Besos sabor miel

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Summary

Gemma está enamorada de Elodie, la chica popular del instituto, que además es novia del capitán del equipo de fútbol. Alguien que jamás la mirara de otra forma que no sea amistosa. Sin embargo, en una fiesta, un impulso lleva a Gemma a besar a Elodie. A partir de ese beso, ambas comienzan a enfrentarse a sus propios sentimientos y dudas.

Genre
Romance/Humor
Author
niraa
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

1

—¿Cómo pudiste hacerme esto? —Una lágrima se desliza por mi mejilla—. ¿Tan poco te importan los cinco años de nuestra relación? —Al ver que no reacciona, la ira me consume. Lo miro con odio y lo señalo—. ¡Eres un desgraciado! Espero que sufras toda tu vida.

El chico me observa sin emoción alguna. No transmite nada, ni arrepentimiento, ni dolor. Cuando da un paso hacia mí, retrocedo de inmediato. Al notar mi rechazo, levanta la mano e intenta tocar la mía.

—Yo... puedo explicarlo, de verdad. Hay una explicación para todo esto—dice apresuradamente, soltando las últimas palabras en un torpe y desesperado intento de arreglar la situación.

Me doy la vuelta dramáticamente, apartando la mirada.

—No necesito tus explicaciones... Esto lo deja todo más que claro. Hemos terminado —corto con voz quebrada, intentando contener el llanto que amenaza con desbordarse como si alguien hubiera pisado la tumba de mi perro, Luke.

Se escucha un aplauso y dejo caer mi guión, sonriendo mientras me giro para enfrentar a mi compañero. El pelirrojo me devuelve la sonrisa y levanta el pulgar con aprobación. Pronto, el maestro Baker se nos acerca con una expresión de orgullo.

—¡Maravilloso! Simplemente espectacular. —coloca una mano en su pecho, teatral como siempre—. Estoy muy orgulloso de ustedes, chicos. Me han sorprendido por completo. ¿Quién diría que hace unos días no daba ni un centavo por esta obra?

Llevábamos días ensayando para la obra escolar que el maestro presentaría frente a todo el instituto. Para mi desgracia, me había tocado el papel principal: interpretar a una chica que descubre a su pareja engañándola con su mejor amiga. ¿Lo educativo de esto? Aún no lo entendía. Aunque, al menos, era divertido.

—Gemma, lo único que necesito de ti es que llores un poco más. Piensa en algo triste cuando hagas esa escena —dice el profesor.

—Profesor, no creo que Gemma pueda llorar más de lo que ya lo hace —bromea Ciro mientras se acerca a una mesa cercana para tomar sus cosas—. La pobre se está quedando seca.

Pongo los ojos en blanco.

—Qué gracioso, zanahoria. —lo sigo y comienzo a guardar mis cosas también—. Y profesor, ¿no cree que ya he llorado lo bastante? Me duele la cabeza de tanto fingir lágrimas.

—Nunca es suficiente, cariño —hace un ademán exagerado con la mano.

—Lo intentaré entonces... —murmuró resignada.

—Los quiero ver aquí mañana, a la misma hora de siempre. Ni un minuto antes, ni un minuto después. Pero no sé adelanten mucho, que esa es la hora de mi siesta.

—Adiós, profesor —decimos Ciro y yo al unísono antes de salir del pequeño escenario.

—Es un maniático —murmura Ciro entre risas.

—Ciro... —le lanzó una mirada asustada, temerosa de que el profesor nos hubiera escuchado. A pesar de la distancia, tiene un oído increíblemente agudo—. Yo creo que es alguien apasionado por lo que hace. Ojalá existieran más personas así.

—Bien, tú también estás loca, amiga —se burla, riendo con suavidad.

Ciro y yo éramos amigos desde la infancia. En realidad, era como el hermano que nunca tuve. Así que fue toda una sorpresa cuando, de repente, ¡boom!, nos asignaron los papeles protagónicos juntos. Era incómodo pensar en que yo y él nos tendríamos que besar, mucho más cuando ninguno de los dos estaba interesado en el otro.

—¿Qué harás después de clases? ¿Planeas hacer otra maratón de Maze Runner? —pregunta con curiosidad.

—Lo dices como si fuera el peor plan del mundo. —finjo estar ofendida—. Pero sí, eso es lo que haré.

—Pensé que irías al partido de hoy. Ya sabes, estará esa personita... —sus ojos brillan con picardía mientras hace un gesto que claramente me indica a quién se refiere—. Quizá es tu momento, y se enamora cuando te vea ahí, tan espectacular como siempre.

Ojalá... Como anhelo ese día. Pero sé que es solo un sueño, algo que lamentablemente solo ocurre en esos escenarios imaginarios que fabrico en mi mente antes de dormir. Porque jamás, jamás Elodie Lane se fijaría en mí. Eso estaba claro por dos razones:

1. Es la persona más heterosexual del mundo.

2. Tiene un novio rubio, fornido y estrella del equipo de fútbol: Logan.

Ciro nota mi expresión de desilusión y suelta un suspiro dramático.

—Gemma, tienes que dejar de torturarte con esos pensamientos. ¿Quién sabe? Quizá Elodie sí se fije en ti algún día. Tal vez Logan se mude a Groenlandia y entonces... —se encoge de hombros con una sonrisa burlona.

—O tal vez Elodie se enamore perdidamente de mí cuando me vea llorar como un bebé en la obra —bromeó mientras abro la puerta que da al pasillo principal.

—Y en un arrebato de pasión sube al escenario, te besa y el profesor Donald lo celebra como una genialidad improvisada —se ríe Ciro, imaginando la escena con demasiada seriedad.

Nos dirigimos a nuestros casilleros entre el bullicio de estudiantes que se apresuran para salir del instituto. Todos estaban emocionados por el partido de fútbol de esta noche; el que definiría si irían a la final o, una vez más, se quedarían con la etiqueta de perdedores. Pero aquí nadie pierde la esperanza.

—¿Sabes? —Ciro se apoya contra su casillero, con los brazos cruzados—. Si te soy sincero, no entiendo qué le ves a Elodie. Es guapa, claro, pero... siempre me ha parecido algo insoportable.

—Porque tú te llevas mal con casi todo el mundo —respondo con una sonrisa divertida mientras saco mis libros.

—No es mi culpa si a todos les molesta que diga la verdad. —finge indignación, levantando los hombros—. Pero volviendo al tema, ¿nunca has pensado en... ya sabes, decirle algo?

Lo miro con horror.

—¿Decirle algo? ¿A Elodie Lane? —suelto una carcajada nerviosa—. Claro, Ciro, y luego me entierro viva para evitar morir de la vergüenza.

—Dramática. —rueda los ojos—. Algún día me lo agradecerás cuando te obligue a confesarle tus sentimientos.

—Ese día nunca llegará. —cierro el casillero con un golpe suave—. Además, ¿qué sentido tiene? Ella tiene a Logan. Y se ven bien juntos. Puedo imaginármelos con cinco hijos, viviendo en una cabaña cerca del bosque, siendo una hermosa familia feliz.

—Bien, no diré nada más, señora dramática —se burla, alzando las manos en señal de rendición.

Nos despedimos con un abrazo rápido y luego cada uno toma un camino diferente. Mientras camino hacia casa, mis pensamientos regresan inevitablemente a Elodie. La vi durante el almuerzo, hablando y riendo con su grupo de amigas. Ella era la animadora principal, sí, bastante cliché. Justo como en esas películas americanas donde la chica popular está con el chico popular.

Cuando llego a casa, me dejo caer sobre mi cama con un suspiro agotado. Encender la televisión y sumergirme en otra maratón de Maze Runner suena como la mejor idea del día. Sé que tengo la tarde libre, ya que papá estará trabajando todo el día. A veces, sus turnos en la policía lo agotan tanto que llega solo para acostarse hasta el día siguiente.

Pocas veces coincidimos en el horario, pero siempre intento dejarle el desayuno listo. Es nuestra pequeña rutina, una forma de mantenernos conectados aunque apenas podamos cruzar palabras.

Suelto un suspiro, agarro el control remoto y dejó que el sonido familiar de la película me envuelva.

Tiempo después, me distrae el sonido de las notificaciones de mi celular. Eso solo podía significar una cosa: habían ganado. Las redes sociales también se llenaron de historias y fotos al instante.

Ciro me mandó como veinte mensajes, rogándome que fuera a la fiesta de celebración. Según él, “sería una traición de mi parte no apoyar al instituto en su victoria”. Y aunque al principio me negué rotundamente —cómoda en mi pijama y con mi manta favorita—, su insistencia me ganó.

—Si no sales de esa cueva, te juro que voy a buscarte y arrastrarte hasta la fiesta —había dicho en uno de los audios.

Cuando llegó, la música retumba desde la calle. La casa de Logan es enorme, con un jardín frontal impecable y luces encendidas en todas las ventanas. Soy recibida por un grupo de chicos que gritan algo sobre la victoria, y un par de chicas que me ofrecen vasos rojos llenos de quién sabe qué. Los rechazó con una sonrisa nerviosa y empiezo a buscar al pelirrojo entre la multitud de afuera, no quería ni imaginarme como estaba por dentro.

Lo encuentro pronto, gesticulando exageradamente mientras cuenta alguna historia ridícula a un grupo de chicos que ríen a carcajadas. Cuando me ve, levanta ambos brazos en señal de triunfo.

—¡Gemma! Sabía que mi poder de persuasión funcionaría. —Se abre paso entre la gente y me envuelve en un abrazo tan fuerte que casi me deja sin aire.

—Sí, sí, eres un genio. Ahora, ¿me puedes dejar respirar? —respondo entre risas mientras lo empujo suavemente.

—No puedo creer que estés aquí. Pensé que te quedarías viendo tus pelis de siempre.

—Estaba en eso, pero tú no dejaste de molestarme.

—Bueno, valió la pena. ¡Vamos, tienes que socializar!

Ciro me arrastra hacia el interior de la casa, saludando a todo el mundo como si fuera el anfitrión. Todo es un caos controlado: gente bailando en la sala, otros jugando a algo que implica gritos en la cocina.

—Oye, ¿quieres algo de beber? —pregunta Ciro, señalando la cocina abarrotada.

—No, gracias. Estoy bien. No está en mis planes emborracharme por primera vez.

—Eres un alma aburrida —se burla, pero antes de que pueda replicar, su atención se desvía a algo detrás de mí—. Ah, mira quién acaba de llegar.

Me giro y veo a Logan entrando por la puerta principal con su típico grupo de amigos, sonriendo como si hubiera nacido para la popularidad. Y junto a su lado, Elodie.

Se ve increíble con un vestido blanco sencillo que resalta su piel bronceada. Está riendo, charlando con una de sus amigas mientras se abre paso entre la multitud. Mis ojos se quedan fijos en ella más de lo que deberían. Veo el vaso que lleva en las manos mi amigo, se lo quitó y me tomó el contenido. Mi garganta arde y hago una mueca. Qué asco.

—¿Y bien? —Ciro me da un codazo—. Esta es tu oportunidad.

—¿Mi oportunidad para qué? ¿Quedarme como una idiota mirándola? Porque ya lo estoy haciendo.

—No. Tu oportunidad para acercarte, hablarle... y que se hagan novias, después se casen y adopten tres gatos. Vamos, hazlo, hazte notar.

—Ella ya me conoce. Estuvimos en el mismo grupo de historia el año pasado, ¿recuerdas?

—Eso no cuenta. La mitad del tiempo estabas con la cabeza en las nubes. Tienes que intentarlo de verdad, plantarte al frente de ella y mandar a la mierda al rubio ese. Muy guapo, he de decir. Me lo puedes dejar a mí —me guiña.

No sé si fue el alcohol que ya me estaba haciendo efecto —pues jamás he tomado en mi vida— o alguna valentía que salió de pronto. Vi al lado mío otro vaso, quizá con cerveza o alguna otra cosa, y me lo tomé rápidamente. Pasé mis dedos por mi cabello, alisé con mis manos el incómodo vestido que me puse y levanté la cabeza.

—Lo haré.

—¿¡Qué!? —exclamó Ciro, pero antes de que pudiera decir algo, me fui.

Elodie estaba sola en el puesto de alcohol, sirviéndose algo de lo que no sabía. Logan, mientras tanto, había salido con los otros chicos para buscar unas cosas, bueno, eso creo. Lo único que sabía es que estaba ahí, parada frente a mí y yo caminaba hacia ella.

—Qué noche más fría —dije en cuanto llegué.

Elodie subió la mirada y me sonrió. Por Dios, era la sonrisa más bella del mundo. Intenté fingir que buscaba algo para no parecer una tonta parada ahí.

—Ey, ¿Gemma, no? —preguntó levantando una ceja—. Te recuerdo, estábamos en historia juntas, y sí, hoy está muy fresco.

Ella recordaba mi nombre.

O POR DIOS, ELODIE LANE SABÍA QUIÉN ERA YO.

—Tal vez llueva —dije, aunque estaba segura de que no era un tema interesante para iniciar una conversación—. Te ves muy bien.

Ella claramente lo tomó como un comentario entre chicas, lo que no sabía es que era mi pobre intento de coqueteo. No tenía más, jamás he coqueteado en mi vida.

—Gracias, tú también. Te queda muy bien ese vestido.

—Oh… gracias —respondo con una sonrisa nerviosa, sintiendo cómo mis mejillas arden.

Elodie sigue sirviéndose algo mientras yo me quedo ahí, con las manos inquietas y sin saber muy bien qué hacer. ¿Por qué no pensé en algo más ingenioso para decir? Claro, porque soy una completa tonta que hace caso a su cabecita. Idiota.

—¿Te diviertes? —pregunta ella con naturalidad.

—Eh… Sí, supongo. Bueno, en realidad acabo de llegar. —¿Por qué tartamudeo tanto? ¿Y por qué su mirada tan directa me desarma tanto?—. ¿Tú?

—Sí, Logan se emociona demasiado con estas cosas. A veces parece que organiza fiestas solo por el gusto de ver a tanta gente en su casa.

—¿A ti no te gusta? —me sorprendo preguntando.

—Digamos que puedo pasarla bien, aunque prefiero lugares más tranquilos.

—Oh, sí. Yo también —respondo con demasiada rapidez. Por Dios, sueno como una desesperada—. Quiero decir, me gustan las fiestas... pero también quedarme en casa viendo películas o leyendo. Ya sabes, cosas así.

Elodie se ríe suavemente, y el sonido es tan melodioso que me sorprende no haberme derretido ahí mismo.

—¿Qué tipo de películas te gustan? —pregunta, apoyándose contra la mesa con la bebida en la mano.

—Principalmente de terror, pero también disfruto de las comedias románticas. Un poco de todo, en realidad.

—Eso es interesante. A mí me gustan más las de misterio. Ya sabes, esas en las que tienes que estar pensando todo el tiempo para descubrir qué pasa.

—Yo también las disfruto. Aunque suelo adivinar el final antes de que termine.

—¿En serio? —Elodie parece genuinamente interesada—. Eso es un superpoder.

—O un defecto —bromeo, y ella vuelve a reír.

Se mueve y busca algo en su cartera; me había distraído tanto que no noté que la llevaba colgada en su hombro. Saca un labial líquido y se lo aplica. Me quedo mirando sus labios. Uno, dos, tres segundos, quizá más, no lo sé. Pero lo suficiente para que mi mente vaya a 80 km por hora, y el alcohol se me haya subido lo suficiente a la cabeza como para que me acerque y la bese.

Un beso corto, tan fugaz que, si alguien lo hubiera notado, solo habría creído que me acerqué más de lo normal y ya.

Reacciono antes que ella y me alejo de inmediato. La cara de Elodie es un poema; estoy segura de que no entiende lo que acaba de pasar. No la culpo, ni yo misma caigo en cuenta.

—Sabes a miel —digo sin pensarlo.


Dios, soy yo nuevamente, y acabo de cometer el error más grande de mi existencia.

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