1
De nuevo estaba de regreso a esa ciudad, los recuerdos aún están y aún duelen como cuchillas clavadas en mi piel.
Los años ausentes no sirvieron para olvidarte y a quien quiero mentir aún te amo y eso sigue siendo doloroso, ¿Era lo correcto para los dos? No lo sé pero me engaño diciendo que si lo es.
Aquella ruptura me había dolido demasiado, tu presencia, tu sonrisa, tu olor, la calides de tu tacto, todo tu, lo extrañaba pero teníamos que decir adiós ¿No?.
En algún momento todo terminaría pero aún no estaba preparado para esto, para estar lejos de ti, me había acostumbrado tanto a tu compañía que me era difícil creer todo.
- Terminamos - fue lo que te dije aquel día lluvioso - Ya no puedo seguir con esto - Esas palabras salieron por si solas, no quería acabar con esto pero tenía que hacerlo.
-Sunnie... - tu voz quebrada me partía el alma y al ver tus ojos cristalizar se, me hacía sentir la pero persona del mundo.
-Channie... Ya no puedo seguir estando contigo - respiré ondo intentando no llorar, porque esto me dolía demasiado. - Yo... Ya no te amo más. - realmente no quería decir eso, no quería que todo esto estuviera pasando.
No quería hacerte daño y que sufrieras por mi culpa, al final no pude cumplir mi promesa de hacerte feliz por el resto de mi vida, quizá si tuviera el valor de preguntarte las cosas y no quedarme con la duda esto no hubiera pasado.
- Chan...no, Christopher~.... Lo siento. -Mi voz se había quebrado al verlo llorar, quería abrazarlo, quería besarlo, quería decirle que realmente no quería decir eso porque el me gustaba demasiado, pero lo único que hice fue darme la vuelta y irme de aquel lugar como un cobarde.
Ese recuerdo aún vivía en mi y no me lo iba a perdonar jamás, lastime a la persona que más amaba, solo por quedarme con la duda pero ¿Que podía hacer? Que tal si todo era verdad y yo solo era un juego para el y ¿Si solo estaba actuando y fingiendo estar herido? Bien dicen que dialogar es lo mejor para resolver un problema pero y si las palabras que salen de su bocas solo son mentiras disfrazadas de dulces palabras, ya lo había vivido una vez y no quería que se volviera a repetir.
El aire de la ciudad se sentía denso, como si cada bocanada trajera consigo los recuerdos que tanto había intentado enterrar. Caminaba por aquellas calles familiares, las mismas que habíamos recorrido juntos, y cada rincón me hablaba de ti. De nosotros. De lo que fuimos.
Era irónico regresar a este lugar después de tantos años, con la esperanza de que la distancia hubiera sanado las heridas. Pero no era así. Seguían abiertas, latentes, punzantes. Y ahora que estaba aquí, me preguntaba si el destino me había traído de vuelta para enfrentar lo que nunca quise aceptar.
Mis pasos me guiaron sin pensarlo hacia aquel café en la esquina, el mismo donde solíamos refugiarnos en los días lluviosos. Me detuve frente al ventanal empañado por el calor interior y, sin darme cuenta, mi mirada buscó entre los rostros desconocidos... hasta que lo vi.
Christopher.
El tiempo había pasado, pero seguía siendo él. Su cabello estaba un poco más largo, su postura un poco más madura, pero sus ojos... esos ojos que una vez brillaron para mí, ahora tenían un matiz distinto. Un matiz que no pude descifrar a la distancia.
Mi corazón se aceleró. Quería entrar, hablarle, decirle que lo siento, que me equivoqué, que nunca dejé de amarlo. Pero entonces, lo vi sonreír. Una sonrisa real, de esas que iluminaban su rostro. Y no era para mí.
Sentado frente a él había alguien más. No podía ver su rostro, pero eso no importaba. Christopher estaba feliz.
Mi cuerpo se tensó, y un nudo se formó en mi garganta. ¿Qué esperaba realmente al volver aquí? ¿Qué todo se detuviera en el tiempo y que él aún me estuviera esperando? Qué iluso.
Di un paso atrás, sintiendo el peso de la realidad caer sobre mí. Tal vez era el castigo que merecía. Tal vez esta era la señal de que tenía que soltarlo de una vez por todas.
Pero entonces, como si el universo jugara conmigo, Christopher levantó la mirada... y nuestros ojos se encontraron.
El tiempo pareció detenerse en ese instante. El murmullo del café, el sonido de la lluvia golpeando el cristal, todo se desvaneció en el momento en que nuestros ojos se encontraron.
Christoper dejó de sonreír. Su expresión cambió. Ya no era la misma persona que había dejado atrás aquel día lluvioso. Sus ojos, aunque aún hermosos, ya no reflejaban aquel amor que solían tener para mí.
Sentí un escalofrío recorrerme. No sabía qué hacer. ¿Sonreír? ¿Darle la vuelta y fingir que nunca pasó? Pero mis piernas no respondían. Estaba atrapado en su mirada.
Lo vi parpadear, como si no creyera que realmente estaba ahí, como si mi presencia fuera un espejismo del pasado. Su acompañante dijo algo, pero él no pareció escucharlo. Lentamente, se inclinó hacia adelante, como si estuviera decidiendo si levantarse o no.
Mi corazón latía con fuerza.
No podía quedarme ahí. No después de todo. Así que hice lo único que podía hacer: giré sobre mis talones y salí del café sin mirar atrás.
La lluvia me recibió como aquella vez. Irónico, ¿no? El universo está repitiendo la escena, pero esta vez con un final distinto. Esta vez, no había despedidas falsas ni mentiras disfrazadas de protección. Esta vez, solo quedaba el vacío de lo que pudo haber sido.
Corrí. No sabía a dónde, solo quería alejarme de esa mirada, de ese momento, de ese pasado que aún me perseguía. Pero mientras más corría, más lo sentía clavarse en mi pecho.
Y entonces, escuché mi nombre.
-¡Sunoo!
Mi cuerpo se congeló.
Esa voz. Esa maldita voz que aún me hacía estremecer.
Mi respiración se agitó, y mis manos temblaron al cerrar los ojos por un segundo. No quería girarme, no quería verlo, pero mi cuerpo traicionero se quedó inmóvil, como si una parte de mí aún anhelara escuchar su voz de cerca.
-Sunoo... -volvió a llamarme, y esta vez su tono era distinto. No había enojo ni rencor, solo algo que no pude descifrar.
Tragué saliva y me obligué a darme la vuelta lentamente. Ahí estaba él, de pie bajo la lluvia, mirándome con esa intensidad que me hacía sentir desnudo, vulnerable.
Se había levantado del café, había salido tras de mí. Su acompañante seguramente se quedó dentro, observándolo sin entender. Pero a él no pareció importarle. Solo estaba concentrado en mí.
-No puedo creer que realmente seas tú... -susurró, dando un paso adelante.
Yo no dije nada. No sabía qué decir.
-¿Vas a quedarte callado? -preguntó, con una sonrisa triste-. Después de todos estos años... ¿Ni siquiera un "hola"?
Mis labios se entreabrieron, pero nada salió. ¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Que me había arrepentido de cada palabra de aquella despedida? ¿Que lo extrañé hasta la locura? ¿Qué nunca dejé de amarlo?
No. No podía.
Así que hice lo más cobarde otra vez.
Me giré para seguir caminando.
-¡No huyas de nuevo! -Su voz fue más firme, más desesperada.
Me detuve.
-No vine a buscarte, Chris... -fue lo único que pude decir, con la voz rota.
-Pero estás aquí.
No supe cómo responderle a eso.
Él suspiró, y por un momento pensé que me dejaría ir. Que aceptaría que lo mejor era que nos convirtiéramos en dos extraños otra vez. Pero en lugar de eso, dio otro paso hacia mí, acortando la distancia.
-Dime una cosa, Sun... -su voz era un susurro ahora-. Aquella vez... cuando me dijiste que ya no me amabas... ¿Era cierto?
Mis manos se cerraron en puños. Ahí estaba la pregunta que más temía.
Si le decía la verdad, si admitía que lo amaba más que a mi propia vida, todo lo que había tratado de dejar atrás volvería con más fuerza. Pero si mentía otra vez... si volvía a lastimarlo... tal vez sería la última oportunidad para que me odiara de una vez por todas.
Respiré hondo.
Tenía que tomar una decisión.