Lustful Liaisons - KOOKMIN

Summary

Uno de ellos era agua: un torrente reprimido dentro de una represa a punto de estallar. El otro, era fuego puro: un incendio forestal que arrasaba con todo a su paso. Juntos, una catástrofe... Dónde Jimin es un enfermero de 29 años adicto al trabajo, con pocos amigos y vida amorosa nula y Jungkook es un estudiante de ingeniería en sistemas, aparentemente retraído, pero con fetiches y experiencias fuera de lo aceptable para Jimin. - Kookmin - Jimin mayor que Jk - Erótico+18 - Mención de armas y sustancias psicotrópicas - Lenguaje explícito - Romance - Psicológico Disfruta la lectura 💞

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33
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18+

Capítulo 1

Hilos invisibles


6 de junio del 2022, Seúl Corea del sur.


   El caos reinaba en el hospital, un frenesí de movimiento y urgencia que sacudía los cimientos de la calma habitual. Un joven entraba con otro en sus brazos, llorando mientras pedía ayuda — ¡Por favor, salven a mi hermano!


— ¡Traigan una camilla, rápido! — los gritos desgarrados de los enfermeros resonaban en los pasillos, marcando el ritmo acelerado de una noche teñida por sangre. Entre las sombras de la tragedia, un hombre con el destino suspendido entre la vida y la muerte luchaba por sobrevivir.


Jimin, con mirada serena pero determinada, se abrió paso entre la multitud de médicos y enfermeras que rodeaban al paciente. Su corazón latía al unísono con la urgencia de la situación — Está muriendo, maldita sea... Preparen el quirófano — su voz resonó con autoridad, impregnada de la promesa de hacer todo lo posible por aquel, cuya vida pendía de un hilo.


— ¿Viene con él? ¿Cuál es su nombre? — preguntó, buscando información vital en la vorágine del momento.


— J-jungkook, su nombre es Jungkook — las palabras temblorosas del contrario revelaron la identidad del herido.


— Pase a llenar la información, por favor, haremos lo posible por salvarlo... — dió una palmada en su hombro y corrió junto a los demás asistentes que llevaban el cuerpo hacia el quirófano.


Mientras todo ocurría, Taehyung contaba cómo había pasado todo — Salíamos de tomar unas copas cuando vimos cómo un hombre golpeaba a una chica y le gritaba que tenía que volver con él. Nos miramos mutuamente con el ceño fruncido porque los dos estamos en contra del maltrato hacia la mujer. Sin embargo, al ver cómo el sujeto sacó un arma, yo me congelé... — tomó aire — la iba a asesinar. Jungkook fue quien actuó y la defendió, instándola a qué corriera y se fuera de ahí. Es un valiente muy idiota porque el otro tenía una pistola y él estaba ebrio y a mano limpia. Cuando dió la espalda para volver conmigo, se escuchó una detonación. Mi amigo cayó al piso y el tipo huyó. Solo pude cargarlo y traerlo hasta aquí — comenzó a llorar — no quiero que muera.


— No va a morir. Está en manos de los mejores. Llene esta solicitud, por favor — una enfermera se sentó a su lado y lo ayudó a escribir.


  Mientras tanto, el quirófano era un remolino de actividad febril, el eco constante de los monitores cardíacos y el murmullo incesante de palabras de urgencia llenaban el aire tenso. Jimin se encontraba en el epicentro de la tormenta, con las manos firmes y los ojos fijos en el desafío que tenía ante sí. La vida de ese joven estaba a punto de apagarse y era su habilidad y determinación las que marcarían la diferencia entre la salvación y la tragedia.


Con meticulosidad y concentración absoluta, preparó el campo de batalla quirúrgico. La bala se alojaba profundamente en el torso de Jungkook, una sombría marca del peligro que había enfrentado. Sin un cirujano disponible en ese instante crucial, el rubio asumió el desafío con valentía y ganas de ayudar.


El silencio tenso caía sobre la sala al comenzar la delicada y peligrosa tarea de extraer la bala. Con movimientos precisos y calculados, el enfermero guió el instrumental con maestría, desafiando la gravedad de la situación con cada milímetro de avance. Cada respiración era un susurro de esperanza, cada latido del corazón de Jungkook un eco de supervivencia.


El sudor perlaba la frente de Jimin, y su mente se enfocaba en un solo objetivo: salvar la vida del pelinegro. Sus manos expertas trabajaban sin descanso y el tiempo se estiraba como un elástico tenso, cada segundo vital en la carrera contra la muerte.


Y entonces, en un instante de silencio abrumador, la bala fue extraída. Un suspiro colectivo de alivio llenó el espacio: lo habían hecho...


El pequeño objeto asesino no logró tocar ningún órgano importante, y eso los tenía sorprendidos a todos. Sin duda era un milagro. Jimin salió hasta donde el moreno estaba y le dió la buena noticia. Este solo pudo llorar y abrazarlo — Muchísimas gracias...


6 de Junio del 2024, Seúl Corea del sur.


   El jueves por la noche, al fin tenía una noche libre. Eran aproximadamente seis años trabajando, comprometido con su labor, salvando vidas y ayudando a salvar otras. El uniforme blanco era su vestuario habitual, sustituido varias veces por uno azul esterilizado a la hora de tomar responsabilidades fuera de su campo, pero desenvolviéndose perfectamente.


Jimin poco pensaba en sí mismo. Siempre pensaba en los demás, salvaba vidas mientras la suya se apagaba y todo se volvía imposible de llevar. Con 29 años, deseaba tener a alguien que lo esperara en casa... Deseaba tener a alguien que lo mirase con amor, que quisiera tocarlo y hacerlo sentir un hombre querido.


Deseaba que las cuatro paredes de su habitación se volvieran más estrechas al compartir el mismo aire con otra persona, moverse en la cama y chocar con un cuerpo caliente. Pero era tan cerrado con todo ese tema... Pasaba su tiempo libre con una copa, en la soledad de su balcón, anhelando que hubiese alguien a su lado pero no era capaz de ir por ello, además, de no dejar entrar a nadie.

Contradictorio, confuso y dañino para su salud mental.


Todo hasta esa noche.


Vistió lo mejor que pudo y optó oír ir a un bar. Necesitaba con urgencia liberarse, quería hablar con un tipo que le gustara al menos físicamente y tal vez terminar haciendo el amor más tarde. Pagó su bebida y tomó asiento en el taburete alto cerca de la barra, cruzó las piernas y movió la cabeza de arriba a abajo al ritmo de la música, mientras buscaba al elegido.


Su primer intento de coquetear fue un desastre en cámara lenta. Con una mezcla de gestos descoordinados y frases confusas, Jimin trató proyectar confianza y seducción, pero el resultado fue más parecido a una comedia improvisada que a un romance apasionado. Las risas disimuladas de los ligues fallidos se convirtieron en un eco de hilaridad que resonaba en el aire, sumiendo a Jimin en un mar de confusión y vergüenza.


Cada intento subsiguiente de coquetear parecía empeorar la situación. Sus halagos resultaban desastrosamente inoportunos, sus intentos de contacto visual erráticos y sus gestos, más propios de un principiante en el arte del flirteo que de un seductor consumado. Y su físico no era el problema: bajo de estatura, cabello lindo y cuidado, rostro de muñeca de porcelana y cuerpo ligeramente atlético, alimentado correctamente. Llevaba una camisa de algodón manga larga en color negro y unos vaqueros ajustados. Ni siquiera por eso lograba atrapar a nadie.


A medida que las horas pasaban y su paciencia llegaba al límite, decidió enfrentar a un hombre que llevaba rato mirándolo desde la otra esquina de la barra — ¿Qué tanto me ves? — preguntó con malhumor.


El chico sonrió y bebió de su trago antes de levantar los hombros con un toque de burla — Nunca en mi vida había visto a alguien coquetear tan mal.


— ¿Qué puedes saber tú de coqueteo? ¿Cuántos años tienes, 19, 20?


— 23, su señoría — bajó del taburete y se acercó al rubio, tomando asiento a su lado — creo que esto no es lo tuyo, ¿verdad?


— ¿Qué quieres?


— Ayudarte a conseguir algo esta noche. Tranquilo, lo hago por mí... No soporto un minuto más viendo como das pena ajena.


Jimin abrió la boca y frunció las cejas, ofendido totalmente por la verdad — Para tu información, me estaba yendo bomba — se cruzó de brazos.


— Sí... Nadie dice bomba hoy en día. Por eso se van — El rubio puso los ojos en blanco — bien, te enseñaré los trucos existentes en el esto de la seducción pero te advierto: una vez empieces, no habrá vuelta atrás — le guiñó el ojo y bebió el último sorbo antes de pedir otra ronda, tanto para él, cómo para el pequeño — primero que nada, endereza la espalda. Si te muestras inseguro nadie se acercará y si lo hacen, de seguro serán aprovechados que buscarán agregarle algo a tu bebida. Debes estar pendiente con eso — Jimin sujetó su vaso — no actúes desesperado, mientras más se note que pasar un rato contigo es un reto, será mejor. Entonces: espalda derecha, actitud despreocupada y seguridad.


El más bajo trató de imitar lo que el pelinegro le decía pero solo logró verse rígido y tenso — Joder... Tener la espalda erguida no es recta como una tabla. Haz una leve curva sacando el trasero un poco más, tienes que verte provocativo, que buscas al menos que te peguen a una pared — las mejillas del rubio estaban totalmente rojas. Pero de nuevo, trató de hacer lo pedido y esta vez salió mejor — muy bien. Juega con la copa, bebe con sensualidad, peina tu cabello hacia atrás y no bailes la maldita canción con la cabeza como un juguete de esos de los que ponen en el tablero de un carro. Mueve los hombros, la cadera...


— Me estoy empezando a ofender por tu forma de hablarme.


— Me lo agradecerás más tarde. Has todo eso y... — le acomodó el cuello de la camisa para que revelara discretamente parte de su hombro — algo de piel no está de más. Ahora es mi turno — sonrió — te apoyaré en la distancia.


— ¿Qué?


Se alejó hasta quedar cerca de un hombre que estaba solo y se quejó — Maldición... Necesito consegir su número.


— ¿Me hablaste?


— Oh... No. Solo estaba pensando en voz alta, ese chico me dejó mal.


— ¿Cuál chico? ¿Puedo ayudarte en algo?


— Ese — señaló al rubio — estuve intentando ligar pero soy muy torpe. Es sin dudas el más lindo de todo el bar.


Escuchar eso llamó la atención del contrario, quien detalló la belleza del pequeño sentado en soledad — Es verdad... No lo había visto — quedó cautivado totalmente.


— Yo me rindo, amigo. Es demasiado para mí que solo soy un niño. Tal vez deberías intentarlo tú a ver si tienes más suerte.


— ¿No te molesta?


— Me molesta más que esté tan solo teniendo ese culo... Solo mira como se sienta. ¿Cómo ha de lucir sentado encima de una polla?


— Maldición — se levantó — gracias, hermano. Iré con él.


— Buena suerte, es bastante difícil.


— Lo veremos.


El hombre caminó hacia el más bajo y una animada conversación inició. Finalizando con un beso leve en la comisura de los labios y un intercambio de números. Tal vez habría terminado en sexo pero Jimin decidió que lo haría la segunda vez que se vieran.


Mientras todos salían del bar, vió al pelinegro subir a una motocicleta y se acercó — Oye — sonreía — no sé qué hiciste pero fue increíble. Tengo su número y la promesa de volvernos a ver.


— No hice nada — sonrió también — el mérito es todo tuyo, Jimin.


— Espera, ¿cómo sabes mi nombre? No te lo dije nunca...


— ¿No me recuerdas?


— ¿Ya nos conocíamos? — estaba sorprendido.


El contrario levantó su camisa de vestir y mostró un hermoso cuerpo trabajado, dejando ver una pequeña cicatriz — Creo que solo devolví el favor que me hiciste hace dos años.


Jimin se llevó las manos a la boca y ahogó un jadeo — ¿Eres el chico que llegó herido de bala?


— He cambiado un poco, es verdad. Pero lo soy...


— ¿¡Un poco!? — en ese momento, Jungkook tenía el cabello muy corto, no tenía tatuajes y estaba más delgado. Ahora, lucía totalmente distinto — ¿Jungkook, verdad?


— También lo recuerdas — se puso el casco — mucha suerte con tu ligue, espero funcione — encendió el motor — feliz madrugada, doctor.


— Espera — puso la mano sobre su brazo — no soy doctor — negó — Pero... ¿Puedes darme tu número? Me gustaría que me ayudaras.


— ¿A qué?


— No lo sé... A aprender. Puede que haya conseguido otra cita pero a la hora de la verdad, ¿qué voy a hacer? No tengo el más mínimo conocimiento.


— ¿No sabes follar?


Jimin bajó la mirada — No lo digas así...


— Mierda... No sé qué decir.


— Solo necesito la teoría, ayúdame.


— ¿Qué te hace pensar que yo sé mucho?


— Lograste mucho allí dentro con alguien que no tenía solución.


— No lo sé.


— Puedo pagarte... Supongo que por tu edad, eres estudiante, ¿verdad?


— Ingeniería en sistemas, sí.


— ¿Tienes trabajo?


— Hago suplencias como técnico de soporte en varias compañías cuando me llaman.


— Ahí está, no tienes algo fijo. Tampoco sería todo el tiempo ya que mi horario en el hospital es rotativo. Podríamos vernos tal vez dos días a la semana y te pagaré 250.000 wones quincenales.


— ¿Estás comprando mi tiempo?


— No quería usar esto pero... Te salvé la vida.


Asintió reprimiendo una risa — Es verdad y también es manipulación.


— ¿Por favor? — puso ojitos de cachorro y movió las pestañas, aferrándose a su brazo — ayuda a esta pobre alma...


Jungkook carcajeó — Dame tu teléfono — dejó su número y se lo devolvió — escríbeme para agendarte y coordinamos los días.


— ¡Sí! Muchas gracias.


— ¿Necesitas que te lleve a algún lado?


— Oh, no. Tengo mi auto ahí — presionó el botón en su llavero y un lindo Audi encendió las luces.


— Mierda... Es un buen carro.


— Te dejaré conducirlo cuando quieras.


— Me está gustando el plan. Debo volver al campus antes de que salga el sol. Esperaré tu mensaje, Jimin.


— Al llegar a mi casa te escribiré, de nuevo gracias.


— Cuídate — aceleró en la motocicleta, desapareciendo en pocos segundos. El rubio suspiró y recordó al atractivo hombre con el que tendría una cita próximamente y sonrió en grande, de camino a su vehículo.


Le resultaba gracioso y al mismo tiempo impactante saber que al joven que había salvado hace dos años era ahora quien le daría lecciones de seducción, además de que, Jungkook no parecía en lo absoluto ser ese tipo. Llevaba anteojos, camisa holgada y pantalones anchos. Tenía toda la pinta de un posible nerd, sin embargo, con solo unas palabras logró conseguirle un hombre.


Estaba muy emocionado por aprender más...