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Segunda Oportunidad

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Sinopsis

La vida de Jade se desmorona cuando su hijo de nueve años es diagnosticado con leucemia. Como madre soltera y con un trabajo sin futuro, se encuentra desesperada. La única esperanza para que su pequeño mejore recae en un médico especializado, quien resulta ser el padre del niño, a quien no ha visto en una década. Ahora, la mujer que lo abandonó debe confiarle lo más preciado de su vida. Después de todo, Jade desearía haber tomado otras desiciones cuando era joven. Si pudiera regresar diez años en el tiempo, ¿su vida sería mejor? ¿Lo harías tú? © All Rights Reserved

Genero:
Romance
Autor/a:
D.M. Sandoval
Estado:
Completado
Capítulos:
32
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

—Qué suerte la tuya de trabajar sólo medio turno e irte a casa temprano. En cambio yo, me voy a casa hasta que salga el último paciente.

—Tú no tienes un hijo, Kimberly. Por eso mi turno es de medio tiempo.

Toma sus pertenencias mientras su compañera de trabajo mastica ruidosamente goma de mascar al tiempo que la mira con desdén.

—Por eso tomo la píldora, no sabría qué hacer con un bebé a esta edad —explota una bomba de goma de mascar.

Jade tampoco sabía qué hacer con un bebé a los 22 años, pero se las arregló en el camino. Aprecia a su compañera, aunque a veces siente celos de la vida que lleva; tener la libertad de salir todos con amigos, vivir sin estrés constante, poder desvelarse y dormir hasta tarde, eso y muchas cosas las perdió al decidir tener a Russell. Fue una decisión que tomó sola y no se arrepiente ni un segundo, pero le hubiera gustado hacer las cosas de manera diferente cuando era más joven.

—Nos vemos mañana, Kimberly.

—Sí, hasta mañana —responde con indiferencia.

Sale de la veterinaria donde trabaja desde hace ocho años como recepcionista, su amigo Kyle le ayudó a conseguir el empleo. Tiene que darse prisa, Russell está por salir del colegio. Al llegar encuentra a su hijo sentado en las escaleras esperando por ella. A veces llega unos minutos tarde de manera intencional, para evitar a las madres que se congregan frente a la escuela, no cree tener tema de conversación con ellas, así que prefiere esperar unos minutos a que se retiren.

—Russell, ¿llevas mucho tiempo solo?

—No, no mucho.

—Vamos.

Madre e hijo se encaminan por la calle en dirección a casa.

—¿Quieres comer espagueti a la boloñesa?

—No tengo hambre —contesta sin mucho ánimo.

—¿Por qué?, ¿comiste bien en la escuela?

—No, no tuve hambre.

Al llegar Russell se mete a su habitación, Jade carga la lavadora con ropa sucia, limpia los pisos y al terminar prepara la cena. Cuando va a ver a su hijo, lo encuentra dormido y la imagen le produce ternura. Mete la mano entre los rojizos rizos del pequeño y acaricia su frondosa melena. Cada día se parece más a su padre, lo que ocasiona que se le rompa más el corazón.

—Rusty, la cena está lista. Vamos, despierta.

—Mmmmm, no quiero cenar.

—Vamos, preparé tu comida favorita.

Después de unos minutos persuade a su hijo para que la acompañe, se están sentando a la mesa cuando llega Kyle.

—Llegue justo a tiempo.

—¿Quieres qué te sirva?

—Por favor, muero de hambre.

Kyle habla sin parar sobre cómo fue su día en el banco, pero Jade solo tiene ojos para su hijo, se ve cansado.

—¿Seguro qué te sientes bien?

—No lo sé, tengo frío.

—Será porque ya se acerca el invierno —Kyle ríe solo de su chiste.

Al terminar Russell se va a la cama mientras Jade se queda limpiando los trastos. Kyle la sorprende por detrás colando las manos por su cintura y respirando sobre el cabello.

—¿Quieres pasar la noche conmigo?

—Kyle…

—Jade… —dice con fastidio.

—Ya te expliqué. Fue un momento de debilidad, había bebido unas copas de más. Te dije que no iba a volver a suceder.

—He esperado por ti los últimos 13 años —su voz suena a reproche.

—Será mejor que busque otro lugar para vivir.

—No, quédate, por favor —intenta tomarle la mano, pero se suelta.

—No puedo, no como tú quieres. No es justo para ti y tampoco para mí.

Sale de la cocina y se encierra en su habitación. Kyle fue su primer novio, su primera vez, aunque terminó con él antes de graduarse. Sabía que él quería proponerle matrimonio, pero ella no quería casarse, no tan joven, quería estudiar, conocer el mundo y después sentar cabeza, aunque las cosas tampoco salieron como las tenía pensadas.

—Mamá, ¿podemos parar?

—Hijo, sólo hemos visto dos departamentos y necesito encontrar un lugar adecuado para este fin de semana.

—¿Por qué no podemos vivir con Kyle?

—Él necesita su espacio y nosotros el nuestro.

Ya no puede cargar a Russell, desde hace dos años es muy pesado para ella, así que lo toma de la mano y camina un poco más lento. Ven dos departamentos más, pero ninguno es adecuado para ellos. Falta un departamento por ver y si no le convence no sabe qué hará.

—El departamento se acaba de desocupar. Tiene dos habitaciones, un baño, cocina y sala-comedor —explica la corredora de bienes raíces.

—Es perfecto, ¿cuándo podemos ocuparlo?

—De inmediato. Solo tenemos que hacer el contrato, podemos ir a la oficina en este momento —Russell la mira con ojos de súplica.

—¿Puedo verla el día de mañana?

—No sé sí esté disponible, en este momento estoy recibiendo mensajes de tres personas más que quieren verlo.

—Le doy el depósito y un mes de renta, por favor, necesito llevar a mi hijo a casa, creo que se va a enfermar.

—Sí, tiene mal aspecto.

La siguiente semana Jade se pasa todas las tardes entre cajas de cartón y plástico burbuja empacando los últimos diez años de su vida. Por otro lado, Kyle ha llegado tarde a casa evitando encontrarse con ella. El sábado por la mañana, Jade tiene la Gran Cherokee 2007 de su madre llena de cajas. Entra a la casa para hacer una última inspección antes de irse y encuentra a Russell en lo que era su cuarto.

—Sigo sin entender porque tenemos que irnos.

—Ya te lo dije, Kyle necesita su espacio y nosotros el nuestro.

Termina de subir las últimas cosas a la camioneta cuando Kyle sale de casa.

—¡¿Prefieres irte que darme otra oportunidad?!

—No hagamos esto más grande.

—He sido el único que te he apoyado todos estos años y ¿así me pagas?

—Creí que me ayudabas de manera desinteresada, como amigo, no sabía que tu ayuda tenía precio. Gracias por todo. Adiós.

Mientras Jade se encarga de acomodar sus pertenencias en el nuevo hogar, Russell duerme, de hecho es lo único que lo ha visto hacer desde que se mudaron. Es una mañana tranquila en el trabajo cuando recibe una llamada.

—Señora West, hablamos de la escuela de su hijo.

—Dígame, ¿pasa algo?

—Tiene que venir por él, no se siente muy bien.

Jade habla con la doctora Crane, su jefa, para pedirle permiso de salir temprano. Ella cómo madre soltera entiende perfectamente la situación de su empleada. Al llegar a la escuela, Russell está sentado frente a la oficina del director.

—¿Qué pasó?

—No lo sé, creo que algo me hizo mal.

—¿Vomitaste?

—Sí.

—Oh, Rusty, vamos a casa.

Al cruzar la puerta el niño se va a la cama, Jade está comenzando a preocuparse, tiene semanas que su hijo no hace otra cosa que dormir después de la escuela. No sabe si es una etapa de crecimiento o algo por lo que deba preocuparse. Al día siguiente por la mañana lo encuentra resfriado, así que el niño se queda en casa solo. Cuando regresa del trabajo, está en las mismas condiciones que cuando se fue. Durante la noche va a verlo y lo encuentra hirviendo en fiebre. Le da medicamento y le coloca compresas en la frente, pero nada logra bajar la temperatura, así que lo lleva a urgencias.

—¿Señora West? —Jade se levanta de la silla al ver que el médico la llama.

—Pudimos bajar la fiebre a su hijo, y por lo que nos comentó Russell, además de los moretones y llagas en la boca…

—¿Moretones y llagas?, ¿cómo? —no se explica en qué momento sucedió, ha estado más ocupada de lo normal las últimas semanas, pero no cómo para descuidar a su hijo de esa manera.

—Eso nos llevó a realizarle un hemograma a Russell y sus rangos están muy por debajo de la media, lo que me hace pensar en algún tipo de cáncer.

Se derrumba al escuchar la noticia, no puede estar pasando de nuevo por esto. Su madre murió de cáncer de mama cuando tenía 18 años, dejándola sola en el mundo. Su padre se fue de casa seis años antes y nunca volvió a saber de él.

Esa noche mientras Russell se queda internado, ella se reprende así misma por haberlo descuidado. Si le hubiera prestado más atención en lugar de estar con la mudanza, no estaría así, pero muy en el fondo sabe que esta enfermedad llega de imprevisto y no pudo haber hecho nada para impedirla. Dos días después salen del hospital y Jade tiene que regresar al trabajo, no puede darse el lujo de perderlo.

Por las mañanas Russell regresa a la escuela y por las tardes van al hospital para aplicar quimioterapia. A Jade le parte el alma ver a su hijo así y revive el calvario que sufrió con su madre, aunque ahora ya no es una niña, no hace el proceso menos doloroso. En esa época sentía que su mundo se venía abajo, pero no se compara con lo que está sufriendo en este momento. Fue en esa época cuando comenzó a salir con Kyle, fue su amigo desde el primer día de clases y siempre le pidió una cita, Jade solo quería olvidarse del mal rato que estaba viviendo en casa, así que accedió.

Russell lleva tres meses en tratamiento y un día, antes de comenzar con el médico la llama.

—Sra. West, hoy me han llegado los resultados del último análisis de sangre de Russell. No tenemos mejoría, no logramos entrar en estado de remisión, lo lamento mucho.

—¿Qué otras opciones tenemos?

—Se podría tratar con trasplante de células madre, pero creo que esto podría ser contraproducente, ya que las células sanas también se dañan y por el estado en el que está Russell, no creo que lo logre —Jade no puede articular palabra—. En el Hospital de Investigación Infantil St. Jude están haciendo estudios clínicos con terapia dirigida, es lo único que considero viable en el caso de su hijo.

—Muchas gracias, entonces no tiene caso que le apliquen el tratamiento el día de hoy.

—Así es.

Ese día regresan a casa temprano y Jade se dedica a investigar sobre el hospital Infantil St. Jude, afortunadamente, les queda a veinticinco minutos de distancia en auto. Realiza una llamada y minutos después tienen cita para dentro de dos días.

El Hospital St. Jude se ve por fuera como cualquier otro, pero por dentro, es único. Cuenta con un patio central que simula ser un jardín con flores gigantes de vibrantes colores. Las paredes de los pasillos están adornadas como un patio de juegos, en donde poses la mirada hay imágenes vibrantes y coloridas. Al llegar a la recepción una enfermera los hace pasar al consultorio.

—Tomen asiento, en un momento viene con ustedes el Doctor Elsher.

Jade petrifica al escuchar ese nombre, no puede, después de 10 años de no verlo, no pueden encontrarse así.

—Buenas tardes, soy el doctor Elsher… —su mirada se intercala entre Jade y Russell— ¿Qué es esto?

—Adam...

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