The Shadowvale
Aquellos gemidos resonaban casi de forma desgarradora como un eco abrazador por toda la habitación... Su cuerpo era domado con agresividad mientras las uñas largas del contrario se enterraban en su carne. La sensación de placer era de otro mundo, tanto que lo hacía lloriquear, y gruesas lágrimas corrían por sus mejillas menteniendo su labio atrapado entre sus dientes.
Todo era intenso, como si estuviese follando en el infierno y las llamas lo quemaran en carne viva.
— Jimin... — gruñó — quiero oirte gemir mi nombre... Hazlo otra vez.
El rubio lo miró asustado en medio de su lujuria y con voz ahogada respondió — Pero yo no lo sé... No sé tu nombre.
— ¿Vas a seguir jurando no recordar mi nombre cuando lo has estado gimiendo y suplicando durante toda la noche? ¿Te gusta jugar de esta forma?
— N-no estoy jugando... No sé qué pasa. No puedo recordarlo.
— No me mientas — embistió con rudeza.
— Uhmm... ¡Lo juro!
— Reconocería una mentira cuando la escucho. Sabes muy bien quien soy y como me llamo. Tu cuerpo sabe mi nombre porque es a mí a quien pertenece, lo tienes tatuado por dentro — se movía tan profundo que dolía cada que calaba, pero era un dolor adictivo.
Su piel ardía y la de aquel era tan fría... Gritaba más alto mientras más duro lo tomaba y cuando al fin estaba cerca del orgasmo... Despertó.
Se sentó de golpe en la cama, frustrado por volver a experimentar la misma mierda de todas las noches. Era algo recurrente que no lo dejaba en paz y solo quería que se detuviera o que lo dejara llegar al final, al menos una vez.
Miró con fastidio la erección entre sus piernas, levantando su pijama y salió de la cama, maldiciendo en su mente. Se detuvo frente al espejo sobre el lavabo y cerró los ojos, tratando con todas sus fuerzas de recordar el nombre del misterioso hombre que lo visitaba en sueños hace tiempo.
— ¿Por qué no puedo recordarlo? — sentía una necesidad asfixiante de recordar su nombre. Cada vez que se lo imaginaba, una opresión en su pecho le cortaba la respiración.
Agotado, miró el reloj y ya estaba por amanecer. Suspiró y olvidó su dureza, preparándose para ir al trabajo.
Desde las primeras horas del día, el bullicioso pueblo cobraba vida; los carruajes se desplazaban de un lado a otro, las mesas rebosantes de frutas, verduras y animales anunciaban la actividad del mercado, deleitando la vista de los compradores. Aquello que la oscuridad velaba con su manto de sombras se transformaba en un espectáculo hermoso y mágico para todos los presentes.
Jimin ajustó el letrero de "abierto" en la puerta de la floristería donde laboraba, y con un gesto afirmativo dejó la puerta entreabierta, dispuesto a dar comienzo a la elaboración de los variados arreglos florales. Con San Valentín en mente, anhelaba una exitosa jornada de ventas, esperanzado en cautivar a numerosos clientes con la belleza de las flores.
Y así sucedió, después de completar el inventario y hacer el recuento final, cerró la tienda muy tarde en la noche. Con paso decidido, caminó por las calles ahora desiertas en dirección a la colina donde residía, sintiendo la inquietante sensación de estar expuesto. Sujetando firmemente la tela de su bolso que cruzaba su pecho con su mano, mantenía los ojos fijos en el suelo mientras avanzaba. A pesar del frío que envolvía el exterior, sus pies se movían rápidamente, provocando una delicada capa de sudor en su frente.
En silencio, un hombre salió de las sombras y lo siguió, manteniéndose fuera de su vista; a una distancia prudente. Sus ojos estaban puestos en él, observando sus movimientos mientras se apresuraba a caminar en dirección a su casa.
Su presencia se mantenía oculta en la neblina nocturna...
El rubio irrumpió en en su morada y cerró la puerta de un portazo, presionando su espalda contra ella en un intento por controlar su frenética respiración. Dirigió una mirada fugaz por la ventana, bajó la cortina de un tirón y procedió a despojarse de cada prenda hasta quedar desnudo por completo. Con los sentidos alerta y agitado, una oleada de adrenalina, terror y excitación se apoderó de él de forma intensa.
Entró en la ducha y giró el grifo, dejando que el agua fría cayera sobre su cuerpo, en un intento de limpiar su mente nublada. Sin embargo, su cuerpo reaccionaba de manera inesperada, su miembro endurecido le miedo y placer. No entendía porqué Le ocurría eso.
Mientras aplicaba shampoo en su cabello, la espuma se deslizaba por su cuerpo, estimulando sus sentidos de forma incontrolable. Con un gemido contenido, llevó su mano hacia la zona afectada y la restregó con suavidad, tratando de calmar la intensa lujuria que lo invadía.
— Uhmm...
El individuo que lo había seguido se erguía inmóvil justo al otro lado de la ventana, con sus ojos fijos en el pequeño que se duchaba. Sus oscuros ojos recorrían con detenimiento cada recodo de su figura, capturando hasta el mínimo detalle con una intensidad inquietante. Una leve agitación en su respiración denotaba la fascinación que sentía al observar al joven masajear su miembro con una mezcla de temor y deseo latente.
Mantuvo su posición fuera de la ventana, atisbando a través de un pequeño hueco entre las cortinas, tratando de no perder de vista ni un solo movimiento suyo.
El joven arqueó la cabeza hacia atrás, intensificando el masaje con premura, incitándose a sí mismo en busca de liberación. Mientras tanto, el desconocido tragó saliva al observarlo detenidamente a través del estrecho espacio. Sus ojos siguieron meticulosamente cada gota de agua que resbalaba por el cuerpo del contrario, dejando una estela de humedad a su paso. Su mirada, cargada de deseo y ansias, capturó cada acción de su mano, acompañado de gemidos apenas audibles que escapaban de su garganta. Pero a pesar del fuerte impulso de unirse a él en la ducha, se mantuvo conteniendo ese deseo abrumador.
Sus movimientos cada vez eran más rápidos hasta que dos dedos entraron y calaron. En ese momento, solo podía venir a su mente el hombre misterioso con el que siempre soñaba. Se puso en cuclillas en el piso y masturbó por dentro con rapidez, dando golpes en su próstata sin parar, mientras su otra mano jalaba su falo endurecido — Mmhg — movía las caderas en un vaivén.
La intensidad de la mirada de quien lo espiaba se intensificó mientras su respiración se volvía entrecortada al contemplar la escena frente a él, imaginándose a sí mismo como el protagonista de aquel momento íntimo. Sus manos se convirtieron en puños, luchando contra la furia del deseo que lo invadía, resistiendo la tentación de irrumpir en la ducha y reclamar al joven como suyo.
Algo que no podía hacer...
En un grito ahogado su esencia salió desde la punta hacia el piso; una cantidad de semen absurda que lo dejó debilitado... lavó con jabón las partes de su cuerpo que faltaban y salió del baño. Vistió la típica bata blanca que usaba para dormir y se hizo algo ligero de comer antes de irse a la cama, sabiendo que volvería a soñar con él. O al menos, eso esperaba.
Él continuó observando desde afuera, manteniendo una prudente distancia y aguardando el momento en que Jimin se durmiera. Su mente se llenó de imágenes del otro, solitario en la habitación, anhelando ser poseído. Finalmente, exhausto, el rubio se desplomó, entregándose a Morfeo.
Era su momento de entrar al juego.
Sin tan siquiera rozar la puerta, esta se abrió de par en par, invitándolo a adentrarse. Lo primero que encontró fue el cuerpo del hermoso rubio envuelto en una suave tela, la cual se elevaba ligeramente debido a la posición en la que descansaba: boca abajo con una pierna doblada hacia arriba, revelando su contorneada retaguardia. Su pulso se aceleró mientras avanzaba con paso seguro hacia el borde de la cama, con la intención de acercarse. No obstante, en el instante en que alzó la mano, un suave gemido escapó de los labios de Jimin, quien presionó las caderas contra el colchón en respuesta.
El pelinegro quedó inmóvil, con todos los vellos de su cuerpo erizados ante el exquisito gemido de deleite. En su mente, se desataban imágenes provocativas de él mismo dominando al pequeño y llevarlo al éxtasis, haciéndolo gritar de placer hasta quedarse sin voz y rogándole por más.
Las caderas del más joven se movían de manera provocativa contra la cama, encendiéndolo con deseo. Sentándose en el borde, deslizó su gran mano por la suave espalda, elevando la bata aún más. Cada fibra del cuerpo del menor se estremeció y un gemido más intenso escapó de sus labios — Uhmmg...
Una sonrisa se formó en sus labios y bajó la palma hasta sus glúteos para acunar uno de ellos y separarlo, observando su entrada anhelante: Justo donde quería estar. Se acomodó a su lado y se recostó, jugando con la yema fría de sus dedos por la cálida piel.
— Más — suplicó.
Escucharlo pedir más era prácticamente una orden que debía obedecer. Bajó, metió los dos dedos en su camino y comenzó a dejar besos en su hombro desnudo. Los dígitos largos subían y bajaban lentamente sin hacer presión, sintiendo bajo ellos lo arrugado y húmedo de su ano dilatado anteriormente.
Jimin empujó de nuevo y atrapó con sus nalgas los dedos del pelinegro al empujar otra vez hacia el colchón — Oh, mierda — su falo resbalaba por debajo, reluciendo su cabeza hinchada y llorosa — necesito más...
El contrario, nublado por la excitación subió sobre él, enterrándole los dedos, mientras los embestía con su propia pelvis, calmando su fuego y dándole más contacto al rubio. Sabía que no podía hacerlo pero la humedad en sus pantalones estaba sobresaliendo de la tela y la del más bajo tenía las sábanas empapadas.
Metiendo una pierna en el medio de las de él, lo abrió más y siguió insertando los dedos hasta que escuchó de su dulce voz un "Fóllame" que lo hizo perder la razón.
Retiró la mano y liberó su enorme falo a punto de reventar, haciendo presión para entrar, desesperado por sentirlo. Mantenía las palmas sobre la cama y miraba desde arriba como lentamente lo iba empalando.
— M-más, por favor, más.
— ¿Quieres más, precioso? ¿Mi pequeña puta quiere mi polla aún más profundo?
Al oír su voz, Jimin abrió los ojos de par en par, comprendiendo que no era un sueño y trató de voltearse. El pelinegro le completó el giro, puso la mano sobre su boca para silenciarlo y con la otra levantó su pierna; penetrándolo con fuerza y profundidad. Manteniendo una sonrisa lujuriosa en su rostro.
— Shh... ¿no quieres que todos en el pueblo te escuchen gritar o sí? Porque por si es así, por mí no hay problema — lo penetraba lento y jodidamente duro. Haciendo que el más bajo arquera la espalda después de cada impacto y sus ojos lagrimearan.
El rubio ansiaba gritar de temor, pero cada sonido que intentaba emitir se convertía en un gemido de goce. Estaba siendo tomado de una manera tan exquisita que resultaba inevitable no deleitarse en ello.
El pelinegro retiró la mano de la boca de Jimin y la deslizó hacia su cuello, acariciándole los labios con el pulgar. El más bajoo habló — ¿Q-quién eres?
Pasó una larga lengua por su mandíbula y le respondió al oído — Tú lo sabes... soy alguien que lleva observándote durante mucho tiempo y que no ha podido resistirse al deseo de tenerte así otra vez: abierto de piernas... Completamente a mí disposición.
Aquella polla se sentía exquisito dentro de él y por más que quería alejarlo, su cuerpo respondía de forma diferente — ¿Qué quieres de mí?
El hombre continuó acariciando delicadamente su cuello con sus labios y su lengua, trazando un sendero de besos y mordiscos. Sus miradas se encontraron mientras respondía en un murmullo — ¿Qué busco de ti? — lo observó con deseo — Quiero todo de ti, pequeño. Tu cuerpo, tu alma... quiero todo y más.
El rubio gimió, era demasiado grande y la presión que hacía en su cuello le quitaba el aire — Uhmmg...
Aquél, notó cómo gemía mientras sujetaba su cuello, dejando que sus dedos ejercieran una presión ligeramente amenazante. Su sonrisa se ensanchó escuchando los gemidos, su mirada enfocada en cómo se sentía ese lindo cuello bajo su mano mientras empujaba más adentro — Eso es, pequeño, quiero escuchar cómo gimes y suspiras por mí. Quiero que me dejes saber lo bien que te sientes al tenerme adentro.
— Jamás sentí nada igual...
El desconocido se movía en el interior de Jimin con poder y precisión, sus ojos estaban enfocados en él mientras gemía y jadeaba — Sí, precioso — gruñó suavemente en su oído, sus palabras estaban unidas a jadeos bajos de satisfacción — solo quiero hacerte sentir bien, quiero que te estremezcas y tiembles por mí hasta que no puedas recordar cómo se siente el mundo exterior. Mi verga te está marcando, te está tomando, te está poseyendo. Me encanta como gritas como una perra y lloras pero no quieres que me baje; disfrutando que te coja como lo que eres...
¿Alguna vez alguien lo había denigrado de esa forma tan caliente? ¿Por qué demonios se sentía al borde de un precipicio cada vez que le hablaba así y lo miraba de esa forma casi asesina?
— No puedo más — sollozó, todo su cuerpo temblaba.
— No vas a venirte todavía — se burló de él, deteniendo sus embestidas — he esperado tanto por esto y no dejaré que acabe tan pronto.
— ¿Qué quieres que haga? Maldición... lo haces en mis sueños: no me dejas llegar, por favor no lo hagas aquí — suplicaba.
Sonrió con una intensidad que helaba la sangre — Quiero que te rindas a mí por completo, que seas mi posesión exclusiva. Quiero que desates toda tu esencia, que te entregues sin reservas ni límites, que sucumbas a mi voluntad sin cuestionar. Ser tu único amo; tu amo supremo, el que dicta tus anhelos y tus placeres oscuros. Que me adores con devoción y entregues tu ser a mis caprichos más sucios... — y en un instante de deseo incontrolable, embistió una sola vez, con fuerza despiadada y sin clemencia, consumiendo toda razón — que me ames solo a mí...
— ¡Joder! — el semen salió disparado de la punta y el pelinegro se quedó sin moverse mientras el suyo lo llenaba hasta desbordarlo. Su mirada era aún más oscura — eres el hombre de mis sueños... ¿v-verdad?
— Di mi nombre... — seguía sin salir de su interior.
Jimin comenzó a sollozar — No puedo... — era tan frustrante — recuerdo soñar contigo pero tu nombre desaparece cuando despierto.
— Te olvidas de mi nombre pero a la siguiente noche, mientras duermes vuelves a llamarme, a rogarme que venga y te tome. Sabes perfectamente bien que me necesitas, que me añoras...
— ¿Por qué pasa eso?
— Me invocas...
— ¿Qué? — sentía mucho miedo.
El pelinegro volvió a sonreír y se movió dentro de él, mostrando una nueva erección. Haciéndole sentir como su polla se iba engrosando — Soy un demonio... cuando me llamas por mi nombre tres veces, vengo a ti y te consumo — susurró y de un momento a otro, todo se tornó negro para Jimin.
Al despertar, se encontró solo en la habitación, su cuerpo palpando el dolor como vestigio de la noche anterior. Con esfuerzo se incorporó, se enfrentó al reflejo en el espejo y contempló las marcas que adornaban su piel: recordatorio de que esta vez no había sido un sueño pasajero, sino una realidad lacerante. Sin embargo, algo seguía igual — Su maldito nombre — con un grito de furia desgarradora, golpeó el lavabo con ambas manos, liberando su exasperación en un estruendo ensordecedor que resonó en lo más profundo de su ser.
— ¡¿Dónde estás?! ¡Da la cara! — ¿Cómo podía invocarlo sin saber cómo se llamaba? ¿Cómo se atrevía a tomarlo y luego irse así como si nada?
El despertador volvió a sonar y lo lanzó hacia la pared. Se vistió, quejándose de las punzadas en su espalda baja y salió a trabajar. Solo que ese día fue diferente...
Mientras regaba las flores y aguardaba la llegada de los clientes, una punzada aguda sacudió su cabeza y las áreas a los costados de su columna, en un tormento tan intenso que lo derribó al suelo entre sollozos. Se sentía como si le estuvieran arrancando algo por dentro, y por más que ansiaba pedir auxilio, su voz se quedaba atrapada en un nudo doloroso en su garganta.
Hasta que todo cesó y el alivio lo envolvió junto con una visión borrosa: se contempló a sí mismo deambulando entre otras figuras. Vestían túnicas blancas y brillaban con una luz radiante. El sonido de sus risas llenaba el ambiente, entremezclándose con conversaciones animadas, mientras una variedad de animales curiosos cruzaban su camino, brindándole un espectáculo sin igual.
Su pecho subía y bajaba con rapidez, haciéndolo arder después de cada respiración agresiva — ¿Qué está pasando?
Esa noche, al volver a casa no durmió, esperando por él, pero el pelinegro no apareció. Volvió al trabajo, al otro día, trasnochado y con cansancio, siendo abatido por Morfeo a mitad del medio día...
Nuevamente apareció en su campo de visión, vestía únicamente una túnica negra, abierta a totalidad mientras estaba sentado en una especie de trono. Su pene erecto descansaba sobre su abdomen, goteando líquido pre seminal hacia sus testículos cargados y mantenía esa maldita sonrisa de superioridad — ¿Así es como me visualizas? — hablaba de forma burlona — pareces casado, ¿no te quieres sentar aquí? — preguntó con un doble sentido más que directo.
— Puedo verte — dijo Jimin — significa que te he invocado, ¿verdad?
— Así es, dulzura — se comenzó a tocar, sin dejar de mirarlo a los ojos — me suplicaste que viniera y si hay algo a lo que no puedo resistirme es a tus súplicas y más cuando lo haces gimiendo.
— Yo... quiero respuestas.
— ¿De...? — lo miró de arriba a abajo con deseo — sería más divertido si te quitas la ropa y me pides leche en vez de respuestas que aún no puedo darte.
Con una cadencia provocativa, empezó a despojarse de sus prendas lentamente y se acercó hasta quedar cara a cara con él. A pesar de seguir de pie, su presencia era imponente y excitante, haciéndolo sentir pequeñito. Con un gesto decidido, posó sus manos en los hombros del otro y se acomodó sobre su miembro erguido, descendiendo con deliberada lentitud, succumbiendo a la embriagadora sensación de plenitud. Entre gemidos ahogados por el deseo, susurró con urgencia — Dame respuestas...
— ¿Sobre qué? — empujó en su interior.
— Uhmm... ¿Qué clase de demonio eres?
— Soy un demonio sexual... el incubo más poderoso, ¿no se nota? — ancló sus piernas en sus antebrazos para embestirlo a una velocidad más rápida, haciendo rebotar sus bolas.
— Mierda — cerró los ojos, los impactos duros le cortaban la respiración — yo... tuve una visión rara... estaba en un sitio desconocido con personas desconocidas, habían animales y un río enorme.
— El único río que veo es el que sale de tu polla y tu culo... estás tan malditamente mojado.
— Desde que me tomaste físicamente, algo cambió... Joder — que bien se sentía.
— Es porque eres totalmente mío y dependes de mí... así que sí quieres respuestas debes ganártelas — lo azotó durísimo y se recostó en el trono, levantando los brazos y sugentando cada lado del espaldar. Dándole la orden a Jimin de tomar las riendas.
— ¿C-cómo?
— Cabalgame cómo una puta desesperada y ruegame que te llene.
El rubio sabía que la única manera de estar con él u obtener alguna respuesta era por medio del sexo, así que sin dejar pasar más tiempo, colocó las plantas de los pies sobre las fornidas piernas del contrario y empezó a dar sentones. Clavarse aquello a sí mismo era una lucha casi imposible pero ver la forma en la que lo miraba y su gesto de excitación, lo inspiraba de alguna forma — ¿Por qué a mí?
— Porque fuiste siempre mío, incluso antes de que se escribiera el libro de la vida — se inclinó hacia adelante en un impulso ardiente de besarlo, cuando el tintineo de la campana de la tienda lo arrancó de su ensueño. Con ojos pesados, lanzó una mirada fulminante al cliente, pero se obligó a esbozar una sonrisa y lo atendió con cortesía. Incapaz de conciliar el sueño de nuevo hasta bien entrada la noche, anhelando el momento en que pudiera perderse una vez más en sus sueños.
Al entrar en su casa, otra visión lo golpeó: esta vez no podía verse pero estaba más que claro que la escena era a través de sus ojos. Corría por ese mismo lugar hermoso y lleno de vida, mientras reía y perseguía a alguien por los árboles. De un momento a otro, estaba de rodillas, siendo reprendido... hasta ahí pudo avanzar.
Cuando intentó ponerse de pie, sintió dos puñaladas en la espalda, soltando un grito desgarrador. La sangre comenzó a manchar su ropa y en estado de desesperación, trató de detener los fluidos, quitándose la camisa y mirandose en el espejo. A cada lado de su columna habían dos perforaciones profundas que, por alguna razón detuvieron su flujo, cicatrizando enseguida — ¿Qué mierda es esto? — el terror corría por sus venas y lo imposible se volvía real a la vista — ¿Qué me está pasando?
Una brisa intensa sacudió las ventanas, azotandolas sin parar. Jimin empezó a cerrarlas con mucho miedo, sin saber qué más hacer — ¿Eres tú? — preguntó en voz alta. Las ventanas se forzaban por volverse a abrir y la puerta temblaba — ¡Haz que se detenga! — se cubrió los oídos y cerró los ojos — ¡Basta! — silencio.
Poco a poco, la luz fue volviendo y sus párpados se abrieron: todo estaba en calma. Aún sintiendo algo de miedo y sorpresa por lo que había pasado, tomó una caja con pastillas y las miró detenidamente antes de tomarse una. Necesitaba dormir a toda costa y encontrarse con aquel hombre. Solo eso calmaba su ansiedad.
Sin embargo, algo pareció haber fallado y un espacio totalmente negro se fue transformando en el mismo sitio de sus visiones. Esta vez las personas caminaban e ignoraban su presencia, haciéndolo sentir excluido. Ningún animal quería ser tocado por él y una opresión en su pecho se hacía imposible de soportar. A medida que avanzaba, se daba cuenta de que estaba saliendo de ese lugar y unas puertas enormes se alzaron a su vista.
De pronto, el dueño de sus sueños estaba del otro lado de las rejas. Sonreía con atisbo de burla, cómo si le retara a cruzar.
Jimin buscó la forma de abrir pero era imposible. Con desesperación comenzó a mover los barrotes hasta que despertó bañado en sudor y ya era de día. ¿Qué era ese extraño lugar y por qué le parecía tan familiar?
Al cabo de unos segundos, escuchó un golpeteo insistente en la puerta de su morada. Con el corazón latiéndole con fuerza, se levantó de un salto, sintiendo la urgencia invadirlo mientras se dirigía hacia la entrada. Al abrir, se encontró con un mensajero elegantemente vestido, sosteniendo en sus manos un pergamino sellado.
El mensajero, con una reverencia cortés, le entregó el rollo con solemnidad, revelando el mensaje del dueño de la floristería dónde este trabajaba. Con voz pausada y respetuosa, el hombre transmitió las palabras del tercero, indicándole a Jimin una dirección específica donde debía acudir en busca de una flor particularmente rara y valiosa: la Orquídea Azul del Himalaya, una flor exquisita y sumamente costosa que solo crece en las alturas más remotas de las montañas. Al parecer, un proveedor lo esperaría y debía cumplir su misión al pie de la letra sin ninguna falla.
Así que sin ganas de perder su empleo, partió en la busqueda de lo pedido.
Al llegar al lugar indicado, el rubio se vio envuelto en un escenario pintoresco y lleno de vida. Un hombre de apariencia peculiar lo aguardaba con una cesta rebosante de las exquisitas Orquídeas Azules, su color vibrante y aroma embriagador llenando el aire a su alrededor. Con una inclinación de cabeza, el hombre le entregó la cesta, revelando una sonrisa.
Jimin tomó la cesta con cuidado, maravillado por la belleza de las flores que habían sido confiadas a sus manos. Era consciente de que allí habían muchos millones de wones.
Mientras esperaba un carruaje que lo llevara de regreso al pueblo, una sensación inquietante lo sobrecogió de repente. Percibió una mirada intensa posada sobre él, una mirada que parecía escudriñar su alma con familiaridad. Su respiración se aceleró y un escalofrío recorrió su espalda, una extraña sensación de déjà vu invadiéndolo.
En un instante de claridad fugaz, una imagen de uno de sus sueños más recientes se materializó en su mente. Vio al desconocido que ahora lo observaba pasar junto a otros hombres en ese lugar misterioso y etéreo. Cuando sus miradas se cruzaron, un destello de reconocimiento titiló en los ojos del extraño, una chispa de conexión más allá de la comprensión.
Sin pensarlo dos veces, Jimin se lanzó tras el desconocido, llamándolo en un intento desesperado por llegar al fondo de esa sensación abrumadora — ¡Espera! ¡Detente! — clamó entre jadeos, persiguiendo al misterioso hombre que ahora huía a través de intrincados muros y pasadizos. En un último acto de desafío, el contrario dejó caer un trozo de papel al cruzar la última esquina.
El rubio se acercó respirando agitado y levantó el papel tembloroso. En él, escrita en una caligrafía pulcra, decía "El valle de las sombras". Levantó la mirada por última vez y miró el camino desvanecido antes de notar que la mayoría de las flores se habían caído mientras corría. Desesperado y cansado imitó su ruta pero no encontré ninguna, ya las habían tomado.
— Maldición, no puede ser — lloriqueó.
Tendría un gran problema con su jefe. Este era un hombre de temer y lo último que quería era deberle dinero, conociendo lo que se rumoraba sobre las muertes que llevaba encima.
Cuando volvió al pueblo abrió la tienda y organizó todo para la venta, buscando una excusa para darle a su patrón. Sin embargo, la intriga de ese trozo de papel no lo dejaba concentrar.
Mientas rebuscaba entre los textos en la pequeña repisa llena de libros, Jimin se topó con un pasaje revelador que lo dejó sin aliento. Entre las páginas amarillentas y desgastadas, una referencia llamó su atención: "El Valle de las Sombras", descrito como un lugar de conocimiento arcano y secretos enterrados en las brumas del tiempo.
A medida que sus ojos recorrían las letras desvaídas, una comprensión gradual se apoderó de él. Las leyendas antiguas asociaban este misterioso valle de las sombras con un libro propiamente nombrado, una obra repleta de sabiduría prohibida y poderes ocultos. En un instante de epifanía, Jimin conectó los puntos y comprendió que el enigma que lo había cautivado se desvelaba ante sus ojos: el "Valle de las Sombras" era, en realidad, el nombre del libro del que había oído hablar indirectamente a través de los pueblerinos que llegaban a la tienda.
Observó la ventana bañada en tinieblas y se levantó para cerrar. El pelinegro no había vuelto a aparecer y eso lo tenía ansioso. A pasos rápidos y sintiéndose siempre seguido, volvió a casa y tomó un largo baño, buscando el tan anhelado sueño de forma natural. Al salir de la ducha se miró las marcas en la espalda y al intentar tocarlas, una corriente lo detuvo, haciéndolo jadear de dolor — ¿Qué es esto? — frunció el ceño.
Cuando la cama le dio la bienvenida y sus ojos se cerraron. Trató de pensar en el libro que debía buscar y así tal vez descubrir algo más por medio de alguna visión, pero lo que se presentó al menos una hora después frente a él, fue aquel demonio...
Jimin estaba acostado, usando su bata blanca mientras el pelinegro subía sobre él y le pasaba la lengua por las piernas hasta llegar a su abdomen, una vez ahí, lo miró a los ojos y le regaló una sonrisa — ¿Me extrañaste? — susurró bajándole la ropa interior con los dientes, hasta liberar su falo. Con astucia lo tomó en su boca y empezó a chuparlo hasta ponerlo totalmente duro — sujeta mi pelo y haz que me lo trague todo, quiero oirte pedir que te lo chupe más — dio la orden y el más bajo con manos temblorosas y necesidad latente obedeció, tomando aquel negro y brillante cabello lacio entre sus dedos. Mordió su labio y arqueó la espalda cuando el contrario manteniendo su falo en el final de su garganta sacó la lengua y saboreó sus testículos.
— Joder — cerró los ojos y rápidamente los abrió — descubrí algo.
— Eso no fue lo que te ordené que dijeras... — lo abrió de piernas y lo dobló hacia su propio rostro. Quedando él de rodillas en la cama. Jimin juntó los muslos al rededor de su cara y le sujetó la cabeza.
— Chupamelo más. Por favor...
— No suenas convincente.
— Por favor, amo... quiero sentir la boca de mi señor sobre mi polla.
— Uff... Así sí, mi pequeña puta.
— Uhmm — gimió. Se sentía delicioso ser besado y succionado así — "El valle de las Sombras" es el nombre de un libro. Hoy un tipo extraño me estuvo mirando y al darse cuenta de que lo descubrí; huyó, dejando un papel con ese nombre.
— ¿Y cómo sabes que es un libro? — bajó y le abrió las nalgas para meterle la lengua directamente en el culo — qué delicia... — sorbió aire.
— Oh Mierda — estaba tan expuesto que a penas podía pensar, pero en medio de su trance, debía aprovechar — he escuchado hablar de él... Mmhg.
— Ponte en cuatro — al hacerlo, le levantó la bata y observó sus heridas pero no dijo nada. Simplemente pasó su mano por ellas y se bajó el pantalón para liberar su verga y penetrarlo lentamente — yo sí extrañé mucho sentirte... — para el menor pasó desapercibido que el contrario si pudo tocar sus cicatrices.
— Q-quiero saber si esto solo está pasando en mi mente o de verdad me estás follando...
— No puedo tocarte de nuevo... estoy rompiendo las reglas — embistió duro y profundo.
— ¡Oh mi...! ¡¿por qué?!
— No puedo arriesgarme a que todo esto salga mal y me quede sin el infierno y... sin ti.
— ¿Sin mí? — se removió para hacerlo acostar y subir sobre él, sentándose en su miembro y restregandose mientras lo miraba a los ojos — tú sabes lo qué me está pasando y no me lo quieres decir... tienes las respuestas y prefieres verme así de extraviado y desesperado — el pelinegro le apretó los glúteos y lo azotó con fuerza.
— No es así...
— ¿Es parte de tu placer? ¿Te excita mi sufrimiento?
— En parte — lo penetró aun más duro, moviéndose desde abajo a un ritmo ascendente — sin embargo, no puedo responder tus dudas.
— ¿Por qué? — lo tentó, jugando a que lo iba a besar. Se acercó a su boca y habló sobre sus labios — ¿Qué pasa si lo haces?
— Me pasará lo mismo que a ti — dicho esto, Jimin despertó.
Era una mierda insoportable de nunca acabar que ya lo tenía harto. Así que sin esperar a que el despertador a medio funcionar se escuchara; se vistió y salió rumbo a la biblioteca. Tenía que encontrar ese libro a como diera lugar.
Recorrió meticulosamente los estantes polvorientos, buscando entre los textos antiguos y los manuscritos desgastados que podían albergar el conocimiento que tanto anhelaba descubrir.
Con cada minuto que pasaba y cada libro que revisaba sin éxito, la desesperación se apoderaba lentamente de él. Su búsqueda se intensificaba, su mirada escudriñando cada rincón en un intento frenético por encontrar la clave del libro que había ocupado sus pensamientos y su curiosidad.
En medio de su inquietud, una anciana de mirada perspicaz y semblante compasivo se acercó a él, observando su afán y su perturbación. Al notar la preocupación en el rostro de Jimin, le preguntó con voz suave — ¿Necesitas ayuda con algo en específico?
— Busco un libro llamado "El valle de las Sombras"
— Con que el valle de las Sombras... ¿seguro que es ese?
Sorprendido, Jimin asintió con cautela, sintiendo una mezcla de confusión — Lo necesito... ¿sabe cuál es?
— ¿Eres satanista o pastor?
Ante la pregunta inesperada de la anciana, el joven respondió con sinceridad — No, no soy ni una cosa ni la otra. Solo busco respuestas a algo que me está pasando.
La mujer le ofreció una mirada comprensiva y le reveló con franqueza que el libro que él buscaba era codiciado por aquellos que practicaban rituales antiguos y oscuros. Le explicó que era una tarea ardua y casi imposible de conseguir, pero que tenía una amiga dotada de visiones y dones especiales que tal vez podría ayudarlo en su búsqueda.
Con un brillo de esperanza renovada en sus ojos, Jimin agradeció a la anciana por su amabilidad y sus palabras. Con la promesa de una vía nueva para encontrar el misterioso libro.
Sosteniendo el papel con la dirección, se dirigió hacia el sitio, encontrándose con una casa bastante tétrica que de solo verla le puso los vellos de punta. Tragó saliva y tocó, siendo recibido por otra anciana, la cual lo miró de pies a cabeza — ¿Qué quieres?
— H-hola... vengo de parte de la señora Vanneth. Ella me aconsejó acudir a usted.
Su semblante cambió a una sonrisa — ¡Oh, la vieja bastarda de Vanneth! Tiene siglos que no me visita y se atreve a enviarme a un jovencito lleno de colágeno directo a mi cueva — Jimin se aterró y eso pareció divertirla más — no pongas esa cara, no pareces del tipo que folla con mujeres y menos tan arrugadas cómo yo. Sígueme — se burló. El rubio tragó saliva y la siguió hacia el interior, mirando su aspecto en un espejo que estaba en la sala — dime lo que necesitas.
— Busco un libro llamado "El valle de las Sombras".
La anciana volteó bruscamente y lo miró con una ceja elevada — ¿Para qué?
— Yo... estoy teniendo visiones confusas y algo extraño le pasó a mi cuerpo — dio la espalda y levantó su camisa, mostrando las dos marcas.
— ¡Santísimo infierno! — se acercó a tocar pero una corriente la detuvo, haciéndolos quejar a ambos — ¿Qué demonios es esto?
Volvió hacia ella y la miró suplicante — Estas heridas se abrieron frente a mis ojos, mancharon mi ropa con sangre y a los segundos ya estaban curadas... me veo a mí mismo en un lugar hermoso rodeado de otras personas felices y brillantes y luego esas personas parecen ya no verme a mí. Cómo si no existiera... y luego está él... ese hombre misterioso que viene a mí y me hace el amor dejando mi cuerpo en llamas. Al cual le pido que me siga haciendo suyo y al final no recuerdo su nombre pero lo sigo necesitando.
— ¿Y cómo llegaste al libro?
– Otro hombre extraño al cuál reconocí en una de mis visiones, estuvo observandome, cuando se dio cuenta de que lo vi, huyó y dejó un trozo de papel con el nombre de ese libro.
— Yo... no sé si aún lo tenga — temblaba, caminando hacia el estante, procediendo a buscar — ese libro cuesta una fortuna y es usado para rituales. Se pueden invocar tanto ángeles cómo demonios.
¿Debería mencionar que el pelinegro le dijo ser un demonio?
Tal vez sería bueno averiguar cómo invocarlo sin estar dormido. Ante su asombro, la choza estaba colmada de mil libros antiguos apilados en cada rincón, cajas y bolsas repletas de conocimiento olvidado que parecían susurrar historias perdidas.
Sin desanimarse por la abrumadora tarea que tenía por delante, la anciana comenzó a explorar cada rincón, sacando con cuidado cada libro y examinando con meticulosidad los tesoros que albergaban. Entre el polvo y la penumbra, su perseverancia fue recompensada cuando, al fin, sus ojos se posaron en una pequeña cajita con una delicada llave que resplandecía bajo la luz tenue que entraba por una ventana.
Con manos temblorosas, desbloqueó la caja y se reveló el objeto de su búsqueda: el legendario "Valle de las Sombras". El libro, antiguo y misterioso, emanaba un aura de poder y sabiduría que lo envolvía con una sensación de emoción.
La vidente, con una expresión de deleite en su rostro, miró a Jimin, reconociendo en él la chispa de curiosidad y valentía que había guiado su búsqueda. Juntos, se sentaron en un rincón, dejando que las palabras escritas en las páginas amarillentas los transportaran a un mundo lleno de revelación.
Juntos, hojearon con atención las páginas, buscando respuestas. Pasaron las hojas una a una, pero al principio, no encontraron nada que respondiera a sus preguntas.
Sin embargo, a medida que avanzaban en la lectura, una imagen intrigante captó su atención. En una de las páginas, un dibujo detallado mostraba a un hombre desnudo, de espaldas, con las mismas marcas cicatrizadas que Jimin tenía en su piel. El hombre parecía estar de pie en un paisaje desolado y oscuro, evocando una sensación de pérdida y desesperación.
La mujer y Jimin intercambiaron miradas sorprendidos, mientras el texto cercano al dibujo comenzaba a revelar una historia difícil de creer. Se hablaba de ángeles desterrados por desafiar las reglas divinas, seres celestiales que se habían revelado contra su destino y ahora vagaban en el exilio, marcados por sus pecados y su separación de los cielos.
La vidente comentó en voz baja sobre las leyendas de los ángeles caídos, seres de luz convertidos en sombras por su traición a su propósito celestial.
Entre las páginas, las palabras relataban acerca de visiones misteriosas y almas destinadas a unir los hilos del pasado y el presente. Se hablaba de pecados y redención anhelada, de ángeles arrastrados por la tentación y demonios acechando en las sombras, esperando el momento propicio para sembrar la discordia.
En una sección, el libro revelaba la historia de un alma errante, destinada a vagar por la eternidad en busca de su verdadera esencia. Se mencionaba cómo el alma, al ser puesta en un nuevo cuerpo, podía resucitar los recuerdos y experiencias de su vida pasada, despertando la memoria de antiguos pactos y conexiones.
Se hablaba de almas gemelas destinadas a encontrarse a través de los siglos, buscando la redención y la unidad en un abrazo eterno que trascendía las barreras del tiempo y el espacio.
El relato también mencionaba el poder de las visiones y sueños proféticos, donde el velo entre los mundos se desdibujaba y las verdades ocultas se revelaban a aquellos que estaban dispuestos a buscar respuestas. Se exploraba la conexión entre el pasado y el futuro, entre lo terrenal y lo divino, tejiendo un entramado de destinos entrelazados que aguardaban ser descubiertos por aquellos con el coraje de enfrentar la verdad.
Mientras Jimin absorbía las enseñanzas del libro con asombro, una sensación de resonancia palpable lo envolvía, como si las palabras escritas calaran en lo más profundo de su ser, despertando una comprensión instintiva de su propia historia.
La mujer cerró el libro y lo miró como si fuese una deidad. El rubio se levantó como pudo y salió de la choza, deteniéndose a pocos metros para poner las manos en sus rodillas y luchar con la fatiga — Esto no puede ser... tiene que haber otra explicación — su cabeza comenzó a dar vueltas y nuevamente se vio en aquel hermoso lugar. Caminaba con los brazos detrás de la espalda observando el paisaje, hasta que quedó de frente con él... El pelinegro le hizo un gesto para que lo siguiera y Jimin miró hacia la entrada del reino, antes de seguirlo.
— ¿Qué haces aquí tan temprano? Sabes que si el señor te ve...
— No me verá — lo tomó por la cintura para besarle el cuello — estoy tan deseoso de tenerte. Quiero sentirte por dentro cómo la última vez y follarte hasta que no puedas soportarlo más.
— No me digas eso — cerró los ojos y lo sostuvo por ambos lados del cuello con sus pequeñas manos, dejándose volver un manantial en las del pelinegro — sabes que se me hace imposible resistirme a ti cuando me hablas así.
— Entonces dime que lo quieres... Manda al carajo las reglas y déjame tomarte ahora — bajó sus brazos y le apretó las nalgas con fuerza, separando una de la otra y enterrando dos dedos en su centro — no sabes como quiero estar aquí — tanteó la entrada.
— Estamos cometiendo un pecado grave... — seguía con los ojos cerrados.
— Vales cada maldito castigo — lo giró y se puso de rodillas detrás de él para levantarle la túnica y hacerlo separar las piernas — saca el culo para mí y deja que mi lengua te folle y te saboree.
Jimin se dobló sobre un árbol enorme que estaba en la parte más valdía del jardín sagrado y se entregó a aquel hombre que lo doblegaba con solo darle una orden. El más alto se levantó después de darle un largo momento de placer con la boca y se restregó contra él, liberando su pene y mientras se lo jalaba, metía los dedos en el ano del pequeño y lo sometía con ellos — Uhmm — movía la retaguardia en círculos, buscando más profundidad — te necesito...
— ¿A mí o a mi verga? Pídelo bien...
— Quiero tu polla adentro en este instante, métemela toda.
— Así, maldita sea. Me encanta cuando te pones puta y me ruegas... siento que se me va a explotar de solo escucharte gemir por mí.
— Por favor — llevó sus manos hacia atrás y se abrió para él, mostrando su culo necesitado — ponlo dentro, te lo imploro.
— Tus deseos son ordenes — lo embistió de un solo golpe y empezó a penetrarlo duro y sin detenerse. Su pelvis chocaba contra esas hermosas nalgas y el pecado se extendía por todo el reino de los cielos.
— De verdad te amo — dijo el más alto.
— Yo también te amo, Jungkook... lo estuve pensado y sí quiero... Huyamos juntos.
De golpe, Jimin despertó con taquicardia y jadeando prácticamente ahogado. Esta vez la visión había sido más clara y finalmente había escuchado un nombre...
— Jungkook — la anciana estaba a su lado, lo había llevado hasta la choza.
— ¿Estás bien?
— Yo... debo irme.
— Te desmayaste.
— ¿Cuánto quiere por el libro?
— Te dejaré llevarlo... si lo que dice ahí te pertenece, entonces eres tú quien lo debería tener.
— Se lo agradezco mucho.
La mujer le entregó el libro y tiempo después, Jimin volvía a su casa. Había faltado al trabajo y había perdido millones en flores. Era cuestión de tiempo antes de que se metiera en problemas. La oscuridad se había hecho presente y sentado en su cama, cerró los ojos, llamándolo:
— Jungkook, ven por favor... Jungkook, te necesito... Jungkook, déjame verte.
La ventana se abrió de golpe enviando un escalofrío a su piel y Jungkook se presentó frente a él — Lo recordaste...
— Finalmente recordé tu nombre — se levantó y tocó su rostro con ambas manos — ¿Es verdadonque dice ese libro? ¿Somos ángeles?
— Yo no lo soy...
— Nos vi a ambos en el cielo... ¿Por qué?
— ¿Qué tanto recuerdas?
— Hacíamos el amor en ese sitio y era un pecado muy grande. Sin embargo, parece que era frecuente nuestro juego. Si no eres un ángel, ¿entonces qué hacías ahí?
— Tal vez puedo responder eso. Así que, déjame contarte cómo llegué al reino de los cielos siendo un ser de la oscuridad... — comentó Jungkook en un tono serio pero lleno de sinceridad — A través de antiguas artes demoníacas aprendidas en la oscuridad de los abismos, descubrí un pasaje secreto que conectaba los mundos divinos con los reinos infernales — hizo una breve pausa —
Con una mezcla de habilidad y osadía, utilicé mi don de metamorfosis para adoptar la forma de un ser celestial, burlando las defensas divinas y adentrándome en el reino de los cielos sin ser descubierto. Mantuvr mi verdadera esencia oculta, deslizándome entre los ángeles con discreción y precaución para no perturbar el equilibrio celestial... mi presencia alli antes de conocerte, Jimin, fue un acto de curiosidad y un anhelo de comprender la luz que siempre sentí tan lejana; tan prohibida para un demonio — confesó.
— ¿Por qué te interésaste en mí y por qué ahora soy un humano?
— Verás... tanto en el cielo cómo en el infierno existen reglas que no se deben romper. Por tu parte, cómo un ángel, no podías sentir deseos sexuales de ningún tipo, mucho menos amor ni necesidad por alguien más que no fuese tu Dios. Sin embargo, me venerabas más a mí — sonrió de medio lado y se acercó a tomarlo fuertemente por la cintura — me idolatrabas más a mí y a mi polla y solo pensabas en mí con toda tu alma, con todas tus fuerzas... a mí; a un demonio del sexo, lujuria y fornicación — bajó a sus nalgas y dio un azote sonoro que lo hizo respingar — tus gemidos llegaron a oídos de él... lo que teníamos se supo y fuimos alejados.
Jimin tenía los ojos brillantes. Puso las manos en los pectorales trabajados de Jungkook y preguntó — ¿Fui expulsado del cielo?
— Tus alas fueron arrancadas — subió la palma por su columna y acarició sus cicatrices — y fuiste lanzado desde las alturas... tu cuerpo angelical se deshizo cómo polvo al cruzar la barrera y tu alma fue puesta en un cuerpo humano... — besó su cuello y habló en su oído — uno idéntico al que tenías anteriormente y jodidamente exquisito.
— Jungkook — suspiró...
— Sí, Maldición. Di mi nombre así... Me vuelves loco — pasó la lengua por toda su mandíbula y le sostuvo el cabello para que lo viera a los ojos — llevo buscándote mucho tiempo.
— ¿Cómo me encontraste y cómo sabías que era yo?
— Nuestras almas están encadenadas a la otra. Sabía que te volvería a tener tarde o temprano — lo cargó, haciéndolo enredar las piernas en su cintura y lo llevó a la cama, donde lo acostó boca abajo y le separó los muslos, haciendo un tour con su lengua hasta llegar a su centro, dejando besos húmedos de placer.
— Mmhg... ¿y qué pasó contigo?
— Fui castigado — le levantó las piernas y comenzó a chuparlo. Jimin arqueó la espalda y gimió alto, sintiéndose poseído por aquella ágil lengua — humillado al tener que hacer trabajados que le corresponden a otros demonios... lamento si siempre que nos vemos te terminó follando pero es que no me puedo resistir a ti... mi polla es magnética y tu culo es un jodido metal — se acomodó y liberó su verga dura a más no poder y la fue metiendo hasta empalarlo todo — saber que recuerdas al fin mi nombre me tiene en un trance.
— Jungkook... sigo necesitando respuestas.
— Bebé... las respuestas llegarán a ti — lo embistió lento y profundo, haciéndolo chillar y mover las caderas en respuesta — así, que rico gimes. Dame más, hazlo más alto...
— ¡Jungkook! ¡Uhmm! — cerró los ojos y se dejó llevar, recibiendo cada penetración con intensidad.
La unión física superaba incluso sus sueños, pero había algo que ansiaba con fervor.
Colocó ambas manos en el atractivo rostro de su amante y lo atrajo, fundiéndose en un beso apasionado que desencadenó una tormenta en los cielos, con relámpagos y truenos. La habitación se sumió en neblina, envuelta en el calor de sus cuerpos, mientras los gemidos de lujuria entrelazados con el choque de pieles creaban una sinfonía fuera de este mundo.
Finalmente, sus almas se habían reconocido, se habían encontrado en un beso que presagiaba un destino incierto. Jimin fue invadido por recuerdos como ráfagas de un huracán, reviviendo el primer instante en que sus miradas se cruzaron...
Jungkook estaba desnudo en el río. A pesar de que los ángeles no se avergonzaban de la desnudez y era algo común, el rubio sintió algo sin precedentes al ver aquel cuerpo tan bien esculpido. Su cabello negro azabache mojado y peinado hacia atrás, lo hacía lucir cómo un nuevo tipo de ser divino que jamás había visto. Este le regaló una sonrisa cargada de lascivia y el pecho de Jimin se infló lleno de miedo y sensaciones desconocidas. Corrió devuelta al lugar donde los ángeles se reunían para adorar a Dios y de rodillas, experimentó por primera vez el deseo y la vergüenza: el deseo hacia ese hombre y la vergüenza hacia su rey, por haber encontrado a alguien más hermoso que él.
La imagen de Jungkook desnudo comenzó a traerle conflictos y con ello, llegó el pecado. Escondido detrás de un gran árbol exploró su cuerpo, manifestándose en él, la necesidad sexual. Sus manos rozaron sus tetillas tornándolas duras, su pene creció en tamaño y firmeza, expulsando un líquido transparente desde la punta. Sus testículos se sintieron pesados y lo único que lo pudo calmar, fue el toque de su mano. Cubriéndolo con un puño, deslizó la piel que cubría su glande y gimió, rápidamente mordiendo su labio para callarse y el miedo aumentó. Nunca había visto a otro ángel hacer algo así, lo que significaba que había algo malo con él.
Miró hacia atrás y al ver que no se acercaba nadie, aceleró sus movimientos, empujando la cadera contra su mano y cerrando los ojos con desesperación. ¿Qué era ese sentimiento tan eufórico?
Todos sus músculos se tensaron cuando el climax estuvo a punto de llagar. Su respiración se cortó y un fuego bañó su piel anunciando una abalancha en un volcán. Jimin abrió los ojos con temor y se encontró con unos orbes negros que lo miraban fijamente. Intentó hablar pero aquel hombre era tan intimidante que con solo elevar una ceja lo obligó a permanecer callado — ¿Haces esto pensando en mí? — preguntó con burla, acechando hacía él.
El pecho del ángel subía y bajaba y era incapaz de soltar su falo sobre estimulado — No me delates — suplicó.
— ¿Por qué lo haría? — llegó hasta él y su sola presencia lo hizo sentir diminuto. El rostro de Jimin quedaba justo en el pecho de Jungkook y este le peinó un mechón hacia atrás, levantándole el rostro con un dedo, por la barbilla — no soy cómo los de aquí.
— ¿Quién eres? — susurró mirando su boca.
— Algunos me llaman incubo, un ser de deseos oscuros y placeres prohibidos que te invita a explorar un mundo de sensaciones nuevas y placenteras — deslizó la mano por sus curvas y habló en su oido, erizandole por completo la piel — pero tú, mi hermoso y dulce ángel, puedes llamarme... Señor, el Amo de tus sueños, tu poseedor. En mis brazos encontrarás todo lo contrario a lo que tienes aquí y sentirás el fuego verdadero. En lo más profundo de la noche, donde las sombras se convierten en cómplices de nuestros deseos más oscuros, me encuentro yo, el demonio de la lujuria y el deleite prohibido. Siente el calor de mi aliento en tu piel, el roce de mis labios acercándose a tu oído para revelarte secretos que solo la oscuridad conoce. Mis manos, hábiles y expertas, explorarán cada centímetro de tu cuerpo con avidez, desatando un torbellino de sensaciones que te sumergerán en un mar de placer inexplorado. Cada caricia será un susurro de tentación, cada gemido una invitación a adentrarte en un abismo del que no desearás escapar y en el que el único rey soy yo...
— Santísimo... — apretó la punta de su polla a punto de estallar a causa de sus palabras — dime por qué hago esto, por qué me genera este sentimiento.
— ¿Te refieres a masturbarte así? — retiró su mano, reemplazándola con la suya, más grande y más hábil — ¿Te gusta esto? — Jimin asintió frenéticamente — ¿sientes curiosidad sobre el sexo? ¿quieres que te enseñe? ¿que te vuelva cómo yo?
— Tengo miedo... Ayúdame.
— Entonces deja que mis palabras despierten tus instintos más profundos y tus fantasías más sucias. Seré tu guía hacia un reino de placer carnal. Algo que tanto a ángeles como a demonios nos han probido experimentar en carne propia. Lamentablemente yo no me conformo con menos y justo ahora quiero mucho más. Ábrete a mí, alma perdida en la vorágine, sabes que no perteneces aquí y que quieres ser follado hasta desvanecerte — llevó las manos a su culo desnudo, subiendo la túnica y restregó un par de dedos en su separación, haciéndolo soltar un jadeo lastimero — ¿Si te toco en esta parte, cómo te hace sentir?
— Asustado, pero... N-necesito más — se sostuvo de sus hombros y bajó la mirada al piso — más, por favor.
— Dime que eres mi puta y que quieres que use tu culo como yo quiera.
— No sé lo que eso significa — sus piernas no dejaban de temblar.
— Sólo obedece.
— Y-yo... soy tu puta y quiero que uses mi culo cómo quieras. Por favor, señor. Haz que pare, no lo soporto más, mi cuerpo no lo soporta. Cálmame.
Incrustó los dedos y fue directo a golpear su próstata, haciéndolo correr en un abrir y cerrar de ojos. Jimin soltó un quejido ahogado, siendo callado por la otra mano del pelinegro y observó horrorizado cómo un flujo blanco y espeso salía de su miembro viril. El demonio le mostró su mano bañada en esperama y la llevó hacia su boca — Quiero que te pruebes. Esto lo creaste tú solo, con las reacciones naturales de tu cuerpo y fue tan jodidamente hermoso.
Con timidez, el rubio tomó su mano y comenzó a lamerlo todo hasta dejarlo limpio. Pasó el dorso de su brazo por las comisuras, retirando los restos y lo miró, esperando otra orden.
— Ahora yo necesito calmarme — levantó su vestimenta, igual a la que él rubio llevaba y mostró un enorme pene hinchado y brillante — ponte de rodillas... — sonrió — y no es para rezar presisamente — el más bajo lo hizo de inmediato — ahora haz con mi verga lo que hacías con la tuya y masajeala de arriba a abajo con suavidad — obediente, lo hizo y lo masturbó con cuidado, escuchando el sonido de su humedad cada vez que bajaba y subía la mano.
— ¿Así? ¿lo hago bien?
— Así, precioso... — le acarició el pelo, sujetándolo de él para alejarlo — abre — lo hizo y le escupió desde arriba, dándole una bofetada que dejó rojita su mejilla — ahora te lo vas a meter en la boca y me lo vas a mamar... quiero que gimas sin tapujo mientras te follo la garganta y si logras sacarme la leche vendré mañana nuevamente y te haré lo que te hice con los dedos pero ahora con esto — le dio varios golpecitos en el rostro con su verga — el tiempo corre...
Jimin, desesperado por conocer más sobre esas sensaciones y deleitado por el dominio de ese hombre, se metió su pene en la boca e instintivamente comenzó a chuparlo con timidez, sin dejar de mirarlo a los ojos. El contrario lo volvió a tomar del pelo y empezó a guiar la felación.
Al meterselo tan profundo, el pequeño ángel comenzó a gemir y llevó una de sus manos a su miembro para volverse a tocar. Ver eso era mágico para el más alto — Así. Gime así, tienes una boca deliciosa. Desde que te vi al pie del río he estado fantaseando con hacerte mio. Eres el jodido ser más hermoso que existe en este lugar.
Jimin se alejó sin poder respirar y dejó una hilera de saliva. El pelinegro lo volvió a hacer que se lo tragara y empujó más rápido, hasta eyacular en su boca y bajar para besarlo con agresividad. El menor quedó sin aliento ante ese beso y de un momento a otro lo giró para chuparselo también hasta hacerlo correr.
— ¡Uuhmmg! — cayó al piso debilitado y miró hacia arriba con pesadez — ¿Te irás?
— Nos vemos aquí mañana al anochecer. Vendré a cumplir mi palabra pero ahora debo irme.
— Yo...
— Mi nombre es Jungkook.
Jimin abrió los ojos sintiendo las embestidas acompañadas de pulsaciones, sabiendo que Jeon se iba a correr dentro de él y le sostuvo el rostro — Lo recuerdo... cómo nos conocimos.
— Eso me hace muy feliz porque yo nunca lo he olvidado... Se supone que los demonios no podemos sentir amor pero juro por el infierno que siempre te he amado y saber que me recuerdas, es algo que hace que todo esto valga la pena — lo volvió a besar.
En ese momento los sentimientos del rubio se intensificaron — Nos amamos, ¿verdad?
— No importa en cuantos cuerpos pongan nuestras almas, la mía siempre te buscará otra vez.
El sonido de la puerta siendo golpeada los alteró y Jeon desapareció del campo de visión de Jimin — ¡No!
— ¡Jimin, abre la maldita puerta! Tienes que responderme por las 120 flores que faltan. No me hagas entrar por las malas y hacerte pagar.
Eran más de las 11 de la noche y llovía a cántaros. El jefe del rubio era un hombre con problemas de ira y se decía que había asesinado a muchas personas. Si le abría la puerta sabia que todo se iría al carajo.
Desesperado, metió algunas cosas en un bolso e intentó salir por la ventana, pero estaba bastante alto. Sin embargo, respirando profundamente, lo hizo y cayó contra la arena, raspando sus manos y rodillas. Se quejó del dolor y comenzó a correr colina abajo, tratando de huir, pero un disparo lo hizo gritar. Su jefe le estaba siguiendo el rastro y estaba armado.
Sollozaba mientras le pedía ayuda a Jungkook en su mente; a su único Dios, pero nada pasaba. Hasta que cayó contra el barro y fue sujetado por una pierna — ¿Sabes cuánto cuestan esas flores? Tienes que hacerte responsable por los millones que me faltan.
— ¡Por favor no me haga nada, no tengo las flores!
— Entonces el maldito dinero...
— ¡No lo tengo, se lo suplico!
— Esas flores iban a un duque muy importante y por tu incompetencia estoy en un problema. Así que tengo que llevarle al culpable — cargó el arma y le apuntó.
— ¡No, por favor! ¡Jungkook, Jungkook, ayudame, Jungkook!
— ¿A quién mierda llamas?
Según sus reglas, Jeon no podía aparecerse frente a otro humano que no lo invocara o frente a otro humano en forma física fuera de los sueños. Sabía que si hacía eso, podría tener prohibido volver a la tierra.
Sin embargo, el amor que sentía por Jimin sobrepasaba todo.
De un puñetazo mandó lejos al hombre y comenzó a golpearlo. Desquitando toda su furia con él — Nadie puede hacerle daño, ¿me oíste? — le pateó el estómago.
— ¿Quién diablos eres?
— Tal vez no el diablo, pero sí vengo de donde él habita — con el pie izquierdo le volteó la cabeza de una sola patada pero Miller también estaba cegado por la ambición. Por lo tanto levantó la pistola y le disparó a Jungkook en el estómago, traspasando la bala. Jeon sonrío — no tengo un cuerpo físico, hijo de puta.
— Tú no... — se burló.
El semblante del demonio cambió a uno de confusión y volteó a mirar a quien estaba parado detrás de él. Jimin tenía los ojitos perdidos y la mano sobre la herida de su estómago, la cual sangraba, entre sus sus dedos — ¡Jimin! — corrió hacia él, justo antes de que cayera al suelo — ¡Mi amor, no! — dio palmaditas en su rostro — resiste... — tosía sangre también — bebé... No. No te vayas ahora que al fin nos hemos encontrado.
El rubio con la poca fuerza que le quedaba, levantó su mano llena de líquido carmesí y le acarició el rostro — Búscame otra vez... Y-y encuéntrame. Yo estaré esperándote.
Sin más, Jimin murió.
Jeon apretó la mandíbula con muchísima ira y las lágrimas brotaron de sus ojos, volteando a ver ahora el lugar vacío donde anteriormente miller estaba: había huido.
— Mi bebé... Por qué...
Un viento fuerte chocó contra ellos y Jungkook entendió que su alma había sido sacada de su cuerpo. Ahora su piel se había tornado fría sin color; era lo único que le quedaba.
Tras estar un rato con él entre sus brazos, finalmente lo dejó sobre una cama de flores y partió de vuelta al infierno.
En el reino donde las llamas danzaban y los lamentos de las almas torturadas llenaban el aire, Jungkook se encontró frente a la imponente vista del inframundo en toda su magnificencia. Un paisaje retorcido de piedra y fuego, donde pilares de azufre se alzaban hacia un cielo oscuro y estrellado, reflejando la desolación y el tormento eterno que reinaba en aquel lugar maldito.
En medio de ese espectáculo dantesco, avanzó entre las sombras y los susurros de condenación, su corazón pesado con la pérdida reciente de Jimin. Ignorando la devastación que lo rodeaba, su mente se consumió en el abismo de la tristeza y el remordimiento, pensamientos de un amor perdido que lo atormentaban en la oscuridad de la perdición.
Los demonios que acechaban en las sombras y las criaturas de pesadilla que vagaban por los pasillos del Infierno pasaron desapercibidos para Jeon, quien solo veía la imagen del rubio, el pequeño ángel caído que había encendido una chispa de amor en su frío corazón. Entre los gemidos de los condenados y el crujir de las llamas, su mente se sumió en los recuerdos de momentos compartidos y promesas quebradas, un eco de un amor que ya no podía alcanzar.
Con pesar se sentó un su trono y mantuvo la vista perdida. A su lado, varios tronos más designados para cada demonio estaban ocupados, por otros hombres y mujeres que disfrutaban lo que ocurria y algunos se preparaban para invadir la tierra en busca de víctimas.
¿Dónde estaría Jimin ahora? ¿En qué cuerpo sería puesta su alma? ¿Sería puesta en uno? ¿En qué país, o continente?
El Rey del Infierno se acercó a Jungkook con una comitiva de figuras sombrías y ominosas a su lado. Lucifer, con su mirada penetrante y su aura de poder, ordenó llevar a un grupo de almas no deseadas al limbo, un destino aún más oscuro y desesperanzador que el propio Infierno. Era parte de su castigo: cumplir con labores de otros.
Perdido en sus propios pensamientos y envuelto en un luto silencioso por la pérdida de Jimin, el demonio obedeció sin titubear, arrastrando a las almas con cadenas negras que resonaban con el eco de sus lamentos. La conexión entre el limbo y el Infierno se manifestaba en un pasaje secreto de pesadilla, una serie de pasadizos retorcidos y llenos de tinieblas que retumbaban con los gritos y jadeos de las almas condenadas.
Al llegar al punto donde el limbo tocaba las sombras del inframundo, Jungkook se encontró ante una puerta gigantesca, adornada con inscripciones en un lenguaje olvidado y símbolos que exudaban un poder antiguo y aterrador. En pocos minutos, la puerta se abrió lentamente, revelando un abismo sin fondo en el que las almas eran arrojadas con brutalidad y desesperación.
A medida de que caían en el vacío, el pelinegro sintió el peso de la desesperanza y la angustia caer sobre sus hombros, su corazón lleno de un remordimiento amargo por ser el portador de tal destino cruel. Pero cuando miró más allá hacia el abismo, vio a Jimin de pie entre las sombras, su mirada fija en la suya con un gesto de súplica y anhelo, como si le implorara que lo rescatara de la penumbra eterna.
— ¡Jimin! — gritó antes de que la puerta se volviera a cerrar.
En el sombrío reino del limbo, un lugar atrapado entre los confines del Cielo y el Infierno, yace una multitud de almas perdidas y desesperadas que han sido condenadas a la eternidad en un vacío de sufrimiento y olvido. Estas almas, rechazadas tanto por el divino juicio del Cielo como por el implacable castigo del Infierno, vagan en la penumbra, condenadas a un destino sin esperanza ni redención. Y mucho menos la reencarnación.
Entre las figuras sombrías y torturadas que pueblan el limbo se encuentran los pecadores sin nombre, aquellos cuyas transgresiones no fueron lo suficientemente graves para despertar la ira divina del Cielo ni lo suficientemente viles para merecer la condena eterna del Infierno. Estas almas sin identidad ni propósito se pierden en un mar de oscuridad y desolación, ancladas en un estado de incertidumbre y condena que no tiene fin.
La naturaleza del limbo es tal que ni Dios ni el Diablo, representantes de la luz y la oscuridad, muestran interés en rescatar a aquellos que han sido arrojados a este abismo. Para las almas atrapadas allí, la esperanza de ser liberadas de su sufrimiento es una ilusión cruel y desgarradora, ya que están condenadas a permanecer por toda la eternidad, abandonadas.
El acceso tanto para ángeles cómo para demonios estaba totalmente prohibido, porque de hacerlo: Jamás volverían a salir.
Pero Jungkook no se iba a quedar con los brazos cruzados... Sacaría a Jimin de ahí.
En un momento de desesperación y determinación, Jeon se embarcó en una búsqueda frenética en el reino infernal, buscando información sobre una posible forma de rescatar al rubio. Recorrió los pasillos y los abismos ardientes, interrogando a demonios y seres oscuros en busca de respuestas que pudieran guiarlo en su misión.
Entre la multitud a la que se enfrentó, uno destacaba por su aura de sabiduría. Conocido como Azazel, era un ser astuto cuya presencia inspiraba temor y respeto entre sus pares. Jungkook, con la esperanza brillando débilmente en su corazón atormentado, se acercó a él en busca de orientación.
— Azazel, he venido en busca de respuestas. Necesito tu ayuda para encontrar una grieta en el velo entre el Infierno y el limbo, una forma de rescatar a un alma perdida que me es preciosa.
El contrario lo miró con curiosidad — Lust, conoces los riesgos de lo que pides. Existe una grieta en los límites de los reinos, pero para atravesarla, deberás enfrentarte a una audiencia ante las entidades cósmicas que gobiernan sobre la vida y la muerte. Su juicio es implacable, y tus intenciones deberán ser verdaderamente convincentes.
— Estoy dispuesto a arriesgarlo todo por él. Muéstrame el camino, Azazel, y enfrentaré la audiencia. Haré lo que sea necesario y si no puedo salir nunca más, al menos estaré a su lado y no lo dejaré solo.
Se rió — ¿Te has enamorado, Lust?
— Con todas mis fuerzas.
— Tú nombre significa lujuria... ¿Estás seguro de que no es solo eso lo que sientes por esa alma?
— Estoy seguro.
Con un gesto enigmático, Azazel condujo a Jungkook hacia el lugar donde la grieta entre los reinos se manifestaba, una brecha en el tejido de la realidad que titilaba con una luz prohibida. Un recinto majestuoso y atemporal, envuelto en una neblina plateada, que se manifestaba como un reflejo de la esencia infinita de las entidades cósmicas que allí residían.
En el centro del salón, en un trono resplandeciente, se encontraba el Primigenio, la entidad ancestral que representaba la esencia misma del tiempo y el destino. Su presencia era imponente y colosal, su mirada abarcaba cada rincón del salón con una claridad y profundidad que trascendía la comprensión mortal y demoníaca.
A su lado, en un estado de equilibrio frágil y armonía inquietante, se encontraban las Gemelas del Crepúsculo, entidades duales que personificaban los aspectos opuestos y complementarios del universo. Una era la Luz Radiante, resplandeciente y cegadora en su pureza celestial, mientras que la otra era la Sombra Profunda, envuelta en un manto de secretos y misterios indescifrables.
En un rincón distante del salón se alzaba el Pilar de lo oculto, una entidad silenciosa, cuya presencia era un eco lejano de verdades escondidas y conocimientos vetados. Su vista fuerte y su aura de misterio envolvían a aquellos que osaban cruzar su mirada, revelando verdades y profecías.
Junto a la Fuente de los Anhelos, una entidad etérea y cambiante cuya forma se desvanecía en el aire como un susurro incumplido, aguardaba la Dama de los Deseos. Su presencia irradiaba una seducción sutil y peligrosa, invitando a aquellos que se acercaban a explorar los límites de sus anhelos y temores más íntimos.
En medio de esta audiencia, Jungkook se preparó para enfrentar su destino y desafiar las leyes de los reinos en un intento desesperado por rescatar a Jimin del limbo. Cada entidad representaba una faceta del universo y una fuerza primordial que influiría en el rumbo del demonio en su búsqueda de redención y amor en la oscuridad y la luz. Se postró ante la presencia imponente de las entidades y habló con voz fuerte y firme —
Poderosos seres de los reinos cósmicos, vengo ante ustedes en busca de una audiencia que trascienda los límites de la moralidad y el sacrificio. Pido permiso para atravesar la grieta hacia el limbo, para rescatar a un alma perdida que significa todo para mí. Por amor, por deseo, por la llama que arde en mi ser hacia él.
Las risas y los susurros de desdén se dispersaron entre las entidades, algunos burlándose abiertamente del concepto del amor en un mundo tan vasto y diverso. Sin embargo, otros mostraron compasión y entendimiento por la lucha de Jungkook, reconociendo la fuerza de su intención y la profundidad de sus emociones.
Entre los murmullos y las miradas de incertidumbre, Jeon se levantó con determinación, sus ojos brillando con un resplandor de pasión y dolor.
— Hace más 25 años, entré disfrazado en el Cielo como un ángel, en busca de conocimiento y poder; cansado de desconocer lo que allí arriba había. En aquella incursión, me crucé con un ángel de belleza inigualable, cuya luz tocó mi alma oscura y despertó un anhelo que desconocía. Él no me fue indiferente, era un ángel dañado que no pertenecía a ese lugar: se entregó a mí a totalidad. Tras mi exilio, descubrí que su alma había sido desterrada a un cuerpo idéntico al que tenía en su forma celestial... Jimin, mi amor perdido, yace en el limbo, condenado por un destino cruel tras haber sido asesinado. Solo pido permiso para entrar y sacarlo o que al menos se me deje entrar y estar ahí para siempre con él. No me importa permanecer allí por toda la eternidad si él va a estar conmigo...
Profundamente conmovidas por la historia de Jungkook, las entidades cósmicas se vieron divididas en su juicio, con unos relegando al demonio a su destino y otros mostrando piedad y simpatía por su dolor.
Lust, sintiendo que debía hacer una oferta que no pudieran rechazar, se dirigió a ellos — Ofrezco un conocimiento único, fruto de mis experiencias y habilidades adquiridas por mi cuenta. He encontrado la forma de infiltrarme en el reino celeste y camuflarme como un ángel, descubriendo los puntos débiles de la entrada al Cielo. Este conocimiento puede ser invaluable para asegurar la estabilidad y seguridad de sus dominios. Permítanme atravesar la grieta y rescatar a mi amado, y a cambio, me comprometo a enseñarles los secretos de los cielos y a brindarles mi apoyo eterno.
El Salón de los Destinos se llenó de un murmullo expectante y sorprendido ante la oferta inesperada de Jungkook. La propuesta de revelar los puntos débiles de la entrada al reino celestial y brindar un conocimiento tan preciado resonaba entre las entidades, que vislumbraban la posibilidad de obtener un poder estratégico que cambiaría las reglas del juego. La decisión final quedaba en manos de aquellos que gobernaban sobre los hilos de la realidad, con el destino de Jimin y el equilibrio de los reinos celestiales en un delicado contrapunto.
El silencio predominó en el espacio, mientras los jueces consideraban la oferta del demonio y las repercusiones de su decisión pendían en un equilibrio frágil entre el amor y la entrega, la luz y la oscuridad. La audiencia llegaba a un momento definitorio, donde el destino del rubio y de Jeon estaba en manos de aquellos que gobernaban sobre los hilos del universo.
Tras largos minutos de deliberación, las entidades cósmicas finalmente llegaron a una decisión sobre el deseo de Jungkook y la autorización para rescatar a Jimin del limbo. El Primigenio, la entidad del tiempo y el destino, se adelantó en su trono para dirigirse al demonio sexual con una voz que resonaba con poder — Lust, hemos aceptado tu oferta y te otorgamos la autorización para atravesar la grieta y rescatar a tu alma deseada. Sin embargo, hay un riesgo que debes tener en cuenta. Solo dispones de una hora en ese lugar, y a medida que el tiempo pase, tu poder se debilitará. Si no logras salir por la grieta antes de que el conocimiento se desvanezca, quedarás atrapado en el abismo para siempre.
El tono del Primigenio era serio y solemne, advirtiendo a Jungkook sobre el límite de tiempo que determinaría su destino. Mientras las otras entidades observaban en silencio, el reloj empezó a marcar el inicio de la cuenta regresiva para el demonio en su misión suicida de amor.
Con la autorización concedida, se preparó para enfrentar el desafío que le esperaba, consciente de que cada momento sería crucial y determinante en su intento por salvar a Jimin de las garras del abismo.
La grieta a través de la cual el pelinegro se adentró en el limbo era una fisura en el tejido de frontera junto al infierno, brillando con una luz difusa que oscilaba entre tonos opalinos y sombras insondables. Al atravesarla, el pelinegro experimentó una sensación de transición y cambio, como si estuviese cruzando umbrales entre los reinos del ser.
Una vez dentro, se encontró inmerso en un paisaje surrealista y desgarrador. El limbo se estiraba ante él como un mar de oscuridad y vacío, donde las sombras se retorcían en formas caprichosas y los susurros de las almas condenadas llenaban el aire con un eco de desesperación y pérdida.
Millones de almas erraban sin rumbo por los oscuros pasillos que simulaban un laberinto sin esperanza, cada una envuelta en su propio tormento y sufrimiento. La multitud de seres desdibujados y rostros sin forma se agolpaban en la penumbra, creando un mar de presencias indistinguibles y voces ahogadas por el peso de la condena.
Para Jungkook, la tarea de encontrar a Jimin en medio de aquel manglar de cuerpos perdidos se presentaba como un desafío monumental y abrumador. Cada paso era una lucha contra la marea de sufrimiento y desolación, cada mirada se perdía en la vastedad.
La dificultad de encontrar a su ángel caído en un lugar tan caótico resonaba en el corazón del pelinegro, recordándole el peso de la tarea que había emprendido y la urgencia de rescatar a su amado de las garras implacables del limbo. Con determinación y valentía, se adentró en la oscuridad en busca de la única luz que podía guiarlo en medio de la penumbra eterna.
El reloj corría y la esperanza se desvanecía poco a poco junto con su energía. Sus pasos cada vez eran más lentos y su voz menos fuerte — ¡Jimin! — exclamaba con ardor en su garganta y profundo dolor — ¡Jimin, mi amor!
Su visión era borrosa y chocaba constantemente contra otras almas que lo jalaban de la ropa, rogándole poder salir. Todo hasta que en medio de tanta oscuridad, vio unos ojos temerosos que lo observaron con asombro y alivio — J-jimin... — cayó de rodillas. Ya había pasado una hora, y dentro de poco perdería su memoria y quedaría vagando en ese lugar.
— Jungkook, mi rey... Aquí estoy — Jimin llegó hacia él y le sostuvo el rostro, dándole un beso — Kook, reacciona. ¿Cómo entraste?
— Hay una fisura... — señaló hacia un lugar.
— ¿Puedo salir contigo? — preguntó con ilusión.
— Él tiempo se me acaba y no tengo fuerzas... Perdóname por no lograrlo. Juro que te amo con todo lo que soy. Te pertenezco Jimin, tú eres mi Dios — cayó acostado y el rubio comenzó a llorar, ayudándole a poner de pie.
— Esto no ha terminado. Viniste hasta aquí por mí y vamos a salir los dos — como pudo lo levantó y empezaron a caminar contra ese mar agresivo de almas sin rumbo — dime por donde, por favor.
— Y-yo... — miró con pesadez — no lo recuerdo — todo se veía igual: negro por todos lados.
— Maldición — siguió caminando con él a cuestas.
En un último esfuerzo de valentía y amor, Jimin y Jungkook se aferraron a la esperanza en medio de la oscuridad y la confusión. Con cada paso incierto y cada latido agotado, los dos amantes buscaban desesperadamente una salida, guiados por la fuerza de su conexión y el deseo inquebrantable de escapar juntos de aquel abismo de perdición.
En el momento más oscuro y desafiante, una luz apareció en el horizonte distante. Una figura etérea y radiante se acercaba a ellos, sus contornos borrosos como un sueño en la penumbra. Era el Espíritu del Alba, una entidad benevolente cuya presencia irradiaba el poder de la entrega y la guía hacia la libertad.
El Espíritu extendió una mano luminosa hacia la pareja, ofreciéndoles una senda hacia la salida. Con un gesto de clemencia y compasión, les mostró el camino a seguir, iluminando los pasillos sombríos con una luz dorada que disipaba las sombras y revelaba el camino hacia la grieta cósmica.
Finalmente, llegaron al borde de ella, donde la luz titilante de la realidad los esperaba. Con un último vistazo al abismo del limbo, Jimin sacó a Jeon con la poca fuerza que le quedaba, unidos en su victoria sobre la oscuridad. Con un impulso final, atravesaron la zanja y emergieron en el salón, llenos de gratitud por haber superado juntos los desafíos. En ese momento, el Espíritu del Alba les susurró palabras de aliento y bendición antes de desvanecerse en el éter — En la trama del universo, sus almas están entrelazadas en un vínculo que trasciende el tiempo y el espacio. Son dos partes de un todo incompleto, destinos entrelazados en un baile eterno que desafía las leyes de la existencia. A través de la oscuridad y la luz, a lo largo de los reinos divinos y profundos, sus almas están destinadas a estar juntas por toda la eternidad.
Jungkook miró a Jimin con lágrimas en sus ojos y lo besó intensamente, siendo correspondido con pasión desmedida y amor necesitado — No pienso perderte nuevamente.
— Gracias por no rendirte...
— Te amo, Jimin.
— Te amo, Jungkook.
En medio de la sala de operaciones, el ambiente se cargaba de tensión y urgencia mientras el equipo médico luchaba por salvar la vida de un paciente crítico. El cuerpo de Jimin yacía en la mesa, su rostro pálido y su respiración entrecortada revelaban la gravedad de su condición. El enfermero, cuyos ojos ardían con determinación y coraje, se preparó para liderar la delicada tarea de extraer la bala que amenazaba la vida del frágil rubio.
En un momento de suspenso y desesperación, el corazón de Jimin dio un brinco y los monitores emitieron un pitido agudo, señal de un infarto inminente. El enfermero, con voz firme y urgente, gritó —!Necesitamos un desfibrilador ahora! — Él no era doctor pero esa noche por cosas del destino tuvo que cumplir esa labor.
Con precisión, realizó el procedimiento, siguiendo los protocolos de emergencia mientras luchaba contra el tiempo para salvar la vida del joven. Con manos expertas, extrajo la bala con cuidado y sutileza, coció la herida, restaurando la estabilidad vital del cuerpo de Jimin.
Una vez que la bala fue extraída y la herida cerrada, un suspiro colectivo de alivio llenó la sala. El equipo médico se abrazó en celebración, compartiendo un momento de gratitud y esperanza por haber realizado esa tan difícil hazaña con éxito.
El rubio había sido encontrado en el bosque con pocos signos vitales por un aldeano que por allí pasaba. Éste lo llevó de inmediato al hospital del pueblo y con ese acto logró salvarle la vida...
Horas más tarde, cuando Jimin abrió lentamente los ojos, su pulso se aceleró en un instante, haciendo sonar la alarma de la máquina. Al ver al enfermero frente a él, vestido con una bata blanca y una sonrisa tranquilizadora en el rostro, sus ojos se encontraron en un choque emocional de reconocimiento.
El hombre tomó su mano con gentileza, bajándose el barbijo y susurrándole con ternura — Tranquilo, pequeño. Estás bien, estás vivo. Yo cuidaré de ti...
Una hora antes...
En un instante de éxtasis, Jimin y Jungkook se encontraban juntos en el Salón de los Destinos, envueltos en un abrazo apasionado y lleno de lágrimas. Sus labios se unieron en un beso cargado de amor y emoción, sellando su unión más allá de cualquier barrera o límite impuesto. Sin embargo, la alegría se vio eclipsada por la angustia cuando el alma de Jimin comenzó a desvanecerse, amenazando con separarlos una vez más en un torbellino de temor y desesperación.
Jungkook, con el corazón en un puño y los ojos llenos de lágrimas, gritó desesperado al ver cómo la esencia de Jimin se desvanecía ante sus ojos. En medio del caos y la incertidumbre, una de las Gemelas se rió con malicia, disfrutando del sufrimiento del demonio que había desafiado las leyes de los reinos cósmicos.
— Has sacado su alma demasiado pronto, Lust. Por lo tanto, será puesta de cuenta en su cuerpo humano.
Jungkook, con una determinación feroz en los ojos, se volteó hacia las entidades cósmicas con súplica y anhelo en su voz.
— ¡Por favor, vuélvanme humano a mí también! Renuncio a mi vida eterna como demonio para estar con Jimin en el mundo terrenal. ¡Concédanme esta petición!
Una de las entidades se acercó a Jungkook — Lo haremos, demonio. Te daremos la humanidad, pero vendremos por ti en cualquier momento para que cumplas tu promesa. La información que prometiste revelar será nuestra recompensa.
En un destello de solo un segundo, Jungkook abrió los ojos en un hospital, rodeado de caos y urgencia mientras el personal médico corría para atender a un joven herido que acababa de llegar. En medio de la confusión, Jeon reconoció al pequeño y su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que era Jimin. Miró su bata y corrió para socorrerlo, sabiendo que era parte de su acuerdo. Al fin tendrían una segunda oportunidad para vivir su amor...