Capítulo 1
La metrópolis sur coreana avanzaba hacia la era de la tecnología con demasiada presunción, como si quiera borrar de sí, la trágica guerra que amenazaba con estallar en cualquier momento contra sus hermanos norcoreanos, era evidente que las tensiones políticas no hacían ameno la estadía en Corea del Sur. "Un eje político de Estados Unidos", así lo habían cubierto los noticieros de aquel entonces.
Bases militares instaladas en puntos estratégicos, segun los estadounidenses era una forma estratégica para monitorear los movimientos militares de la nación del sol naciente y claramente de un país que dentro de unos años tomaría protagonismo como uno de los gigantes económicos en todo el globo terráqueo.
Pero... ¿De qué sirve tanta tecnología si muchos ciudadanos apenas conseguían algo para comer? La realidad de muchos era apenas la punta del iceberg, regida por un gobierno que maquillaba con creces la cruda realidad.
2:30 a.m
En las calles aledañas del corazón de Seúl estaban casi vacías uno que otro automóvil se hacía presente en aquella avenida tan desolada. El polvo que se elevaba con pequeños torbellinos de vestigios de construcciones de los rascacielos mezclados con el aire denso de las fábricas de metales de uno de los barrios más peligrosos y que irónicamente tenía protagonismo en cuanto a lo económico se alzaba en Corea.
Claramente este último no era mencionado por el gobierno en turno, por supuesto, sería una gran calumnia que mancillaria el honor de un país asiático.
Sus pasos era pesados apenas y podía mantenerse de pie y mas que todo, despierto. El trabajo que tenía era muy agotador para él y tuvo que redoblar su turno si no fuera porque uno de sus compañeros lo acusó injustamente.
-Joven Kim.- una voz grave lo llamaba a pocos metros-.
-¿Si?
-Sigame por favor.
A pasos lentos siguió a su supervisor hasta llegar al despacho de su jefe, ¿Ahora qué hizo?.
-El señor Jan lo espera.
Y tal como llegó se fue sin hacer ruido alguno. Asustado tocó la puerta tres veces hasta que pudo oír un leve "adelante" con los nervios carcomiendole su ser ingreso al despacho tratando de tranquilizarse.
-S-señor Jan.- hizo una pequeña reverencia-.
-Kim...¿verdad?- un hombre de unos 40 años de cabello canoso con un traje de tela barata que aparentaba ser costoso, con el rostro serio casi impacible se encontraba sentado en una silla de cuero revisando unos papeles-.
-S-si
-Puede decirme, ¿Por qué ayer dejó su turno?
¿Cómo había logrado enterarse?
-Creyó que nunca me enteraría de su ausencia...Kim.
No dijo nada, mantenía la cabeza agachada.
-Le hice una pregunta Kim... ¿Por qué ayer dejó su turno?
No hubo respuesta.
-¡LE ESTOY HABLANDO KIM!, ¿¡PORQUE AYER DEJÓ SU TURNO!?
Seguía con la cabeza agachada y no tenía ganas de articular una sola palabra.
-Ya veo... -suspiro- asi que usted es de esos hombres que callan... Acérquese Kim.
Sin rechistar se acercó.
-Asi que...prefiere quedarse callado...
Bien, entonces podré disfrutar este momento.- las últimas palabras fueron una alerta para él-.
Aquel hombre se levantó de su silla y caminó hacia el muchacho lo tomó de la barbilla y obligó a que lo mire.
-Veamos si hablas una vez que profane esa linda boquita de puta que te cargas introduciendo este cuchillo.
Asustado retrocedió abruptamente del hombre.
-Entonces, ¿Hablarás?o tengo que recurrir a lo anterior.
Este solo asintió.
-Bien, ahora responde.
-Ayer dejé mi turno, porque mi pequeño hermano tuvo un accidente y fui al hospital para ver como se encontraba.
El hombre solo se echó a reír.
-¿Me jodes Kim?, quién creería esa tontería, ¿acaso me crees iluso?, uno de tus compañeros me dijo que dejaste tu turno para irte a beber a un bar de mala muerte.
Escucho acaso ¿bien?
-Señor no fue asi, ya le dije la verdad.
-La única verdad que aquí existe es que usted dejó su turno y eso es inaceptable y tendrá que redoblar su trabajo.
-¿¡QUÉ!? ¡Pero si eso es injusto!
-No se habla mas del tema, retirese y haga su trabajo.
Resignado salió de lugar sin antes dar un portazo.
Con la cabeza agachada ambas manos formaron unos puños tratando de controlar su ira que rápidamente se convirtió en impotencia, con lágrimas amenazando salir de sus ojos, suspiró hondo y camino a paso decidido a su puesto de trabajo, por un momento pareció considerar vengarse de aquel soplón, algo en él prefirió dejar aquella fábrica y ahora se encontraba caminando por una avenida con rumbo a la parada de autobuses, al menos lo acercaría un poco a su hogar. Busco un poco entre sus bolsillos, revisando si aún le quedaba un poco de dinero, ya que había gastado gran parte de su sueldo pagando una factura altísima en el hospital y también había comprado los medicamentos que su pequeño hermano necesitaba.
Un suspiro salió de sus labios hasta que llegó por fin a casa, tuvo la suerte de no ser asaltado o peor aún, asesinado por aquellos malvivientes que mataban a cualquiera para quitarles algo de valor y comprar las porquerías que consumían como si su vida dependiera de ello, y es que si dependían de ello una vida llena de vicios y desastre de por medio.
Al ingresar se encontró con la luz de una de las lámparas encendidas y una silueta varonil sentada.
-Al fin llegaste.
-Lo siento mucho, tuve que redoblar mi turno hoy.
-¿Paso algo?
-Creo que es suficiente con decirte que mi día fue pésimo.
- Bien, no diré nada más al respecto
- Y...¿mi hermano? ¿donde está?
-Esta descansando en su habitación ya sabes...las pastillas lo tienen casi todo el día en cama.
Un silencio se hizo presente, hace meses que su pequeño hermano se encontraba sin energías de hacer alguna actividad, la muerte se lo estaba llevando de una manera lenta y tortuosa.
Con pasos lentos se dirigió a la habitación donde yacía su hermano, y lo vio....
Su cabello había crecido rápidamente y algunos mechones caían suavemente sobre su rostro, sus mejillas ya no eran tan rellenitas como antes y el ligero sonrojo ya no estaba ahí. El rostro del adolecente que antes estaba lleno de vida ahora parecía casi un cadáver.
¿Acaso mi hermano se irá asi nada más?
Aquel pensamiento fue eliminado de inmediato de sus pensamientos... no, no y no su hermano debía vivir, y aunque las pastillas que necesitaba fuesen caras no importaría, el haría todo lo posible para que se recupere.
Una lágrima resbalaba por su mejilla y no tardó en aparecer una sonrisa nostálgica.
¿Porqué me tocó lidiar con este tipo de vida de mierda?
***
-Oppa~ vamos solo será un momento, ¿Acaso no te gustaría pasarla bien un rato?
Dio una calada a su cigarrillo, ¿Acaso la tipa no se cansaba de ser tan insistente?
-Si quisiera pasarla "bien" no sería contigo.
-Oh, vamos cariño solo será un ratito, ¿Qué dices? Si deseas -se acerco de forma sensual que para él le resulto repulsivo-. Te puedo hacer un precio especial -se acerco lo suficiente para tomarlo de su chaqueta. Rápidamente la empujó fuertemente haciéndola tambalear.
-No se por que me rechazas - unas lágrimas rebeldes recorrían por las mejillas y con ello el rimel barato que tenía hacía que su rostro se viera espantoso- si solo yo... - fue interrumpida -
-Mira.
..no sé el porqué de tu afán de molestarme, mi paciencia tiene un límite y tu voz chillona esta acabando con ella, asi que hazme el favor de largarte de mi vista -dejó caer el cigarrillo al piso y sacó una navaja algo oxidada- o tendré que matarte, ¿Quieres eso? - tenía la navaja apuntando hacía la muchacha- pregunte si eso quieres.... - inmediatamente negó con la cabeza- eso creí, ahora largo.
A paso apresurado la muchacha desapareció por un callejón cercano.
-Hermano...
Giró la cabeza levemente al escuchar esa voz, ya sabía de quién se trataba.
-Ahora que quieres Min
-Uy~ ese humor que te cargas significa que algo paso.
-Yo diría que "alguien" acabo con todo mi humor.
-Ahora quién se atrevió a molestarte.
-Una de las putas baratas del burdel ese.
-¿Hablas de Eunha? No se porque la rechazas si la tipa esta como quiere.
-Pues no me interesa si la tipa esta buena, sabes que no me gusta que anden de ofrecidas.
-¿Seguro que es eso?
-¿Tendría que ver otra razón?- silencio-. Eso creí.
La vida es una mierda, nada ni nadie podrá cambiarlo, aunque quiera jugar a Dios.
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