Chapter 1
El sonido de las botas resonó en el mármol pulido de la mansión mientras los hombres armados se desplegaban con precisión. La presencia de Jeon Jungkook lo llenaba todo, como una sombra que se cernía sobre su presa. Caminó con paso firme, con la seguridad de quien viene a reclamar lo que es suyo.
Min Yoongi lo esperaba al final del pasillo, el ceño fruncido, los puños crispados. Sabía que este momento llegaría, pero no esperaba que lo hiciera de manera tan brutal.
—¡Jeon, qué demonios estás haciendo! —rugió Yoongi, avanzando un paso, aunque su voz delataba el miedo que trataba de ocultar.
Jungkook sonrió con desdén, inclinando apenas la cabeza.
—Vengo a recibir lo que me pertenece, Suga. Como tú no lo entregaste, he tenido que venir a buscarlo yo. ¿No crees que es justo?
El tono sarcástico hizo que Yoongi sintiera un escalofrío recorrer su espalda.
—Jeon, no puedo dártelo. Es imposible. Pídeme cualquier otra cosa, lo que quieras, pero no él.
Jungkook soltó una risa seca, condescendiente.
—Shh... —llevó un dedo a sus propios labios antes de continuar—. Esa noche tú apostaste, Min. Apostaste lo que más amas, a tu propio esposo, y yo gané. Ahora entrégamelo.
Yoongi negó con la cabeza, su garganta cerrándose de angustia.
—No lo haré. Él no sabe nada... no puedo hacerle esto. Pídeme otra cosa.
Pero Jungkook no estaba interesado en negociar.
—¡No! —su voz retumbó por los pasillos—. Lo quiero a él. Porque sé que llevándomelo te haré pedazos.
Los hombres de Jungkook se dispersaron por la mansión en busca de su premio. Min Yoongi solo pudo observar impotente cómo todo se desmoronaba.
Un grito desgarrador rompió el aire.
—¡Suéltenme, maldita sea! ¡Esto les costará la vida! —gritó Park Jimin, forcejeando mientras dos hombres lo sujetaban con fuerza.
—¡Déjenlo ir! —ordenó Yoongi, pero su voz ya no tenía el poder de antes.
Jungkook caminó con calma hasta Jimin, acercándose peligrosamente a su rostro. Aspiró su aroma con una sonrisa satisfecha.
—Qué delicioso hueles... —murmuró, saboreando su reacción—. Ahora, despídete de tu marido.
Jimin lo miró con el pánico reflejado en sus ojos.
—¿Qué...? ¿Qué está pasando? Suga, ayúdame. —Su voz se quebró, las lágrimas acumulándose en sus ojos.
Pero Yoongi no respondió. Permaneció en silencio, clavado en el suelo como si el peso de sus acciones le impidiera moverse.
Jungkook lo observó con burla antes de volver su atención a Jimin.
—Ven, bombón. Te lo explicaré. Tu querido esposo hizo una apuesta conmigo... y el premio eras tú. Ahora que él perdió, vengo a cobrar lo que es mío.
Jimin sintió un nudo en el estómago.
—No puedes hacer esto... él es más fuerte que tú.
—Déjame corregirte. —Jungkook inclinó la cabeza con un brillo peligroso en los ojos—. Soy más fuerte que él. Tanto, que incluso firmó un contrato cuando hizo la apuesta. Así que no hay nada que puedas hacer.
—¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! —La traición en su voz era un puñal para Yoongi.
—Basta de drama. —Jungkook chasqueó los dedos con impaciencia—. Subanlo a la camioneta.
Los hombres obedecieron de inmediato, arrastrando a Jimin mientras este pataleaba y gritaba desesperado.
Yoongi cayó de rodillas, un rugido de frustración escapando de sus labios.
—¿Por qué? ¡Maldita sea, por qué!
Jungkook lo miró desde lo alto, con una sonrisa cruel.
—Por imbécil, Suga. Esto te servirá de lección. Nunca más te atrevas a retarme.
Y con eso, se dio la vuelta, dejando tras de sí el eco de su victoria... y la destrucción de Min Yoongi.