Cap 1 "Diario de "Rodri"
De la radio.
Un zumbido estático llenaba el silencio en una grabación.
Luego...
Una voz tenue emergió entre las interferencias:
-Hola a todos los habitantes de Kanto. Mi nombre es Mike, de Ciudad Carmín. Tengo Diez y nueve años y realizo esta transmisión desde la Torre de Radio de Pueblo Lavanda.
Esto no es una broma, ni mucho menos un simulacro.
La Plaga está por toda la maldita región...
La señal se distorsionó.
Golpes sordos resonaron en el fondo.
La voz de Mike se volvió entrecortada, temblorosa por el miedo.
-Seré sincero...
La situación es deplorable y muy hostil. Por nada del mundo intenten usar las vías marítimas, la infección llegó también a nuestros mares, no traten siquiera de usar surf, y eviten el Magnetotrén.
¡Aléjense del Magnetotrén! ¡Está infestado de... esas cosas!
No sé si todavía podemos llamarlos "Pokémon" después de lo que acabo de ver... Y no intenten emigrar a Johto por la Meseta Añil. Pues los Pokémon que habitan ahí son demasiado fuertes.
Si llegaran a estar infectados... sería un suicidio para cualquier idiota que intentara cruzarla.
Un estruendo sacudió la transmisión.
-Por desgracia tampoco sabemos si huir a otras regiones es una opción, no hemos sabido nada de las autoridades de Johto en un tiempo preocupante.
Probablemente estén en la misma situación que nosotros, si no es que ellos ya cayeron.
Un silencio cargado de estática lo envolvió. Luego, su voz regresó, más tenue, como un último susurro:
-La única zona segura de la región, con suerte, es Pueblo Paleta y Ciudad Verde. Los Pokémon de esa zona tienen un nivel tan bajo que no representan peligro para cualquier entrenador con al menos una medalla.
Tal parece que la infección... se pudo controlar en al menos esa área.
Un nuevo golpe.
Luego, un grito lejano adornó el fondo del audio.
-Tengan cuidado. Recen, recen con todas sus fuerzas.. Y que Arceus los ampare...
Un ruido ensordecedor saturó la grabación.
Lo último que se oía eran los sufrires de dolor proveniente a un grupo de personas.
Luego, solo volvía el frío silencio...
Después, la repetición indefinida de la misma grabación, dentro de la única señal que aún se podía recibir en el despacho del Casino Rocket.
Abra y yo llevábamos al menos dos días atrapados.
Escondidos, después de querer visitar el centro comercial de Ciudad Azulona.
Veníamos en busca de la costosa "Piedra Link", directamente exportada de la región de Teselia.
Una piedra que, según las noticias y descubrimientos, era capaz de evolucionar a los Pokémon que lo hacían por intercambio.
Algo que me ayudaría a evolucionar a Abra cuando tuviera el nivel suficiente para convertirse en un Alakazam.
Ese día, todo ocurrió.
Rápido, brutal y sin aviso...
Parecía un día extremadamente tranquilo.
La rutina de toda la vida se repetía como una película en bucle.
Me levanté, me bañé y desayuné.
Tomé mis audífonos para volver a desconectarme de la realidad casi todo el día, al menos hasta que fuera hora de salir.
Creo haber salído enojado con mi madre.
Algo normal últimamente.
Son muy comunes nuestras discusiones,
aunque no logro recordar bien la razón del descontento por más que me esfuerzo.
Salí apresurado y azotando la puerta, molesto por alguna de sus insistencias lo más probable.
Seguro fue por alguna labor que no hice, algo que se me haya olvidado o por una forma de hablar que la enfadó.
Caminé unos pisoteando las calles con fuerza, como si el gobierno y sus aceras tuvieran la culpa.
Lo hize por al menos quince minutos rumbo a la caseta.
Pronto olvidé lo ocurrido en casa y recuperé mi humor habitual.
Salude al joven chano que siempre se la pasaba en la cuadra anterior del cruce.
Casi nunca pasaba nada desde que el Team Rocket cesó sus operaciones.
Hace ya algunos años que dejaron la ciudad, tras la llegada de ese tipo de vestimentas rojas.
Pasame emocionado, saludé al policía de la caseta oeste, justo en el paso de Ciudad Azafrán, mi ciudad natal.
Fue un día soleado.
El cielo estaba despejado, las aves se mostraban mucho más inquietas de lo habitual, pero no le di importancia.
No había caminado muy lejos del Centro Pokémon cuando, de repente, todo se tornó un caos.
Como en todas las grandes tragedias, bastó un pequeño evento para desencadenar el desastre.
Un tipo salió corriendo hacia el centro de recuperación Pokémon, mientras gritaba:
-¡¡¡AYUDA, POR FAVOR!!! ¡¡MI POLIWIRL SE VOLVIÓ LOCO!!
Herido, sangrando, con una expresión de puro desespero, trató de buscar auxilio de algún entrenador. Pero antes de poder llegar a la puerta del centro, un Poliwirl acabó con su vida de un solo golpe en el costado trasero.
La cuchillada generada en su nuca y espalda por la fuerza del ataque descendente le causó una hemorragia increíblemente grande.
El hombre se desplomó con desgarradora brutalidad frente a mis ojos.
Lo que me dejó fue la imagen de un Poliwirl de pie, con dificultades para respirar y pupilas enloquecidas.
Después de eso, todo ocurrió tan rápido que apenas puedo describirlo.
Mi mente se desconectó por una fracción de segundo.
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-¿Un Pokémon acaba de matar a un hombre frente a mí...?
-¡Tenía sangre de un hombre en el rostro!
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Quise gritar, correr, y, en el fondo, llorar.
Sentí un dolor profundo en el pecho. Mis emociones se esparcieron por todo mi cuerpo y me paralicé.
Lo peor acababa de comenzar.
Ese monstruo me vio y quiso unir mi vida a la de su entrenador.
Pero en cuanto intenté sacar a Abra para usar Teletransporte... ¡PUM!
Un camión salió disparado desde el centro de la calle conectada con la parte sur de la ciudad.
Recuerdo que se estrelló contra aquel Pokémon trastornado, dejándolo convertido en una masa de carne arrollada junto a extremidades destrozadas.
A lo lejos, pude ver cómo un hombre se arrojaba desde lo alto del edificio donde se imprimían los agradecimientos y logros de los entrenadores.
Lo reconocí de inmediato.
Era aquel loco que nunca salía de su empresa. Parecía no tener una casa propia. Siempre decía que nos había "creado", que había trabajado en "el nacimiento de nuestras vidas".
Nadie nunca le creyó que yo sepa, pero era gracioso escucharlo.
Siempre con una sonrisa tan tensa que parecía falsa.
En su rostro pude notar desesperanza y resignación. Fue lo último que vi antes de que una multitud de gente en pánico me arrastrara dentro del Centro Pokémon.
Una oleada de Pokémon violentos nos seguía de cerca: feroces asesinos con los rostros de aquellos que alguna vez fueron nuestros amigos, familia y compañeros de aventuras.
Mi mente se quedó completamente en blanco.
Durante media hora, no pude moverme, solo tenía pequeños vestigios o fotografías que como termine sentado y en silencio, aplastado por al menos otras 40 personas.
Dentro del centro, todos intentaban calmarse, las instalaciones parecían estar seguras.
Estaban diseñadas para resistir ataques Pokémon por doquier.
Con el tiempo, el ruido del exterior cesó.
Al parecer, sin presas a la vista, las criaturas se aburrieron y comenzaron a deambular sin rumbo o a descansar.
La información comenzó a fluir en susurros entre los sobrevivientes.
Hablaban de un virus.
De que el Alto Mando ya estaba intentando contener el caos y que por fin estaba en marcha para solucionar todo esto desastre.
Decian que la Central Eléctrica había logrado aislarse y tendríamos luz por un rato.
Todo gracias a la gente que tenía conocidos en los hábitos esenciales de la región.
Creímos que estábamos a salvo.
Cuando la situación se calmó un poco, una chica de mi edad intentó hablar conmigo.
Una chica de melena envidiable, cabellos quebrado pero brilloso en tonos rojos.
Se acercó con cautela, con labia y sin preguntar habló:
-¿Oye, estás bien?
Al principio, su intento de comunicación me alteró, pero no encontré razón para rechazar la conversación.
-Sí... Eso creo.
Me voltee hacia ella con curiosidad.
-Jaja, qué gusto me da oír eso eh.
Noté que sufriste de una parálisis por un momento.
Parecía que te había golpeado un Manectric de lo inmóvil que estabas,
Podría confundirte con un metapod de los tieso que te pusiste.
Por eso te arrastré hasta aquí.
La noticia me pareció extraña. Ni siquiera noté que fue ella quien me llevó. O que alguien me ayudó a entrar siquiera.
Pero aun así, su sonrisa y su sentido del humor me hicieron gracia. Creo que incluso solté una ligera risa.
Después de eso, fue mucho más fácil seguir hablando. Mi estrés desapareció por un momento.
Me presentó a su hermano menor, quien estaba aún más asustado que yo.
-Su nombre es Castiel, y yo soy Frederica. Vivimos en Ciudad Carmín. Venimos a comprar una caña de pescar para nuestro padre. Siempre las regala a extraños. Como nunca sale de casa más que para ir a pescar, nos mandó con la condición de que el dinero que sobrara lo usaríamos en peluches
-¿Les gustan mucho?-Contesté
-Este niño de aquí y yo los coleccionamos-apretó los cachetes de su hermanito-tenemos un mueble lleno de ellos.
-¡Si sobre todo de Bulbasaur!-Acompletó el niño de cabellera roja.
Su tranquilidad era inquebrantable. Su serenidad, contagiosa.
Con el tiempo, la noche cayó y llegó el momento de dormir.
Frederica contó un último chiste. Castiel se acomodó y se quedó dormido.
Yo hice lo mismo.
Lo último que vi antes de cerrar los ojos fue la melena de Frederica y el cabello rojo de ambos, acostados a un metro de mí.
Estábamos "a salvo".
Se podía sentir.
Pronto volvería a ver a mi madre. Cenariamos su delicioso Magikarp asado juntos.
Solo había que esperar el rescate.
¿Rescate...?
Mierda.
Ojalá hubiera sido tan simple como eso...








