Falling in Love Again [YinWar]

Summary

Después de años juntos Yin y War han caído en la monotonía. Su amor antes lleno de ilusión y alegría, se ha convertido en rutina. Con San Valentín acercándose, ninguno de los dos emocionados; lo que antes era una fecha especial ahora es solo un día más. Pero todo cambia cuando, una mañana, despiertan en el pasado - en aquel día de su primera cita -. Ahora tienen una segunda oportunidad de recordar lo mucho que se aman, pero ¿será suficiente para revivir esa chispa que enciende su amor? Yin//War

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Single Chapter

Yin y War han estado juntos por mucho tiempo, su amor había sido emocionante, lleno de risas espontáneas, citas planeadas con entusiasmo. Cada pequeño detalle importaba; las cartas heces a mano la flor cada mañana, los besos de buenos días y buenas noches. Pero el tiempo había pasado, y con él, la chispa que los unía se había ido apagando lentamente. Su relación ya no es como antes.

No es que haya problemas grandes, gritos o peleas, solo rutina, las cosas se sienten... monótonas. Ya no se miraban como antes, las conversaciones eran breves y automáticas, las fechas importantes pasan sin emoción, los regalos se volvieron compromisos, los gestos románticos fueron desapareciendo poco a poco. Yin lo notaba, War también, — ambos lo sabían — pero ninguno se atrevía a decirlo en voz alta.

En dos días sería San Valentín, una fecha que antes los llenaba de ilusión, cuando planeaban con semanas de anticipación qué harían ese día. Un día lleno de flores, cartas, cenas improvisadas o incluso noches en casa viendo películas. Pero esta vez... ninguno mencionó nada. Ninguno preguntó si harían algo especial. Ninguno se atrevió a romper ese incómodo silencio que los envolvía. Era como si el simple hecho de hablarlo hiciera más evidente la distancia entre ambos.

Esa noche, después de una absurda discusión sobre la cena anterior, terminó con War quedándose a dormir en el sofá. No era la primera vez que esto sucedía. Sin embargo, antes, peleas como esas habrían durado minutos antes de que alguno de los dos cediera. Entonces la noche terminaba con besos robados y abrazos entre risas por lo tonto que es pelear por algo tan insignificante. Pero ahora simplemente se daban la espalda. No había disculpas, ni abrazos, ni siquiera el intento de arreglarlo. Solo silencio.



Yin se removió entre las sábanas, sintiendo una extraña incomodidad en su cuerpo. Abrió los ojos con pesadez, parpadeando varias veces hasta que su visión se aclaró, la luz del sol entraba por la ventana, iluminaba la habitación de una manera un tanto familiar, algo que no recordaba haber visto en mucho tiempo.

Se estiró perezosamente, y justo cuando iba a levantarse, su cuerpo se congeló de golpe.

— ¿Qué...?

Aquella no era su habitación... Bueno sí, pero no la actual, no era la que compartía con War. Sino su antigua habitación, en la casa de su madre. Su corazón dio un vuelco mientras su mente intentaba comprender lo que estaba viendo. El escritorio desordenado, los pósters en la pared, la estantería llena de cosas que juraba haber tirado hace años. Todo era exactamente como hace años. Un mechón de cabello cayó sobre su rostro, lo que lo desconcertó aún más. Él había estado cortando su cabello los últimos años.

De un salto, se bajó de la cama y corrió hacia el espejo en la esquina de la habitación. Y ahí estaba. Pero no era el Yin de ahora. — era el Yin de hace años —. Más joven, con el cabello desordenado de la forma en la que solía llevarlo en la secundaria. Sus manos temblaron y sus ojos se abrieron con sorpresa dando un paso hacia atrás.

— No puede ser...

Mientras tanto, en la sala de la casa, War se estiró lentamente sobre el incómodo sofá, sintiendo los músculos adoloridos por la incómoda posición en la que había dormido. Abrió los ojos, parpadeando varias veces, notando algo raro, — no estaba en su casa —. Claro, había estado en la casa de los padres de Yin muchas veces, pero hoy todo parecía... mucho más antiguo. La decoración era de una época en la que Yin todavía vivía con su madre. Los muebles, los cuadros en las paredes, cosas que no se encontraban actualmente en la casa. Pero lo más importante, ¿qué hacía en la casa de los padres de Yin?

War se sentó en el sillón con una sensación extraña, miró alrededor, tratando de comprender lo que sucedía. No era la primera vez que dormía allí, pero esta vez todo se sentía diferente

— Buenos días War — saludó una mujer bajando las escaleras

War giró la cabeza sintiendo que el aire se atascaba en su garganta, era la mamá de Yin, pero más joven. No solo era su apariencia más juvenil, sino también su voz, su postura relajada, la calidez en su sonrisa. Era como si el tiempo hubiera retrocedido, como si estuviera viendo un recuerdo cobrar vida frente a sus ojos.

— ¿Dormiste bien? —preguntó ella con naturalidad mientras caminaba hacia la cocina. — Espero no te haya molestado que el papá de Yin te hiciera dormir el sofá

War no supo qué responder de inmediato. Las palabras simplemente no le salían. Su mente aún intentaba procesar lo que estaba ocurriendo. ¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué todo parecía como si hubieran vuelto al pasado?

— ¿Estás bien, querido? — preguntó inclinando ligeramente la cabeza mientras lo miraba con poco de preocupación

War tragó saliva y asintió torpemente, miró alrededor nuevamente, como si pudiera encontrar alguna pista que explicara por qué estaba en ese lugar, en ese tiempo, pero no la encontró.

— Sí... sí, todo está bien — respondió finalmente, intentando sonar natural, aunque su voz sonaba un poco más tensa de lo que hubiese querido.

La mujer sonrió, sin percatarse de su incomodidad, y continuó caminando hacia la cocina

— ¿Vas a desayunar ya o prefieres esperar a que Yin baje? — preguntó la mujer mientras sacaba algunos utensilios para preparar el desayuno, lanzando una mirada curiosa a War —. ¿O pensaron en ir a algún lugar? No me contaron mucho sobre los detalles de su cita

— ¿Cita? — repitió sin poder evitarlo, sintiendo cómo la garganta se le secaba.

— Ay, War, no te hagas el olvidadizo. Es San Valentín, ¿o ya se te olvidó que tienes una cita con Yin? — La madre de Yin rio suavemente mientras batía los huevos en un tazón — tal vez hoy te pida ser su novio

El aire se quedó atrapado en sus pulmones. San Valentín. Novio. Yin.

War sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Su mente trabajaba a toda velocidad, intentando juntar las piezas de un rompecabezas que no tenía sentido. Si estaba en el pasado, si Yin aún vivía con su madre, entonces... ¿qué significaba eso? ¿Acaso estaban de nuevo en la época en la que comenzaron a salir?

— Claro que no lo olvidé — dijo con una sonrisa tensa — solo... creo que aún estoy un poco dormido.

— Eso pensé — respondió la mujer sin sospecha alguna — Yin suele tardar en bajar, así que puedes ir despertándolo si quieres.

War asintió lentamente, aunque su mente estaba a kilómetros de distancia. Subir y ver a Yin. Esa idea lo ponía nervioso, con el corazón latiendo con fuerza, se obligó a moverse. Subió las escaleras con pasos medidos, tratando de no alarmarse más de lo que ya estaba.



— Esto no puede estar pasando...

La puerta de su habitación se abrió de golpe y War entró apresurado, con la misma expresión de confusión y alarma.

Yin sintió que su corazón latía aún más fuerte al verlo. No porque War estuviera allí, sino porque también él también lucía más joven.

— ¿War...? — preguntó Yin, sin aliento.

Se miraron en silencio por varios segundos, hasta que finalmente War, fue el primero en romper el silencio

— ¿Qué demonios está pasando? Tu madre está abajo hablando sobre una cita y que hoy me pedirás ser tu novio... — hizo una pausa pasando una mano por su rostro, claramente igual de perdido que Yin. Cerró la puerta tras de sí y se apoyó contra ella, soltando un suspiro pesado. — Todo incluso nosotros, nos vemos como hace años

Yin tragó saliva, sintiendo cómo el pánico crecía en su pecho. Giró de nuevo al espejo y observo con más atención su reflejo. Su rostro, su cabello, incluso la forma en la que su ropa le quedaba, todo era exactamente como en aquella época.

— No tiene sentido... — murmuró, volviendo la mirada hacia War.

— Si todo es como hace años, y si hoy es San Valentín. Probablemente sea el día en el que comenzamos a salir — War, aún apoyado contra la puerta, frunció el ceño, tratando de darle lógica a la situación.

— Nuestra primera cita oficial de San Valentín, el día en el que te pido ser mi novio — continuó Yin

Yin aún recordaba cada detalle de ese día. La noche anterior War se había quedado a dormir en su casa, porque ninguno de los dos quería perder ningún minuto de la cita que tendrían al día siguiente — su primera cita en San Valentín — ambos estaban tan emocionados y nerviosos, sobre todo Yin, pues tenía pensado pedirle a War que fuera su novio

War se frotó la sien con frustración. — Esto es una locura... — murmuró — ¿Cómo demonios terminamos aquí?

— No lo sé — Yin dejó caer los brazos a los costados, exhalando con fuerza. — Pero si todo es exactamente como ese día... tal vez sea, ¿una segunda oportunidad?

War levantó la mirada, su ceño se frunció con una mezcla de confusión y preocupación. — ¿segunda oportunidad?

— Sí. — Yin hizo una pausa, organizando sus pensamientos. — Si hoy es el día en el que te pedí que fueras mi novio... entonces tenemos que hacer lo mismo que hicimos en ese momento. ¿Recordar lo felices que éramos en ese tiempo?

Le dolía decirlo. Le dolía más de lo que esperaba. Porque, en algún punto del camino, habían olvidado lo que significaban el uno para el otro, lo que los había llevado a enamorarse en primer lugar.

— Tal vez, si hacemos todo como aquella vez, podremos regresar. 

— Es una locura — War sacudió la cabeza, pero luego soltó una risa sin humor — pero nada de esto tiene sentido de todos modos, así que... supongo que no tenemos opción.

— Entonces, tenemos una cita — Yin sintió su pecho aligerarse un poco.

— Sí... tenemos una cita. Otra vez.

Yin y War se quedaron en silencio por un momento, procesando la idea de revivir aquel San Valentín. Era extraño pensar que el destino — o lo que fuera que estuviera ocurriendo — les estaba dando la oportunidad de recordar cómo comenzó todo.

— Primero nos cambiamos, en mi clóset debe de haber algo que pueda quedarte — respondió Yin, con una determinación renovada en su voz. — Luego bajamos a desayunar y nos preparamos para salir.

Minutos después, ambos bajaron las escaleras y encontraron a la madre de Yin en la cocina, sirviendo el desayuno.

— Qué raro que bajaron juntos sin que tuviera que llamarlos cinco veces — bromeó ella — parece que la emoción de la cita los puso puntuales.

Yin y War se miraron de reojo. Era extraño saber lo que pasaría, pero al mismo tiempo, el momento se sentía nuevo. War sonrió con nostalgia.

— Supongo que es un día importante — dijo, tomando asiento.

Comieron entre pequeñas conversaciones con la madre de Yin, quienes los veía con el mismo cariño que siempre había tenido por War.

— Disfruten este San Valentín, chicos. Estas cosas se recuerdan para siempre — suspiró con una sonrisa.



El aire era fresco, con ese toque ligero de febrero que aún conservaba un poco del frío del invierno. Yin y War caminaron por las calles con un silencio extraño entre ellos. No era incómodo, pero tampoco natural. Ambos sabían lo que estaban haciendo y era repetir el día exacto en el que comenzaron a salir, en un intento de encontrar respuestas... o quizás algo más.

War metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y miró de reojo a Yin. Se veía tal como aquella vez, con el cabello algo desordenado y ese nerviosismo que intentaba ocultar con una postura relajada. Aunque esta vez, había algo más en su expresión, algo que no recordaba haber visto en ese entonces.

— Entonces... vamos al café primero, ¿cierto? — preguntó War, rompiendo el silencio.

— Sí, ahí fue donde fuimos antes de ir al parque — Yin asintió, pero su voz sonaba más tensa de lo que habría querido.

— Recuerdo que estabas tan nervioso que derramaste café en la mesa.

— No fue tan grave — respondió Yin rodando los ojos.

— Nos tuvieron que cambiar de mesa

— Cállate.

War rió suavemente, sintiendo una punzada en el pecho. Ese tipo de conversación solía ser normal entre ellos. Ahora, sin embargo, se sentía diferente. No como una broma casual, sino como un eco de algo que se había perdido con el tiempo.

Cuando finalmente llegaron, se sentaron en la misma mesa que recordaban, junto a la ventana. El lugar se veía exactamente igual que hace años, estaba tranquilo, con la misma música suave de fondo, no parecía haber cambiado nada. Era una escena que ya habían vivido antes, pero ahora, con el peso del presente en sus mentes, tenía otro significado.

Un mesero se acercó con una libreta en mano y les dedicó una sonrisa amable. Preguntando por su pedido. War intercambió una mirada con Yin antes de asentir.

— ¿Deberíamos pedir lo mismo de aquella vez? — dijo War después de revisar el menú

— Un americano para mí, un capuchino con nieve y chispas de chocolate para ti y un par de croissants con mermelada — respondió Yin sin siquiera prensarlo, como si nunca lo hubiera olvidado. El mesero asintió y se retiró

War se quedó un momento en silencio — Aún lo recuerdas

— Por supuesto que lo recuerdo

— Incluso yo había olvidado que pedía mi capuchino con nieve y chispas de chocolate

Yin sonrió levemente, apoyando los codos sobre la mesa mientras observaba a War con atención.

— Tal vez porque para mí nunca fueron solo detalles.

War sintió su pecho apretarse ante esa respuesta. Bajó la mirada a la carta, aunque ya no la estaba leyendo realmente.

A lo largo del día, el tiempo parecía desvanecerse a medida que repetían cada momento de su primera cita. El café fue solo el primer paso, el inicio de un día que los llevó a revivir momentos que se habían ido olvidando con el paso del tiempo. Después vino la caminata al parque, junto a las risas en el columpio

Al llegar el parque todo estaba tranquilo, el sonido de sus pasos sobre el suelo cubierto de hojas caídas resonaba en el suelo, cuando llegaron a los columpios, Yin no dudó ni un segundo en subirse al primero, balanceándose con rapidez. War lo observó por un momento, y aunque quería disfrutar del momento con la misma ligereza, algo en su interior lo mantenía en silencio, contemplando la imagen de Yin balanceándose frente a él, como si nada hubiera cambiado.

— Esto no fue lo que hice aquella vez ¿Cierto? — preguntó Yin, deteniéndose para mirar a War

— No, no lo hiciste — respondió War, con una sonrisa en sus labios. Observando cómo Yin se balanceaba nuevamente con una mezcla de nostalgia y algo que no podía identificar aún.

— Espero que unos pequeños cambios no hagan la diferencia — comentó Yin

Después de un rato, cuando el sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. Ambos comenzaron a caminar a su siguiente y último destino — el cine — su caminata era lenta como si ninguno de los dos quisiera adelantarse a lo que vendría, a lo que ambos sabían que debía llegar: la conversación que aún no habían tenido, pero que de alguna manera ya estaba presente en el aire entre ellos.

Al llegar al cine, las luces brillaban con un resplandor, iluminando el lugar con reflejos de colores vibrantes. El aroma a palomitas recién hechas flotaba en el aire, mezclándose con el murmullo de las personas que entraban y salían. A pesar del bullicio, Yin y War se quedaron en silencio frente a la cartelera, observando los títulos sin realmente prestarles atención.

— ¿Podemos ver otra película esta vez?

— ¿Por qué? ¿No quieres repetir la experiencia completa? — War giró la cabeza hacia él con una media sonrisa

— Vamos, War. Aquella vez terminamos viendo una película aburridísima solo porque ninguno quería ceder y terminamos decidiendo a ciegas — dijo Yin cruzándose de brazos — ni siquiera recuerdo bien de qué trataba.

— Tampoco recuerdo de qué trataba, realmente era aburridísima — respondió War soltando una pequeña risa — lo único que recuerdo es que estuvimos peleando para ver quién le robaba más palomitas al otro

— ¡Es cierto! Tú metías la mano en mi bote como si fuera tuyo — dijo Yin, soltando una carcajada, al recordar dicha escena

— Porque el mío se acabó rápido y tú comes demasiado lento — se defendió War con una sonrisa.

— Yo disfrutaba mi comida, tú solo la devoras — Yin rodó los ojos con una sonrisa

Pero no solo era eso. Había pequeños detalles, cosas que tal vez en su momento no notaron del todo, pero que ahora, al recordarlas, cobraban un significado distinto. Como la manera en que War, en algún punto de la película, había dejado de pelear por las palomitas y simplemente apoyó su cabeza en el hombro de Yin, dejándose llevar por la comodidad de su cercanía. O cómo, sin darse cuenta, Yin había empezado a jugar con los dedos de War sobre el descansabrazo, enredándolos y desenredándolos en un gesto distraído que, visto en retrospectiva, había sido mucho más íntimo de lo que imaginaban en aquel entonces.

— También recuerdo otra cosa — dijo Yin, bajando un poco la voz — En un momento de la película, me di cuenta de que quería tomarte de la mano.

— ¿Y por qué no lo hiciste?

— Porque tú lo hiciste primero — Yin lo miró con un brillo nostálgico en los ojos — deslizaste tu mano hasta la mía y la sujetaste como si fuera lo más natural del mundo.

War se quedó en silencio por unos segundos. Recordaba haberlo hecho, sí. Pero no recordaba haber pensado demasiado en ello, solo lo había sentido correcto.

— Supongo que siempre fui un poco más valiente — bromeó, tratando de aligerar el ambiente.

— O solo un poco más impaciente — Yin le dio un leve codazo — Esta vez, elige tú la película, pero si es mala, te robaré todas las palomitas — dijo Yin, cambiando el tono a uno más ligero

— Trato hecho — War sonrió — sino es que me las termine antes de que intentes robarme

Ambos se rieron, pero debajo de la risa había algo más. Algo que los envolvía con cada recuerdo compartido, con cada palabra que traía de vuelta los sentimientos que habían quedado suspendidos en el tiempo.

Una vez eligieron la película tomaron sus entradas y se dirigieron hacia las salas, donde la oscuridad del cine los envolvió. Durante la película, entre risas compartidas y pequeños gestos que hablaban más que mil palabras, ambos sentían como todos esos sentimientos que creían guardados comenzaban a volver.

Cuando la película terminó, ambos se quedaron en silencio al salir de la sala, con los ojos un poco más brillantes, como si la experiencia los hubiera dejado con algo más. Ambos caminaron en silencio unos pasos más, hasta que llegaron nuevamente al parque, donde la noche los recibió con un aire fresco y una sensación de que el día había marcado el principio de algo nuevo, algo que aún no entendían completamente, pero que ambos sabían que estaban listos para explorar juntos.

Se detuvieron bajo la farola que marcaba el final de la noche. En aquel entonces, Yin había respirado hondo, había tomado las manos de War con nerviosismo y le había pedido ser su novio. Pero ahora...

— War, esto, ya no es lo mismo.

— ¿Qué?

— No somos los mismos de antes, War — Yin lo miró con tristeza. — Podemos hacer cada cosa igual, decir cada palabra como la dijimos antes... pero el tiempo ha pasado. No somos esos chicos que se enamoraron ese día.

War sintió un nudo en la garganta.

— Lo que pasó en el cine me hizo darme cuenta de que... — su voz vaciló por un segundo, pero continuó — por más que tratemos de revivir lo que sentimos en ese momento, no va a funcionar.

War lo miró, el corazón latiendo con fuerza en su pecho. La voz de Yin sonaba tan firme, pero al mismo tiempo, había algo frágil en su mirada, como si hubiera estado guardando esas palabras durante demasiado tiempo.

— Entonces... ¿qué significa esto?

— Significa que no podemos recuperar lo que teníamos... — Yin respiró hondo, como si liberar esas palabras fuera tan difícil como soltar algo que había estado aferrado — pero podemos construir algo nuevo. Lo que pasó en el cine no fue para nada parecido a lo que sucedió en nuestra primera cita y tal vez no recuerde mucho sobre eso, pero créeme, fue mucho mejor

— Esto nunca se trató de revivir el pasado, sino lo que sentimos, recordar lo que realmente nos unió y lo que nos hace amarnos — War respondió con suavidad

— Entonces... empecemos otra vez. No como antes. Como ahora — Yin lo miró fijamente antes de tomar su mano.

— Había olvidado lo sentimental que podrías ser — War soltó una pequeña risa

— Y yo había olvidado lo duro que puedes llegar a ser

Yin nuevamente tomó con firmeza ambas manos de War, sintiendo ese mismo nerviosismo en su pecho, esa misma mezcla de incertidumbre y esperanza que había experimentado la vez que le pidió ser su novio, y la misma que experimentó cuando le pidió matrimonio. Pero esta vez era diferente. Aunque su corazón latía rápido, lo que sentía era más profundo que antes, más real. Ahora no le temía a lo que pudiera pasar, solo quería que las palabras fluyeran sin la pesada carga del pasado.

— War Wanarat... — Yin comenzó, su voz un poco temblorosa, pero con la determinación creciendo en su interior — ¿Te gustaría ser mi novio... otra vez?

Era la misma pregunta que había hecho años atrás, pero esta vez había un nuevo significado. Esta vez no era solo el comienzo, sino también un recordatorio. Un intento de recuperar los sentimientos que habían perdido con el tiempo.

War lo miró por un momento, como si lo estuviera evaluando, pero sus ojos se suavizaron cuando notó la vulnerabilidad en el rostro de Yin. Sin responder de inmediato, deslizó sus dedos con ternura por la palma de Yin, y con una sonrisa cargada de significados, acortó la distancia entre ellos.

— Si, Yin Anan Wong — La sonrisa en sus labios era suave, pero su mirada era profunda, llena de significados no expresados — Claro que sí, aunque ya estemos casados y sea un poco raro volver a ser novios — terminó soltando una risita

— Entonces tendremos que casarnos una vez más — dijo Yin con una sonrisa — y creo que está ves yo fui más valiente — susurró

— O solo un poco más impaciente — repitió las palabras de Yin con diversión

Ahora ambos estaban comenzando de nuevo su historia de amor, una etapa que no necesitaba comparar y con el pasado, esta vez sería con un nuevo capítulo, escrito a su propio ritmo. No importaba el destino, solo que esta vez avanzaban juntos nuevamente. Su amor no era un punto de partida ni una meta, sino un viaje constante, uno que esta vez estaban dispuestos a vivir sin reservas, sin miedos



Al regresar a la casa de los padres de Yin, las luces suaves de la casa les daban la bienvenida, llenando el aire con una sensación cálida y tranquila. War y Yin se miraron de reojo antes de entrar, un silencio cómodo entre ellos, como si todo lo que había sucedido durante el día hubiera dejado una huella.

La mamá de Yin los esperaba en la sala, sentada en su sillón favorito, con una taza de té entre las manos. Al verlos entrar, levantó la mirada y sonrió, dejando escapar un suspiro de alivio, como si hubiera estado esperando este momento.

— ¿Cómo estuvo la cita, chicos? — preguntó con una voz suave pero llena de curiosidad. Les hizo un gesto para que se sentaran, como si ya supiera lo que estaba por venir.

Yin miró a War y antes de que pudiera decir algo, War, con una sonrisa despreocupada, habló primero, como si nada hubiera cambiado, pero con una chispa de satisfacción.

— Estuvo bien, ahora somos novios — dijo war sonriendo, como si fuera lo más natural del mundo

— Eso es increíble — exclamó la madre de Yin, con alegría en su voz — ahora War, querido eres oficialmente parte de la familia

— Yo lo sabía — agregó, con una sonrisa traviesa. — Desde el primer día que te vi, War, supe que esto iba a pasar. Pero estoy feliz de que finalmente lo hayan dicho

En ese momento, Yin recordó cómo algo similar había sucedido. En su primera cita, tan nerviosos como estaban, también habían dicho las mismas palabras a su mamá. "Ahora somos novios", le dijeron a su madre, y ella había respondido con una sonrisa cálida, como si ya lo hubiera intuido. Su papá, por supuesto, había tenido una actitud más reservada, pero también les había dado su aprobación con un firme apretón de manos.

La mamá de Yin, con una risa leve, les ofreció algo de comer, la mamá de Yin no podía dejar de mencionar cuántas veces había esperado este momento, lo que hizo que War se sintiera un poco abrumado, pero a la vez cálido, recordando que se había sentido exactamente igual, cuando ambos dijeron que eran novios, sintiendo nuevamente que su lugar en la vida de Yin estaba ya completamente aceptado.

Esa noche, cuando finalmente el padre de Yin dejara a War dormir en la habitación de Yin, ambos se acomodaron en la cama, el silencio era cómodo entre ellos. No había necesidad de hablar de lo que había sucedido; ambos lo sabían. War se acomodó junto a Yin, sus cuerpos casi fusionados por la cercanía. Se miraron por un momento, como si sus ojos pudieran decir todo lo que no se había dicho en palabras.

— Yin, ¿crees que haya funcionado? — dijo War con su voz casi en un susurro

Yin parpadeó, pero entendiendo perfectamente lo que War quería decir. La calidez del cuerpo de War junto al suyo le resultaba reconfortante, como si nada en el mundo pudiera estar mal en ese momento.

— No lo sé... — respondió con honestidad, su mirada fija en el techo. Luego giró el rostro para encontrar los ojos de War — Pero quiero creer que sí.

Ninguno de los dos sabía que pasaría o si funcionaría, pero en ese momento, acurrucados bajo las sábanas, con la calidez del otro impregnada en su piel, nada más importaba. Era un salto de fe, una apuesta a lo desconocido. Cerraron los ojos con la esperanza de que, al despertar, el mundo siguiera girando a su favor. favor — Al menos, habían logrado reconstruir lo que una vez tuvieron —

Cuando Yin despertó, estaba en su cama. La verdadera. Su habitación actual, la que compartía con War, miró a su alrededor, sintiendo su corazón acelerado, se sentó de golpe y giró la cabeza. War estaba a su lado, aún dormido. Por un momento, Yin se quedó en silencio, preguntándose si todo había sido un sueño. Pero entonces, War se removió y abrió los ojos lentamente. Sus miradas se encontraron, y por la forma en que War lo miró, Yin supo que no había sido un sueño.

— Feliz San Valentín, Yin — War sonrió, y murmuro con una voz ronca por el sueño

— Feliz San Valentín, War — Yin sonriendo también, sintiendo cómo su pecho se llenaba de calidez

Y esa vez, cuando se besaron, no hubo rutina, ni monotonía. Solo amor. Como la primera vez. Era fascinante cómo, después de tanto tiempo, aún lograban despertarse mariposas con algo tan sencillo como una sonrisa, una caricia fugaz o la calidez de una mirada.



Cualquier falta de ortografía •

Sugerencia •

etc. aquí

— 4677 palabras —