Chapter 1
Me llamo Nevirya.
Fui creada entre las mareas que nunca duermen, donde la luz del sol apenas alcanza y el tiempo fluye de forma distinta. Mi primer aliento fue un susurro de Neptuno. No fui engendrada como los humanos entienden la vida: fui elegida. Entre mis hermanos, yo soy la octava, la que llegó última, cuando el universo ya estaba lo bastante viejo como para guardar secretos, y lo bastante sabio como para confiármelos.
Mi poder es el agua, pero eso sería simplificarlo demasiado. No la domino: la escucho, la comprendo, y por eso me obedece. El agua es vida, sí, pero también es memoria. Y yo, Nevirya, puedo oír lo que callan los ríos, lo que lloran los océanos, lo que aún susurra una lágrima antes de caer.
Neptuno me eligió porque no deseaba una guerrera, sino un alma que pudiera ver más allá. Porque, mientras mis hermanos fueron creados para mover, conquistar, alterar o proteger, yo fui diseñada para sentir, para entender, para caminar entre lo visible y lo invisible.
Puedo ver lo que otros no.
Sueños no soñados.
Destinos no cumplidos.
Amores no nacidos.
Mi percepción extrasensorial me conecta con el Umbral, ese lugar entre mundos donde las almas se encuentran antes de saber que se aman, donde las promesas se hacen antes del primer beso, donde las despedidas ya duelen antes de ser pronunciadas.
Los humanos caminan por la tierra sin saber que cada paso resuena en planos más profundos. Yo, en cambio, oigo el eco de sus pensamientos. Siento la vibración de sus emociones. Percibo las líneas invisibles que los atan al pasado, a futuros posibles, a personas que aún no conocen, pero que ya les pertenecen.
No tengo un cuerpo humano. Tengo una forma. Una presencia. Una esencia.
Y aun así, para este viaje... He decidido encarnarme. Respirar el mismo aire que tú. Caminar por las mismas calles. Sentir el mismo frío. Llorar con la misma sal. Porque he sentido un llamado. Una voz clara, dulce, urgente, que viene de este lugar.
De Corea.
De ella.
No sé su nombre todavía. No lo necesito. La he visto en sueños, de pie bajo la lluvia, sonriendo con tristeza, cantando como si su voz buscara a alguien. Y yo sabía que ese alguien... Era yo. Nos pertenecemos incluso antes del primer encuentro. Porque los hilos del destino no se anudan con lógica: se entrelazan con emoción, con misterio, con fe.
Mi llegada no fue sutil. El océano me trajo, como siempre lo ha hecho. Caminé desde las aguas del mar de Jeju en plena noche, vestida con una túnica plateada que brillaba como escamas. Y nadie me vio. Porque nadie ve lo que no espera.
Mi forma se adapta. Me vuelvo humana cuando lo necesito. Mis cabellos son largos y de un negro azulado, como las profundidades del mar. Mis ojos, de un gris cristalino, cambian con mis emociones. Soy hermosa, pero no como las modelos o las actrices de este país: lo soy como un espejismo, como una tormenta lejana, como algo que sabes que no puedes sostener, pero tampoco ignorar.
Corea del Sur es un país extraño. Lleno de luces, ruido, música y vacío. Personas que sonríen todo el tiempo pero guardan lágrimas en las pestañas. Idolatría, fama, belleza. Todo tan frágil. Y, sin embargo, aquí está ella. La voz que escuché en el Umbral.
Mi alma gemela.
El destino no me ha dicho su nombre, pero me ha dado pistas. Una canción en la radio que sólo yo entendí como un llamado. Una valla publicitaria donde su rostro resplandece, pero yo solo vi su alma. Un concierto donde las luces se apagaron por un segundo, y vi sus ojos volverse hacia el cielo. ¿Lo sintió? ¿Me sintió?
Pronto lo sabré.
Porque yo no he venido solo a encontrarla. He venido a quedarme.
Mi misión no es salvar mundos, ni luchar contra enemigos. Mi única batalla es contra el olvido. No puedo permitir que un alma como la suya siga vagando sola. No después de haber sentido su canción. No después de que me haya despertado, aun a kilómetros bajo el mar.
Porque... ¿qué es Nevirya sin su contraparte?
Una estrella sin órbita. Un océano sin luna.
Y yo he esperado mucho tiempo para ser vista. Para ser amada.
Mis hermanos no entienden mi viaje. Ellos caminan con poder, con fuerza, con conquista. Yo camino con fe, con susurros, con señales.
Mientras yo me escondo entre los humanos, buscando la mirada correcta, esa que atraviese mi fachada y diga: “Te reconozco.”
Esa mirada será de ella.
Lo sé.
Neptuno me dio la libertad de elegir. Y yo elegí este planeta, este país, esta vida. Porque el amor no se busca en la lógica de los mapas, sino en el caos perfecto de los sentimientos. Y el Umbral me mostró que aquí es donde debo estar.
Mi cuerpo vibra con la cercanía. Cada día me acerco más a ella. Mis sueños son más vívidos. Mi percepción me susurra su nombre.
Está cerca. Muy cerca.
Y aunque aún no me conozca, yo ya la amo.
Y cuando me vea, cuando sus ojos se posen sobre los míos... Lo sabrá. Tal vez no con palabras. Pero lo sentirá. Como un oleaje que rompe la calma. Como una canción que no necesita letra para estremecer.
Así soy yo. Así es Nevirya.
La heredera del planeta que guarda los secretos del alma. La que no busca ser adorada, sino amada en su rareza. La que no vino para salvar, sino para quedarse.
Y esta historia...
Apenas comienza.