Capitulo 1 - Algo nos mira desde las sombras
Haruto Shinji provenía de una familia adinerada, rodeado de lujos y privilegios. Desde pequeño, creció creyéndose superior a los demás, influenciado por sus padres, quienes compartían esa misma mentalidad. Sin embargo, había alguien en su familia que era completamente diferente: su abuelo, Souta Kenji. Souta era un hombre sabio y humilde, un taoísta que despreciaba la arrogancia del dinero y valoraba el conocimiento y la disciplina. Su pasión eran las katanas, y en su juventud había sido un maestro en su manejo. Una tarde cualquiera, mientras Haruto descansaba en la terraza de la mansión, su abuelo se acercó y le preguntó si tenía algo que hacer. Al recibir una respuesta negativa, le pidió que se sentara junto a él. Souta le contó entonces una historia… una historia sobre una criatura aterradora: —Existe una leyenda sobre seres que acechan en las sombras. Se dice que cuando matan a alguien, pueden adoptar su apariencia. Esperan, observan… y cuando bajas la guardia, te asesinan y devoran. Son conocidos como los Skinwalkers. Haruto soltó una carcajada. —Abuelo, estamos en el siglo XXI. Esas historias solo asustan a los niños. Souta lo miró con seriedad y respondió con calma: —Es fácil reírse de algo que jamás has visto con tus propios ojos. Esa noche, Souta tuvo un sueño perturbador. Se vio a sí mismo, más joven, sosteniendo su katana con firmeza mientras un Skinwalker lo acechaba en la oscuridad. La criatura habló con una voz distorsionada: —Esa katana no te salvará por siempre, viejo. Algún día regresaré… y acabaré contigo. Souta despertó de golpe, su corazón palpitando con fuerza. Se quedó sentado en la cama por un largo rato, mirando por la ventana con preocupación. Mientras tanto, en la escuela, Haruto aún se burlaba de la historia de su abuelo, contándosela a sus amigos. Pero cuando miró hacia el bosque a través de la ventana del aula, su sangre se heló. A lo lejos, entre los árboles, una sombra con ojos rojos lo observaba fijamente. Parpadeó… y la figura desapareció. Esa noche, atormentado por lo que había visto, Haruto llamó a su abuelo en secreto. Antes de que pudiera decir una palabra, Souta habló primero: —Viste algo, ¿verdad? Algo que no puedes explicar. Haruto tragó saliva. —¿Cómo lo sabes? Souta suspiró y lo sentó frente a él. —Cuando era joven, lo perdí todo. Un grupo de guerreros me rescató y me entrenó para luchar contra los Skinwalkers. Durante años, los combatí… pero hubo uno que no logré eliminar. Escapó, y juró vengarse de mí. —Los ojos de su abuelo se oscurecieron—. Estoy seguro de que ya viene por nosotros. Te entrenaré, pero debes prometerme algo: hazte fuerte. Protégete a ti mismo… y protege a los que amas. Haruto asintió. Durante meses, entrenó bajo la guía de su abuelo, mejorando con la katana día tras día. Pero con el tiempo, empezó a perder interés. Pensó que eran solo cuentos de un anciano paranoico. Hasta que… Una noche, un estruendo sacudió la mansión. Haruto despertó de golpe y sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Bajó corriendo las escaleras y su mundo se vino abajo. La casa estaba en ruinas. La sangre cubría las paredes. Y en medio de la devastación, vio los cuerpos sin vida de sus padres, los latidos de Haruto eran como el de un reloj (tic tac tic tac) . El tiempo pareció detenerse cuando levantó la vista… y lo vio. Una criatura de aspecto inhumano sostenía a su abuelo por el cuello, una sonrisa macabra en su rostro. —Te lo advertí, viejo… te dije que vendría a buscarte. Haruto sintió su cuerpo paralizarse. Sentía su cuerpo congelado, lo sentía pesado, el miedo recorriendo sus venas era exageradamente alta. Antes de que pudiera reaccionar, el Skinwalker lo miró fijamente y, en un parpadeo, sus garras afiladas perforaron su estómago. Un dolor insoportable lo atravesó. Cayó al suelo, con la vista nublada y las lágrimas corriendo por su rostro mientras gritaba "ABUELO, NO LE HAGAS NADA A MI ABUELO" . Incapaz de moverse, observó con horror cómo la criatura alzaba su garra y, con un solo movimiento, decapitaba a su abuelo. Su grito casi rompiendose la garganta, mientras lloraba intensamente sus últimas palabras antes de desmayarse fueron, te matare. Y en ese momento, todo cambió para siempre.