Lo que nunca fuimos

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Summary

"Todo puede cambiar en un instante", cuando puedes saborear esas palabras, ese sabor amargo que se te queda en la lengua y es muy difícil de quitar. Te pones a pensar si pudiste haberlo evitado, si lo pudiste haber hecho de otra manera, pero todo se queda en el hubiera y no puedes hacer nada mas. Las cosas pasan en un instante sin que siquiera te des cuenta, en un segundo. Dijiste palabras hirientes en el momento equivocado. Decidiste cambiar de carril para adelantar otro coche. Tomaste aquella decisión que te cambio la vida.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 - Axel

El chillido del despertador perfora mis oídos. Me revuelvo entre las sábanas y un rayo de sol se cuela por las cortinas, calentándome la cara. Tengo los ojos hinchados, los froto con torpeza y me incorporo. Algo se retuerce en mi estómago, una presión ascendente y conocida. La bilis arde en mi garganta. Otra mañana igual.

Busco las chanclas con los pies. Un roce suave y peludo me hace estremecer antes de que mis dedos encuentren el plástico tibio. Apenas tengo tiempo de pensarlo antes de que mi estómago se revuelva de nuevo. Me cubro la boca y me lanzo al baño a trompicones.

Cruzo la puerta tambaleándome, con el pulso acelerado y el sabor amargo empapando mi lengua. Apenas me inclino sobre el lavabo cuando todo sale de golpe: una mezcla ardiente y amarillenta que salpica la porcelana. El alivio llega en oleadas, aunque deja un eco desagradable en la boca.

Abro el agua y observo cómo el remolino arrastra todo, desapareciendo por el desagüe. Respiro hondo y me limpio la boca con la manga del pijama.

_"No es posible que todas las mañanas me pase lo mismo."_

Me quedo ahí, jadeante, repasando mentalmente lo que cené anoche. Pero ya sé la respuesta: da igual lo que coma. Siempre es lo mismo.

Busco a tientas el celular en la mesita junto a la cama. La pantalla ilumina el cuarto con un resplandor azulino: 7:05 a.m del 20 de abril.

Suspiro y deslizo los dedos por la pantalla, enviando el primer mensaje del día.

_"Buenos días, espero no haberte despertado. No llegues tarde al trabajo."_

Lo dejo sobre el colchón y me levanto. La ropa sigue en la silla frente al escritorio, justo donde la dejé anoche. La llevo al baño y reviso que no me falte nada antes de ducharme, pero algo me inquieta.

Vuelvo a mirar el celular. Han pasado dos minutos.

Una palomita gris. Solo una.

Mi ceño se frunce mientras actualizo la pantalla. Nada. Sin doble palomita. Sin señal de que el mensaje haya llegado.

El estómago se me cierra. No me responde.

Con un gesto mecánico, marco su número. Apenas aprieto el teléfono contra mi oreja, una voz fría y automática responde:

_"El número que usted marcó se encuentra fuera del área de servicio."_

Un escalofrío me sube por la nuca.

Mi mente empieza a correr sola.

_"¿Por qué apagó el teléfono?"_

_"¿Estará con alguien más?"_

_"¿Está en su casa? No, seguro que no. Seguro está en otro lado... con otra persona."_

Cada pensamiento es como un golpe seco en el estómago. Respiro hondo, pero el aire entra con dificultad. El pecho me aprieta.

_"Se me hace tarde. Me tengo que bañar. Saliendo le vuelvo a marcar."_

Pero incluso mientras dejo el celular en el lavamanos y abro la regadera, sé que la idea no me dejará en paz.

El agua corre por mi piel, pero no la siento. No disfruto la tibieza ni el sonido del agua golpeando el azulejo. Solo una imagen me atormenta: _ella con alguien más._

El pensamiento es como una espina clavada en mi pecho.

Salgo de la ducha apresurado, con el jabón aún pegajoso en la piel. Apenas me seco y agarro el celular. La pantalla me devuelve la misma imagen: una sola palomita. Sin respuesta. Sin señales de vida.

El nudo en mi estómago se hace más pesado. ¿Por qué no me contesta?

Me visto a toda prisa, sin siquiera abrochar bien los botones de la camisa. Tengo que ir al trabajo, pero ¿Cómo voy a concentrarme? Me esperan ocho horas encerrado en el tráfico y la oficina, con esta ansiedad devorándome. No. No puedo quedarme quieto.

Si dejo que el tiempo pase, nunca sabré la verdad. Necesito verla con mis propios ojos.

Tomo el celular, la mochila vacía y salgo sin desayunar. No pienso en nada más que en llegar a su casa. En abrir la puerta y ver que está sola, que solo se le acabó la batería. Porque si no la veo, no podré creer en lo que sea que me diga después.

Salgo del apartamento a toda prisa y al girar por las escaleras, casi choco con alguien.

—Disculpa, buenos días. —murmuro sin ganas.

—¿Qué tal? Buenos días. —Joseph me responde con su voz tranquila, como si tuviera intenciones de charlar.

No tengo tiempo.

—Lo siento, voy tarde al trabajo. Nos vemos luego. —digo sin detenerme.

Mis pasos retumban en las escaleras mientras la presión en mi pecho crece.

Llego a la calle y camino rápido hacia la parada del camión. El corazón me late tan fuerte que lo siento en la garganta. No veo a la gente, no escucho los ruidos de la ciudad. Solo mi cabeza repitiéndome el mismo torbellino de preguntas:

_"¿Por qué apagó el celular?"_

_"¿Estará con alguien más?"_

_"¿Y si todo este tiempo me ha mentido?"_

Cruzo la calle sin pensar, perdido en el laberinto de mi mente.

Claxon.

Un estruendo me saca de golpe de mis pensamientos.

Miro a la derecha y los faros de un auto me ciegan.