When The Rain Is Over, OS Larry Stylinson

Summary

¿Cuántos años son suficientes al lado de la persona que amas? ¿La eternidad se vuelve frágil? ¿Necesitamos algo más? Un OS corto, soft, sin drama. Harry Bottom, Louis Top, Vampiros.

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🩸 Amarnos Eternamente 🩸


Era un día más de trabajo en el Hospital Regional de Transilvania. Uno de los médicos forenses, después de haber realizado las autopsias correspondientes a dos pacientes, dio por terminado su turno.

Les sonrió amablemente a los chicos del aseo, que como todos los días llegaban a limpiar el lugar. Harry y Louis llevaban en ese trabajo cerca de dos años, aseando el hospital en turnos nocturnos. En silencio limpiaron las mesas que se usaban para tales procedimientos, quitando restos de sangre o de algún órgano. Escobillaban con fuerza cada parte, dejando desinfectado todo a su paso.

Si tenían suerte, y había algún muerto fresco, podían aprovechar de hacer una pequeña incisión en el lado derecho de la parte inferior del cuello de los restos, buscando algún rastro de sangre.

Siempre se ha sabido que los vampiros no podían beber sangre de cadáveres, pero muchas cosas habían cambiado con el tiempo, y aunque la sangre fresca siempre era el ideal, ahora se podía mezclar esa sangre sin vitalidad con un preparado de vitaminas, que podía usarse en caso de urgencia.

En pequeñas bolsas recolectoras guardaban sus tesoros, y luego las dejaban en un bolso especial que conservaba el frío, junto con la sangre que robaban del banco del lugar, especial para transfusiones, y que era de mejor calidad y se aseguraban que estaba limpia y sana. No era mucho lo que podían robar, porque las demás personas podrían darse cuenta y se les terminaría su única fuente de alimento.

Eran una pareja particular. Tenían cerca de 400 años, de los cuales llevaban 327 juntos y tenían un acuerdo de no beber directamente de ningún humano. Lo consideraban una infidelidad y falta de respeto, a pesar de que para sus familias y amigos era ridículo, se habían acostumbrado a beber menos sangre, y agradecían las nuevas tecnologías que les ofrecían estas invenciones como la mezcla de sangre muerta con vitaminas. Muchas veces había sido su único alimento por días, pero no siempre era fácil conseguir la sangre en el hospital.

Habían decidido trabajar, lo que también era bastante estúpido para los padres de ambos, que eran amigos y no entendían la manera de hacer las cosas de sus hijos. Tenían un sueldo que guardaban en su mayoría, y que usaban para comprar ropa, o para pagar un muy pequeño departamento en el centro de la ciudad, que ocupaban cada vez más y que necesitaban para encubrir sus identidades. Debían comportarse como cualquier pareja humana y no llamar la atención, y definitivamente, eso les daba un algo de variedad y diversión a sus vidas.

Sus primeros años juntos, vivieron en el castillo de Transilvania, que era tremendamente grande, motivo por el cual, no estaban solos. Había primos, amigos, tíos... Mucha gente esparcida entre las distintas habitaciones, pisos y torres que no daban mucho espacio a la intimidad y tampoco había mucho por hacer, además de las celebraciones típicas como cumpleaños, aniversarios y otros más cuestionables, como el récord de mayor cantidad de mordidas en una semana.

Estaban acostumbrados, Harry y Louis, a morder a cualquier persona en medio de la noche, o en algún lugar solitario, pero nunca fue algo que disfrutaran realmente. Siempre les molestó y apenó, ver los rostros de miedo y pánico pintado en el rostro de sus víctimas. En esas épocas, simplemente lo hacían, porque era lo que debían hacer. Sus parejas de esos momentos, por el contrario, disfrutaban mucho de beber la sangre directamente de los humanos, sobre todo mujeres y niños, porque eran más dulces, y los instaban a hacerlo lo más seguido posible.

Gracias a vampiros como ellos, que sembraban el terror en los humanos, las leyendas no cesaban y eran cada vez más espeluznantes. Las personas de la ciudad casi no andaban solas ni de noche, la vida nocturna había muerto, lo que provocó que muchos vampiros tuvieran que empezar a volar a lugares más alejados para obtener sus alimentos.

Harry apenas llevaba 20 años con su compañero cuando lo encontró mordiendo a un bebé de meses. Fue demasiado y decidió que él no era la persona que quería a su lado. No estaba enamorado, solo acostumbrado a no estar solo y era mal visto por todos que las relaciones fueran cortas, pero él no pudo aguantar más y tuvo que tolerar las malas caras y a quienes lo juzgaron por hacer un gran escándalo por algo tan tonto. Por fortuna sus padres lo apoyaron en esa ocasión, y en una pequeña celebración que hubo a causa del aniversario de sus abuelos, que llevaban 998 años juntos, le presentaron a Louis, un vampiro hermoso que venía de otra región. Sí tuvieron al principio una pequeña gran decepción al saber que Harry era un vampiro gay, ya que eso los dejaba sin descendencia y sin nietos, a pesar de que tenían 35 hijos más.

Esa noche de celebración, Harry fue obligado a vestirse con su mejor ropa. Eligió de su antiguo clóset, su traje favorito, de color rojo con detalles en negro. Era realmente hermoso, y realzaba todo su porte y su presencia. Peinó sus largos rizos y luego se perfumó usando un aceite aromático solo en algunos puntos estratégicos. No le interesaba conocer a nadie, solo quería provocar. Y vaya que lo logró, incluso sus padres y hermanos estaban sorprendidos de la energía que emanaba de Harry, era un vampiro más que atractivo, era seductor y dominante por naturaleza.

La celebración estaba en su mayor apogeo, con todos brindando con sangre fresca que lograron obtener de un gran y fatal accidente en las afueras de Transilvania, cuando Harry fue llamado por sus padres para presentarle a Louis.

¿Cuál de los dos quedó más prendado del otro? Parecía que los hubiesen hecho a mano, encajaban perfectamente. El traje de Louis, mucho más clásico, pero al mismo tiempo, lleno de detalles y simbolismos, que se ajustaban a su infartante figura.


Se dieron la mano, sonriendo misteriosamente.

—Louis Tomlinson, es todo un placer, —se presentó, con una ligera reverencia.

—Harry Styles, —contestó, respondiendo a la reverencia con gracia.

—¿Te gustaría bailar la siguiente pieza?

—Estaría encantado.

En ese momento comenzó a sonar un vals de los más clásicos, interpretado por una orquesta en vivo que agasajaba a la pareja de abuelos.

Louis ofreció su mano, y se dirigió con Harry al centro de la espaciosa pista. Los pisos parecían un espejo, las lámparas colgantes brillaban y todos los ojos estaban puestos en ellos, incluso los de sus ex parejas, que estaban enfurecidos al notar que, al parecer, habían sido olvidados sin mayor dificultad.

Rápidamente la mano de Louis se aferró con propiedad a la cintura de Harry, que envolvió con su brazo la espalda de Louis. Mirándose fijamente, comenzaron a danzar, como un par de expertos.

—No puedo creer que no te conocí antes, —dijo Louis, perdido en los ojos verdes.

Harry sonrió con coquetería. —Quizás estabas ocupado, yo siempre he estado en este lugar...

—Tienes razón, estuve ocupado en otras ciudades, pero afortunadamente ahora mi tiempo es todo tuyo...

Harry echó la cabeza hacia atrás para reír. —Vas un poco rápido, ¿no crees?

—¿La verdad? Creo que nos estamos demorando demasiado.

—Tiempo es lo que más tenemos, ¿lo olvidas?

—Creo que a tu lado la eternidad es escasa.

La mirada de Louis no admitía burla, y así lo entendió Harry, quien se sonrojó violentamente.

—Eres muy directo, me gusta... Pero cuéntame de ti, por qué estás aquí, de dónde vienes.

—Vengo de Whitby, estaba con mi ex compañero, ya sabes.... Relación fallida.

—¿Cuánto duró?

—Apenas 30 años...

—¿Y qué pasó?

—Lo encontré bebiendo la sangre de mi hermana menor, mientras se la follaba, —contó suspirando, como si fuera de lo más normal.

—Eso es horrible... No puedo imaginar tu decepción, tu dolor...

—Sinceramente, no fue mucho de ninguna. Veníamos con problemas hace años, él simplemente era muy irrespetuoso y ya le había perdonado algunas infidelidades. Muchas veces nuestra sociedad es muy sucia y promiscua.

—Lo sé... No entiendo en qué momento todo se ha descontrolado...

Siguieron conversando, sin dejar de bailar, a pesar de que la música había cambiado su ritmo varias veces, ellos no podían escuchar nada que no fueran sus voces ni ver algo más que sus rostros.

—¿Quieres una copa?

—No, gracias...

—¿Por algún motivo en especial? —Preguntó, curioso, Louis.

—Te voy a parecer raro, pero no acostumbro a beber sangre que no sé de dónde proviene. Sabes que a veces utilizan a niños, o animales, y las mezclan y simplemente no puedo con eso.

—Te entiendo, pero dime cómo lo haces entonces.

—Por ahora salgo a buscar personas de noche, como siempre se ha hecho, y trato de mantenerme con eso todo el día.

—Pero es muy poco, ¿o no?

—Al principio fue muy difícil, pero te acostumbras.

—¿Hace cuánto estás soltero?

—Algunos años...

—¿Cómo puede ser posible?

—Como te dije, hay muchas cosas que no me gustan de este mundo, y evito las reuniones sociales y celebraciones. Prefiero la soledad de mi habitación, —explicó Harry.

—¿Y tu última pareja?

—La dejé...

—¿Puedo saber por qué?

—Lo encontré mordiendo a un bebé... De meses... Un ser completamente indefenso.

—Eso es imperdonable, te puedo entender.

—En mi familia hasta el día de hoy me dicen que fui exagerado, pero yo tengo muy claro mis límites.

—Me encanta que los tengas...

—¿Por qué me miras así? —Susurró Harry, sabiendo muy bien la respuesta.

—¿Por qué crees tú? —Murmuró Louis, apretando la cintura de Harry una vez más.

—Quiero escucharte decirlo...

—Me gustas, me atraes, te deseo... —Y sin poder evitarlo, mostró sus colmillos, sorprendiendo a Harry.

Según una muy, muy antigua leyenda, los vampiros que muestran sus colmillos están mostrando toda su vulnerabilidad. Son muy pocas las ocasiones en que alguien lo hace, sin ser el compañero de un vampiro. Harry entendió que, de verdad, se habían flechado, cuando correspondió al gesto de Louis, mostrando también sus afilados dientes, sin poder evitarlo.

—También me gustas, pero no quiero hacer esto así... Tan rápido...

—¿Por qué no? ¿Qué necesitas para estar listo para mí?

—¿Para ti? ¿No estás siendo exageradamente posesivo?

—Estamos hablando de ti, claro que tengo que serlo... —aseguró coqueteando. —¿No se trata de esto la vida? ¿No es esto lo que buscamos sin cesar? Estoy seguro de que nos encontramos, que los tiempos son perfectos, que los momentos son perfectos...

—Tienes razón, pero llámame loco y anticuado, pero quiero enamorarme, no empezar otra relación en la cama, de esas ya he tenido muchas.

Louis gruñó, molesto. —No hables de eso.

—¿Ves? Me das la razón cuando creo que esto es muy acelerado, simplemente crees que puedes llegar y tomarme como si fuera un trofeo, y yo no lo soy, ni voy a dejar que me trates como tal.

—Me disculpo por eso, creo que la efusividad me pasó la cuenta... Pero es que si estuvieras en mi lugar, también querrías acelerar las cosas. Pero tienes razón, ¿aceptarías verme en la noche de luna llena?

—Eso es mañana.

—Así es... Podríamos juntarnos a conversar sobre el mirador del castillo.

—Me gusta mucho la idea, ¿a qué hora?

—A medianoche.

—Ahí estaré...

Y así fue como comenzó la historia de amor de Harry y Louis, con citas sencillas, mucho tiempo de conversación y de conocerse profundamente. Descubrieron pequeñas y grandes coincidencias en su manera de ver la vida, los mismos puntos de vista en temas relevantes para los dos y fueron enamorándose un poco más con el tiempo. Fueron seis meses en que su único contacto físico fue tomarse de las manos, y acariciarlas. Era más que suficiente.

Una noche, despejada y con una hermosa luna creciente, se encontraron en una amplia explanada detrás del castillo. Podían verse algunas parejas de vampiros conversando, y también murciélagos recuperando sus formas.

—¿Vas a ir a la celebración del compromiso de Abbey y Blade?

—No lo sé, tengo fuertes diferencias con Blade y la verdad es que no recibí invitación, aunque mis padres insisten en que tengo que ir.

—¿Diferencias?

—Ya sabes, en los métodos para conseguir sangre. Él acepta y promociona todo tipo de acciones, le da igual si es un bebé recién nacido, una mujer embarazada o algún anciano. Incluso una vez lo vi mordiendo a un perro, y según él todo es válido. Piensa que soy una doncella débil...

—¿De un perro? Que asco, pobre animal... Entiendo, entonces tampoco iré. Podríamos venir a conversar, aunque siempre es tentador volver a bailar contigo...

—Podemos hacerlo en el salón de al lado, la música se escucha lo suficientemente fuerte.

—Tienes razón, amaré volver a sentir mis manos en tu cintura...

Harry se sonrojó, y se veía realmente hermoso con sus mejillas arreboladas en medio de su mortal palidez, que aumentaba con el reflejo lunar y Louis amaba esas reacciones de Harry, y no hallaba la hora de poder acercarse un poco más.

La celebración de la que hablaban, sería en tres días más. Días que pasaron muy rápido y que los encontró muy ansiosos y felices.

A pesar de haber dicho que no irían a la celebración como tal, las familias de ambos los obligaron a ser parte de la fiesta.

Se encontraron al final de la escalera, por donde debía bajar la pareja agasajada.

—¿Cómo es posible que cada vez te veas más lindo? —Preguntó Louis, admirando a Harry.

—¿Cómo es posible que no dejes de decirme esas cosas? —Respondió Harry, sonriendo.

—No hayo la hora de que esto comience para poder bailar contigo...

Harry solo pudo sonrojarse, otra vez.

En ese momento, hizo su aparición la pareja que todos estaban esperando, por lo que Louis y Harry se fueron hasta el fondo del salón.

Hubo algunos discursos, sobre todo de las familias de los nuevos novios, y luego fue el turno de la cena, que consistía en grandes cantidades de sangre de origen dudoso.

—Espérame aquí, —dijo Louis. —Ya vengo.

Harry se quedó sentado en un gran sofá de cuero negro, con las piernas cruzadas y muy cómodo, mirando todo a su alrededor. De pronto, una voz demasiado conocida llegó a sus oídos.

—¿Cómo estás? —Preguntó Sasha, su ex compañero.

—Muy bien, ¿tú?

—Ahora mejor.

—Qué bueno, —contestó Harry, sin prestar atención.

—Te extraño...

—¿En serio? Sasha, han pasado no sé cuántos años desde que terminamos.

—Desde que tú me dejaste.

—Da igual. Años que no estamos juntos, pensé que ya habías rehecho tu vida, te he visto con varios chicos.

—¿Y eso te pone celoso?

—Claro que no, ¿qué idioteces dices?

—¿Es por ese vampiro patético? Deberías saber que no te toma en serio, por algo no ha formalizado después de todo este tiempo. Los rumores son muchos.

—Me da igual lo que digan, lo sabes.

—Vuelve conmigo, prometo que ya no morderé bebés.

—Sasha, aunque han pasado años, sigues sin entender el trasfondo de las cosas. Era mucho más que beber la sangre de un pequeño indefenso, pero no has cambiado ni vas a cambiar... Y aunque lo hicieras, ya es muy tarde para nosotros.

—Piénsalo, yo sí te daría tu lugar. No dejaría pasar tantos años para pedirte matrimonio, lo haríamos de inmediato.

—¿Qué parte no entiendes? No hay nada entre nosotros, yo no siento nada por ti, por favor vete.

—Dame una oportunidad...

—Jamás, ya eres pasado.

Por suerte Harry pudo ver cómo Louis se acercaba, con un rostro difícil de descifrar, con dos copas con sangre.

—¿Quién eres tú? —Preguntó apenas llegó al lado de Harry, mirando al vampiro de arriba a abajo.

—Sasha, el ex compañero de Harry, ¿y tú? Ah, verdad, el hazme reír del momento.

—¿Qué haces molestando a Harry? Deberías irte antes de que me enoje.

—¿Debería tener miedo?

El rostro de Louis se descompuso en un segundo, y en un acto impensado, gruñó fuerte y mostró sus dientes, mientras sus ojos se volvían de un rojo reluciente.

Un silencio sepulcral se adueñó de todo el lugar, y todos los ojos estaban puestos en Louis, Sasha y Harry.

Y Sasha, aunque estaba al borde del desmayo, porque jamás le pasó algo así, sacó la voz frente a todos. —Lamento mucho interrumpir de esta manera tan magnífica celebración, ha sido mi culpa. Por favor, sigan disfrutando, permiso.

Acto seguido, salió del salón, y todos volvieron a sus ocupaciones.

—Creo que te excediste, —opinó Harry, sin saber cómo sentirse.

—Lo sé, me disculpo por eso... Pero no puede evitarlo, él necesitaba saber que no te interesa.

—Era mi trabajo hacérselo saber, no tienes que defenderme, Louis.

—Sé que no, pero es superior a mí... Discúlpame, intentaré que no vuelva a suceder... ¿Aún quieres bailar conmigo?

Harry pudo relajarse y sonrió. —Sí.

—Entonces, ¿me concedes la próxima pieza?

Con una graciosa inclinación de cabeza, Harry aceptó. Brindaron con la sangre que había conseguido Louis, y que había robado del hospital de la ciudad.

El primer baile, era exclusivo solo para los matrimonios y aquellos que llevaban más de doscientos años juntos.

—Te juro por mi sangre, que pronto podremos dar inicio al baile y estar en el primer vals, —dijo Louis, muy serio, y con su voz más profunda.

Harry sencillamente sonrió.

Una vez que terminó la primera pieza, Louis ofreció su brazo a Harry y caminaron hacia la pista.

Rápidamente Louis se adueñó de la cintura de Harry con una de sus manos, y Harry se aferró a la espalda de Louis. En ese primer baile, solo se dedicaron a mirarse y a sonreír, disfrutando del vaivén de sus cuerpos.

En el segundo vals, Harry apoyó su cabeza en el hombro de Louis, y Louis estuvo todo el tiempo con los ojos cerrados.

Para la tercera pieza, ya habían olvidado la posición de sus manos. Estaban meciéndose abrazados, perezosos, muy juntos, hasta que escucharon la voz de Lilianne, la madre de Harry.

—Les pido por favor, que moderen sus modales. Todo el mundo está comentando su manera tan poco prudente de bailar.

—Me disculpo por eso, —dijo Louis. —Ha sido mi culpa.

—Mamá, no sé cuál es el problema, —alegó Harry, molesto.

—El problema es que ustedes son solo amigos, no hay un compromiso ni menos un matrimonio que les autorice a comportarse de esta manera tan descarada.

—Lo lamentamos, creo que lo mejor es que nos retiremos.

—No, lo que debería suceder, es que tú Louis, te vayas y Harry se quede solo. Si se van juntos, alimentarán más los comentarios.

Harry y Louis se miraron. Era un poco ridícula la situación, claramente no eran niños, pero las familias de los dos eran de las más tradicionales y respetadas entre las castas de vampiros, y las jerarquías eran cosa muy importante.

Louis hizo una reverencia y salió del salón. Diez minutos después y sin que nadie lo notara, Harry hizo lo mismo.

Olfateó con concentración, hasta poder seguir el rastro del aroma de Louis. Fue escaleras arriba, hasta llegar a los tejados del castillo, y ahí lo encontró.

Se sentó a su lado.

—Lo siento, —se disculpó Harry.

—No tienes por qué. Sabemos cómo son las cosas, y para mí es imposible mantenerme lejos de ti... —contestó Louis.

—¿Quieres que sigamos bailando? Podemos ir al salón de al lado, nadie nos vería.

—Siempre quiero bailar contigo, pero antes, quisiera preguntarte algo. Sé que no es la manera correcta, pero llevamos mucho tiempo conociéndonos, y creo que sabes que estoy profundamente enamorado de ti... ¿verdad? —Harry asintió, con un poco de vergüenza y timidez. —Quiero que aceptes este regalo, solo si sientes algo parecido por mí. Si no es así, yo seguiré esforzándome cada día para lograr que me ames...

Sacó de su chaqueta un hermoso corbatín de seda negra, con una piedra del mismo color y finas cadenas adornando, que eran el sello de su familia.

Harry lo tomó entre sus manos, emocionado hasta las lágrimas.

—Es hermoso... Es... Significa que...

—Quiero, si me aceptas, ser tu compañero en esta vida eterna...

—Claro que te acepto, esperaba tanto esto, este momento, yo... Louis, yo te amo, te lo juro por la luz de la luna que nos ilumina que eres por quien siempre esperé...

—Sé que no deberíamos besarnos, pero Harry, yo no soporto más...

—Tampoco yo, y no me importan las reglas si se trata de ti...

Bajo la cálida luz de la luna se besaron. Fueron tímidos e intensos, lujuriosos y tiernos, acelerados y lentos, un beso que selló sus pasados y abrió la puerta de su futuro juntos, el beso que necesitaban para dar el paso definitivo.

Las manos de Louis estaban incrustadas en la cintura de Harry, apretando con exquisita posesividad el cuerpo de su vampiro favorito.

—¿Podemos casarnos mañana? —Preguntó Louis, ya agitado.

—Sabes que no, —contestó Harry con tristeza.

Estrictamente hablando, podrían hacerlo, pero sus familias no lo aceptarían.

—¿Y si hablamos con ellos?

—¿Crees que nos quieran escuchar?

—Déjame intentarlo...

El tejado del castillo fue el testigo no solo de sus besos, también de sus primeras caricias.

Al día siguiente, Louis reunió a los padres de ambos en un pequeño salón y a solas, les explicó la situación que los aquejaba y les pidió con todo su corazón, que los ayudaran.

Las dos familias se sintieron conmovidas, y aceptaron que el matrimonio fuera en apenas una semana, para felicidad de los novios.

Justamente ese día se anunció un luto mundial. Uno de los vampiros más antiguos fue muerto en una cacería de vampiros. No contentos con clavarle una estaca de plata directo en el corazón, lo habían ahogado en agua bendita, y como golpe de gracia, lo quemaron en una gran hoguera. Cumplieron con los tres ritos para matar a un vampiro, y era siempre algo muy sensible para todos. Gracias a eso, el matrimonio de Harry y Louis pasó desapercibido y no se dieron cuenta de que no hubo celebración ni una gran fiesta. Apenas un brindis de las familias y algunas palabras deseándoles felicidad y mucho amor.

Esa noche, en la habitación de Louis, que estaba en el rincón más alejado de la torre más alta, pudieron descubrirse, desvestirse y desnudarse, amarse por primera vez, moldearse al cuerpo del otro, ver la palidez de sus pieles y sentir el calor como una llamarada en sus caricias. Harry pudo conocer lo posesivo que era realmente Louis, un vampiro dominante en cada momento, intenso.

Louis era todo fuego, y Harry todo sensualidad, una mezcla perfecta e inagotable.

No querían acabar jamás, querían alargar ese primer encuentro lo más posible, ojalá por días, semanas, meses y años. Habían bailado su primer vals en la cama, al compás de los latidos de sus corazones, entregaron sus esencias y su vulnerabilidad, se despojaron de todo lo que eran, solo para vestirse con la piel del otro.

El amanecer los encontró agitados, no habían dejado de amarse ni por un segundo, completamente húmedos, sudados de tanto esfuerzo, sus voces casi habían desaparecido de tanto gemir y de tanto decirse cuánto se amaban, la cama deshecha de tantas caricias... Fue el momento perfecto para que cada uno enterrara sus colmillos en el cuello del otro, marcándose por primera vez y para siempre, llevándolos al éxtasis máximo.

El atardecer los despertó con su oscuridad.

—Hola, —susurró Harry, aferrándose más aún al pecho de Louis.

—Hola mi amor... ¿Dormiste bien?

—Nunca dormí mejor, ¿tú?

—Maravillosamente... —Hablaban despacio, como si alguien los pudiera escuchar, solo logrando que la intimidad fuera más perfecta y profunda. —¿Qué quieres hacer hoy? Podemos ir a volar por la ciudad, o...

—Quedarme contigo aquí un día más, —interrumpió Harry, mimando la cicatriz en el cuello de Louis, provocándolo.

—Nada me gustaría más...

Así comenzaron a pasar sus días, encerrados en su habitación, amándose con vehemencia. Apenas participaban de otras celebraciones, cada vez se sentían menos a gusto en el castillo, para disgusto de sus familias, que a pesar de apoyarlos, no estaban acostumbrados a tanta apatía por parte de alguno de los suyos.

Así pasaron, aunque suene extraño decirlo, muy rápido los primeros 325 años juntos. Habían bailado innumerables piezas de vals, no habían dejado de hacer el amor intensamente, y prácticamente eran una sola persona. Sin embargo, algo empezó a lastimar a Harry sobre todo.

—Mi amor, —decía Louis, una noche cualquiera, —¿por qué estás triste otra vez?

—Lo siento... No puedo evitar este vacío que siento en mí...

—¿Es porque te gustaría tener una familia?

—Sí... Me encantaría tener un pequeño vampi bebé que acurrucar, al que perseguir, al que amar...

—¿No es suficiente la vida a mi lado? —Preguntó Louis, con algo de pena.

—Sabes que me haces el vampiro más feliz de la galaxia, pero es otro tipo de afecto el que busco...

—¿Sabes? Hace tiempo me ronda una idea en la cabeza, pero intenté descartarla por lo loca que es.

—¿De qué se trata?

—¿Y si vivimos como humanos? Ya sabes, trabajar, tener una casa, ocultarnos... Podríamos probar, tener una aventura.

Los ojos de Harry se abrieron grandes y luminosos. —¿De verdad? ¿Lo harías? Me encantaría tener una aventura así contigo, mi vampiro hermoso...

—Entonces, voy a llevarte a la cama, —dijo desnudándolo, —y luego hablaremos de cómo llevar a cabo nuestro plan...

Una semana después, comenzaron con su idea. Lo primero que hicieron fue conseguir con otros vampiros, un poco de ropa y de dinero en efectivo. Empezaron a ir a la ciudad todos los días, a pasear, a mirar, a recorrer. Siempre iban con mascarilla, y no era extraño ver a muchos como ellos, debido al aumento de las enfermedades respiratorias. Así podían camuflar su palidez, que era bastante notoria.

Después de una semana eran expertos en moverse entre medio de los humanos. Buscaron un pequeño departamento, y después buscaron trabajo. Se habían decidido por el hospital por una cosa obvia, sería más fácil conseguir la sangre. No fue difícil que les dieran trabajo haciendo aseo, no era una tarea muy solicitada, sobre todo si tenías que limpiar restos de sangre, fluidos, carne, piel, o lo que sea que estuviera en el piso.

Habían conseguido identidades falsas, y se crearon un pasado. Así lograron tener un contrato de trabajo, e incluso un seguro de salud.

Les gustaba mucho su vida de humanos en el día, de vampiros en la noche. Poco a poco se iban acostumbrando a la soledad de su departamento y al mismo tiempo, disfrutaban más de las celebraciones en el castillo al estar más alejados de todo el bullicio.

Lo único que evitaban, era relacionarse en profundidad con otras personas, por lo riesgoso que podía ser, pero nunca representó un real problema.

Cada día limpiaban el hospital con dedicación en el turno de noche, y a veces de día, si es que no había más personal. Les gustaba tener esas responsabilidades, y el cambio de aire los había revitalizado, sobre todo como pareja y el corazón de Harry se había calmado un poco.

Habían intentado probar la comida de humanos, pero no les resultó, no podían ni con el olor, ni el sabor ni la textura. Agradecían poder utilizar la sangre no vital de los cadáveres.

Muchas veces paseaban por las tardes, o algunos fines de semanas que tenían libres, viajaron a otras ciudades cerca de Transilvania.

Dos años llevaban con su doble vida, cuando Harry comenzó otra vez a sentirse triste. A Louis se le partía su corazón cuando veía a su compañero mirar el horizonte buscando respuestas.

—Mi amor, no me gusta verte así...

—Lo sé mi vampiro hermoso, te juro que trato de evitarlo, pero es más fuerte que yo, —dijo mirando su precioso anillo de matrimonio, que llevaba el nombre de Louis. —No entiendo por qué tengo esta necesidad de tener algo más, cuando mi vida ha sido perfecta desde que te conocí... No quiero preocuparte...

—Ven acá, —dijo Louis, acurrucándolo en el sofá. —Quizás nunca lo sepamos, pero no quiero que te preocupes por mí, cuando lo importante eres tú. Tenemos que tener paciencia, y voy a mimarte mucho más.

—¿Más? ¿Cuántos años llevamos juntos? ¿327?, —afirmó sonriendo, —y cada día me has llenado de mimos y de amor... Soy muy feliz mi vampiro hermoso, muy, muy feliz...

—Y no te imaginas cuánto lo soy yo, —contestó acariciando sus muslos. —Me haces el vampiro más feliz, siempre, porque amarte es lo mejor de mi vida.

Comenzaron a besarse con toda ternura, solo para terminar en besos apasionados y en desnudez total, con sus marcas abiertas una vez más.

Jamás hubieran imaginado, que había alguien que los miraba y espiaba, que los tenía en la mira, que observaba cada paso que daban, que estaba a punto de descubrir la realidad detrás de su falsa vida.

Tenía sus ojos y oídos puestos en ellos, en sus rutinas, en sus días, en su sus movimientos. Los había visto reír, conversar, caminar, y algo en su interior le dio la respuesta que buscaba. Supo que eran vampiros.

Les siguió la pista por meses, donde se dio cuenta de la hermosa relación que llevaban. Jamás los vio discutir, por el contrario, parecían amarse más allá del infinito, siempre juntos y unidos, mimándose, mirándose como al tesoro más preciado y valioso de la tierra y el universo.

El día de su aniversario de matrimonio, número 328, se acercaba a pasos agigantados, y todos en el castillo estaban preocupados de preparar una gran celebración. Eran una pareja envidiada por muchos, porque a pesar de los años nada ni nadie había podido separarlos. Más de alguno lo intentó, pero Harry y Louis eran una sola fuerza, resistente, compacta y acorazada, ninguna duda ni inseguridad habitaba en ellos, ofrecían sus almas por el amor del otro sin dudar.

Las familias de ambos hicieron un gran esfuerzo para que, por lo menos, el brindis principal se hiciera con sangre pura de humanos, sin mezclas extrañas, y la pareja estaba muy feliz y agradecida.

El salón principal estaba ricamente adornado, con los mejores cortinajes y tapizados, y las mejores copas de oro y plata.

A la medianoche de ese día, se encontraban bailando el primer vals, con sus frentes unidas, abrazados, meciéndose despacio, al igual que las primeras veces, igual que siempre. Las manos de Louis, independientemente del ritmo de la música, vivían ancladas en la cintura de Harry que siempre fue, es y será su lugar favorito en el mundo.

Una vez más, todos los miraban, tenían un magnetismo especial, distinto y diferente, una luz en sus miradas, una energía en sus cuerpos juntos que llamaba mucho la atención. No tenía nada que ver con lo reservados, silenciosos, tranquilos y sencillos que eran. Se habían convertido en el mayor orgullo de sus padres.

Pero Harry y Louis estaban en otro mundo, en su propio universo, lleno de amor y calor.

—Si pudiera pedir algo a la luna, le pediría que siempre seas feliz mi amor... —susurró Louis, emocionado hasta las lágrimas.

—Lo soy y lo seré... Y es cuando agradezco, como todos los días, el que nuestra vida sea eterna, porque un poco menos significaría mi dolor más hondo... Poder vivir a tu lado, amándonos, es todo lo que necesito para ser feliz...

—Sé que podrías serlo más aún, y no sabes cómo lamento no poder hacer que tengamos un bebé, porque sé que solo así podría recuperar el brillo de tu mirada, ese que siempre he amado...

—Mi vampiro precioso... Ya lo acepté, te lo puedo jurar. No voy a desperdiciar mi tiempo imaginando una vida diferente a la que tenemos, porque de verdad es maravillosa. No necesito más si te tengo a mi lado...

Se besaron, suavemente, tiernamente, haciendo suspirar a más de algún vampiro en el salón.

Esa noche, especialmente, Louis le hizo el amor a Harry con toda calma, por horas, despacio, disfrutándolo por completo. Le dio lo mejor de él, y logró que Harry se entregara sin reservas, como nunca jamás en 328 años. Los susurros y gemidos fueron silenciosos, fueron cautos, fueron tímidos, no querían interrumpir el silencio de los acompañaba y que era la mejor melodía, porque gritaba intimidad, deseo y erotismo.

Al llegar la mañana, debieron dejar rápidamente la agonía de sus cuerpos, para cumplir con sus obligaciones de humanos. Se fueron a su departamento, y luego al hospital. Habían cambiado el turno para poder tener su celebración de aniversario, y en la noche les tocaba nuevamente trabajar.

Lo hicieron sin perder el tiempo, disfrutando esos momentos que seguían siendo un poco extraños, pero divertidos, conversando a ratos de lo bonito que había sido su aniversario, y de lo mucho que les había gustado volver a encontrarse con sus familias y algunos amigos.

Esa noche, cerca de las diez, Harry se sintió mal, cosa muy extraña, algo prácticamente imposible para un vampiro. Louis entró en pánico, y avisó que se irían a su departamento mientras Harry se sentía mejor. Afortunadamente no hubo problemas en el hospital, porque habían adelantado mucho, y habían logrado tener el afecto de sus compañeros de trabajo, que agradecían la sencillez y humildad que demostraban.

Louis llevaba a Harry casi a rastras, y maldecía el momento en que se decidieron por el departamento que tenían y que quedaba a unos quince minutos caminando, pero que en ese momento volvían eternos sus pasos, porque además había empezado a llover torrencialmente.

—Mi amor... —susurró, —¿qué sientes?

—Me duele el pecho, es raro, una sensación muy extraña que jamás sentí...

—Dime que vas a estar bien, júramelo, —pidió, ya desesperado.

—Yo... Yo...

Se desmayó, y Louis no sabía qué hacer ni cómo actuar. No podía llamar a una ambulancia por razones obvias, y no podía ir al castillo tampoco, porque no tenía cómo cargar a Harry. La angustia lo recorría en cada fibra de su ser, algo que no tenía nombre se empezaba a incrustar en su piel.

Lo tomó en brazos y logró llevarlo al departamento y acostarlo en la cama. Lo desnudó y le puso ropa seca, luego se cambió también.

—Mi amor... despierta... ¿Por favor?

Fueron minutos desesperados en que dijo mil maldiciones, hizo mil promesas y finalmente algo parecido a una oración. Pero nada parecía ser suficiente. Se abrazó a su esposo con el pavor pintado en su rostro, con el terror en sus ojos junto a sus lágrimas.

Poco a poco Harry fue despertando, sintiéndose un poco confundido pero mejor.

—¿Qué pasó? —Preguntó, asombrado de sentir el peso del cuerpo de Louis sobre el suyo.

—Mi amor... Despertaste, despertaste, despertaste... Gracias por volver, —dijo ya, sin detener sus lágrimas. —Tuve tanto miedo, fue horrible verte así...

—¿Me desmayé?

—Sí, perdiste el conocimiento...

—¿Cómo puede ser posible? Solo he escuchado leyendas de vampiros que les ha sucedido, pero pensé que eran eso, leyendas.

—Es lo que más me aterra... Creo que debemos ir al castillo y hablar con nuestros padres y pedirles consejo.

—Creo lo mismo... Tengo miedo...

Louis no podía hablar, estaba congelado del pánico.

Iban a cambiarse a murciélagos, para salir por el tragaluz de la pieza del fondo, como siempre, cuando golpearon a su puerta.

Harry se asomó a la ventana, pero no vio a nadie. Abrió la puerta, y en el suelo, una pequeña cuna con un bebé, hermoso como la luna llena, durmiendo apaciblemente.

El corazón de Harry se paralizó.

—Amor, ¿qué pasa? —Preguntó Louis, asomándose, y quedándose mudo, otra vez, al mirar al pequeño ser en el suelo.

Harry reaccionó y se agachó a tomarlo, sintiendo una nueva calidez en sus brazos, que se sentían llenos como nunca antes.

Al sacar al bebé, una carta cayó al piso y Louis rápidamente la recogió.

—Entremos mi vampiro hermoso, —pidió Harry, ya que el frío se había adueñado de la ciudad y la lluvia no cesaba.

Se sentaron en el sofá, y Louis rápidamente abrió el sobre y sacó el papel, escrito con una caligrafía muy bonita.

“Llevo meses siguiéndolos, conociendo sus rutinas, viéndolos intentar encajar en un mundo que no es el de ustedes. Sé quiénes son, y no, no es mi intensión amenazarlos ni infundirles miedo, por el contrario. Son lo que necesitaba en mi vida, una que cambio hace unos meses, cuando me enamoré locamente de un vampiro y a la luz de la luna hicimos un juramento para que yo pudiera transformarme también. Sin embargo, y a pesar de todo, él me abandonó al saber que estaba embarazada. No sé si mi hijo es vampiro o no, ya no me importa. Nada tiene sentido en esta vida si estoy lejos de mi amor, y cuando reciban esta carta, estaré camino a terminar con mi existencia. Sé que son una pareja maravillosa, y sé que no me equivoco al entregarles a mi bebé. Estoy segura de que lo cuidarán con todo el amor y el respeto del mundo y que le espera una hermosa vida junto a ustedes”.

Harry y Louis se miraron con una mezcla de espanto, de incertidumbre y de ilusión.

Por más que quisieran quedarse con el bebé, estaban conscientes que no podrían criarlo en el castillo si es que no era un vampiro, y del mismo modo, quedárselo en el mundo de los humanos se complicaba por todo lo que significaba la legalidad, los trámites de adopción y muchos detalles que siempre podían poner en riesgo sus propias identidades.

—No sé qué haremos, —dijo Harry, meciendo al pequeño con profundo cuidado.

—Sé que quisieras que nos quedáramos con él, pero debemos llevarlo con las autoridades... Y ver qué dicen...

—Míralo... Es perfecto...

—Lo sé mi amor, lo sé... Pero no es nuestro.

—Entonces vayamos ahora a dejarlo, no quiero tenerlo ni un segundo más, —pidió Harry, explotando en llanto, y rompiendo el corazón de su compañero.

—Vamos.

Caminaron hasta la estación de policías, y entraron.

—Buenas noches, —saludó el oficial a cargo. —¿En qué puedo ayudarlos?

—Buenas noches, nos dejaron a este bebé en la puerta y no sabemos qué hacer.

El policía se rascó la cabeza, preocupado.

—La verdad es que yo tampoco. Como saben, esta ciudad es pequeña y no hay un orfanato, nunca habíamos tenido un caso como este. Tomen asiento, voy a hacer algunas llamadas.

Se sentaron en una bonita banca, con Louis abrazando a Harry, que no dejaba de llorar.

Cerca de veinte minutos después, volvió el oficial.

—Bien. Hablé con el juez de la ciudad, y con mis superiores. Se sabe que la madre del bebé fue encontrada muerta en su cama, con una nota de despedida. Ahora, la pregunta es si ustedes desean quedarse con el bebé.

—¿Podemos? —Preguntó Louis, esperanzado.

—Sí. El juez viene en camino para dictar de inmediato la sentencia, ya que el bebé necesita una identidad y ser atendido y revisado.

Harry miró a Louis como nunca jamás, y pudo sonreír.

—Nuestro bebé... Mi vampiro hermoso, ¿estás seguro? —Susurró.

—Mi amor, —contestó también con la voz apenas audible, —encontramos nuestro arcoiris... —Dijo sonriendo, mientras afuera, había dejado de llover.