Rosa del désierto

Summary

Quería participar en El concurso " primavera y mitología" pero creo que aún no soy lo suficientemente buena, he decidido no participar... así que subo lo que escribí para el concurso ^^

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16+

Part única

Rosa del desierto.

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Las sagradas escrituras del Corán hablaban de unos seres, creados por Alá, antes que a los hombres. Estos maravillosos seres fueron creados a partir de un candente fuego sin humo.


"Y creamos a los Djinn antes, de fuego ardiente." (Corán 15:27)


Aquellos hermosos seres tenían la capacidad de cambiar de aspecto, viajar rápidamente largas distancias, algunos fueron llamados coloquialmente como los genios de la lámpara puesto que estos podían ser sellados en anillos, joyas y lámparas.


Las creencias hablaban de los poderosos que podían ser, de sus enormes capacidades mágicas que podrían darle el poder a aquel que consiguiera atraparles, más estos tenían libre albedrío por lo que harían de todo para escapar. Algunos de ellos eran vengativos, otros obedientes y algunos hasta se apiadaron de los seres humanos.


Dentro de la mitología Islámica hubo un solo Djinn que desobedece a su creador, Alá, puesto que esta se había negado a postrarse ante Adam ya que lo veía como un ser inferior a él.


"Yo soy mejor que él; a mí me creaste de fuego y a él de barro." (Corán 7:12)


Como castigo ante tal insolencia, Alá, desterró a Iblis del Paraíso condenando lo al infierno, pero esta pidió como último deseo que su Dios le dejase tentar a todos los humanos hasta el día del Juicio final. Alá vio aquello como una oportunidad para probar a los seres humanos por lo que le concedió aquel deseo.


Muchos Djinn siguieron a Iblis, estos se ocupaban de llevar a los humanos por el camino del pecado, crear conflictos, hacer cada maldad con la sola intención de destrozar aquella raza a la que una vez les fueron obligados a postrarse.


Estos seres se dice que custodiaban grandes tesoros por lo que les culpaban de aquellos accidentes cuando buscar de algo de valor se trataba, sean las tormentas de arena, el derrumbe de dunas, el calor intenso, de todo aquello muchos les culpaban.



El candente sol del desierto los azotaba con fuerza, el aire seco penetraba en ellos mas no era consuelo ya que el simple hecho de respirarlo les hacía sentir que respiraban llamas candentes, con cada paso deseaban que fuera el ultimo ya que el intenso calor calaba en las suelas de sus zapatos.


- ¿Son nuevos? - preguntó uno de los locales al investigador.


- Buscan un tesoro- dijo divertido- por ello me contrataron ya que no tienen ni idea de cómo sobrevivir aquí


El rubio sonreía mientras seguía caminando al campamento donde descansarían aquella noche.


En cuanto llegaron al lugar los hombres se despojaron de aquellas prendas que les protegían y se lanzaron sobre las cantimploras llenas de agua fresca.


Katsuki Bakugou, un geólogo importante, había sido contratado por una empresa irlandesa para buscar un tesoro escondido en los desiertos de Egipto. Aquellos hombres no le habían dicho de que se trataba, lo único que le habían pedido era que les ayudará en el camino junto a los nativos del lugar.


- ¿Qué es lo que buscan exactamente?


Uno de los hombres buscó entre sus cosas y le entregó un papiro antiguo donde se encontraba la imagen de un ser parecido a un humano pero cubierto de llamas.


- Mi jefe quiere una Djinn- soltó antes de volver a darle otro trago a la bebida- los genios de la lampara


Katsuki intento aguantar la risa, no podía creer que le estaban pagando millones a él y a su equipo por querer atrapar a un ser que ni siquiera existía. El no pondría pegas, al final él amaba investigar por lo que mientras aquellos locos se dedicaban a jugar el iría escribiendo en su diario sobre el desierto.


- Entiendo- le entrego el papiro y le sonrío- ¿Como piensan atraparlo?


- Con esto- dijo mostrándole un anillo- es una reliquia


Cada vez que aquellos hombres abrían la boca le hacían dudar más de su cordura, así que simplemente les cambio de tema para no tener que involucrarse más con sus locuras.


Una vez callo la noche, Katsuki, salió a caminar un poco, al ser primavera el frio de la noche no era tan intenso lo que le permitía relajarse.


- Djinn- dijo mientras veía a la luna.


- Ni las menciones- dijo un hombre mientras se le acercaba- esos asquerosos demonios solo harán más difícil el viajar.


- ¿demonio?


- Son seres malvados, nunca me he topado con ninguno bueno- dijo antes de escupir al suelo- algunos viven en las dunas, en ruinas, oasis, están por todas partes- suspiro agotado- se cree que tienen una hermosa belleza, pero eso no es más que el exterior, por dentro solo hay maldad y ansias de destruir


Después de aquella conversación, Katsuki, volvió a quedarse solo. Más de alguna vez había escuchado leyendas de miles de seres por donde iba, pero jamás se había topado con uno solo así que no creía en aquellas cosas sin sentido.


-Es absurdo- se dijo mientras se daba la vuelta.


A lo lejos unos enormes ojos esmeralda lo veían, admirando cada centímetro del cuerpo del hombre, el sonido de sus pisadas en la arena. Aquel chico llevaba un hermoso Kalasiris bordado con oro y hermosas telas finas, en sus brazos llevaba pulseras de oro, en su cabello un hermoso tocado con gemas preciosas, en su cintura cinturones de oro y esmeraldas, sin duda alguna quien lo viese lo confundiría con una hermosa mujer.


Para aquel chico no era la primera vez que veía a aquel hombre, sentía curiosidad por él, por la manera en la que trataba a la gente, a la naturaleza y a los animales.


Gracias a que se trataba de un Djinn tenía la capacidad de ocultarse del ojo humano por lo que podía observar todo lo que quisiera sin ser descubierto por aquellos hombres.


- Iblis te ha prohibido acercarse a él- escucho un susurro lejano.


Al voltearse se encontró con aquella chica, quien había llegado rápidamente, tenía la misión de vigilar al favorito de Iblis, un joven con tanta curiosidad que podría poner su vida en peligro.


- Si sigues acercándote a él, lo destruirá.


- Solo veo desde lejos- dijo cabizbajo- él me gusta


- ¿Cómo puede gustarte ese ser débil y mediocre? - soltó mirando al tipo quien volvía al campamento.


Izuku se había enamorado de un humano, de aquel tipo que veía el desierto con unos ojos brillantes, que disfrutaba de cada segundo.


Lo malo de cuando un Djinn se enamora es que el ser humano no podría encontrar una pareja ya que estos eran celosos y posesivos, podían llegar a tal punto de deshacerse del interés amoroso de la persona de la que estaban enamorados.


- ¿Cómo te enamoraste de él?


Ante aquella pregunta, Izuku se sonrojo.


Había conocido al rubio un día de verano, él andaba por el desierto, pero algo llamó su atención, había un hombre en un oasis. Curioso se acercó y vio al hombre refrescarse, sus cabellos dorados, su marcado abdomen, sus brazos fuertes, aquellos intensos ojos granate que les recordaban a los atardeceres, todo en aquel hombre era perfecto.


- Hace calor- dijo el hombre mientras comenzaba a salir del agua.


Izuku pensó en aquel instante mostrarse frente a él, enamorarlo y hacerlo suyo, no pensaba más que en él como un tipo más de los miles que había conocido hasta que vio algo que llamó su atención.


- ¿Por qué cargas con esa cosa? - le dijo otro tipo.


- Porque es una hermosa rosa del desierto- soltó el rubio mientras lo levantaba y sonreía- amo estas tierras, sus dunas, su gente


Aquello cautivo el corazón de Izuku, no se trataba de otro hombre en busca de destruir sus tierras, sino que sentía aparente interés en sus tierras.


Desde ese día él se juró permanecer al lado de aquel hombre, cuidar de él sea a donde sea que fuese.


Fue así como comenzó a seguirlo.


- Solo no le digas a Iblis- dijo mientras comenzaba a andar.



Ambos llegaron al palacio de Iblis.


- está enfadado- dijo uno de los suyos mientras veía pasar a Izuku.


Izuku le ignoró y caminó directo hacia su líder. Sabía que este había estado llamando, pero él por no perder al rubio había desobedecido sus órdenes.


- Iblis- dijo mientras se arrodillaba.


- Espero que tengas una buena excusa- dijo mirándole molesto- no quiero saber más de ese humano.


Izuku no levanto la cabeza, no podría mentirle a Iblis.


Ante aquello, Iblis, suspiro cansado. Era en momentos como esos que podría comprender a Alá, ellos podían tomar sus decisiones y por lo tanto desobedecer, no podía culparlo por aquello así que simplemente volvió a sentarse.


- Irás a una fiesta- dijo mientras lo veía - hay un gran fiel al que quiero que lo hagas caer


Los presentes sabían a que se refería, Izuku era el mejor en aquello ya que su gran belleza había hecho caer a muchos hombres y mujeres, causando así la furia del Dios al que tanto odiaba Iblis.


- Iras junto a otros compañeros, es una pequeña fiesta así que confió en que harás un gran trabajo.


- Quiero algo a cambio- dijo levantando la mirada.


- ¿Qué deseas?


-Libertad hasta que el humano al que amo muera, permíteme estar a su lado


Para ellos unos ochenta años no era nada así que acepto aquello, al final los humanos morían rápidamente y eran olvidados con la misma facilidad.


- Bien, solo cumple tu deber.


Izuku se levantó del suelo y se giró para ir a prepararse.



Por una semana no pudo ver al rubio ya que debían prepararse para asistir a aquella fiesta. Izuku escogió a sus mejores compañeros para asistir, si iba a dejar su deber por unos años quería hacer caer a cuantos más humanos pudiese.



- Son hermosos- dijo Katsuki mientras veía el atardecer y las dunas moverse.


- ¿Qué es lo bonito de esto? - pregunto uno de los hombres para los que trabajaba


Katsuki podía entender que no para todas aquellas maravillas podían ser apreciadas. Para él la naturaleza era sorprendente.


- es decir, son las mismas dunas todo el tiempo- dijo el hombre.


- no es así- dijo Katsuki mientras señalaba al hombre la duna- son estructuras deposicionales, de techo, formadas por el viento. Por más sorprendente que pueda parecer estas se mueven lentamente, el viento choca en la cara del baravento y aquellas partículas arrastradas, limos y arcillas, caen por la cara de sotavento, como una avalancha- señaló al suelo y sonrió- estos son ripples eólicos, más pequeños, pero no por ello menos impresionantes


- Es solo arena, nada sorprendente


- Aunque no lo creas en el desierto hay verdaderas maravillas geológicas- reviso uno de sus bolsillos y le enseño aquello que llevaba- una rosa del desierto


- ¿rosa? esto es una piedra inútil


Katsuki se rio de la ignorancia de aquel hombre, no podía comprender como en verdad había gente que no veía más allá de sus narices. Muchos solo quedaban encantados ante los grandes tesoros, las joyas preciosas, el gas, el petróleo, pero muy pocos podían ver aquello que la tierra contaba, la historia a gritos que narraba.


- es una joya natural


En cuanto dijo aquello al hombre se le iluminaron los ojos.


- Es una roca sedimentaria evaporítica- dijo sabiendo que el hombre no lo entendiera- se forma por medio de la evaporación del agua que contiene el yeso, se crean esas capas concéntricas al rededor del núcleo que le da al final esa forma tan característica que emula los hermosos pétalos de una rosa.


- ¿Cuál es su precio? - dijo sin prestar importancia a la explicación.


- no es cara


Al oír aquello el hombre se desilusiono y soltó aquella maravilla geológica. Ante aquello Katsuki cerro sus ojos, sin duda alguna el egoísmo e interés del hombre no le dejaría ver más haya.


- No importa- dijo recogiendo aquello que quedaba.


- Oigan, la fiesta empezara pronto- dijo alguien a lo lejos.


El jefe de aquellos hombres había decidido hacer una fiesta donde evitaría a gente importante. Aprovechando aquello había pedido conocer al equipo de Katsuki por lo que le habían invitado a la ostentosa fiesta.



Se notaba el lujo del lugar, había gente por todos lados, hermosas chicas bailando de un lado a otro, sirvientes atendiéndoles a cada uno de ellos, animales exóticos, de todo.


- ha sido bueno escoger la primavera para venir- dijo uno de los hombres sonriendo mientras pasaba al lado de Katsuki.


Katsuki salió a los jardines, estaba cansado de la música, las voces, las rías, el alcohol de toso. Mientras caminaba por los jardines admiro la belleza de aquellas plantas.


- ¿Son lirios? - dijo admirando aquellas flores.


- Te equivocas- dijo una voz- Nymphaea caerulea, o mejor conocida como loto egipcio.


- lo siento- dijo mirando a la persona que se acercaba- soy geol…


Ni siquiera pudo terminar de hablar, frente a él estaba el chico más hermoso que había visto en su vida. Tenía un cuerpo hermoso adornado con joyas preciosas. Este caminaba lentamente por lo que no pudo evitar admirar por completo aquel cuerpo, su piel bronceada, sus ojos intensos esmeralda y aquella hermosa sonrisa, tenía claro que aun si no llevase todas aquellas joyas el chico podría destacar con su belleza.


- una rosa- dijo sin apartar los ojos del rubio.


- ¿Que?


Katsuki miro su mano donde aún tenía aquella roca.


- una rosa del desierto, son hermosas


El joven se acercó a él y tomo aquella roca en sus manos, la veía con una hermosa sonrisa en los labios mientras tocaba con suavidad.


- si…


- Soy Izuku- dijo sonriendo.


- Katsuki- soltó nervioso- Katsuki Bakugou


- ¡Izuku! - grito alguien a lo lejos- date prisa.


El pecoso volvió a sonreírle al rubio y salió corriendo del lugar, llevándose la hermosa rosa del desierto con él.


Katsuki toco su pecho y se sorprendió al sentir como su corazón latía con tanta fuerza que parecía querer escaparse.


- Izuku…



Katsuki volvió a entrar a la fiesta y comenzó a buscar al joven, quería pedirle su número de contacto.


Mientras caminaba se topó con una sala donde se encontraba un grupo de jóvenes bailando frente a varios hombres y mujeres. Estos los veían de forma indecorosa, alguno hasta se había atrevido a tocarles mientras se movían.


- sal de aquí- le dijo un hombre mientras lo apartaba- es una sala privada.


Terminaron sacándolo y llevándolo a la sala principal.


- has visto a esas bellezas- dijo uno sonriendo- son tan hermosos, pero serán destrozados- soltó riendo.


Ahora tenía claro que aquellas personas solo usaron a los jóvenes de la sala para divertirse, aquello entristeció por algún motivo a Katsuki, quien había notado como aquel asqueroso hombre se relamía los labios mientras veía al pecoso bailar.



Estaban a punto de terminar con aquello, por fin podría ser libre y estar junto a la persona que amaba. Con lo que no contaba era con que aquellos hombres y mujeres habían notado su verdadera naturaleza.


- En cuanto te atrape- dijo el tipo tocando su cintura- mi primer deseo será poder usarte sin cansarme


Izuku le miro extrañado hasta que noto aquel anillo que podría encerrarlo. Miro a sus compañeros quienes al igual que él se apartaron de aquellas personas, no podían usar su magia por culpa del anillo y ahora se verían encarcelados en objetos para servir a aquellos asquerosos seres.


- Sabia que los Djinn eran hermosos, pero- tomo a Izuku del rostro- tu eres más como una Ninfa



Katsuki pensaba marcharse, no iba a soportar aquello y menos cuando no podría hacer nada.


- ¡Una tormenta de arena! - grito un hombre mientras entraba al edificio.


Al levantar la vista, Katsuki, admiro aquella enorme nube de arenas que se acercaba con furia. Lo curioso era que no era como las otras tormentas de arena que había visto, esta parecía tener unos enormes ojos inyectados en sangre.


- ¡Malditos! - se escuchó una voz.


Rápidamente la nube se arena se dispersó y ante el quedo un hombre enorme. Este se acercó a la puerta y como si de magia se tratase transformo a una persona en arena.


- ¡Iblis! - se escuchó que alguien gritaba desde arriba.


Aquel hombre desapareció frente a sus ojos y apareció en las escaleras en un solo parpadeo.


Al escuchar aquel nombre la gente comenzó a correr, se trataba ni mas ni menos del Djinn mas fuerte de todos.


El caos se desato por todo el lugar, gente tirando cosas e intentando huir.


En medio del ajetreo, Katsuki, se pregunto que seria de aquel joven por lo que subió las escaleras como pudo.


Arriba se encontró a aquel hombre indeciso mientras veía al pecoso, este ahora tenia una cadena en el cuello y miraba con tristeza la imagen de aquel ser sobre natural.


-Lo lamento…- dijo el hombre mientras veía al pecoso.


Aquel viejo asqueroso que antes lo veía con morbo, ahora le ordenaba protegerlo de aquel hombre. El pecoso intento negarse, pero aquella cadena en su cuello lo lastimo de tal forma que termino lanzando un grito de agonía al cielo.


-Ay-yudame- le rogo mientras intentaba soltarse.


-No hay manera, el ahora es tu amo y señor- soltó mientras apretaba sus puños.


El hombre sonrío al escuchar aquello, ahora tendría a merced suya aquel genio que le complacería todos sus deseos sin poner pegas, le pertenecía por completo.


Iblis maldecía a Ala en su cabeza, aquel Dios cruel creo aquel anillo para domarles y atraparlos en aquellos objetos. Ahora el chico al que tanto protegía estaba en manos de un hombre cruel que seguramente lo usaría para obtener tanto poder como quisiera.


Katsuki miraba la escena sin inmutarse, no sabía que hacer, pero tenía claro que debía apartar al joven pecoso de aquel hombre. En sus recuerdos busco la información que aquel compañero suyo le había soltado una semana antes, entonces supo que el pecoso podría cambiar de amo, que él podría liberarlo si se hacía con el objeto de que lo ataba a aquel hombre. Con la mirada busco el objeto y se percató del anillo, debía arrebatárselo de sus manos, pero no sabía cómo hacerlo hasta que se le ocurrió un plan algo absurdo, usaría su codicia para engañarlo.


-Señor- dijo entrando al lugar.


-Oh, mi geólogo- dijo sonriendo.


-Siento la interrupción, pero le traía un regalo- soltó sonriendo- si está muy ocupado volveré más tarde


Lentamente de su bolsillo saco un objeto dorado brillante.


-Pasa, ellos ya se iban- dijo mirando al hombre que ya no podía hacer nada.


Izuku lo miro a los ojos con sumo dolor, veía al amor de su vida frente a él. Ni siquiera había podido confesar su amor, tampoco pudo hablar con el más que aquella ocasión y se lamentaba profundamente de aquello.


-Oro- dijo el hombre extendiendo la mano.


Katsuki se acerco al hombre lentamente y le entrego en las manos aquello, para después alejarse y acercarse un poco a la ventana y sonreír.


- ¿Es hermoso?


-Muy hermoso- dijo el hombre sonriendo- sin duda alguna espero que te unas a mis investigadores, quiero que me traigas más de esto


El pecoso miro aquello que el hombre tenia en las manos y rápidamente se giro para ver al rubio, este se estaba colocando el anillo en la mano.


- ¿sabe cómo se llama? - dijo sonriendo Katsuki.


Al girarse, el hombre se horrorizo, miro su mano desnuda y la mano del rubio quien ahora tenia el anillo en sus manos.


-Se llama pirita- dijo mirando a algunos tipos que se el acercaban para arrebatarle aquello- el oro de los tontos.


Sin pensárselo se lanzó para atrás en el balcón. Izuku se movió rápidamente mientras soltaba un grito desgarrador, no sabía que pretendía aquel hombre hasta que noto que este había caído en la piscina y salía empapado.


-Tráemelo- ordeno el hombre mientras lanzaba aquel falso oro.


Iblis sonrío al igual que los otros Djinn, ahora aquel hombre no tenia como controlarlos y para mejorar todo, Izuku, ya no le pertenecía ahora que no poseía más el anillo.


-Es una pena- dijo Iblis- Ala te ha abandonado.



Katsuki salió de la piscina y comenzó a andar lejos, debía llevarse aquello antes de que uno de esos hombres lo detuviera y le arrebataran el anillo.


Sin pensárselo mucho se adentro en el desierto.


-tienes que estar jediéndome- dijo al ver como se acercaba una tormenta de arena.


Como pudo siguió andando, debía alejarse del lugar cuanto antes.


Mientras luchaba con mantener los ojos cerrados y cubrir su boca y nariz de la tormenta de arena, se maldijo por la decisión de aquellos hombres en hacer el viaje en primavera donde era más común que ocurriera aquel fenómeno llamado Siroco.


Sin poder evitarlo, Katsuki, cayo al suelo. No podía evitarlo más, terminaría inspirando la arena y moriría de aquella forma tan dolorosa.


-Kacchan- escucho que alguien lo llamaba.


Como si de nada se tratase, la tormenta se detuvo y Katsuki quedo mirando al cielo estrellado mientras intentaba respirar con normalidad.


-devuélvelo- dijo aquel hombre llamado Iblis mientras lo veía- dame el anillo


-no te pertenece- dijo intentando incorporarse- le pertenece a Izuku.


Izuku apareció cerca de él, lo miro nervioso a la espera de una orden.


-Esto es tuyo-le dijo mientras le entregaba el anillo- no soy como ese hombre, no me interesa el dinero ni el poder


El pecoso le sonrío y destrozo el anillo para al fin liberarse. En cuanto aquella cadena lo soltó miro al rubio y lo abrazo, ahora no sabía si podría estar con él, no sabía si Iblis lo alejaría o acabaría con el rubio porque ahora sabía demasiado, sabía dónde encontrarlos.


-Este es el hombre del que hablabas- dijo mientras se le acercaba.


Iblis miro a Izuku y supo que debía hacer, le concedería aquel deseo y además le daría un pequeño regalo.


En cuanto, Iblis, quedo frente al rubio golpeo suavemente su frente y este cayó al suelo retorciéndose de dolor. Se sujetaba la cabeza mientras veía al cielo, a medida que los segundos pasaban sus recuerdos de los últimos años regresaban solo de que ahora a recordaba a alguien que siempre estaba cerca de él, que lo veía día a día y lo había mantenido a salvo.


- ¿Qué le has hecho? -pregunto Izuku mientras se agachaba para calmar al rubio.


-solo le he otorgado el don de ver aquello que no podía


Sin decir nada más, Iblis, comenzó a caminar para irse.


-Solo tu sabes porque hice esto- dijo mientras veía al cielo- Ala.


En cuanto Katsuki se quedó quieto, miro a Izuku fijamente. Como pudo se dio la vuelta y beso aquellos labios con delicadeza.


-Siempre has sido tú, tú has estado junto a mi…



Nadie volvió a escuchar de aquellos que asistieron a la fiesta, simplemente se habló de que la furia de los Djinn cayo sobre ellos ya que el lugar donde habían organizado la fiesta fue destruido por completo, entre el fuego y la arena no había quedado nadie.


-ah, la primavera- dijo un hombre mientras comía unos dátiles- una época hermosa en nuestro querido Egipto, tormentas de arena, un mejor clima


Las risas de unos niños corriendo por el lugar llamaron la atención del hombre, al verlos no pudo evitar reírse ya que los pequeños estaban aprendiendo a cambiar sus formas.


-Siete niños- dijo el pecoso mientras se sentaba al lado del rubio- sabía que podíamos formas familias, pero por Ala, son demasiados


-Es sorprendente como cada primavera somos bendecidos- dijo mirando el abultado vientre de Izuku.


Ambos se miraron y sonrieron, se amaban con locura a tal punto que con ayuda de los dones de Izuku y mucho esfuerzo formaron aquella hermosa familia que viajaba por el mundo.


Fin.


Siento la redacción y las faltas ortográficas.