A Salvo Con El Alfa Min Won/Meanie by Juju💤 at Inkitt
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A salvo con el Alfa - MinWon/Meanie

Summary

Wonwoo, primo Omega del líder de la manada, se había encerrado dentro de sí mismo. Abandonado y solo, el cachorro que llevaba en su vientre necesitaba un santuario. No hay mucho que el Alfa Seungcheol pudiera hacer acerca de la situación de Wonwoo, salvo ayudándole a reventarle la cabeza y hacerle pagar al bastardo responsable. Y (mientras que él está lejos) el joven Omega se encuentra a salvo en manos de Mingyu, un Alfa viudo que le había dado la espalda al resto del mundo. Mingyu es todo lo que necesita Wonwoo, y él es más de lo que Mingyu pensó que volvería a tener alguna vez, pero nada bueno se obtiene respetando las reglas del juego.

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 01

Mingyu

Los aullidos de los lobos se escucharon en la noche, tan fuerte que hicieron resonar el aire, y casi le cuestan a Mingyu su pierna derecha.

Se las arregló (apenas) para hacer oscilar el hacha ampliamente y desviar la hoja en el costado de su granero astillándolo con el golpe. El golpe resonó a través de su antebrazo e hizo hormiguear su piel.

Mingyu fulminó con la mirada primero el hacha y luego a la fuente del alboroto. Los que causaban tanto revuelo tenían que ser ejecutores de la manada del Lago Wasp.

¡Ejecutores, ja! Un nombre muy bueno y elegante para un grupo de matones que aplicaban la ley como mejor les convenía. Ellos no eran tan malos cuando sólo había uno o dos, pero con tres o más actuaban como mafiosos dementes.

De vez en cuando trataban de reclutar a Mingyu. A ellos les gustaba su tamaño, su estado alfa y su estoicismo. Hubiera sido mejor que se ahorraran el aliento.

No quería tener nada que ver con ellos. Ni con cualquier lobo, y por buenas razones. Vivía en el mismo borde de los límites de la manada, y se mantenía aislado. Sus problemas no eran de su incumbencia.

Aún así, a menos que se metiera algodón en las orejas no podía dejar de oír a los lobos aullar y ladrar, y aunque no estaba en forma de lobo podía entender su mensaje.

¡Cazar! ¡Oler! ¿Oler aquí? ¿Oler allí?

Ningún olor aquí. Lo queremos, lo queremos. ¿Por el sendero del lago?

Debo encontrarlo, debo encontrarlo. Huele bien, lo quiero.

¡Lo quiero, lo quiero, sí! Atrápenlo.

Mingyu rodó los ojos. Por lo tanto pensaban acoplarse, y tenían un Omega en su punto de mira. Demasiado malo para el Omega, pero quien quiera que fuese, parecía lo suficientemente inteligente como para conducir a los ejecutores en una persecución difícil.

Buena suerte.

Se encogió de hombros, sabiendo que pasarían a través de su tierra y se alejarían pronto. Frunció el ceño mirando el hacha hundida en el muro de su granja. Tirando, liberarla fue relativamente fácil, pero el agujero que dejó atrás sería una mierda repararlo. Miró las astillas con una burla sombría, preguntándose si el Alfa oiría una demanda de restitución. El nuevo Alfa de la manada, era un hombre joven y supuestamente justo.

Tal vez era así. Pero lo creería cuando lo viera.

Dejó caer su hacha en el tajo para dejarla fuera del camino de forma segura. Al igual que el muro de la granja, cedió con demasiada facilidad.

Él no había construido ni la cabaña ni el granero. Se los había comprado a un Alfa que se fue hacia el norte para unirse a una manada de Barrow. Debe haber estado bien en su momento. Bien cuidada.

Lamentablemente. Él no era un hombre o lobo que pudiera cuidar nada.

¿Cómo podría, cuando su corazón había muerto el día que su compañero y sus crías lo hicieron?

Podría ser mejor derribar el granero y construirlo de nuevo, decidió después de frotarse reflexivamente por un momento el mentón. De todos modos no tenía necesidad de una dependencia grande, ya que no tenía cabras o vacas, y si se deshacía del establo entonces podría derribar las hierbas que crecían densamente alrededor. Alguien alguna vez debía haber puesto una gran cantidad de atención en ese jardín, aunque su elección de siembra siempre lo desconcertaba. Lavanda, albahaca, limón, romero y una menta, que asfixia a todo lo demás casi hasta la muerte.

Le dio una patada descuidada a la menta, y esta liberó una nube cegadora de olor hacia su nariz, luego, se detuvo en seco por la sorpresa.

Él no habría sido sorprendido por cualquier cosa que echara raíces allí, pero la última vez que había comprobado no había tenido ningún Omega creciendo en su jardín.

Mingyu miró de nuevo, pero sus ojos no le habían engañado. Un Omega estaba escondido en el corazón de la maraña de menta, agazapado y listo para saltar en una fracción de segundo.

Se congeló cuando Mingyu lo miró, sus ojos azules muy abiertos con alarma detrás de la maraña de cabellos castaños que caía sobre su rostro. Él estaba casi desnudo, vestido con harapos que apenas cubrían su dignidad.

Mingyu se sonrojó y apartó la mirada, pero la cara se quedó gravada en su mente, tentándole hasta que miró hacia atrás. La menta ahogaba cualquier indicio del aroma del Omega, pero por la delicada y dulce mirada del joven, no podía ser otra cosa.

Dos y dos se reunieron en la cabeza de Mingyu.

—Así que, ¿tú eres al que están cazando, hmm?

El Omega se llevó un dedo a los labios y le dio una mirada suplicante. Había sido bastante inteligente como para esconderse en la menta. Mingyu no había olido nada.

No era su problema. Todavía… Levantó un hombro y se giró, de vuelta al establo.

Una buena cosa ya que segundos más tarde, uno de los ejecutores derrapó en su patio, casi tirándose por accidente sobre el hacha, antes de detenerse y cambiar a su forma de hombre. Estornudó poderosamente una vez que le llegó el olor hediondo de la menta y se frotó con irritación su rostro.

—¿Has visto a un Omega por aquí?

Mingyu dio al ejecutor una mirada de lado y liberó su hacha del tajo.

Para darle crédito, el ejecutor tenía bolas. Dio un paso atrás al ver el hacha, pero no metió la cola entre las piernas y salió corriendo.

—¿Bien? ¿Lo viste?

Mingyu eligió un pedazo fuerte de madera y lo acomodó sobre el tajo, luego de dividirlo limpiamente por la mitad respondió.

—No.

—Él es el primo del líder de la manada —el ejecutor continuó, ya sea porque era valiente, estúpido o ambos.— El Alfa fue llamado por una disputa de territorio, y se fue al menos durante la noche. El primo ya debería haber llegado, pero no se presentó en el punto de encuentro y nadie lo vio.

Mingyu se mofó en voz baja. Él eligió otro pedazo de leña y lo acomodó.

—¿Eso es lo que pasó? —Levantó el brazo, apuntó.— No sé acerca de este Omega. Pero si se tratara de mí, probablemente correría muy lejos de todo el que me quiera atrapar.

Bajó el brazo golpeando justo en el medio con su hacha.

La cara del ejecutor se puso pálida como un fantasma.

—Ok, hombre. Simplemente avísanos si lo ves.

Mingyu levantó el hacha en lo que podría haber sido un gesto de acuerdo o de advertencia. No le importaba mucho cómo interpretara el movimiento, siempre y cuando su piel sarnosa se moviera fuera de su propiedad.

Observó severamente complacido como el ejecutor hizo precisamente eso.

Muy muy rápido, demasiado. Apiló leña mientras esperaba para estar seguro de que toda la banda estaba bien lejos, y no hacer un movimiento hacia la menta antes de tiempo.

Luego se fue hacia el parche de jardín descuidado y separó las malas hierbas con las dos manos mirando con el ceño fruncido al Omega escondido allí.

El Omega le sonrió.

—Gracias. ¿Te importaría darme una mano?

—No necesito tu gratitud —se quejó Mingyu, mientras se quitó el abrigo y se lo dio al Omega.— Cúbrete. —Esperó hasta que lo hizo antes de tomar la mano del Omega y ayudarlo a ponerse de pie. Buen Dios Todopoderoso, era pesado para ser una cosa tan pequeña. Él… A medida que el Omega se puso en pie, Mingyu vio la razón. No era de extrañar que fuera pesado, con un vientre como ese. No sólo era un Omega, no sólo era bonito… No, no bonito. Hermoso, más bien, precioso de una manera que Mingyu había pensado que había olvidado cómo reconocer, de una manera que envió un golpe de hambre a través de su cuerpo.

Hermoso, sin aparearse y embarazado como el infierno.

Y escondido en su menta. Mingyu soltó la mano del Omega como si le hubiera quemado.

—¿A qué diablos estás jugando?

[...]

Wonwoo

—¿Qué estoy haciendo? Esa es la pregunta del millón. —Wonwoo se apretó con ambos puños la cintura para aliviar la tensión en la base de su columna vertebral. Oh, así está mejor. No se dio cuenta antes de quedar embarazado de cómo el peso en la parte de adelante se transferiría a sus huesos y todavía faltaban tres meses para el parto.

El lobo Alfa que lo había salvado se quedó como si le hubieran clavado los pies en el suelo.

Tiene aspecto lúgubre, que pena. Tiene el tipo de cara que podría ser guapo si supiera cómo sonreír.

Por supuesto, eso podría ser circunstancial. Wonwoo inclinó la cabeza hacia un lado, observándolo. El Alfa había fijado la mirada en el vientre de Wonwoo como lo haría un experto en municiones frente a un paquete sospechoso que recibió por correo.

Decidió no hablar de eso. Su sentido del humor siempre había sido un poco desubicado, y había aprendido cuándo mantener sus observaciones para sí mismo, aunque se negaba a dejar de pensar en ellas. Si no fuera capaz de reír, a veces no sería capaz de hacer nada más que llorar.

De todos modos, no era un nuevo tipo de reacción. Desde que el embarazo se había comenzado a mostrar, había conseguido un montón de eso. Frente a un cachorro en el horno, los Alfas tendían ya sea a apretar la boca con terror o se les hacía agua mientras lo miraban como un filete poco hecho.

—Es una buena pregunta —dijo el Alfa con brusquedad. — Que no respondiste.

—No lo hice. —Wonwoo trató de tocarse discretamente los ojos que escocían por la sobreexposición a la menta. —¿Te importa si salgo y me uno a ti? ¿Cuál es tu nombre?

El Alfa arrugó la nariz, pero dio a regañadientes tres pasos hacia atrás para darle lugar. Lo observó con atención hasta que se liberó y luego gruñó.

—Mingyu.

—Un hombre de pocas palabras, ¿verdad Mingyu? —le tendió una mano.— Soy Wonwoo. El primo del líder de la manada, por si te lo preguntabas, el mismo que esos matones estaban persiguiendo.

—Lo supuse. —Mingyu le frunció el ceño, pero finalmente, la tomó.

La mano era tan grande que la suya desapareció dentro, pero firme, cálida y áspera por el trabajo duro. La aprobó pero su espalda no lo hizo, sobre todo después de la corrida que los ejecutores le habían dado. Se amasó la base de la columna a través de la chaqueta de franela y miró a su alrededor.

Parecía que el único lugar para sentarse era el tajo, lo que le pareció solo un poco demasiado irónico, pero los mendigos no podían ser exigentes. El señaló.

—¿Te importa?

Mingyu volvió a gruñir, pero dio un paso fuera del camino. Supuso que significaba que no le molestaba. O tal vez sí, pero al menos le permitía de todos modos sentarse por ahora.

No era un mal asiento, en realidad. Casi cómodo. Y visto de cerca, Mingyu tenía una cara más agradable que lo que su ceño fruncido le hacía parecer a primera vista. Pómulos angulosos, preciosa mandíbula firme.

Algo sobre los ojos sugería que podía ser bueno, si alguien le enseñaba. Algo caliente... y atractivo. Sí, atractivo.

El impulso de hacerlo sonreír venció su mejor juicio.

—¿Quieres toda la historia, o simplemente la versión resumida?

Casi consiguió lo que había estado buscando. Sólo un tirón en la esquina de la boca de Mingyu antes de que apretara los labios.

—Solo los hechos.

—Es bastante simple. —Wonwoo volvió ambas palmas hacia arriba. —Mi manada está a las afueras de Whittier. Cuando entré en calor elegí un Alfa que dijo todo lo correcto, “era encantador” pero hizo todas las cosas malas. Me prometió que se casaría conmigo si me quedaba embarazado, y yo le creí. Aunque no debería haberlo hecho. Así que aquí estoy.

La boca de Mingyu se movió de nuevo.

—Sobre eso.

Wonwoo intentó desenredarse el pelo, se sentía como si hubiera explotado en un halo de rizos enredados que apestaban a menta.

—Eso es un poco más complicado. Mi primo envió a ese grupo de idiotas para que me acompañaran de vuelta aquí, pero sus hormonas se hicieron cargo. — Apoyó la barbilla en la mano con tristeza, esto había ocurrido en Whittier, también, más de una vez.— Los esquivé, y tuve la suerte de encontrar tu jardín.

—Peligroso.

—Valió la pena. —Wonwoo puso una mano protectora sobre su vientre.

Podría estar solo en este embarazo, pero quería a este cachorro. Él no había elegido su Alfa en Whittier por un capricho. Desde que había descubierto que era un Omega había anhelado tener bebés propios para amar y cuidar. A los veintitrés años, había estado tan cansado de esperar que hizo que suceda.

Pase lo que pase, sin importar qué, nunca “nunca” podría lamentar tener el cachorro.

—¿Crees que se fueron?

—Creo que hueles como un frasco de crema mentolada para masajes en el pecho. Incluso si no se fueron, van a correr para otro lado si toman una bocanada de tu olor si se acercan.

Sorprendido, Wonwoo se rió en voz alta y estuvo encantado de ver aflorar brevemente la contracción de una sonrisa real en Mingyu. Hizo maravillas en su rostro. No sabía qué, pero lo que fuera parecía tirar de Wonwoo hacia él. Para hacer que...

Lo deseara.

Oh. Wonwoo se sorprendió. No había sentido deseo en meses, no desde su último ciclo de calor y considerando todas las cosas, había sido algo bueno. Había pensado que tal vez no tendría interés en nada por debajo de la cintura hasta después de haber dado a luz. ¿Pero esto? Oh, esto era diferente. El calor a fuego lento encendió dentro de él haciéndole cosquillas en sus terminaciones nerviosas y despertándolas de su largo sueño. Se estremeció porque su piel de repente se puso demasiado sensible.

Apretó los muslos juntos para aliviar la necesidad de fricción y devolvió la mirada severa de Mingyu con una franca. No podía oler nada más que la menta, pero vio con fascinación que las pupilas de Mingyu se dilataban. Él también lo sentía.

—¿Qué hay de ti? —Preguntó Wonwoo.— ¿Por qué eres diferente?

La mirada de Mingyu se hizo más severa.

—¿Estás bien?

La vergüenza calentó la cara de Wonwoo. Por todos los cielos. Un Alfa es la última cosa que necesita en este momento.

—¿Yo? —Dijo fingiendo sorpresa.— Bien. —Se impulsó sobre sus pies, pero demasiado rápidamente. El peso extra al frente le hizo perder el equilibrio y tropezar.

—¡Cuidado! —Mingyu tenía buenos reflejos y lo atrapó antes de que cayera, tomándolo del codo.

Como tuvo problemas para mantener el equilibrio, lo único que encontró para apoyarse fue el torso sólido de Mingyu. Tragó un gemido al sentir los músculos duros como una piedra. Su calor irradió a través del cuerpo de Wonwoo, apretar sus piernas juntas contra la excitación apenas lo ayudó.

Mingyu se quedó mirándolo fijamente con sus ojos oscuros y lo suficientemente profundos para ahogarse en ellos.

—Gracias —dijo cuando pudo confiar en sí mismo para hablar. La necesidad de tocarlo era más de lo que podía soportar, y tuvo que obligarse a continuar.— ¿Me puedes orientar hacia la hacienda de mi primo? Dijo que no sería mucho más allá del antiguo granero cubierto, que supongo que es este.

Para su sorpresa, el ceño fruncido de Mingyu tomó un nuevo ángulo. Dio un paso atrás, se metió las manos en los bolsillos, y sacudió la cabeza.

Wonwoo perdió su calor de forma inmediata.

—¿Dije algo equivocado?

—No lejos, no significa lo mismo aquí que en las ciudades más grandes —dijo Mingyu.— Son unas buenas diez millas de distancia.

—Oh, no. —El corazón de Wonwoo se hundió.

Ya se estaba haciendo de noche y los ejecutores estaban todavía por ahí. Ellos podrían no desanimarse por la menta si lo encontraban. Se envolvió con sus brazos de manera protectora y luego se mordió el labio. Si corría por todo lo que valía la pena, entonces tal vez... No. Nunca lo lograría.

Wonwoo se pasó la mano por el pelo cuidadosamente. Sólo había una cosa que podía hacer, y esperaba que no acabara volviéndose en su contra.

—Santuario —dijo Wonwoo, plantando las manos en las caderas. Un Alfa no podía negarle un refugio seguro a un Omega si se lo pedía.— Yo reclamo santuario.

Mingyu gruñó bajo en su garganta.

—Tenía miedo de que dijeras eso.

—¿Es un sí? —Wonwoo pensó que vio destellos reacios -muy reacios- de admiración en el Alfa por su valentía.

—Sí, ya que preguntaste tan amablemente. Pero sólo hasta que venga el Alfa. ¿Entiendes?

—De acuerdo —dijo Wonwoo, estirando su mano.— Estrecha mi mano y tenemos un trato.

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