeto.

—¿Por qué siempre debes ser tú el que tome todas las horas extras? —preguntó, impasible.

—Ayudaré al doctor Choi a preparar una cirugía, será una larga noche, así que cuento contigo —dijo Jimin, cortando cualquier oportunidad de Jungkook para discutir sobre cuánto se sobre exigía últimamente.

Jungkook apretó los labios en una sonrisa punzante. Detestaba al hombre mayor con cada fibra de su cuerpo.

El doctor Choi era un hombre alto, mucho más que él, y poseía un porte elegante y un andar confiado.

El sujeto traía consigo más de quince años de experiencia en su campo, y, a pesar de que Jungkook odiaba admitirlo, tanto para él como para Jimin era una gran oportunidad ser uno de sus residentes en la especialidad de Cirugía de Trasplantes.

El doctor Choi no era el sujeto más paciente ni amable del mundo, pero parecía poseer un extraño interés en Jimin, quien era dieciocho años más joven que él.

Jamás dejaba pasar una oportunidad para estar cerca de su residente favorito, y no solo eso, siempre se las ingeniaba para presionar su hombro contra él mientras se encontraban sentados el uno junto al otro, sin mencionar la manera lasciva con la que lo miraba cuando este se ponía de pie para cualquier absurda petición de su parte.

Jimin lucía endemoniadamente bien en su uniforme azul.

Era natural en él acaparar todas las miradas.

Jimin poseía un hermoso cuerpo repleto de curvas; eso, y su poca altura en comparación con los demás, lo hacía el punto de atención de cualquier hombre a un radio de diez metros.

Su amigo era muy popular en el Hospital Universitario Gyeongbok. Tanto el personal, como los pacientes que pululaban a su alrededor, no tenían más que cosas positivas que decir sobre él y su trabajo.

Pero, claro está, existían un par de excepciones.

Jungkook no podía recordar el número de veces que tuvo que dedicarle —a propios y extraños— una mirada asesina que les advertía que, si se les ocurría dar un paso más hacia el encantador doctor que se reclinaba sobre el buró del área de enfermeras en su tiempo libre, exhibiendo ingenuamente uno de sus más grandes atributos, él estaría dispuesto a darles una paliza.

Jimin, por su parte, era un tanto inocente cuanto a las intenciones del jefe de cirugía se trataba.

O eso creía Jungkook con frustración.

La admiración que su amigo sentía por el hombre mayor lo enceguecía al grado de no notar todas las formas en las que el doctor Choi se le insinuaba.

Jungkook apenas conseguía controlarse. La sangre le hervía cuando los veía juntos. Lástima que el doctor Choi no era ninguno de esos idiotas a los que podía intimidar con una mirada mordaz.

Él era el hombre encargado de su futuro.

—De acuerdo —soltó Jungkook, resignado—. Pero mantén tu celular encendido por si acaso, ¿sí?

—Claro —sonrió Jimin con una expresión aprensiva—. Siempre está encendido.

—No es cierto, el otro día te llamé más de una docena de veces y no respondiste tu teléfono.

—Esa vez mi celular estaba descargado, lo siento. Pero esta vez no sucederá, lo prometo —dijo con una mirada de cachorro regañado. Jungkook tomó su mano, él le dio un apretón cariñoso, antes de apartarse y dar media vuelta, no sin antes echarle una mirada cargada de gratitud.

—¡Eres el mejor, Kookie, te quiero!

Jungkook asintió quedamente mientras lo observaba alejarse, regresando a la oficina del doctor Choi, quien ya se encontraba de regreso en su escritorio.

Jungkook miró por última vez a Jimin a través de las paredes de cristal de la oficina y suspiró mortificado.

—No más que yo… —murmuró para sí mismo.

Y era cierto, él no podía amarlo más. Siempre había sido de esa manera. Jimin era la persona más dulce, valiente y considerada del mundo.

Su fortaleza lo había llevado a lugares inimaginables, a pesar de todas las dificultades por las que había atravesado en la vida. Entre ellas, perder a sus padres en un accidente de tránsito y quedarse a cargo de su pequeño hermano menor Minjoon cuando este era apenas un bebé.

Jungkook no podía sentirse más orgulloso de ser su mejor amigo, aunque, en el fondo, jamás dejaría de ambicionar convertirse en algo más que eso...