La Magia de Caos

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Summary

Nyx está dividida entre la cotidianidad y la magia, guiada por tres deseos: tener un hijo, acabar con sus males y obtener el poder de los reinos magicos. Pero el amor amenaza con desestabilizar todos sus sueños. Mientras las sombras del pasado resurgen y el juego por el trono se torna letal, Nyx deberá enfrentarse a enemigos dentro y fuera de su propio círculo, desentrañar la verdadera historia de su familia y luchar por su identidad en un mundo que la ve solo como una pieza de ajedrez. Entre la magia, la política y un amor marcado por la traición, deberá elegir: ¿sacrificará su libertad por el poder o arriesgará todo por la oportunidad de escribir su propio destino? Y cuando la sangre de su linaje despierte oscuros misterios, atándola aún más a Aaron, el enigmático y peligroso líder de un aquelarre, Nyx deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar por la verdad.

Status
Complete
Chapters
49
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Deseo

Abro la puerta de madera de mi casa, ingresando tras una extensa jornada de trabajo. Mi perro salta entusiasmado a saludarme con su llamativo pelaje blanco. Siento un ligero crujido a mis pies, obligándome a voltear la vista. Encuentro un diminuto sobre de papel bajo mi pie.

–¿Y esto?. –Me agacho para tomar el sobre, dejando caer el peso sobre mis adoloridas articulaciones—. Balto, ¿quién vino mientras yo no estaba? –bromeo con mi perro, quien me observa atento.

Miro el remitente, encontrando el nombre de mi abuela Morrigan Mist.

–¿Pero qué…? –me pregunto confundida. Abriendo el sobre a toda velocidad. Mientras lo hago, afloran en mí los sentimientos melancólicos tras cinco años desde su fallecimiento.

Mi querida niña, eres una maga excepcional. Creo que debes buscar a los tuyos, no debes vagar sola por el mundo. Tu alma noble anhela buena compañía y, quién sabe, tal vez se te conceda el acceso a aquella magia divina que acabe con tus males. ¿Y por qué no? Quizás tu poderosa magia alcance la cima de los reinos mágicos. No te quedes en lo mundano, no es tu lugar. Por favor, haz algo por ti misma; me tienes muy preocupada.Con cariño,Tu vieja bruja Morrigan.

¿Que haga algo por mí misma? ¿Que me aleje de lo mundano? Una lágrima cae sobre el papel. No entiendo el motivo de la carta y menos aún entiendo su presencia después de cinco años de su muerte. Pero eran sus sugerencias. Mi abuela nunca me aconsejo en vano, así que estaba decidida a cumplir sus deseos, sobre todo porque nunca me manifestó un último deseo para cumplir, siendo yo la única heredera de su magia y por ende, la única capaz de cumplirlo.

Cierro la puerta tras de mí, mientras me dispongo a preparar los diversos ungüentos elementos necesarios para mi ritual. Llevaba tiempo sin que alguien me animara a usar mi magia, y todo el día estaba rodeada de humanos sin ella.

La noche invade el lugar. Estuve tan absorta en mis pociones que no me percaté del tiempo. Decido apagar las luces artificiales y prender mis velas. Me dedico a dar una mirada a mi pequeño hogar: Balto contrastaba echado sobre el sofá color gris, oscuro ya por la noche y mantengo la antigua mesa de madera llena de cera. Los ladrillos rojos se vuelven negros por la oscuridad.

Coloco los cirios prendidos en el piso, corto las puntas de mi cabello y las arrojo al fuego, con un chasquido sibilante son consumidos de inmediato. luego corto mi brazo, suave para evitar dañar mis venas, dibujando los diversos símbolos rúnicos con aquel líquido carmesí. Poco a poco la habitación se ilumina con el fulgor destellante de la magia en las runas. Apoyo una pequeña venda para evitar que la sangre siga escurriendo y retiro las cortinas de la ventana, para que la luz de la luna entre.

Una hermosa luna llena.

Por año sufrí de dolores, malestares añadidos a la etiqueta de fibromialgia, por años intente embarazarme sin éxito alguno, por año ejercí la magia oculta del mundo, aislada de los reinos mágicos, pero abandoné mi país, estoy en otro lugar desde hace 2 años, nada me impide reiniciar mi vida a mi antojo.

Espero pacientemente la posición del hermoso astro blanco hacia su punto más alto. Pensaba en los años de cargar con heridas invisibles que me trajeron aquí. Rece, luché y tomé miles de tratamientos medicos y nada cambió. Esto era todo lo que me quedaba.

Inicio el ritual, retirando la venda de la herida y permitiendo que mi sangre escurra sobre el fuego, recitando todos mis deseos:—Deseo abandonar esta vida de sufrimiento, deseo la llegada de un niño, deseó el poder de los reinos mágicos —repito una y otra vez. Siento cada eco resonar en mi cabeza, poniendo toda la magia que me quedaba en aquellos deseos. Quemo algunas hierbas esperando potenciar el hechizo.

La primera gota de sangre cayó sobre las llamas con un silbido sobrenatural. Sentí cómo el poder de Morrigan latía en mis venas, como si su espíritu guiará cada runa dibujada. ‘Por ti, abuela’, susurré al vacío, mientras los tres deseos ardían en mi mente con la ferocidad de quien ya no teme al infierno.

Poco a poco mi vista se nubla, mi cuerpo se siente pesado, un zumbido ensordecedor llenó mis oídos antes de que el suelo cediera bajo mis pies. Tal vez por que ya estaba adolorida, tal vez porque me centre tanto en la preparación del hechizo que ni siquiera me alimente.

Sentía que mi alma viajaba a otra dimensión, pero lo más probable era que mi cuerpo yaciera convulsionando.

Me veo en medio del bosque. La noche era oscura, y veo mi vientre expuesto con un evidente embarazo. Mi cuerpo inservible no logró concebir a pesar de tantos intentos, y la sensación de soledad se volvía cada vez más abrumante.

–Un embarazo, al fin– pienso.

Mis ojos vuelven a enfocarse en la espesura de los árboles, sonaban rugidos por doquier, muchos gritos. A mi lado pasan varias personas corriendo, lanzando sus hechizos. Noto cómo una enredadera de carne empieza a rodear mi cuerpo, reteniéndome fuertemente contra el piso. Los gritos se escuchan desesperados. El silencio de las víctimas anunciaba su muerte, permitiendo transmitir el crujido de sus huesos, tras varios segundos de silencio.

De los arbustos salen dos seres verdes con cuchillas enormes en sus brazos. Sus mandíbulas eran poderosas, parecidas a una mantis religiosa, con la diferencia de que tenían el tamaño de un humano. Mi corazón late fuerte. Inmovilizada por las entrañas de carne que emergen de la tierra, no podía lanzar mis hechizos, resignándome a mi muerte. Entonces siento el mismo fuego del infierno arder. En un segundo, un mar llamas incendia el bosque. El aire olía a madera quemada y podredumbre de los cadáveres, y las mantis, completamente carbonizadas, caen al piso, dejando una estela de cenizas que arrastra el viento. Destellos morados bajan desde el cielo, y este se abre como si anunciara el final del mundo.

Siento una voz masculina llamar mi nombre.—Nyx, Nyx, ¿estás bien?.

Cuando me giro para verlo, me encuentro con el muro de mi casa.

Mi respiración aún estaba agitada, y mi corazón latía a mil por hora. Mi perro chillaba, preocupado por mi actuar. Inhaló hondo para terminar de volver a mí misma. Mi cuerpo aún temblaba. Tal vez la visión era una señal de esperanza... o una advertencia de que los deseos no se cumplen sin un precio que pagar.