Capítulo único
Jimin era una abogada exitosa, una mujer de gran empeño que había trabajado arduamente para llegar a donde estaba. Había viajado a París por negocios, con la intención de expandir su carrera y encontrar un nuevo lugar donde ejercer su profesión.
Se encontraba en su habitación de hotel, sentada frente al espejo mientras deslizaba con cuidado un poco de gloss sobre sus labios. Al terminar, se observó detenidamente. Su atuendo consistía en un top negro ajustado, una falda de cuero que abrazaba sus caderas y unos tacones altos que estilizan sus piernas. Sonrió, satisfecha con el resultado. Sabía que se veía bien.
Confiada, tomó su bolso y salió de la habitación. Se dirigió al bar del hotel, un lugar de ambiente cálido e íntimo, iluminado por luces tenues y acompañado por una suave música de jazz. Se sentó en la barra y cruzó las piernas con gracia, pidiendo un martini. Mientras daba un sorbo, sintió una mirada clavarse en ella.
Alzó la vista con sutileza y lo vio. Un hombre, sentado a pocos metros, la observaba con descaro. Alto, vestido con un traje impecable, su camisa desabrochada justo lo necesario para dejar entrever un poco de piel. Su mandíbula era fuerte, su expresión relajada pero con ese matiz de interés que delataba sus intenciones.
Ella sostuvió su mirada con un atisbo de desafío. No era una mujer que se intimidara fácilmente. En cambio, se inclinó levemente sobre la barra, dejando que su escote hiciera el trabajo. Él arqueó una ceja, divertido, y alzó su copa en un brindis silencioso. Ella sonrió y, sin romper el contacto visual, humedeció sus labios antes de dar otro sorbo.
Después de unos minutos de miradas cargadas de tensión, ella decidió tomar el control. Se levantó con elegancia, caminó hacia él con pasos lentos, cada movimiento suyo una invitación implícita. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, él se inclinó ligeramente, su aliento rozando su oído.
—¿Siempre seduces a extraños en bares? —preguntó él, su voz grave y aterciopelada.
—Solo cuando valen la pena —respondió ella con una sonrisa felina.
La electricidad entre ellos era innegable. Como si fuera la cosa más natural del mundo, él deslizó una mano por su cintura, atrayéndola hacia a él. Sus labios quedaron a milímetros de distancia.
El primer beso fue lento, exploratorio. Pero el segundo fue diferente. Sus bocas se encontraron con hambre. Sus manos recorrieron cuerpos, memorizaron curvas y formas, avivaron el fuego que ya ardía entre ellos.
—Mi habitación está arriba —murmuró él contra sus labios.
—Llévame —susurró ella sin dudar.
Sin romper el contacto, él deslizo una mano firme por su espalda y la guió fuera del bar. El ascensor fue un infierno de contención. Sus respiraciones se entremezclaban y sus cuerpos se rozaban con cada movimiento. Cuando finalmente llegaron a la habitación, entraron con prisa.
La puerta se cerró con un golpe sordo, y en el mismo instante él la empujó suavemente contra ella, atrapándola entre su cuerpo y la madera fría. Sus labios encontraron los suyos con desesperación, mordiendo, probando, saboreando. Su lengua se deslizó con maestría, arrancándole un suspiro ahogado mientras sus manos exploraban su cuerpo sin prisas, disfrutando cada centímetro de piel que lograba tocar.
Jimin entrelazó los brazos alrededor de su cuello, presionando su cuerpo contra el de él, sintiendo la dureza de sus músculos a través de la tela. Él deslizó una mano hasta su muslo, acariciando la piel expuesta antes de levantarla en un movimiento fluido. Instintivamente, ella enredó las piernas alrededor de su cintura, sintiendo el calor que se acumulaba entre ellos, el roce de su ropa volviéndose insuficiente.
Avanzaron a trompicones por la habitación, besándose entre jadeos y risas contenidas, hasta que su espalda chocó contra la pared. Su falda de cuero se había subido peligrosamente, sus dedos arañaban la tela de su camisa, y él, con una sonrisa entrecortada, deslizó los labios por su cuello, dejando un rastro ardiente con su lengua.
—Eres un problema, ¿lo sabías? —murmuró él contra su piel.
Jimin arqueó el cuello, disfrutando la sensación, y deslizó las uñas por su nuca.
—Y tú… un pecado.
Él rió suavemente antes de atraparla en otro beso profundo, sus cuerpos encajando a la perfección. Sin soltarla, la llevó hasta la cama y la dejó caer sobre las sábanas con un movimiento fluido. Se quedó de pie unos segundos, mirándola con una mezcla de deseo y admiración.
Ella sonrió con un brillo travieso en los ojos y se incorporó lentamente, deslizando sus dedos por los botones de su camisa.
—¿Vas a quedarte ahí parado toda la noche o vas a hacer algo al respecto?
No necesitó más provocación. En un segundo, él estaba sobre ella, devorando sus labios, recorriéndola con ansias. La tela comenzó a desaparecer entre susurros y gemidos entrecortados, dejando que la piel hablara el lenguaje que ninguno de los dos necesitaba pronunciar.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó ella en un jadeo, provocando que él la mirara incrédulo.
—Jungkook —respondió con voz profunda y grave—. Quiero que lo susurres cuando te haga rogar por más.
Un escalofrío recorrió la espalda de Jimin antes de que ella se mordiera el labio.
Él bajó sus labios por su cuello, mordiendo y chupando, dejando rastros de besos por su piel hasta descender por su abdomen
Un jadeo ahogado escapó de ella cuando Jungkook frotó su nariz contra la fina tela de sus bragas.
—Tienes un olor delicioso —murmuró, deslizándolas lentamente hacia abajo, dejando su feminidad expuesta—. Joder, quieres matarme…
Sin previo aviso, rozó su centro con la yema de los dedos antes de hundir uno en su interior.
Jimin ahogó un gemido, aferrándose a su saco con fuerza, sus caderas moviéndose instintivamente en busca de más fricción. Pero Jungkook no tenía intención de complacerla tan rápido.
—Tan desesperada... —susurró con una sonrisa ladeada, sacando el dedo y llevándolo a su boca para probarla—. Sabes jodidamente bien, dulzura.
Antes de que pudiera reaccionar, le levantó una pierna y la acomodó sobre su hombro. Jimin apenas pudo respirar antes de sentir el calor de su lengua deslizándose entre sus pliegues, lamiendo con avidez, succionando su clítoris con precisión.
—Joder, Jungkook —jadeó ella, sus dedos enterrándose en su cabello oscuro, tironeando con desesperación.
Él respondió con un gruñido gutural antes de hundir su lengua dentro de ella, moviéndose con un ritmo que la hizo temblar. La presión se acumuló rápidamente en su vientre, sus piernas comenzaron a temblar bajo la intensidad de su atención.
—Voy a… mierda, me voy a correr…
Jungkook la sujetó con fuerza cuando su cuerpo se arqueó contra su boca. Su orgasmo explotó en ondas que la hicieron gritar su nombre. Pero no se detuvo, siguió lamiendo, devorándola, alargando su placer hasta que ella tuvo que empujarlo con un gemido suplicante.
Él se incorporó con una sonrisa satisfecha, limpiándose los labios con el pulgar antes de besarla de nuevo, permitiéndole saborear su propia esencia en su boca. Jimin sintió el deseo encenderse de nuevo en su interior, especialmente cuando notó la dureza de su erección presionando su vientre.
—Te quiero dentro de mí, ahora —exigió contra sus labios.
—No tienes que pedírmelo dos veces, preciosa.
Sin apartarse, Jungkook se deshizo de sus pantalones y boxers con rapidez, liberando su erección gruesa y pulsante. Jimin se humedeció los labios al verlo, su deseo aumentando con solo imaginarlo dentro de ella.
Él la levantó con facilidad, alineando la punta de su miembro con su entrada, rozándola apenas para provocarla. Ella se removió con frustración, intentando empalarse en él, pero Jungkook sujetó sus caderas con firmeza.
—Dime qué quieres, Jimin.
—Te quiero dentro de mí, ahora. Fóllame, Jungkook.
Esas fueron las únicas palabras que necesitó. De un solo movimiento, la penetró por completo, haciéndola arquearse y gemir de placer. Se tomó un instante para disfrutar la calidez ajustada de su interior antes de comenzar a moverse, al principio lento, saboreando cada centímetro de su estrechez. Pero cuando ella clavó las uñas en su espalda y gimoteó pidiéndole más, perdió el control.
Sujetó sus caderas con fuerza y comenzó a embestirla sin piedad, cada movimiento haciendo que su cuerpo se sacudiera contra la puerta. El sonido de sus cuerpos chocando llenó la habitación, acompañado de los jadeos ahogados de ella y los gruñidos bajos de él.
—Mierda, eres tan apretada —murmuró contra su cuello, mordiendo la piel suave antes de lamerla en un gesto de reparación.
Jimin sintió el placer intensificarse con cada estocada, el roce de su clítoris contra su pelvis enviando ondas eléctricas por su cuerpo. Su orgasmo se acercaba rápido, y por la forma en que los movimientos de Jungkook se volvían más erráticos, supo que él también estaba al borde.
—Córrete para mí, muñeca —ordenó con voz ronca de placer.
Y ella lo hizo. Su cuerpo se tensó y explotó en un clímax devastador, gritando su nombre mientras sus paredes se cerraban con fuerza alrededor de él, arrastrándolo consigo. Jungkook gruñó y se corrió profundamente dentro de ella, llenándola con su calor antes de apoyarse contra la puerta, recuperando el aliento.
Por un momento, ambos quedaron en silencio, sus cuerpos aún temblando con el eco del placer. Jungkook deslizó el rostro por su cuello, besándola con suavidad, en un contraste total con la intensidad de hace unos segundos.
—Eso fue jodidamente increíble —murmuró él, sonriendo contra su piel.
Jimin soltó una risa entrecortada.
—¿Listo para otra ronda?
Jungkook alzó una ceja antes de alzarla en brazos.
—Muñeca, apenas estamos empezando.









Me encantó
Dios mío