Capitulo 1: La Desaparición
Capítulo 1: La Desaparición
La ciudad de Vellum nunca fue una ciudad como cualquier otra. En su exterior, parecía ser una población común, llena de gente trabajando, niños corriendo por las calles, y el bullicio del mercado siempre presente. Pero Kael Verner sabía que algo no estaba bien. Había vivido toda su vida en esa ciudad, pero siempre había sentido una extraña sensación de incompletitud en el aire. Como si el tiempo se hubiera detenido hace mucho, y solo ellos, los habitantes, seguían adelante, atrapados en una rutina interminable, sin un propósito claro.
El cielo de Vellum rara vez mostraba su color natural. La niebla, espesa y pesada, parecía abrazar la ciudad con una constante sensación de opresión. Las calles, estrechas y enredadas como un laberinto, a menudo dejaban a quienes las recorrían con la sensación de estar dando vueltas en círculos sin llegar a ningún lado. Las casas, construidas con ladrillos envejecidos por el paso del tiempo, parecían tener la capacidad de desvanecerse en la niebla, como si no estuvieran completamente presentes. Era un lugar extraño, donde las memorias parecían desvanecerse con facilidad, y las historias del pasado se deslizaban entre los dedos de quienes intentaban recordarlas.
Kael había comenzado a notar eso desde joven, pero nunca fue capaz de entender por qué. Siempre había sido una persona reservada, introspectiva, sin demasiados amigos. Y a medida que crecía, la sensación de ser un extraño en su propia ciudad se intensificaba. En la escuela, al igual que en la ciudad, sentía que algo se perdía, como si un pedazo de la realidad fuera arrancado a medida que pasaban los días. Cada conversación, cada recuerdo, cada detalle de su vida parecía borrarse lentamente. Como si el vacío estuviera acechando, listo para devorar lo que quedaba de su existencia.
Pero no fue hasta que su hermana Lyra desapareció que Kael realmente entendió que el vacío no solo se refería a su sensación interna, sino que también estaba sucediendo fuera, en la propia ciudad. El día en que Lyra desapareció fue, quizás, el peor de su vida.
Era una tarde fría, el viento arrastraba hojas secas que chocaban contra las ventanas con un sonido sordo, como si intentaran advertirle algo. Kael llegó a casa después de un largo día en la biblioteca, donde había pasado horas revisando antiguos manuscritos que trataban sobre las historias perdidas de la ciudad. Se sintió exhausto, pero al mismo tiempo, algo dentro de él le decía que había algo importante esperando en su hogar. Al entrar, la casa estaba inusualmente tranquila.
Lyra no estaba en su habitación, lo cual no era extraño. A menudo, ella salía a caminar por la ciudad, buscando algo que ni ella misma entendía. Pero lo extraño fue que, al entrar en su habitación, Kael notó que todo estaba en silencio, algo que no ocurría nunca. Las paredes, cubiertas con carteles de conciertos y dibujos, ahora parecían vacías. La cama estaba perfectamente hecha, lo que era casi imposible para Lyra, que siempre dejaba todo desordenado. No había señales de que ella hubiera estado allí en toda la tarde. Ni sus libros estaban en su escritorio. No había rastro de sus pequeños objetos personales.
Kael se acercó a la mesa donde Lyra solía dejar su cuaderno, y allí lo encontró. El cuaderno negro, con su cubierta gastada por los años, estaba abierto, y algo en sus páginas parecía distorsionado. El cuaderno de Lyra siempre había estado lleno de garabatos y escritos caóticos, pero lo que vio ahora fue algo diferente. Las palabras parecían moverse en la página, cambiando de lugar como si se estuvieran reescribiendo solas. Se acercó más, su respiración acelerada. Las palabras eran:
“El Olvido se alimenta de los que recuerdan. Las sombras toman lo que queda atrás.”
La sensación de pavor se apoderó de él al leerlas. El cuaderno nunca había sido como esto. Había algo extraño en las palabras, algo que no era solo un mensaje incoherente, sino un aviso. ¿Era esto lo que Lyra había estado descubriendo? ¿Había ella llegado demasiado lejos? Con manos temblorosas, Kael pasó la página, esperando encontrar algo más. Y lo encontró.
“Cuando las sombras te llamen, no mires atrás. El vacío se extiende como un río y arrastra todo a su paso.”
Era como si Lyra hubiera escrito un último mensaje, como si supiera lo que iba a ocurrir. Pero no había señales de ella. No había más pistas.
Frustrado y temeroso, Kael salió corriendo de la casa, decidido a encontrarla. Pensó que tal vez alguien en el mercado o algún vecino podría saber algo. Pero a medida que caminaba por las estrechas calles de Vellum, comenzó a notar algo aún más perturbador. Nadie recordaba a Lyra
Se acercó a Elena, una amiga de la familia que trabajaba en la tienda de la esquina. "¿Has visto a Lyra?" preguntó Kael, su voz temblorosa. Elena lo miró con una expresión vacía.
"Lyra… ¿Quién es Lyra?" preguntó Elena, como si la palabra fuera un sonido extraño en su boca. Kael retrocedió, incrédulo. ¿Cómo era posible que nadie recordara a su hermana? Elena había sido amiga de Lyra desde que eran niñas. ¿Cómo podía olvidar a su propia amiga?
Pánico empezó a formarse en su pecho. Corrió a preguntar a otras personas, pero las respuestas eran siempre las mismas: nadie recordaba a Lyra. Nadie la había visto. Nadie sabía quién era.
Desesperado, Kael volvió a su casa, pero las cosas ya no parecían las mismas. Algo había cambiado. El cuaderno estaba allí, pero al abrirlo de nuevo, vio que las páginas habían cambiado. Las palabras seguían siendo inquietantes, pero ahora más crípticas, más aterradoras:
“Cuando el Olvido llega, nada es lo que parece. La realidad es un hilo tirante, a punto de romperse.”
Kael se desplomó sobre la mesa. ¿Qué estaba sucediendo en Vellum? ¿Por qué nadie recordaba a Lyra? Y lo más aterrador, ¿por qué él también sentía que algunos de sus propios recuerdos se estaban desvaneciendo?
La respuesta a todas sus preguntas, Kael lo comprendió finalmente, estaba fuera de la ciudad. En ese momento, algo en su mente se encendió. No podía quedarse en Vellum, atrapado en el mismo ciclo de olvido. Tenía que salir. Tenía que buscar las respuestas fuera de las murallas de la ciudad, y quizás, descubrir lo que realmente estaba pasando con Lyra. Pero no solo ella… todo en Vellum estaba siendo consumido.
Con el cuaderno en mano y una determinación creciente, Kael se preparó para abandonar la ciudad. Pero algo en su interior le decía que esto no era solo una búsqueda de respuestas. No solo estaba buscando a su hermana. Estaba buscando su propia identidad, porque en ese mismo momento, comenzó a dudar de sí mismo, de lo que recordaba y de lo que realmente sabía sobre el mundo que lo rodeaba.
Vellum había cambiado. Y Kael estaba a punto de descubrir lo que significaba ser parte de algo mucho más grande, algo que iba más allá de los límites de la ciudad y las fronteras de la realidad misma