¿Quién eres? - Kookmin & Vhope

Summary

Taehyung estaba comprometido con un hombre que no amaba y Jungkook estaba harto de su situación financiera. Ambos querían un cambio en sus vidas, pero ninguno hacía nada al respecto. Un accidente, que nadie imaginó podría cambiar completamente sus vidas, dándoles el giro que tanto ellos necesitaban. La pregunta era ¿Qué tan grave serían las consecuencias por dicho cambio? ¿Quién eres en realidad? Advertencias ⚠️: -Contenido homosexual. -Contiene escenas de violencia y lenguaje vulgar. No se busca normalizar este tipo de contenido, solo es ficción, leer con criterio. -Pareja principal: Vhope y Kookmin. -Jungkook y Taehyung top. -Intervención de parejas secundarias: Namjin, Taegi, Vmin y Junghope. -M-preg. -Romance, drama, ficción. -Adaptación de la novela mexicana ¿Quién es Quién?

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Cambio 1 - Despedida de soltero y guerra de comida

Esa noche se suponía que era algo especial, donde cada hombre dejaba su soltería de lado para poder sentar cabeza con la persona que amaba, consagrando sus vidas en sagrado matrimonio. Para Taehyung, ese día no era tan especial, aunque se tratara de su despedida de soltero.

Estaba de malhumor, porque sentía que la música perturbaba sus oídos y taladraba su cabeza. Todos sus empleados se encontraban regados en su enorme casa, creando desastre y eso lo estresaba en sobremanera. En fin, cosas que pasaban cuando eras demasiado perfeccionista.

Se encontraba sentado en uno de los sillones de la casa donde vivía con su padre, mirando agobiado todo a su alrededor. Casi que jala de sus negros cabellos hasta arrancárselos de su cabeza. Odiaba tener que asistir a esta clase de eventos, sobre todo si él era el anfitrión. Ni siquiera su cumpleaños lo celebraba, pero aquí estaba, cumpliendo el capricho de su progenitor.


— ¡Hey, amigo! —se le acercó uno de sus empleados, llegando hacia él y sentándose en el pequeño sillón a su lado. Con su brazo lo rodeó en un gesto amistoso y Taehyung se quedó de brazos cruzados, manteniendo su entrecejo fruncido.


— ¿Estás borracho? —cuestionó Taehyung, percatándose de que su empleado olía ligeramente a alcohol.


—Vamos, Taehyung—habló Choi Minho, con sus mejillas sonrosadas debido a la bebida, tendiéndole un vaso de plástico con cerveza a su mal-humorado jefe—. Debes divertirte, hoy será la última noche que pueda disfrutar antes de casarse.


—Sabes que no me interesan esas cosas—observó el vaso rojo con recelo—. Aleja esa cosa de mí—apartó la bebida con su mano—, ¿Acaso quieres matarme de un ataque cardíaco?


—Vamos, Tae—puchereó—. No morirás por beber una vez en la vida, tu corazón estará bien.


—Eso no es lo que dice mi cardiólogo.


— ¿Por qué tiene que ser tan juicioso? No seas malo jefe, una vez.


Taehyung se cansó de escuchar a Minho balbucear tonterías, así que se levantó, estirando la parte delantera de su saco hacia adelante y retirándose del salón a la terraza. Lo peor es que esa fiesta estaba llevándose a cabo en su casa, así que no podía siquiera retirarse a descansar.

Vaya mierda.

Suspiró cansino, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de gabardina azul marino, mientras apreciaba la belleza que le regalaba la noche desde su terraza. En ese ángulo podía ver a algunos de sus trabajadores divirtiéndose en el patio de su casa y él no entendía como podían disfrutar este tipo de ambiente.

Se recostó del barandal, meditando sobre el por qué había aceptado la maldita fiesta y recordó lo insistente que había sido su padre al respecto. <<Debes divertirte más>> sugirió su empleado más destacado, Choi Minho, que al parecer, tenía los mismos pensamientos de su padre. Al final terminó aceptando, porque sabía que no lo iban a dejar en paz hasta que lo hiciera.

Llevó una mano hasta su corazón, sintiendo taquicardia de repente y recordó las pastillas que siempre llevaba en el bolsillo de su saco; hombre precavido vale por dos. Suerte que había traído un botellón de agua de la cocina.

Dirigió una a su boca, tragándola con ayuda del agua y era momento de esperar a que hiciera su trabajo. Era raro que un joven de veintiocho años sufriera de una condición cardiovascular, pero era la cruz que le había tocado llevar, todos tenían sus problemas al fin y al cabo, así que no se quejaba de la vida ni nada por el estilo.


— ¿No debería estar adentro disfrutando de su despedida? —se le acercó un muchacho, quedando parado a su lado. El azabache ni siquiera lo volteó a ver.


—No se preocupe por mí, solo necesitaba salir de aquel lugar tan sofocante por unos segundos y tomar aire libre.


—Ni que lo diga. No sé quien contrató a ese Dj, porque esa música es espantosa—Taehyung rió levemente, de acuerdo por primera vez en la noche.


—Creo que mis oídos estarán deteriorados un buen tiempo.


Esa pequeña plática le había hecho olvidarse de su taquicardia, por lo que acaba de darse cuenta que la pastilla surgió su efecto. No era mucho de empatizar, pero sentía un ambiente agradable junto al desconocido, algo que no sentía hace tiempo. Debía ser educado y agradecer.

Esta vez sí volteó a mirarle, quedando con las palabras en la boca al reconocer a aquel joven muchacho. Había cambiado un poco, sus cabellos no eran negros como los recordaba, ahora estaban tintados de color rubio y le sentaba bastante bien, siendo sinceros. Sus ojos chocolates y ni hablar de su encantadora sonrisa de hoyuelos. Sin dudas era él.


—Tú—le dijo, plantando una sonrisa mezclada de asombro y felicidad—. Realmente eres tú—lo tomó de los hombros, sobresaltando al muchacho, quien se mostró incómodo.


—No sé de qué me habla, yo no lo conozco—soltó apenado el muchacho y la sonrisa de Taehyung se borró inmediatamente, soltándolo rápidamente y volviendo su semblante serio.


—Comprendo, debí confundirme—claro que no lo había hecho.


—Yo, lo lamento.


—Como sea—su tono fue más tosco—. Debo regresar, con su permiso.


Luego de eso se marchó, dejando confundido al lindo muchacho de mechones dorados.


— ¿Habré dicho algo malo? —cuestionó al cielo, rascando su cabeza—. Solo es otro loco.




La decoración era hermosa y era de esperarse al alquilar un local de tal calibre. Las luces, el salón, todo era como debía de ser para una fiesta de quince años. El tema de la fiesta era en verde menta y rosa, así que la mayoría de las cosas allí eran de esos colores, incluyendo el pastel.

La música que sonaba en el lugar fue detenida abruptamente, llamando la atención de los invitados. Una mujer, que vestía un elegante vestido negro sin mangas, que de largo llegaba hasta sus talones y con cuello en “V”, se paró en el medio del escenario, tomando un micrófono en manos.


—Préstenme su atención por favor—pidió la mujer de hebras castañas oscuras, a los que todos los presentes le prestaron atención—. Gracias.


—Hoy es un día muy especial para mi esposo y para mí—continuó la mujer—, Porque nuestra dulce princesita cumple quince años. La verdad es que el tiempo se ha pasado volando. Por eso su padre y yo, queremos darle este pequeño regalo de nuestra parte, ¡Feliz cumpleaños, Yoonha!


Una vez dicho eso, la mujer dejó el escenario para ser acaparado por dos hombres vestidos de mariachis. El público los recibió con aplausos y ovaciones, para que interpretaran la música tan esperada.

Uno de los jóvenes tomó el micrófono en sus manos, sonriendo y tomando la palabra.


—Buenas noches a todos—comenzó a decir—. Hoy es una noche muy especial, ya que la señorita Kim Yoonha está de cumpleaños. Me he tomado la molestia para felicitarla, porque quince años no se cumplen todos los días.


—Espero que disfrutes mucho esta sorpresa de parte de tus padres, que se esmeraron en hacer tus sueños realidad—siguió hablando el muchacho de cabellos rojos escarlata, dirigiéndose a la muchacha de vestido rosa y tiara, que era la cumpleañera.


—Ahora sin más, ¡Qué disfruten la balada! —dijo el otro joven, este de hebras grisáceas.


Sin más que decir, comenzaron a cantar algunas canciones conocidas, con el público más que encantado con la voz del más joven, mientras su compañero lo apoyaba con su guitarra y le hacía coro. Después de algunas canciones lentas, decidieron cambiar a interpretar unas más animadas para mejorar el ambiente y vaya que lo estaban logrando.

La fiesta siguió después de eso, eran cerca de la una de la madrugada cuando los mariachis, después de dos horas seguidas de interpretar una música tras otra, decidieron que era hora de tomar un pequeño descanso.

El menor de ambos, se dejó caer exhausto en uno de los taburetes del pequeño bar encargado para la fiesta.


—Wow, creo que es el mejor público para el que he cantado—comentó el pelirrojo de ojos cafés—. Estoy muerto.


— ¿En qué puedo ayudarles jóvenes? —interrumpió el barman, pasando un trapo de color blanco por el mesón.


—Un tequila doble—pidió el menor.


—Estoy bien—contestó el peligris, regalándole una sonrisa que dejaba expuestos sus hoyuelos.


—Eres aburrido, Nam—bufó el menor.


—No creo que sea buena idea, Kook. Es un trago fuerte y debemos volver en unos minutos al escenario, para poder completar nuestra paga.


—Estaré bien, tengo buen aguante—su mayor se llevó una mano a su frente, negando ante su menor. Jungkook nunca iba a cambiar.


—Como quieras. Voy al baño, no te emociones—dio un leve toque en su hombro izquierdo, despidiéndose para dirigirse a los baños de caballeros.


—Ajá—soltó, sin tomarle mucha importancia.


Habían pasado alrededor de diez minutos e iba por su tercer shot, sintiendo el amargo sabor deslizarse por su esófago y aun así, le encantaba.

Estaba decidido a ir por el cuarto, cuando una mano se interpuso entre su vaso y él. Chasqueó la lengua e iba rechistar en contra pensando que era Namjoon, pero se sorprendió al encontrarse a la joven quinceañera frente a él, impidiendo que siguiera embriagándose.


—Oh, Yoonha, ¿Qué hace aquí?, debería estar disfrutando su fiesta—cuestionó mientras colocaba el vaso en el mesón.


—No se preocupe, oppa—dijo sentándose a su lado, auto-invitándose.


¿Oppa?, ¿Había escuchado bien?, eso lo incomodó un poco. Ni siquiera se tenían tanta confianza. Igualmente tomó la decisión de ignorarlo, después de todo, solo era un mote, nada del otro mundo.


Suspiró para relajarse, mientras carraspeaba un poco para después hablar—. De todas formas deberías, sino esta fiesta sería un desperdicio.


—A nadie le importa, quiero pasar un tiempo con usted—confesó mientras se pegaba más al joven, quien trataba de alejarse algo incómodo—. No sea tímido, oppa. Sé que le gusto—Jungkook abrió los ojos muy sorprendido.


¿Gustarle a él? ¡Patrañas! Estaría loco para salir con una adolescente de quince años. Sería para que su madre y Jin lo mataran y corrieran de la casa, además, ella no estaba en su lista de ligues. Era bonita, sí, pero no para el gusto de Jungkook y menos, para una salida casual.

A parte, era su clienta y eso no era ético o por lo menos eso diría Namjoon.


—Oye—la apartó un poco, sin ser brusco—. No sé de donde sacaste esa idea tan precipitada, pero estás equivocada al respecto—trató de ser suave, pero pudo ver la rabia que irradiaba de los ojos de la castaña.


— ¡No sea mentiroso! —exclamó, levantándose del taburete y deslizándolo lejos, debido al movimiento tan brusco y repentino.


—C-cálmate—trató de apaciguarla, no quería problemas. Su dinero estaba en riesgo—. No es necesario armar un escándalo.


— ¡Usted es un bruto, oppa! —chilló, desesperando al bermejo que no sabía que hacer—. Pero no se preocupe, aun así, me gusta—se pegó a él, rodeando su cintura con sus brazos y pegando su cara en su pecho—. Yo lo amo.


—No puedes decir eso, apenas me conoces. Además, eres muy joven para saber lo que es el amor—se maldijo mentalmente ¿Dónde carajos estaba Namjoon cuando más lo necesitaba?


— ¡Eso no es cierto! Que sea joven, no quiere decir que sea estúpida.


—De todas formas, tu no me gustas y no voy a tener nada contigo, ¡Así que suéltame mocosa! —gritó Jungkook exasperado y harto de la insistencia de la chica, haciendo lo posible para despegarla.


—Es cruel—sollozó la muchacha en su pecho.


<<Genial, Kook. Ahora van a aniquilarte sus padres y heriste sus sentimientos, ¡Gran patán!>> se reprendió mentalmente.


—O-oye—tartamudeó nervioso, pues todas las miradas estaban en ellos y el espectáculo que estaban montando—. No llores, no fue mí…


— ¡Yoonha! —gritó su madre, despegándola de Jungkook, quien suspiró aliviado.


Namjoon hizo acto de presencia, colocándose al lado de su compañero sin comprender la situación, pero prefirió callar. Después le preguntaría al menor los sucesos.


— ¿Por qué lloras, corazón?, ¿Quién te hizo daño? —preguntó la madre más que angustiada, acariciando los cabellos de su hija.


Ahora entendía porque la niña era así de malcriada.


—E-el mariachi—señaló a Jungkook—, Tra-trato de sobrep-pasarse conmigo—mintió, mientras todos miraban expectantes al pelirrojo.


Jungkook no pudo estar más sorprendido e indignado con la gran mentira de la chica ¡Qué descarada! Namjoon lo miró, igual de sorprendido.


—Oye, mocosa—trato de hablar sereno, aunque el enojo quería apoderarse de él en esos momentos—. Sabes que eso no es cierto…


— ¡Como se atreve! —hizo aparición el padre de Yoonha—. Es solo una niña, ¿Cómo puede ser tan desgraciado?


— ¿Qué?, pero su hija…


—Pedófilo tenía que ser—rezongó la mujer.


—Te dije que era mala idea esto de los mariachis—le reclamó su esposo.


—Los quiero a ambos fuera de esta fiesta y agradezcan que no los estoy demandando—espetó furiosa la mujer.


—Oh no—se resistió el menor.


—Kook, no empeores las cosas—lo agarró del brazo Namjoon.


—No, Nam. No voy a quedarme de brazos cruzados, dejando que me incriminen sin razón. Yo ni siquiera toqué a su hija—se explicó, mientras se acercaba al padre de la chica—. Ella fue la que se abalanzó sobre mí diciendo que me amaba, pero como la rechacé, se está vengando de mí. No sé, creo que deberían educar mejor a su hija.


Listo, esa había sido la gota que rebasó el vaso. La mujer se acercó al joven, estampando su mano contra su mejilla y haciendo que resonará por toda la habitación. Jungkook, nuevamente se sorprendió en demasía, llevando una de sus manos a la mejilla abofeteada, encarando a la mujer.


—Eres un depravado, intentando justificar tus actos ¡Lárguese de una vez!


—No me iré sin mi pago. No por nada trabajé duro.


—Pues me importa un carajo, usted fue el que quiso pasarse de listo con mi hija y no se lo perdonaré. Si quiere su paga, nos veremos en tribunales—se dio la vuelta para retirarse y no tenerle que ver más la cara de muerto de hambre.


Jungkook no pudo retener más su enfado, así que tomo entre sus manos lo primero que tenía a su alcance, lo cual era un cupcakes de la mesa de aperitivos, y con toda su fuerza se lo arrojó a aquella mujer, impactando contra su espalda y manchándola con la crema batida que decoraba aquel aperitivo.

La mujer se volteó sin poder creer lo que había sucedido, llevando sus dedos a su espalda, confirmado que tenía crema batida. Namjoon golpeó su frente con su mano en frustración, sabía que de esa no se salvaban.


¿Por qué con Jungkook nunca podían tener una noche de trabajo tranquila y sin percances?


—Está bien, tú te lo buscaste jovencito—le quitó al mesero una bandeja llena de bebidas, la cual la arrojó, deparando en Jungkook.


Así empezó la guerra.




— ¡¿Pero que les pasó?! —gritó un joven de cabellera color lila, grito que se escuchó en toda la residencia.


—Cálmate, Jin. No seas dramático—intentó apaciguar el menor—, Despertarás a mamá.


— ¿Dramático? —hizo una mueca sin gracia—, ¡¿Y cómo quieres que reaccione si vienen con tales fachas?! —reclamó, señalando a ambos mariachis, que eran un desastre de crema batida y migajas de harina.


—Jinnie, ¿Que son todos esos gritos? —preguntó su madre saliendo se su habitación, pero frenó en seco al ver a su hijo—. ¡¿Pero que ocurrió?! —exclamó casi corriendo hacia Jungkook, tomándolo por los hombros.


— ¿Ves lo que provocas? —se quejó el menor. Jin solo rodó los ojos.


—Más te vale que hables ahora, Jeon Jungkook—cuestionó seriamente su madre.


—Ash, bien—rechistó Jungkook—. No fue nada del otro mundo, simplemente tuvimos algunos percances, nada grave—habló, tratando de sonar relajado.


—Namjoon—se acercó la mujer hacía el moreno—, ¿Sabes que te quiero como a un hijo verdad? —el aludido tragó grueso. Jungkook solo se golpeó mentalmente—. Sé que me tú si me dirás la verdad.


<<Ahí vamos otra vez>> pensaron ambos hermanos.


—Está bien—suspiró rendido, no podía negarle nada a la madre de Jin—. Es que la muchacha de la fiesta de quince años a la que nos contrataron, se terminó enamorando de Kook.


El mayor de los hermanos soltó una carcajada con su peculiar risa, burlándose del menor, quien bufó avergonzado.


— ¡Namjoon! —reclamó Jungkook—. Y deja de burlarte, alpaca.


—Ok, basta—los detuvo la señora Jeon—. Continua—se dirigió a Namjoon y el azabache asintió.


—Al final como Kook la rechazó, se vengó mintiéndole a sus padres sobre que él se había sobrepasado, quedando como depravado frente a todos. Y como nuestros clientes se rehusaban a pagar, Jungkook empezó con una guerra de comida—finalizó con su explicación.


—No sé por qué no me sorprende—habló Jin, sentándose en el sofá de la sala—, Siempre atraes a los problemas.


—No es mi culpa ser tan guapo, incluso más que tú.


—Ja, ya quisieras, conejo—se burló—. No me llegas ni a los talones.


—Basta ustedes dos, no querrán que los vuelva a castigar por tonterías—ambos hermanos sintieron un escalofrió recorrer su espalda.


—Por eso digo que te quiero, Jinnie—Jungkook mostró su sonrisa más falsa.


—No, yo más—respondió con ironía el lila.


—Bueno—interrumpió la mujer—. En resumidas cuentas, ¿Volviste a perder el dinero?


—Y casi termina en tribuales por abuso sexual—agregó Seokjin.


— ¡Qué no la toqué! —la señora Jeon sentía que una vena iba a estallar en su frente.


—Eso no fue lo que opinaban sus padres.


— ¿Entonces te demandaron? —preguntó la mayor angustiada.


—No se preocupe, pude apaciguar las cosas—la calmó el peligris—. Fue difícil después de semejante desastre, pero logré convencer al guardia de mostrarme los videos de seguridad, y efectivamente, Jungkook era inocente.


— ¿Dudabas de mí? —se indignó.


—Hasta yo—opinó Jin—, Con eso de que andas con tus coqueterías, como todo un casanova.


—Igual, ese no es el punto—carraspeó Namjoon.


—Gracias, Nam—lo abrazó la mujer, siendo correspondida—. Tenemos muchas deudas encima, como para andar pagando demandas.


—Soy consciente, por eso lo hice. Además, saben que los quiero. Son mi familia, aunque no de sangre.


—Para nosotros eso no es importante, sabes que eres bienvenido siempre.


—Oh, Joonie—habló Seokjin conmovido, levantándose del sofá—. También te queremos—dijo abrazando a Namjoon con cariño.


—Siempre te querré, bro. Mucho más que Jin—dijo Jungkook para molestar a su hermano, sumándose en el abrazo—. De todas formas, no hay que preocuparse—mencionó Jungkook, separándose del abrazo familiar—. Nos esforzaremos el doble para ganar aún más dinero del perdido—contaba mientras se subía de pie en el sofá, con una gran sonrisa que mostraba su dentadura.


—Ahí va de nuevo con sus tonterías—comentó Jin—, ¿Cuántas veces no has dicho lo mismo?


—Esta vez será diferente, hyung. Me siento confiado en que mañana será mejor, más próspero. En algún momento, cuando sea famoso, saldaremos todas nuestras deudas y seremos ricos.


—Sigue soñando despierto—bufó el mayor de los hermanos.


—Kook, bájate ¿Quieres? No creo tener que agregar a la lista de pendientes un sofá nuevo—el menor acató la orden, colocándose frente a su madre.


—Ya verás, mamá. Las cosas mejorarán, lo prometo. Y sabes que siempre cumplo.


—Lo sé, amor—dijo su madre, posando una mano en su mejilla roja debido a la cachetada—. Eres un gran soñador y sé que podrás superarte. Pero por ahora, necesito que mañana, me ayudes a tu hermano y a mí con la pastelería, ya que Jin se quedó todo el día y parte de la madrugada preparando nuevos postres.


—Puedo ayudar también—se ofreció Namjoon.


—Sabes que no—negó Jin—. Debes ir a repartir el periódico y atender tu otro trabajo en aquel bodegón.


—Lo olvidaba—se rascó la nuca.


—En otro momento, igual gracias—tranquilizó el mayor guiñándole el ojo, cosa que solo Namjoon notó, sonrojándose en el proceso.


—Bien, los ayudaré—finalmente aceptó el pelirrojo, sin borrar su sonrisa.