Capítulo 1: La Misma Rutina, el Mismo Vacío
06:30 AM - Despertar
El sol matutino filtraba su luz dorada a través de las cortinas de la pequeña habitación de Némesis. El sonido del despertador vibró en la mesita de noche, arrancándola de un sueño que ya se desvanecía entre sus dedos. Siempre el mismo sueño. Con un suspiro pesado, alargó la mano para apagarlo antes de incorporarse en la cama. Su vida podía ser monótona, pero cada amanecer era un desafío, una oportunidad para superarse.
06:45 AM - Ducha y preparación
El pequeño apartamento olía a limpio y a soledad. Las pocas fotos en la repisa mostraban a una niña de ojos azul claro en hogares de acogida distintos, siempre con la misma sonrisa forjada en resiliencia. Se dirigió al baño, donde el vapor de la ducha empañó el espejo. Su reflejo —cabello rubio casi blanco, ojos azul claro y una expresión serena— le devolvía la mirada de alguien que había aprendido a no necesitar a nadie. Se recogió su largo cabello en una coleta alta y se vistió con ropa deportiva.
07:30 AM - Entrenamiento en el dojo
Su rutina comenzaba con una sesión de entrenamiento en el dojo, donde la madera encerada y el sonido rítmico de los golpes contra los sacos de arena eran su única compañía. Los golpes de Némesis contra el saco de arena resonaban como metrónomo de su propia existencia. Control. Precisión. Silencio.
—Tu técnica es impecable, pero luchas como si el enemigo estuviera dentro de ti —dijo su sensei, el viejo Masaru, mientras la observaba con mirada penetrante.
Ella esbozó una sonrisa sin humor. ¿Y si lo estaba? Tal vez tenía razón.
09:00 AM - Desayuno rápido y traslado a la universidad
No solo era una luchadora nata, sino que también tenía una mente brillante. Gracias a su inteligencia excepcional, había obtenido una beca para estudiar ingeniería en una de las mejores universidades de la ciudad. Tras una comida rápida, salió rumbo a la universidad
09:45 AM - Universidad
La universidad era un mundo de hormigón y murmullos. Entre ecuaciones diferenciales y proyectos de robótica, Némesis era una silueta elegante que cruzaba pasillos sin detenerse. Sus profesores la respetaban por su dedicación, y sus compañeros la veían como alguien inalcanzable. Los susurros la seguían:
—¿Viste su último algoritmo? Parece escrito en otro idioma.
—Dicen que la beca se la dieron después de derrotar al campeón regional de kárate.
Némesis ajustó la correa de su mochila, ignorando los comentarios. Su verdadero récord era otro: cuatro hogares de acogida, tres intentos de fuga, y esa en la azotea del orfanato donde juró que jamás necesitaría a nadie. Por ello, nunca sintió la necesidad de hacer amigos. Solo podía contar consigo misma.
03:30 PM - Inicio del turno en la cafetería
Por las tardes, trabajaba en una cafetería del centro, un pequeño local acogedor impregnado con el aroma de café recién hecho y el murmullo incesante de los clientes. No era su sueño, pero le proporcionaba estabilidad. O al menos eso intentaba convencerse.
Su compañera de turno intentaba, sin éxito, arrancarla de su rutina:
—Deberías venir al karaoke. ¡Tu cara de pocos amigos asustaría hasta a los Teletubbies! —bromeó, colocando un cupcake con una vela frente a ella—. Cumples 18 años y ni siquiera lo celebras.
Némesis apartó el postre con suavidad. Los cumpleaños eran solo recordatorios de que nunca hubo alguien para celebrarlos con ella.
08:30 PM - Últimas horas en la cafetería
—Némesis, atiende la mesa tres —pidió Clara, con su eterna sonrisa y energía inagotable.
Asintió y tomó la libreta, acercándose a la mesa donde un hombre hojeaba distraídamente un libro. Su rutina transcurría entre servir café, tomar pedidos y limpiar mesas, perdiéndose en la mecánica repetitiva de los movimientos que realizaba todos los días. Sin embargo, a veces, en breves destellos de desconexión, su mente se alejaba de la realidad. Como si algo en su interior estuviera en espera, expectante, aguardando por algo que nunca llegaba.
Esa sensación de extrañeza la acompañaba desde niña. Había noches en las que soñaba con un vasto océano que no conocía, con criaturas majestuosas deslizándose en un cielo que no era el de la Tierra. Al despertar, el sentimiento de pérdida la envolvía, pero nunca lograba recordar lo suficiente como para entenderlo.
10:45 PM - Camino a casa
Al salir del trabajo, caminó por las calles iluminadas por la tenue luz del atardecer. Su ciudad era bulliciosa, pero ella siempre se sentía como una pieza ajena en el engranaje de su mundo. Tal vez esa sensación de no encajar tenía su origen en su infancia solitaria, o tal vez era algo más profundo.
11:30 PM - Acostarse
Aquella noche, al acostarse, el presentimiento era más fuerte que de costumbre. Algo se acercaba. Algo que cambiaría su vida para siempre.
Hora desconocida - Sueño Profundo
Afuera las sombras se movían en la ciudad. Ojos invisibles la observaban, esperando el momento indicado. Némesis aún no lo sabía, pero su vida que había sido un ciclo predecible de amaneceres y atardeceres estaba a punto de romperse en mil pedazos. Y el reloj del destino ya había comenzado a girar. Hasta esa noche. Hasta que el viento dejó de susurrar y comenzó a gritar.