El Último Umbral

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Summary

Soy Roa, un chico común con una vida aburrida… hasta que un día me despierto en un mundo desconocido. Ahora, debo descubrir quién soy realmente en este lugar extraño. Si te gustan los giros inesperados, mundos paralelos y personajes que buscan reinventarse, ¡acompáñame en esta aventura!

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Roa

Mi nombre es Roa, un chico flacucho de pelo negro y largo, pero no te imagines una melena bonita y sedosa, más bien parece que llevo un casco puesto. Mis ojos son de un color gris oscuro, probablemente lo mejor de mí, físicamente hablando, claro. Mido un metro setenta y dos, mi personalidad es introvertida y, aunque me considero muy inteligente, siempre saco notas pésimas. Me encantan los videojuegos y las series de anime, y tengo una memoria prodigiosa para esos temas; soy capaz de recordar todos los nombres de personajes y lugares. Sin embargo, soy incapaz de recordar qué cené ayer. Soy un desastre en los deportes, y con las chicas mejor ni hablar. No destaco en nada, aunque se me da genial mentir, y tal vez eso me ayude a construir mi nueva vida. Mañana nos mudamos, y no quiero seguir siendo el chico solitario y callado de clase. Así que ya estoy pensando en inventar una historia que haga que todos mis compañeros, y sobre todo mis compañeras, caigan rendidos a mis pies.

Hoy me desperté de buen humor, a pesar de que meter todas mis cosas en el coche me daba una pereza increíble. Pero, al fin y al cabo, no podía reprimir esa sensación de alegría al dejar atrás este sitio de mala muerte. Nunca me han gustado las ciudades, y menos la mía. Supongo que, al haber pasado toda mi vida aquí, conocía a todos los deshechos que la habitaban. El viaje parecía perfecto. Mi madre se dormía cada dos por tres, y mi padre, por primera vez en mucho tiempo, no me atosigaba con sus historias y los logros que consiguió cuando tenía mi edad. Incluso Fenrir se portaba de maravilla. Sí, ya sé lo que estás pensando: "Hay que ser jodidamente friki para llamar Fenrir a tu perro", y no lo niego. Pero el tío realmente parece un lobo, un lobo de ojos grises, al igual que yo, aunque él tiene más éxito con las chicas. Soy su persona favorita, y para mí, él es el único ser viviente al que aprecio de verdad. Soy hijo único y, además, no deseado. Tanto que mis padres me desprecian, aunque dudo que tanto como yo les desprecio a ellos.

Hicimos varias paradas antes de llegar a nuestra nueva casa. O mejor dicho, nuestra nueva casa, porque nunca me he sentido en "mi hogar" en toda mi vida. En todas y cada una de las paradas se repetía la misma situación:

—Cariño, ¿quieres algo?

—No, cielo, muchas gracias.

—Tú, baja al perro, y Roa, no me hagas esperar demasiado o os quedaréis aquí.

Valiente gilipollas. Ojalá pudiera decirles todo lo que pienso de ellos, pero seguro que el muy cabrón me daría una paliza.

Por fin llegamos a la nueva casa. Era una casa bastante amplia y moderna, con enormes cristaleras, pero sin duda lo que más me gustaba de ella era que estaba alejada de todo. No habría ruidos por la noche como en la ciudad. En todo caso, podría escuchar algún búho, que comparado con los pitidos de los coches y las peleas de los borrachos, es música celestial para mí. Además, no tendría que salir de casa para sacar a Fenrir, y él ya no tendría que usar el bozal que tanto detesta.

—Vamos, ¿no pretenderás que descargue tus cosas, verdad? —dijo la estúpida de mi madre.

—Ya voy, Carla.

Me fulminó con la mirada, tal vez porque se llama Clara, pero que se joda. Ni siquiera me deja llamarle mamá. No es que me lo prohíba, simplemente no me responde cuando me dirijo a ella así.

Pasé los siguientes tres días acomodando mis cosas y dejando la habitación a mi gusto. Los días siguientes eran todos iguales. Como aún faltaba mes y medio para que empezara el instituto, y no tenía que estudiar (pese a haber suspendido todas las asignaturas, tendría que repetir el curso entero), me pasaba los días viendo animes y explorando los alrededores con Fenrir. Así pasaron los días hasta que llegó mi primer día de clases.

Me desperté, como siempre, con el tiempo justo. Me sorprendió no ver a Fenrir acostado a mi lado, pero no le di importancia, ya que algunas veces mi padre se lo llevaba a correr por las mañanas. Me duché y salí corriendo. Mi madre tampoco estaba, pero como no me importó, cogí la bicicleta y puse rumbo al instituto. No tenía pérdida, ya que era un pueblecito muy pequeño. Lo vimos prácticamente entero mientras íbamos a casa. Cuando ya casi llegaba al instituto, sentí una extraña sensación. El mundo a mi alrededor comenzó a distorsionarse, como si todo se desvaneciera lentamente. Me tambaleé, y un instante después… desperté.

No en mi cama, ni en el pueblo donde vivía. Estaba en un lugar totalmente diferente. Frente a mí, se extendía un paisaje que nunca había visto: montañas gigantescas, bosques densos y un cielo de un azul profundo, más brillante de lo que jamás había visto. El aire era fresco y olía a algo natural, como a tierra mojada, pero con un toque extrañamente limpio, casi irreal.

Me levanté rápidamente, mirando a mi alrededor. No podía creer lo que veía. Era como si hubiera sido transportado a otro mundo. Desperté, pero no estaba en mi casa. Estaba en un lugar extraño, completamente diferente.

—¿Qué demonios está pasando? —murmuré para mí mismo.

Lo primero que pensé fue que estaba soñando, pero el frío del aire y el peso de la tierra bajo mis pies me aseguraban que esto no era un sueño. Miré al frente, y una enorme torre se alzaba en la distancia. Parecía sacada de un videojuego, y eso solo aumentó mi confusión. ¿Era un isekai? ¿Me había transportado a un mundo paralelo? No sabía qué pensar, pero una cosa estaba clara: ahora estaba en un lugar totalmente diferente, y mi nueva vida comenzaba aquí.

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