Auditoría de otro mundo

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Summary

"Y apareciste tú para hacer una auditoría de otro mundo" ¿Qué harías si tu desempeño en la vida fuera evaluado por una oficina más burocrática que un trámite gubernamental? Bienvenido al lugar donde los errores no solo cuestan tiempo... sino tu alma. En este spin-off de "Y apareciste tú para cambiar mi suerte", los personajes que alguna vez conocimos en un entorno juvenil lleno de comedia y drama, ahora asumen el papel de burócratas enfrentándose a problemas cotidianos con fantasmas, demonios y deidades malignas. Convertidos en engranajes clave de la enigmática "Oficina del Otro Mundo", una entidad burocrática que regula los eventos más extraordinarios (y absurdos) de la existencia, deben lidiar con un sistema tan surrealista como implacable. Supervisores calculadores, agentes de campo impredecibles y detectives con agendas ocultas compiten entre sí para cumplir con las expectativas de los gerentes y los temibles susurradores que rigen esta sombría organización. Entre comedia absurda, terror surrealista y dilemas éticos, los protagonistas descubrirán que en este lugar, cada firma y cada error tienen el poder de decidir el destino no solo de las personas... sino de mundos enteros. Prepárate para un relato donde el humor negro y el horror burocrático se entrelazan para expandir el universo de la obra original de una forma que jamás imaginaste.

Genre
Horror/Humor
Author
Coreh
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Auditoría – Caso Sally Von Grauten III: El Lamento de la Noble Errante

La medianoche envolvía el hospital abandonado en una oscuridad tan densa que parecía devorar cualquier rastro de luz. El aire, helado y pesado, se mantenía inmóvil, como si el edificio contuviera la respiración. Todo parecía detenido en un tiempo olvidado.

Olivia avanzaba al frente, su mirada recorriendo las paredes agrietadas y cubiertas de moho, mientras levantaba una ceja con escepticismo.

—¿Se supone que esto da miedo? —preguntó con tono burlón—. Yo diría que el decorador de este lugar necesita un curso urgente de “cómo crear ambientes aterradores”.

—Porque siempre tienen que ser lugares horribles —gruñó Jessi, ajustándose el abrigo y mirando de reojo un charco de agua sucia que parecía querer saltar a sus zapatos de marca.

Linda, al final de la fila, suspiró con resignación.

—¿Podrían enfocarse? ¡No estamos aquí de paseo! Venimos a trabajar.

Los pasos de las tres resonaban en los pasillos vacíos, el eco prolongándose en la vasta soledad. Las paredes parecían susurrar secretos, y a lo lejos, el arrastrar de cadenas se mezclaba con un murmullo lejano, creando una cacofonía inquietante.

Un viento gélido recorrió el corredor, erizando la piel de cualquiera que no estuviera preparado, pero ninguna de las chicas mostró señales de miedo. Avanzaban con la determinación de quien está acostumbrado a enfrentar lo sobrenatural.

Al llegar al final del pasillo, una puerta vieja y chirriante se abrió sola, como si una fuerza invisible las invitara a entrar. Más allá de la entrada, encontraron una capilla oscura y lúgubre, donde el polvo flotaba en el aire estancado, como si incluso el tiempo hubiera abandonado aquel lugar.

De las sombras emergió una figura espectral, iluminada apenas por la tenue luz de una lámpara temblorosa. Era una mujer de rostro grotescamente desfigurado, con un vestido blanco deteriorado. Sus ojos vacíos irradiaban un odio profundo, mientras jirones de piel colgaban de su rostro, y su boca, retorcida en una mueca espantosa, emitía un sonido entre un susurro y un lamento.

El fantasma lanzó un rugido tan escalofriante que resonó en cada rincón de la capilla antes de lanzarse hacia ellas con una velocidad etérea, dejando un rastro de aire helado a su paso.

Linda, sin inmutarse, levantó la mano con autoridad.

—¡Ya basta!

La figura se detuvo en seco, confundida.

—¿Qué? —balbuceó el espectro.

—Disculpe, ¿es usted Sally Von Grauten III? —interrumpió Olivia con tono profesional, sacando una carpeta que nadie supo de dónde había aparecido—. Venimos de la Oficina del Otro Mundo para realizar una auditoría rutinaria.

La fantasma ladeó la cabeza, confundida.—¿Audi... qué?

—Auditoría —intervino Jessi con impaciencia—. Necesitamos revisar tus permisos, registros de sustos y maldiciones. ¿Podrías llevarnos a una oficina... tranquila?

El fantasma, todavía aturdido, señaló vagamente hacia el fondo del pasillo.

—Ah... creo que sí, allá hay una oficina...

Linda asintió con firmeza.

—Excelente. Y si no es mucho pedir, ¿podrías traernos una taza de café? Algo que no sea etéreo, hace un frío de miedo.

La figura se quedó inmóvil, procesando lo que acababa de escuchar. Al intentar atacar de nuevo, Jessi sacó un pequeño talismán de su bolso y lo alzó con indiferencia.

—¿Qué es esto? —chilló el espectro, retrocediendo.

—Algo que solo lastima a quienes no cumplen las reglas —respondió Jessi, sin levantar la vista—. Así que te sugerimos que cooperes. Ah, y este comportamiento quedará registrado en tu expediente.

Con una mezcla de miedo e incomprensión, el fantasma las guió hacia una oficina desvencijada. Las chicas se sentaron con total tranquilidad, mientras Sally tambaleaba, confundida y completamente desconcertada, sirviendo un café espectral con manos temblorosas.

Linda, con una mirada escéptica, observó el café mientras comentaba:—Hug... café espectral. Supongo que no se puede pedir mucho. Bueno, me presento: soy la agente y supervisora de tu caso. Me llamo Linda, y ellas son mis compañeras: la agente especial Olivia y este rayo de sol es la detective Jessi. Venimos del la oficina del otro mundo. Necesitamos saber por qué no tienes un registro de actividad espectral en este sitio.

El fantasma, nerviosa, exclamó:—¡¿Registro?! ¡Esto es una locura! ¡He estado aquí por siglos!

Olivia, con tono sereno, se inclinó ligeramente hacia adelante:—Es por eso mismo es que estamos aquí. Has estado aterrorizando a los vivos desde el año 1800 sin la debida inscripción en el gremio de espíritus. Eso es violar varias cláusulas, ¿sabes?

La fantasma, indignada, levantó la voz:—¡No necesito un registro! ¡Soy un alma errante!

Jessi, cruzando los brazos la miradola con desdén, respondió:—Ah, claro, eso es lo que todos dicen cuando los atrapamos. El típico “soy solo un espíritu libre”. Pero te aviso que las cosas no son así.

Sally las miró, completamente confundida, mientras las chicas mantenían una actitud despreocupada pero profesional. Linda suspiró profundamente, como si estuviera lidiando con algo mucho más tedioso de lo esperado.

—Sally, si decides quedarte en un lugar, no puedes estar sin papeles. Necesitas permiso del Otro Mundo. No queremos llamar a la Oficina de Deportaciones del Más Allá, pero sin registro no nos dejas opciones.

El fantasma comenzó a dudar, titubeando:—¿Qué...? ¿Realmente tengo que estar... registrada? Yo... no sabía nada de eso...

Las chicas la observaban, mientras Linda sacaba un documento con sus anotaciones. Jessi, con un tono autoritario y burocrático, tomó un sorbo de café espectral y sentenció:

—La Oficina del Otro Mundo no puede permitirse más ineficiencias. Hemos estado manejando sobrecarga de casos debido a la negligencia de espectros como tú que no cumplen con el reglamento. Si no has completado tus cuotas mínimas de sustos, apariciones o maldiciones, no tendremos otra opción que proceder con la deportación inmediata. Hay una larga lista de entidades que están más que dispuestas a cumplir con las normativas para ocupar tu lugar.

La fantasma, furiosa a punto de sollozar, alzó la voz:—¡Esto es inaudito! ¡He estado aquí por siglos! Este es mi hogar, y no voy a dejar que un par de mocosas que no entienden nada me saquen de aquí.

Olivia, manteniendo la calma, le respondió:—Sally, no queremos hacer esto difícil. Todos los espectros tienen que cumplir con el reglamento, incluidos los que llevan aquí siglos.

El fantasma, con una mezcla de rabia y miedo, gritó:—¡Ninguna de ustedes me dirá qué hacer!

—¿Cláusula 4 del Artículo 7 del Gremio de Espíritus?—Linda suspiró mientras asentía.

—Te lo resumo: “Si asustas, paga tus impuestos”. Es simple.—Olivia, con una sonrisa comprensiva, intentó calmarla.

La fantasma, visiblemente molesta, dejó escapar una risa rasposa.—¡No necesito ningún permiso! ¡O pagar impuestos! ¿Quiénes se creen que son? ¡Este lugar es mío... lo he reclamado por siglos!

Una ráfaga de viento helado atravesó la oficina, sacudiendo papeles y alargando las sombras en las paredes. Un sonido suave y casi imperceptible de pasos resonó en el corredor, aunque no había nadie más allí. Linda, sin inmutarse, observó:

—¿Terminaste?

—No te exasperes, Sally, te entiendo. Queremos ayudarte, de verdad. Pero además de que no te registraste, parece que tampoco has pagado las cuotas del gremio de espantos ni la cuota del sindicato de fantasmas. ¿Tienes seguro social espectral?

El fantasma la miró completamente desconcertada.—¡¿Seguro... social?! ¡¿De qué están hablando?!

Las chicas exhalaron, visiblemente frustradas. Linda, con un tono serio, agregó:—Sally, en serio estás complicando nuestro trabajo. No nos estás dando muchas oportunidades para poder ayudarte.

Jessi, con una sonrisa sarcástica, se estiró mientras comentaba:—Oye, Olivia, el otro día estaba hablando con Belinda, y me comentó algo interesante: parece que Caronte está a punto de abrir su propia línea de cruceros. ¿Sabes por qué?

Olivia, sonriendo cómplice, contestó:—¿Por qué, agente Jessi?

Jessi, con tono dramático pero exagerado, contestó:—Porque ahora está tan lleno de espectros sin papeles que ni siquiera Caronte puede mantener su barca a flote. Así que está abriendo su propia línea de cruceros para manejar el exceso. Y aun así, muchos viajan incómodos en un trayecto de varios meses. ¿Y adivina quién tiene que averiguar el nombre y paradero de todos ellos? ¡Yo! A medianoche, yendo a lugares horribles, oscuros, fríos, apestosos y llenos de alimañas para descubrir quién es quién. ¿Y lo peor? Los médiums que consulto todos son unos charlatanes. ¡Una total pérdida de tiempo! La otra vez, mi mamá me regañó y me dijo: “Oye, Jessi, ¿por qué hueles como si te hubieras caído en una alcantarilla?” Y claro, no era una alcantarilla... ¡Era una piscina de aguas negras donde tuve que meterme para encontrar un diario que contenía el paradero de un espectro rebelde! Así que, Sally, tú decides: o te quedas aquí y haces las cosas bien... o te llevamos a conocer a Caronte.

Olivia, mirando el archivo, añadió:—Oh, sí... y doy fe de ello. Jessi ha pasado por cosas feas...

Linda, con una mirada comprensiva hacia Sally, continuó:—Entendemos que muchas almas eligen quedarse aquí porque temen lo que les espera al otro lado, ya sea el juez Minos, San Pedro o quien sea el juez en sus creencias. Ahora bien, vemos que tienes una amplia antigüedad ‘laboral’, así que quizás podamos hacerte una oferta... Pero primero necesitamos saber si tu historia es lo suficientemente sólida como para justificar que te quedes... y claro, arregles tus papeles.

El fantasma, con lágrimas en los ojos, comenzó a hablar entre sollozos.—Durante la Gran Guerra, yo era una doncella. Estaba comprometida con un duque de un país enemigo, pero él me traicionó... me dejó encerrada... podría decir que morí de amor... snif... snif. Lo amaba tanto... ¡Lo odio, lo odio al cerdo!

Olivia, conmovida hasta el borde de las lágrimas, le entregó un pañuelo.—Oh, querida, has sufrido tanto... ¡Toma, seca esas lágrimas fantasmales!

El fantasma, sorprendida, secó sus lágrimas.—Gracias...

Linda, mirando a Jessi, preguntó:—¿Tomaste nota?

Jessi, asintiendo, respondió:—Sí, anotado. Señorita Sally, vamos a verificar tu historia con los Archivos del Destino. Si no coincide, esto te perjudica, y la próxima visita no seremos nosotras quienes te visiten.

El fantasma, nerviosa, insistió:—¡Les juro que estoy diciendo la verdad!

Jessi, con aire de superioridad, contestó:—Bueno, eso ya no depende de nosotras. Eso lo decidirán los agentes que vengan a echarte de aquí.

Olivia, con tono más amable, intervino:—Ya, Jessi, deja de asustarla. ¿No ves que la pobre está aterrada? Ha tenido siglos para superar sus problemas, pero simplemente no quiere enfrentarlos.

El fantasma la miró, consternada, mientras Linda cambiaba de tema.

—Señorita Sally, ¿Cuándo fue la última vez que asustaste a alguien?

El fantasma dudó antes de responder.—Creo que... el año pasado. Vinieron un par de niños...

Linda miró a su alrededor.—¿Y hay alguna evidencia de eso?

El fantasma, señalando tímidamente, dijo:—Creo que uno de ellos dejó un zapato por allá...

Olivia, levantando el zapato, comentó:—Esto no parece un zapato de hace un año.

Linda, suspirando, preguntó:—¿Estás segura de que fue hace un año?

El fantasma, avergonzada, confesó:—Perdónenme... en realidad fue hace cinco años. Es que últimamente no ha venido nadie...

Jessi, indignada, respondió:—¡Tienes suerte de que este lugar no sea de alta demanda! Si no, ya te habríamos echado por tus pésimos resultados.

El fantasma, suplicante, imploró:—¡Por favor, no me deporten! Haré lo que sea.

Linda, con tono autoritario y serio, revisa el expediente.—Muy bien, Sally, admito que luces aterradora... parece que estás operando 24/7 los 365 días del año incluyendo navidad y año nuevo desde hace mucho tiempo. Tu historia tiene potencial, incluso para una película de Hollywood. Eso podría ayudarte a pagar tus multas y recargos atrasados. No pareces ser de las que causan problemas, así que... te daremos una oportunidad. Olivia, dale un Ticket.

Olivia, sacando un boleto espectral, asintió.—Muy bien, aquí tienes tu pase temporal. Solo procura no causar problemas porque si no... la próxima visita —dijo con tono severo— será por la fuerza.

El fantasma, nerviosa pero aliviada, prometió:—Sí, sí... ¡lo haré! Prometo que cumpliré.

Linda, mirando a las chicas, sentenció:—Bien, nos vamos.

Mientras las chicas se levantaban para salir, Linda se detuvo en la puerta y lanzó una última pregunta.

—Solo una cosa más... ¿hay más inquilinos habitando aquí?

La luz parpadeó y el hospital entero pareció contener el aliento, mientras una figura oscura corría apresuradamente hacia el pasillo, como si hubiera estado escuchando toda la conversación desde las sombras. Las chicas intercambiaron miradas y se prepararon para continuar con la auditoría... esta vez, buscando al próximo espectro infractor.


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