Muñecas asesinas

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Summary

Lo que en un principio parecía inofensivo Lo que en un principio parecía inofensivo —delicadas muñecas de porcelana, adornando una habitación tranquila — se convierte en un terror indescriptible cuando cae la noche. A medida que las muñecas se vuelven más atrevidas y despiadadas, su cacería se convertirá en un juego retorcido.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prefacio

Corría por cada rincón de mi casa, buscando donde esconderme. La madera vieja del suelo, cruje con cada paso que doy mientras escucho el chillido ensordecedor del filo del cuchillo, que sostiene Anabelle. Era una noche fría, subía las escaleras casi en penumbras, apenas siendo iluminada por la tenue luz del corredor. El corazón se aceleraba cuesta arriba, los pasos de Anabelle se acercaban y al llegar al último escalón resbalé, cayendo dos escalones abajo. Al levantar la vista, observé que en el rostro de Anabelle se dibujo una siniestra sonrisa. Con el miedo a mil por hora, me levanté y corrí hacia la habitación, buscando con la vista algún lugar seguro para esconderme. Los segundos parecían horas, los tacones de Anabelle se escuchaban cada vez más cerca, y una macabra canción se empezó a escuchar. Uno, dos, Mía, Mía. Tres, cuatro, vengo por ti. Cinco, seis, este juego es divertido. Siete, ocho, no podrás esconderte. Nueve, diez, te encontré. Cuando escuché que terminó esa frase, voltee a atrás de mí, percatandome que ya estaba en el marco de la puerta, observando con una retorcida sonrisa el filo de su cuchillo. Ante tal acto, quería correr pero me quedé paralizada, ella poco a poco se acercó. —Mía ¿Sabes que es lo divertido de este juego? —cuestionó jugueteando con el cuchillo. Seguía inmóvil, incapaz de hacer o emitir sonido alguno. La muñeca que tanto quería, estaba a punto de asesinarme. —No es divertido asesinarte sin que te defiendas. Así que te daré una ventaja de diez segundos para que te escondas —indicó —. Uno, dos, tres... No lo dude ni un segundo, y salí corriendo de aquella habitación, mientras escuchaba como Anabelle contaba. Me sentía como una carrera en la que el tiempo es primordial para ganar. Cuando entre a mi habitación, divise la cama y entrando debajo de ella, me escondí. Afortunadamente solo faltaba un segundo para que Anabelle terminara su cuenta regresiva. Cuando por fin terminó el conteo, empezó a buscarme por cada rincón, siendo la alcoba en la que me encontraba, el último sitio que busco. Una vez adentro, intente controlar mi respiración, para que no me encontrará. —Mía, aunque te escondas puedo escuchar tu respiración, puedo oler aquel miedo que transpiras. Su silueta rodeaba el tocador instalado frente a mi cama y lugar donde reposaba Anabelle. Los minutos parecían eternos, y está pesadilla no parecía terminar. De un momento a otro, sentí como una fría mano me tomó del pie y me empezó a arrastrar afuera de la cama. De manera instintiva comencé a forcejear, intentando zafarme del amarre de Anabelle, siendo imposible. Aquella muñeca de porcelana, contenía una fuerza sobrehumana. Después de algunos minutos logró sacarme de debajo de la cama, quedándome boca arriba. Con mi cuerpo paralizado, Anabelle levanto el cuchillo, reflejando la luz de la luna su filo, y en un abrir y cerrar de ojos, dio la...