Prólogo
— ¿Quieres jugar? — Preguntó el chico entrando a aquella pequeña habitación.
— No, porfavor. — Pidió mientras se levantaba de su escritorio, enfrascarse a sí mismo en hacer la tarea era lo único que deseaba por ese momento.
— Vamos pequeño. — Se acercó y lo tomó de la cintura con un agarre firme y lascivo. — Es muy divertido.
— No me gusta. — Se removió ante el indeseable toque de su mayor buscando zafarse, inutil.
— Claro que sí. — Lo empujó hasta llevarlo a la cama sentándose a horcajadas sobre él.
El niño pataleaba pero no pudo zafarse. Una lágrima se formó en su ojo cuando le quitó la camisa, anticipando lo que vendría después.
— Por favor. — Susurró a modo de súplica. — Para, por favor.
— Shhh...— Le chistó entre dientes. — Callate.
El mayor se quitó sus propias prendas superiores para después pasar con las del niño hasta dejarlo en completa desnudez. Se bajó los pantalones dejando en libertad su erección. Obligó al niño a girar se sobre su vientre elevando sus caderas mientras le tiraba fuertemente por los cabellos para tenerlo bien pegado a la cama.
— ¿Listo pequeño? — Ronroneó asquerosamente contra su oído.
— Por favor, no. — Lloriqueó sorbiendo por la nariz. — Me duele.
— Shhh. — Jaló enérgicamente sus cabellos haciéndole daño. — Ni se te ocurra gritar.
El niño aguantó la respiración. Apretó con fuerza los ojos cuando sintió la humedad entre sus nalgas. Entonces todo su interior dolió cuando fue penetrado de una embestida. Las lágrimas corrieron por sus pálidas mejillas.