Como desangrar una princesa - Choi Wooshik

Summary

Wooshik no amaba, Cazaba. Y Charlie con sus pijamas de peluche y su sonrisa de algodón de azúcar fue su presa perfecta. Él la estudió primero: aprendió el ritmo de su risa, los temblores de su cuerpo cuando se asustaba, el sonido que hacía su garganta al tragar saliva. Practicó con otros cuerpos en callejones oscuros antes de reclamar el suyo. Cuando finalmente la rompió (piel, resistencia, moral), no usó un cuchillo. Usó sus propias manos y su sonrisa de lobo satisfecho. "¿Duele, jagiya?" susurraba mientras ella sangraba entre sus muslos. "Es normal. A la primera siempre se llora." Esta historia contiene escenas explícitas de violencia sexual no consensual, manipulación psicológica extrema y una relación depredador-víctima con dinámicas de poder abusivas. Incluye descripciones gráficas de coerción sexual, aftercare como táctica de control, posesión obsesiva, amenazas físicas y emocionales, así como la glorificación de conductas tóxicas. Los personajes participan en interaciones sexuales forzadas, marcas de dominación y juegos de sumisión no negociados. Temas adicionales: gaslighting, pérdida de la virginidad traumática, aislamiento y victimización. Este contenido es ficción oscura y no promueve ni normaliza relaciones abusivas en la vida real. Lectores sensibles o con historias personales de trauma deben proceder con precaución o abstenerse.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

El jardín antes del incendio

Charlie solía creer que los monstruos solo vivían bajo la cama.

Hasta que conoció a Wooshik.

Él llegó con sonrisas de invierno y manos que acariciaban como si ya conocieran el mapa de su piel. Le trajo peluches absurdamente grandes “Para que no te sientas sola” y le calentó los pies descalzos en las madrugadas frías. Era perfecto. Demasiado perfecto.

Pero a veces, cuando la luz del atardecer le pegaba de cierta manera, Charlie notaba algo:

Las pupilas de Wooshik no se dilataban como las de las personas normales.

Se contraían, como las de un gato frente a un pájaro herido.

Y una noche, mientras ella reía con la boca llena de helado derretido, él le quitó la cuchara de los dedos con una calma que heló la sangre.

- Jagiya - susurró, limpiándole el dulce del labio inferior con el pulgar - ¿sabes qué pasa cuando le das azúcar a una bestia?.

No esperó respuesta. Se llevó el dedo a su propia boca y lo chupó lentamente, sin romper el contacto visual.

Ese fue el primer aviso.

El segundo llegaría con el sonido de su pijama verde rasgándose.


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