Prólogo
Cuando te dicen que los monstruos existen, lo primero que se te viene a la cabeza es una criatura grande, de aspecto desagradable, quizás una mezcla entre un dragón y un oso, con garras que perforan en profundidad, babeantes y de rugidos ensordecedores.
O cuando te dicen que los monstruos existen, quizás vayas por una imagen más realista. Personas repugnantes, maliciosas, desagradables. Asesinos, torturadores, violadores, manipuladores. Personas que solo buscan su propio beneficio y no les importa arruinar a los demás para conseguir lo que quieren.
Pero lo cierto es que los monstruos también pueden verse delicados y frágiles, con una apariencia limpia e impecable. Pueden ser amables y bondadosos, simpáticos y carismáticos, atrayentes y confiables.
Eso hace difícil saber quiénes son los monstruos y quiénes no. Pero yo preferiría no saberlo, porque cuando lo sabes, te das cuenta de que todos a tu alrededor lo son…, y que tú también lo eres.








