1. Recuerdos
El día soleado era perfecto para pasear por el lugar, el canto de los pájaros daba un ambiente cálido y armonioso. Una pareja caminaba por el lugar tomados de la mano, ninguno hablaba solo disfrutaban de la compañía del otro hasta que se detuvieron frente a un lago para observar a los patos que nadaban tranquilamente.
El silencio que habían mantenido desde que llegaron se rompió por la voz del chico que con una sonrisa vio directo a los ojos de su pareja.
- Te amo, tal vez deberíamos de pensar en la idea de mudarnos juntos.
La chica sonrió en grande y abrazo por los hombros a su pareja mientras este la sostenía de la cintura.
- Me gusta la idea, pero estoy iniciando la carrera. – Vio el puchero que hizo su pareja haciéndola reír por lo que dejo un besos en sus labios. – Yo también te amo y quiero vivir contigo, solo esperemos un poco a que estemos a punto de graduarnos.
- Te esperaría toda la vida.
Tras esas palabras la pareja unió sus labios en un cálido beso.
Sus ojos se abrieron lentamente y lo primero que su vista capto fue el blanco de su techo, las imágenes del sueño volvieron a cruzar por su mente haciendo que cerrara sus ojos fuertemente con el fin de eliminar el mal sabor de boca que le provoco. Lentamente se puso de pie y a paso perezosos camino al baño donde lavo su cara esperando que la sensación que le dejo el sueño se fuera junto al agua.
El reflejo en el espejo le hizo ver las pequeñas ojeras que tenía, a pesar de que ya habían pasado seis años, había noches que le costaba dormir y había noches donde soñaba con él. Volvió a lavar su rostro con el fin de despejar sus ideas, sabía que tenía que fingir una sonrisa para no preocupar a los que más quería, aun si eso implicaba ocultar todas las noches que soñaba con él.
Salió del baño para alistarse rápidamente y poder iniciar su rutina. Como todas las mañanas después de arreglarse se dirigió a la cocina donde se preparó un poco de café y una vez listo inicio su labor de realizar un rico desayuno.
Los minutos fueron pasando hasta que el desayuno estuvo casi listo, le daba los últimos detalles cuando unas pequeñas pisadas hicieron que sonriera, espero unos segundos hasta que sintió unos brazos rodear lo que podían de su cadera.
- Buenos días, cariño. – Lucía dejo lo que estaba haciendo para dejar leves caricias en la cabeza que se encontraba recargada en un costado de su vientre. – ¿Dormiste bien?
- Si, pero aún tengo sueño.
La mayor sonrió y se colocó en cuclillas para quedar a la altura de su pequeño el cual al ver esa acción la abrazo por el cuello, acción que hizo que Lucía lo cargara y dejara un beso en ambas mejillas.
- Es viernes cariño, mañana podrás despertar a la hora que te apetezca.
El niño simplemente suspiro y recargo su mejilla en el hombro de su madre, la cual camino al comedor para poder dejar al niño ahí y así ella poder servir el desayuno. El tiempo paso, así como el desayuno y la hora de llevar a su hijo al colegio llego. Camino con su hijo de la mano al baño donde le pidió que se lavara los dientes en lo que ella preparaba su uniforme.
Cuando su hijo entro al cuarto y pidió que el solo se podía vestir, Lucía decidió arreglar la cama cuando vio una foto de su hijo recién nacido en brazos de su padre. Inmediatamente volteo a ver su pequeño Nicolas el cual luchaba con vestirse adecuadamente.
Conforme veía a su hijo crecer, podía ver el parecido de este con su progenitor. Le hubiera gustado que la situación fuera diferente, le hubiera gustado que su hijo creciera a lado de su padre, que tuviera una figura paterna que le enseñara a jugar algún deporte o con quien hablar cuando sea adolescente.
El recuerdo del padre de su hijo aun lo tenía presente, no era fácil olvidarse de tu primer amor.
Julio y Lucía se habían conocido cuando la chica se mudó con sus tíos a un nuevo vecindario a la edad de 16 años, Julio era su vecino y mayor que ella contando ya con 18 años. Al conocerse inmediatamente sintieron una gran conexión convirtiéndose en amigos inseparables y solo fue cuestión de tiempo para que ambos se convirtieran en pareja.
La relación de ellos fue de altos y bajos como cualquier relación, pero el amor que tenían el uno hacía el otro hizo que estuvieran juntos por siete años. No solo se casaron y tuvieron un hijo si no también hablaban de los muchos planes que tenían para hacer juntos, pero el destino les tenía preparado algo diferente.
Todo cambio hace casi seis años cuando recibió la llamada que cambio su vida. Su esposo, mejor amigo y padre de su hijo había fallecido dejándola sola con un niño de seis meses de nacido, en ese momento sintió su mundo derrumbarse, tenía 23 años y no solo era madre, si no también era viuda.
El tener a sus tíos cerca fue lo que le ayudo salir adelante ya que ellos estuvieron dándole toda la ayuda y apoyo que necesitaba.No fue hasta que su hijo cumplió los dos años que una buena amiga y compañera de la Universidad le hablo sobre un trabajo como editora en la ciudad de Sevilla. Después de pensarlo mucho decidió intentarlo y fue gratificante el ver que la querían a ella a pesar de llevar un tiempo sin ejercer.
Empezar de nuevo con un niño pequeño no fue fácil para Lucía, pero por suerte tuvo el apoyo de sus amigos y familiares que le ayudaron a que su adaptación en la ciudad no fuera tan difícil.
Ahora cuatro años después, se encontraba feliz con la nueva vida que construyo, tenía un trabajo estable que no solo le ayudaba a mantener a su hijo, sino que también le permitía pasar tiempo con su pequeño.
- Estoy listo mamá.
Lucía observo a su hijo colocarse la mochila en la espalda por lo que simplemente se acercó a él y dejo besos en todo su rostro.
- Ya eres todo un hombrecito mi bebé. – El menor rio mientras recibía gustoso los besos de su madre. – Es hora de ir al colegio, vamos.
Al salir del departamento caminaron a la parada de autobús más cercana donde por suerte estaba llegando un bus, así que no tuvieron que esperar demasiado. El transcurso a la escuela de su hijo fue tranquilo, se despidió de él y le prometió que pasaría más tarde por él. Cuando vio cómo se perdía por la puerta empezó a caminar rumbo a su trabajo el cual solo se encontraba a cuatro cuadras del colegio, cosa que le agradaba bastante ya que si existía una emergencia con su pequeño podía llegar rápidamente.
Pudo visualizar el edificio donde trabajaba por lo que apresuro sus pasos y así poder iniciar con su día. Apenas entró al edificio pudo ver a su mejor amiga en la entrada esperando por el elevador.
- Buenos días, Amanda.
La chica giró para ver quien la llamaba y al ver que se trataba de su mejor amiga sonrió y se lanzó a ella.
- ¡Buenos días! – Amanda y Lucía se conocieron unos años atrás cuando estaban iniciando sus carreras, la primera de Mercadotecnia y su amiga de Literatura y Lenguas. Ambas carreras se unieron para hacer un proyecto en conjunto y así fue como las chicas se convirtieron en grandes amigas.
Cuando la pareja de Lucía falleció, Amanda fue una de las primeras personas en enterarse y darle su apoyo. Para ese entonces, Amanda se acababa de mudar a Sevilla debido a que había conseguido un buen empleo, pero consiguió unos días para darle el apoyo a su mejor amiga. Con el paso del tiempo en la empresa donde trabaja estaban buscando un editor por lo que no lo pensó y le platico a Lucía acerca del trabajo donde por suerte fue aceptada.
- ¿Cómo está el pequeño Nico?
- Bien, no quería ir a la escuela hoy.
Las amigas rieron y se adentraron al elevador donde siguieron una pequeña charla hasta que cada una llego a su piso, a pesar de trabajar en el mismo lugar, ambas estaban en diferentes pisos ya que Amanda trabajaba en el piso de mercadotecnia y Lucía en el de redacción.
La mañana de Lucía fue tranquila entre la revisión del nuevo proyecto que le habían asignado, ella realmente amaba su trabajo. Le gustaba la forma en que las palabras podían expresar lo que uno siente o piensa, pero lo que más le gustaba era ver la sonrisa del autor al ver finalizada su obra y lista para publicar.
Mientras que Lucía empezaba sus labores, del otro lado de la ciudad un chico se encontraba en su oficina viendo la disponibilidad de las maquinarias para el nuevo proyecto que tenían en puerta.
- Ayer me hablo tú mamá.
El chico volteo y observo a su amiga a lado de él, ignorándola siguió con su trabajo haciendo suspirar a su amiga.
- Acepta una de las citas que te programa, entre ella y Héctor me van a volver loca.
- No entiendo la urgencia de que busque pareja.
- Si quieres que te dejen de buscar pareja, deja de trabajar tanto.
- Necesito dinero para sobrevivir, si no trabajo no tendré dinero para comer o para la renta.
- Lo que digo no es que dejes de trabajar, si no que aproveches tus días libres para disfrutar y no para seguir trabajando.
El chico observo por unos minutos la maquina frente a él pensando en lo que le acababa de decir su amiga, sabía que tenía que dejar de trabajar tanto y empezar a enfocarse en su vida personal. No sabe en qué momento se volvió adicto al trabajo o en qué momento descuido tanto su vida amorosa, lo único que sabía es que su amigo y mamá en cada oportunidad que tenían aprovechaban para organizarles citas.
- Hay que darle mantenimiento a esta máquina, mañana empezamos la producción y por lo que veo su funcionamiento no está al cien.
Sin decir otra cosa se alejó de su amiga la cual lo veía con una mueca en el rostro, sabía que el chico siempre evitaba el tema de las parejas debido a las malas experiencias que había tenido en el pasado. Solo esperaba que con el tiempo conociera a alguien que le hiciera ver que no todo en la vida es trabajo.








