Capítulo 1
Nicolás- Muy bien, jóvenes,
Dijo Nicolás con voz firme mientras ajustaba la corbata oscura que combinaba con su traje perfectamente entallado.
Nicolás- Soy el Licenciado Nicolás Cortés y este año seré su profesor de Filosofía.
Una sonrisa ladeada se dibujó en sus labios. Era la misma que había hecho caer a cientos antes. Sus ojos recorrieron el aula con calma, evaluando. Los Omegas más ingenuos ya parecían estar moviéndose incómodos en sus asientos.
Nicolás- Haremos algo sencillo. Me presentarán su nombre, género y una cualidad que los represente. Empecemos por usted.
Ordenó señalando directamente a un Omega de cabello negro y ojos avellana, que parecía más interesado en su laptop que en la clase.
El Omega alzó la vista, con una expresión neutra, casi aburrida.
Joseph- Soy Joseph Brown.
Dijo con voz clara y segura.
Joseph- Soy Omega Dominante y estoy en la carrera de Periodismo.
Pov Nicolás- Vaya, tenemos un pequeño pollo salvaje. Esto será entretenido.
El profesor no pudo evitar que una sonrisa más ancha se dibujara en su rostro. Lo acababa de encontrar, era su nueva presa.
Nicolás- Perfecto, continuemos.
dijo de inmediato, pero su mirada regresaba una y otra vez al Omega que no parecía inmutarse.
Horas después, la clase terminó. Algunos alumnos se quedaron a consultarle dudas, mientras otros desaparecen rápidamente por el pasillo.
Nicolás- Si eso es todo, me retiro.
Anunció Nicolás, tomando su portafolio y caminando hacia la salida.
Pero cuando pasó por el estacionamiento, su atención fue capturada de inmediato. Joseph estaba apoyado contra un lujoso auto deportivo, hablando por teléfono. Nicolás no pudo evitar detenerse a observar desde la distancia al pequeño omega.
Nicolás- Es un lindo chico.
Su mirada bajó por la figura del Omega, deteniéndose en su cintura y caderas.
Nicolás- Tiene buen cuerpo. Me encanta su postura.
Pero su deleite fue interrumpido de golpe. Un tipo de aspecto descuidado se acercó rápidamente al Omega e intentó arrebatarle el teléfono de las manos. Sin embargo, para sorpresa del profesor, Joseph reaccionó con velocidad. Le propinó una patada certera al estómago del ladrón y luego lo remató con un par de puñetazos antes de que el sujeto huyera corriendo.
Nicolás entrecerró los ojos, notando cómo Joseph se sacudía las manos y retoma una charla con un tipo que había llegado.
Nicolás- Rudo y dominante. Me gusta mucho más de lo que pensé.
El casanova sintió una chispa recorrer su cuerpo. Por primera vez en mucho tiempo, uno de sus “objetivos” parecía tener filo propio. Y eso lo hacía aún más deseable.
Pero retrocedamos unos minutos, para ver la escena desde el otro lado.
Joseph- Papi, porfis.
Decía con voz insistente mientras miraba alrededor con atención.
Joseph caminaba de un lado a otro, hablando por el celular mientras sus dedos tocaban con impaciencia sobre su auto.
Joseph- Solo será un par de horas, papá. Además, llegaré antes de las cinco de la madrugada.
Su tono era caprichoso, como si estuviera acostumbrado a que sus deseos no tuvieran restricciones.
Isaac- Hijo, no tienes mi permiso. Y otra cosa, tienes que presentarte educadamente con tu nuevo guardaespalda hoy mismo.
Joseph- ¿Qué cosa? ¿Qué guardaespalda?
No terminó la frase. De pronto, un sujeto desconocido emergió de la sombra como una víbora, con una navaja en mano, directo al estómago del Omega. Pero Joseph, con reflejos rápidos, giró la cintura y esquivó la puñalada por centímetros.
Joseph- ¡¿Quién eres?! ¡¿Quién te mandó, imbécil?! ¡Habla, hijo de puta!
El agresor, un hombre de aspecto extranjero, sonrió de manera siniestra y respondió sin titubear:
Lucas- 去死吧,王八蛋。老闆想為你父親對我們協會所做的事情報仇。
“Muere, hijo de puta. El jefe quiere venganza por lo que tu padre le hizo a nuestra asociación.”
Isaac- ¿Qué rayos dijo?
Preguntó al otro lado de la llamada, confundido.
Joseph- No sé, creo que está hablando Chino.
Isaac- ¿Chino?, ¿Pues a qué Chino moleste?
Joseph apretó la mandíbula, esquivando otro ataque mientras sostenía el móvil entre el hombro y la oreja.
Joseph- Sabes qué, no me esperes hoy, no iré a la casa.
Y colgó.
El agresor volvió a cargar contra él. Joseph, ya harto, le soltó un golpe directo a la mandíbula.
Joseph- ¡¡Habla en español, idiota!!
Pero el sujeto solo maldecía en chino, furioso. Joseph le propinó una patada y luego, aprovechando la cercanía de su auto, lo tomó del cuello de la camisa y lo lanzó con fuerza contra la puerta del vehículo. El tipo salió corriendo, sangrando tras el impacto.
Justo en ese momento, su nuevo guardaespaldas apareció corriendo desde la esquina. Era alto, con una expresión fría y mirada calculadora.
Zack- Señor Brown.
Joseph lo interrumpió al levantar una mano.
Joseph- Muy amable, de verdad.
Llegas super a tiempo.
Sin darle tiempo a reaccionar, subió al auto, encendió el motor y dejó al guardaespaldas parado en medio de la calle, con el viento agitando su abrigo mientras veía alejarse el coche.
Horas después, en la sala de profesores.
Nicolás arrojó su portafolio sobre una de las mesas, visiblemente molesto.
Nicolás- Ahg, qué mierda de día.
Se frotó el puente de la nariz y alzó la mirada. En el fondo de la sala, la profesora Erlea Rosi conversaba con una de sus estudiantes más destacadas. Julieta, quien la miraba con una mezcla de respeto y tímida admiración, mientras sostenía su cuaderno de Matemáticas.
Erlea- Ya puedes retirarte, señorita Julieta. Si tienes más dudas, estaré en el segundo piso, en la habitación de los profesores.
Julieta- Muchas gracias, profesora.
Murmuró con un leve rubor antes de salir con pasos apurados.
Un incómodo silencio se instaló por unos segundos, hasta que Nicolás se acercó con una sonrisa ladeada y tono burlesco.
Nicolás- Vaya, veo que ya encontraste a tu víctima. Brise-cœur.
Erlea no respondió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en la puerta por la que había salido Julieta.
Erlea- No lo sé.
Susurró mientras regresaba la atención a un montón de tareas por calificar.
Erlea- Siento algo raro cuando veo a esa chica.
Nicolás arqueó una ceja, intrigado.
Nicolás- ¿No me digas que te enamoraste?
Soltó una carcajada, con tono burlón.
Nicolás- Tú, que eres la “rompecorazones” oficial del campus. Es imposible que te enamores así de fácil.
Se dejó caer en una silla, cruzando las piernas, mientras disfrutaba molestar a la docente.
Nicolás- Ni siquiera te la has llevado a la cama.
Añadió en voz baja.
Erlea- No sé, es sólo un presentimiento. Una incomodidad.
Se detuvo, bajando la pluma.
Erlea- No es deseo, es algo distinto. Como si no quisiera dañarla.
Nicolás dejó de reírse al captar la seriedad en la voz de Erlea.
Nicolás- ¿Dañarla? Eso no te suena para nada.
Erlea- Lo sé.
Murmuró sin apartar la mirada de la hoja de ejercicios.
Erlea suspiró mientras terminaba de revisar un par de trabajos mal redactados.
Erlea- Es mejor alejarse de eso. Seguro que son las feromonas, parece que esa omega está al borde de su celo.
Nicolás soltó un suspiro pesado, dejando caer la cabeza hacia atrás.
Nicolás- Hablando de celo.
Murmuró, con frustración.
Nicolás- Mi Rut está cerca.
La tensión se marcó en su voz, sus dedos tocaban ansiosos sobre la mesa.
Erlea- ¿En serio?
Alzando la mirada con preocupación.
Erlea- ¿Crees que el director Yuan te deje ir a casa para que descanses?
Nicolás- Lo dudo mucho,
Respondió con un dejo de resignación.
Nicolás- Si a duras penas nos deja respirar.
Volvió a su trabajo, pero ya más decaído, el malestar comenzaba a reflejarse en su rostro.
Erlea- Al menos nos da habitaciones individuales, algo es algo.
Nicolás- Ja, ja.
Rió sin humor.
Nicolás- Eso no lo salva. Ese cabrón debería ser demandado.
Erlea- Sabes que no se puede. Si él cae nosotros también caeremos.
El aire parecía tornarse más denso en la habitación. Nicolás asintió lentamente.
Nicolás- Tienes razón.
De pronto, se llevó la mano a la cabeza, notando un leve mareo.
Nicolás- Uh, me siento extraño.
Erlea- ¿Eh?
Frunció el ceño, arrugando la nariz cuando un fuerte aroma invadió el ambiente. Era un olor embriagador, como vino dulce mezclado con especias intensas.
Erlea- Nicolás.
Dijo tapándose la nariz.
Erlea- Creo que tu Rut se adelantó o tienes una fuga de feromonas.
Nicolás- ¡¿Qué?!
Buscó de inmediato sus pertenencias.
Nicolás- Esto no es normal.
Sacó un blíster de pastillas y se tomó rápidamente la pastilla.
Nicolás- Esto debería frenar mis feromonas temporalmente.
Pero su voz sonaba insegura.
Erlea- No te hagas el duro. Deberías ir al médico. Si te da una fuga en medio de clase, sería un desastre.
Nicolás- Lo sé, pero no ahora. Mañana es viernes y no puedo dejar a mis alumnos a medias.
Erlea- Sí, qué emocionante.
Ironizó, rodando los ojos.
Erlea- Y todos los malditos viernes tenemos junta con ese pendejo de mierda.
Nicolás la miró de reojo mientras recogía sus cosas.
Nicolás- Siempre me pregunté, ¿por qué te cae tan mal el director?
Ambos salieron de la sala de profesores.
Erlea- Siendote sincera, ni yo lo sé. Aunque su secretaria me cae bien.
Nicolás- Sabes que ella está casada, ¿verdad?
Erlea- Eww, claro que lo sé. Podré ser una mujeriega, pero jamás me metería con alguien casada. Además, los betas no son lo mío.
Nicolás soltó una carcajada mientras caminaban juntos por los pasillos vacíos, iluminados solo por la luz tenue de los fluorescentes.
Nicolás- Era una broma, además ella es una buena amiga nuestra. La conocemos desde el colegio, ¿recuerdas?
Erlea- Sí.
El estómago de Erlea gruñó de manera escandalosa, rompiendo la tensión.
Nicolás- ¿Tienes hambre?
Erlea- Me muero de hambre.
Nicolás- ¿Qué te parecerían unas hamburguesas?
Erlea- Con papas fritas y cerveza.
Nicolás sonrió de lado.
Nicolás- Entonces ya regreso.
Mientras Nicolás salía hacia su auto, Erlea se quedó sentada en el sofá, frotándose el entrecejo. Sus pensamientos volvían, inquietos, a la imagen de Julieta y a ese sentimiento extraño que no podía sacudirse.
Pov Nicolás- Esto estaría bien para todos.
Pensé mientras acomodaba las bolsas en el auto. Las fundas con hamburguesas llenaban la parte trasera y el asiento del copiloto. También había comprado 8 packs de botellas de cerveza, cada una con 10 cervezas. Sabía que muchos de los profesores estarían igual de estresados y hartos de la semana.
Pov Nicolás- Tengo que comprarme los supresores para el Rut, antes de que esto se salga de control.
Entró rápidamente a la farmacia, comprando una caja de supresores de emergencia. Al salir, mientras metía la funda dentro de su auto, un sonido le llamó la atención.
Voces alteradas, una discusión.
Ray- Vamos lindo Omega, ven conmigo, te vas a sentir muy bien.
Joseph- ¡Aléjate, deja de joder!
Ray- No te hagas el difícil, Omega. Ambos sabemos que sí quieres.
Pov Nicolás- ¿Ese no es el pequeño pollo salvaje?
Sin dudarlo, cerró de golpe la puerta del auto y se dirigió rápidamente hacia ellos, con el ceño fruncido y las feromonas revoloteando bajo su piel.
Joseph- Lárgate, cerdo.
Gruñó con los dientes apretados, intentando mantener la compostura y no armar un escándalo en plena calle.
Pov Joseph- No puedo golpearlo aquí. ¿Cómo me quito de encima a este imbécil sin causar una escena?
Fue entonces cuando Nicolás apareció a su lado, alto, imponente, con una mirada afilada.
Nicolás- Amor, te estuve esperando y no llegabas.
Le rodeó la cintura con un brazo fuerte, acercándose a su cuerpo.
Joseph- ¿Eh?
Lo miró de reojo.
Joseph- Ah, perdóname amorcito.
Dijo exageradamente, entendiendo el juego.
Joseph- Es que este tipo no me dejaba en paz.
Nicolás- ¿Ah sí?
Su tono era frío y peligroso mientras clavaba su mirada en el Alfa.
Ray- Yo no quería molestar, solo estaba jugando.
Balbuceó el Alfa, ahora temblando al sentir las feromonas amenazantes de Nicolás.
Nicolás- Pues juega en otro lado.
Espetó sin apartar la mirada.
El Alfa retrocedió un par de pasos antes de salir prácticamente corriendo, dejando el aire cargado de tensión.
Cuando la calle volvió a la calma, Joseph se soltó bruscamente del agarre de Nicolás.
Joseph- Gracias, no sabía cómo librarme de ese cerdo.
Dijo, al tiempo que hacía un pequeño puchero al darse cuenta de que el Alfa aún lo tenía cerca.
Nicolás- No es nada. Es lo menos que podía hacer.
Hizo una pausa.
Nicolás- Este mundo está lleno de animales salvajes sin corazón.
Pov Joseph- Habla del rey de roma.
Qué ironía.
Nicolás se quedó mirando un instante de más, como si analizara cada expresión de Joseph.
Nicolás- Si quieres, puedo llevarte a la residencia de la universidad. ¿Vives en las habitaciones, verdad?
Joseph- Sí.
Murmuró, cruzado de brazos.
Joseph- Sería útil. Ese imbécil me destrozó las cuatro llantas del auto.
Mostró su celular, con una foto de su auto y las llantas rajadas.
Pov Nicolás- Es tierno cuando está enojado.
De inmediato, sacudió la cabeza para alejar el pensamiento.
Pov Nicolás- ¿Qué carajos estoy pensando?
Nicolás- Usted primero.
Le dijo con tono caballeroso, abriéndole la puerta del auto.
Joseph- Gracias.
Se subió al auto con un leve sonrojo que intentó disimular.
Pov Joseph- Seguro así seduce a los Omegas con los que quiere acostarse.
El silencio se hizo incómodo por unos segundos. Nicolás rodeó el auto y subió, cerrando la puerta con un suspiro.
Apenas encendió el motor, el aire acondicionado sopló directamente sobre Joseph, quien no llevaba más que una camisa demasiado corta, ligeramente abierta y pantalones ajustados.
Nicolás- ¿Tienes frío?
Joseph- Un poco.
Se frotó los brazos.
Joseph- Debí haber traído un abrigo.
Nicolás, sin pensarlo mucho, se quitó su chaqueta y se la extendió.
Nicolás- Ten. No quiero que termines congelado.
Joseph- No es necesario, puedo aguantar.
Nicolás- Tómala.
Dijo más serio.
Nicolás- No es negociable.
Joseph suspiró y la tomó, notando el aroma embriagador que salía de la chaqueta. Era un olor cálido, envolvente, con notas de vino y especias.
Arrancó el auto y comenzó a conducir, pero el silencio se hizo más pesado, casi eléctrico. Ambos eran conscientes de lo que flotaba en el aire.
Joseph- ¿Siempre eres tan caballeroso con tus alumnos?
Nicolás- Solo con los que usan ropa escandalosa en noches frías.
Respondió, con una sonrisa de medio lado.
Pov Joseph- Qué fastidio.
Pov Nicolás- Sí, definitivamente es un pollo salvaje y me está empezando a gustar demasiado.
Joseph- ¿Y por qué llevas tanta comida y cerveza?
Intentó iniciar una conversación mientras el auto avanzaba lentamente entre el tráfico denso y las luces de la ciudad.
Nicolás- ¿Ah? Eso es porque tendremos una pequeña fiesta. Los jueves suelen ser largos y todos necesitamos desahogarnos un poco.
Respondió con tono relajado, sin apartar la vista del camino.
Nicolás- Si quieres, puedes unirte.
Joseph- No suena mal.
Se cruzó de brazos.
Joseph- Me vendría bien relajarme un poco.
De pronto, el Omega frunció el ceño, detectando de nuevo ese olor embriagador, ahora mucho más fuerte.
Joseph- ¿Eh? ¿Acaso también compraste vino?
Nicolás- ¿Qué?
Se tensó al darse cuenta que el aroma ya era notorio.
Nicolás- No, son mis feromonas. Estoy teniendo pequeñas fugas involuntarias.
Joseph- ¿Feromonas?
Pensó mientras intentaba disimular la reacción que el olor le provocaba.
Joseph- Huele bien, pero me estoy mareando.
Se llevó la mano a la cabeza, sintiendo un ligero mareo.
Minutos después, el sueño le ganó y su cuerpo se desplomó ligeramente en el asiento.
Nicolás- Ahora debería estabilizarse.
Murmuró, sacando apresurado otra pastilla y tomándola al instante.
Pov Nicolás- Él está tan indefenso.
Volteó y observó al Omega dormido, con las mejillas ligeramente sonrojadas, acurrucado bajo su chaqueta.
Pov Nicolás- ¿Acaso no le han enseñado a no quedarse dormido en el auto de un Alfa? Podría hacerle cualquier cosa.
Se relamió los labios, sintiendo cómo su instinto Alfa le exigía acercarse más.
Pov Nicolás – Mierda, contrólate, Nicolás.
Apretó con fuerza el volante, luchando consigo mismo, hasta que su respiración se normalizara. Cerró su chaqueta mejor sobre Joseph, protegiéndolo incluso de sus propias intenciones.
Media hora después.
Joseph- ¿Mmm?
Se removió ligeramente.
Joseph- ¿Ya llegamos?
Preguntó somnoliento, parpadeando al ver que la chaqueta le cubría hasta el cuello.
Nicolás- Estamos cerca.
Su tono fue suave, casi culpable.
Finalmente, llegaron al estacionamiento de la universidad. Nicolás bajó primero y rodeó el auto para abrirle la puerta a Joseph, ayudándolo a salir.
Joseph- Gracias.
Dijo mientras evitaba cruzar miradas, aún adormilado.
Joseph- Si quieres, puedo ayudarte a bajar las cosas.
Añadió, aún algo incómodo por la calidez que había sentido durante el trayecto.
Nicolás- Agradezco la ayuda. Tú llevas la comida, yo cargaré las cervezas.
Mientras ambos caminaban en silencio, una extraña sensación latía en sus pechos, pero ninguno se atrevió a mencionarla.
Pov Nicolás- ¿Por qué me siento como si hubiera cruzado un límite invisible?
Pov Joseph- ¿Por qué me sentí tan seguro, si él es un Alfa?
Al llegar a la sala de los dormitorios de profesores, una voz familiar rompió la tensión.
Nicolás- ¿Julieta?
Preguntó sorprendido al ver a la joven omega de ojos verdes.
Erlea- Yo la invité.
Respondió despreocupada, tomando varias cervezas de la caja y repartiéndolas.
Erlea- No seas tan gruñón, Nico.
Erlea le pasó una cerveza a Julieta, otra a Nicolás, y una más a Joseph, mientras los demás profesores del grupo tomaban también.
Joseph- Gracias.
Dijo, tomando la botella y girándola distraídamente entre sus dedos, sin dejar de pensar en el extraño viaje en auto.
Desde una esquina, Erlea observaba de reojo a Joseph y luego a Nicolás, notando la tensión apenas disfrazada entre ambos.
Erlea- Interesante.
Mientras tanto, Julieta se acercó a Joseph.
Julieta- ¿Todo bien? Pareces algo pálido.
Joseph- Estoy bien, solo me mareé un poco antes.
Respondió con una sonrisa forzada.
Julieta- Bueno.
El omega asintió mientras tomaba un sorbo de la cerveza, pero sus ojos se desviaron hacia Nicolás, quien desde la mesa lo observaba sin poder evitarlo.
Pov Nicolás- Esa mirada.
Erlea, entre risas y cerveza, se acercó a Nicolás y le susurró:
Erlea- ¿No te parece que el pequeñin está más cerca de ti de lo que crees?
Nicolás le lanzó una mirada fulminante, pero Erlea solo río, disfrutando del caos silencioso que ambos parecían ignorar
Joseph se sentó al lado de Nicolás, observando cómo el resto del grupo caía, uno a uno, presa de la embriaguez. Las risas fuertes y los chistes sin sentido llenaban la habitación, mientras las botellas vacías se apilaban en la mesa.
Varias horas después, solo Joseph y Erlea permanecían relativamente sobrios, aunque el leve mareo en sus cabezas era evidente.
Erlea- Malditos débiles.
Murmuró con fastidio, tambaleándose un poco mientras se levantaba y tomaba otra cerveza.
Erlea- Pero, qué se le puede hacer.
Joseph tomó su botella, bebiendo su lata número catorce, mientras miraba de reojo a Nicolás, quien ya parecía totalmente derrotado por el alcohol.
Erlea- Oye, lleva al imbécil de ahí a su habitación antes de que vomite en la alfombra. Es la 43.
Dijo, arrastrando las palabras un poco
Joseph- Sí, está bien.
Suspiró, resignado.
Se acercó al Alfa dormido y con esfuerzo lo ayudó a levantarse, cargándolo como pudo hasta la habitación indicada. Al cerrar la puerta tras de sí, un escalofrío le recorrió la espalda.
Un olor denso y embriagador inundó la habitación.
Joseph- ¿Otra vez ese aroma?
Pensó, mirando con nerviosismo a Nicolás, quien comenzó a emanar una poderosa fuga de feromonas.
El aire se volvió pesado, casi pegajoso. Joseph tragó saliva al ver cómo el Alfa, aún borracho y fuera de control, se le acercaba lenta y peligrosamente.
Joseph- Nicolás.
Susurró con miedo, retrocediendo.
Nicolás no decía una palabra. Sus ojos entrecerrados lo observaban con un brillo animal, movido más por instinto que por razón. Joseph, asustado, tropezó y cayó al suelo.
Joseph- No. no, por favor.
Rogó, arrastrándose unos centímetros para intentar alejarse, pero sin éxito.
El Alfa seguía acercándose, y Joseph apretó los ojos, esperando lo peor. Pero, en lugar de ser atacado, sintió un par de brazos rodearlo con suavidad.
Joseph- ¿Eh?
Murmuró sorprendido.
Nicolás lo abrazó con fuerza, y las feromonas cambiaron de tono, tornándose más cálidas, más tranquilizadoras.
Nicolás- ¿Por qué me tienes miedo?
Dijo con voz ronca, pero llena de tristeza. Temblaba y no parecía del todo consciente.
Joseph- Yo.
Su voz era apenas un susurro.
Pov Joseph- ¿Por qué no me atacó? ¿Qué Alfa en estado salvaje hace algo así?
Nicolás- No quiero hacerte daño.
Hablo, mientras su respiración se apoya en el hombro del omega.
Nicolás- No soy ese tipo de Alfa.
Joseph- Eres raro.
Dijo bajito, sin poder evitar una sonrisa nerviosa.
Nicolás- ¿Raro?
Rió suavemente.
Joseph- Un Alfa normal ya me habría, ya sabes.
Dijo desviando la mirada.
Joseph- Pero tú solo me abrazas y hasta intentas calmarme. Es raro, pero es lindo.
El silencio se volvió más denso, pero esta vez no tenía miedo. Era otra cosa.
Joseph- Eres diferente.
Susurró mientras poco a poco se acercaba más al rostro de Nicolás.
Nicolás- Ni yo mismo sé por qué no lo hice.
Murmuró confundido.
Nicolás- Se supone que soy un casanova, debería someterte y hacer que rogaras por más.
El Omega no dudó más y rozó sus labios con los del Alfa. Nicolás, sorprendido, no pudo evitar corresponder al beso por unos segundos antes de separarse, jadeando.
Nicolás- No, no podemos. No estamos en condiciones.
Con delicadeza, pero firmeza, Nicolás tomó a Joseph por los hombros y lo llevó a la cama, arropándolo.
Joseph- Eres malo.
Dijo con un tierno puchero.
Nicolás- Estoy siendo responsable.
Joseph- ¿Tú recordarás esto?
Preguntó, mirándolo fijamente.
Nicolás- Lo dudo. Siempre que me pasó de copas olvido casi todo al día siguiente.
El omega lo miró con seriedad.
Joseph- Entonces no recordarás esto.
Se inclinó para susurrarle algo al oído. Las palabras fueron inesperadas, solo Nicolás las oyó, y acto seguido, Joseph lo besó con más decisión antes de acurrucarse contra su pecho.
Joseph- Buenas noches, lobo raro.
Ambos quedaron abrazados, mientras las últimas feromonas de Nicolás los envolvían en una falsa sensación de seguridad, ignorando las preguntas sin respuesta que les esperaban al despertar.
Al día siguiente.
Un grito desgarrador rompió la calma de la mañana.
Julieta- ¡¿Cómo se te ocurre hacerme esto?!
Su voz temblaba, una mezcla de furia y vulnerabilidad.
Erlea- ¡Espera, Julieta, déjame explicarte!
Su tono era desesperado, con los ojos abiertos como plato.
Erlea- ¡Perdóname! No pensé que te molestaría tanto.
Los gritos resonaron por el pasillo, sacudiendo a la pareja que aún dormía acurrucada.
Nicolás- ¿Qué demonios?
Murmuró, parpadeando mientras su mente intentaba procesar la situación.
Giró la cabeza y notó al Omega, todavía profundamente dormido, usando su camisa. La prenda le quedaba grande y caía por uno de sus hombros, dejando al descubierto parte de su piel.
Nicolás- Oh, no.
Trató de recordar la noche anterior, pero su mente era un agujero negro.
Joseph- ¿Qué pasa?
Gruñó somnoliento, acurrucándose más bajo la cobija.
Joseph- Es temprano, duerme.
Nicolás- Creo que es Erlea y Julieta.
Susurró preocupado, escuchando la intensidad de los gritos.
Joseph- ¿Qué?
Se sentó bruscamente, su corazón latiendo con fuerza.
Nicolás- Espero que no sea nada grave.
Se levantó de la cama, acomodándose la ropa desordenada mientras Joseph se arropaba con la cobija, aún usando su camisa.
Cuando ambos salieron de la habitación, vieron la escena que les heló la sangre.
Julieta estaba en el centro del pasillo, envuelta apresuradamente en una cobija que apenas cubría su cuerpo. Sus ojos verdes, usualmente dulces, ahora brillaban de pura ira. Lagrimillas traicioneras surcaban sus mejillas mientras retrocedía con el cuerpo tembloroso.
Julieta- ¡No te acerques a mi!
Gritó con un nudo en la garganta.
Dio media vuelta y salió corriendo por el pasillo, rumbo a las habitaciones de estudiantes, dejando tras de sí una estela de confusión.
Nicolás- ¿Qué carajos pasó aquí?
Preguntó con incredulidad.
Erlea, aún visiblemente alterada, mantenía las manos alzadas como si intentara alcanzar a Julieta, pero se detuvo, bajando lentamente los brazos mientras su rostro se cubría de remordimiento.
Erlea- Yo juro que esto es un malentendido. ¡Te lo juro!
Joseph- ¿Qué fue eso?
Preguntó en voz baja, sintiendo un escalofrío.
Nicolás- ¿Qué hiciste, Erlea?
Erlea- ¡No fue mi intención!
Dijo, ahogándose casi en sus palabras.
El pasillo quedó en un silencio tenso, mientras el eco de los pasos de Julieta desaparecía a la distancia.
Nicolás- Creo que necesitamos hablar. Y rápido.
Joseph, aún con la camisa de Nicolás, apretó la tela contra su pecho mientras sentía que las cosas estaban a punto de complicarse más de lo que esperaba.
Erlea- Juro que todo es un malentendido.
Continuará.