Curar nuestras heridas

Summary

Bang Chan es un hombre frío y peligroso que piensa que no conoce el amor. T/N es una chica a la que la vida le dio la espalda y ahora haría lo que fuera para ayudar a sus seres queridos, y si eso implica meterse en la casa del hombre más peligroso que conoce, lo hará. Con lo que ella no contaba es que ese hombre le ofrecería un trato irrechazable y que sería el protagonista de todos sus sueños, hasta de los prohibidos. Personajes relacionados con stray kids y personajes ficticios. No se busca sexualizar ni faltarle el respeto a ninguno de los personajes mencionados. Lenguaje maduro y +18 cuando la historia lo requiera. Es mi primera historia asi que sean buenos conmigo.

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

La música se escuchaba a través del enorme muro de la mansión y desde lejos se podían ver sus grandes luces, fiestas de ricos, pensó mientras se acercaba a aquel muro. No escucharía música de fiesta ordinaria, como la que se escucha en un club o en un bar, no, música elegante, con instrumentos en vivo, animada, cosas de ricos volvió a pensar. Mientras el nudo en su garganta se hacía más y más duro de tragar buscaba algo con lo que poder entrar tras ese muro. Las decisiones que la trajeron esa noche hasta en frente de ese gran muro, una tras otra, fueron una mala tras otra peor, pero no había vuelta atrás. Movió un contenedor de basura con todas las fuerzas que tenía hasta el muro. Se subió encima con mucho esfuerzo y miró a través. Detrás del muro se encontraba la entrada a la mansión, con varios coches aparcados delante, coches de marcas que ni podía nombrar porque sentiría que debía pagar dinero cada vez que dijera alguna de ellas. Con el enfado recorriendo su ser pasó una de sus piernas por sobre el muro, luego la otra quedando sentada y saltó dentro, haciéndose un poco de daño en los tobillos al caer por la gran altura del muro. La fiesta parecía que se estaba celebrando en el patio trasero por lo que pudo caminar hasta la entrada sin problema, sin ser vista, pero la enorme puerta de madera oscura estaba cerrada. Suspiró con enfado y se dirigió al extremo izquierdo de la casa buscando algún sitio por el que entrar. Se agachó para pasar por debajo de las ventanas, dentro de la mansión había una ligera luz y prefería no ser vista en el caso de que la fiesta fuera también dentro de la casa y no solo en el patio trasero. Más adelante observó un enorme ventanal, casi al nivel del suelo, a su altura, y además estaba abierto. Sonrió para sí misma, siendo todo más fácil de lo que había pensado, estúpidos ricos, pensó, se acercó a la ventana agachada y evitando hacer ruido y cuando estuvo allí escuchó unas voces acercándose, por lo que se tumbó debajo de la ventana y se tapó la cabeza con la sudadera negra que llevaba, se hizo bolita bajo la repisa de la ventana intentando no ser vista, escuchaba claramente las voces, eran tres hombres.

-Menudo hijo de puta, otra vez ha tenido que joderme la inversión.-habló la primera voz, parecía un hombre adulto y sonaba enfadado.

-¿Te dijo que no iba a invertir?- habló una segunda voz, parecía algo más joven.

-Dijo que estoy equivocado, que la empresa no es segura- mientras hablaba ponía un tonito desdeñoso.-Imbécil, ya verás cuando te saquemos de la junta, quien ríe el último.

-Imposible, no vas a sacarle de su propia empresa, ese hijo de puta es listo, sabrá que vamos a por él incluso antes de que puedas hacer nada.-habló el tercer hombre, parecía también algo mayor.

Hacían pausas mientras hablaban por lo que suponía que al menos uno o los tres fumaban, quizás por eso estaban cerca de la ventana. Ella seguía sin moverse un centímetro bajo la ventana, casi sin respirar para no hacer ruido.

-No, eso no va a pasar, porque he hablado con alguien que lo conoce muy bien, y que quiere verlo fuera de esto, o al menos con menos acciones para que no pueda tener la última palabra en todo.- habló el primer hombre.

-¿Quién?-el primer hombre se rio sin gracia.

- ¿Quién si no? Jackson Bang.

-Imposible, ¿el padre de Bang quiere quitarle las acciones a su hijo?-habló el tercer hombre, claramente sorprendido.

-Así es, el padre de Bang lleva mucho tiempo intentando conseguir más acciones de la empresa de Bang Chan pero su hijo es insistente y no suelta el liderazgo… ni siquiera con su padre. Por eso contactó conmigo y ahora yo os pido ayuda. Colaboremos para sacarle las acciones a Bang, entonces podremos decidir que hacer sin tener que enfrentarnos al señorito.-se rio con una sonrisa malévola.

Debajo de la ventana escuchó cómo los hombres se reían juntos, de repente dos colillas volaron por delante de ella cayendo justo a sus pies y escuchó cómo las risas se alejaban de la ventana, llegando a escuchar algo parecido a un “cuenta con nosotros”. Suspiró, problemas de ricos se dijo para sí misma, aunque sonrió un poco, el nombre de Bang Chan la sonaba demasiado. Él era el causante de todos sus males, la razón de estar intentando allanar una casa, la de Bang Chan en concreto, así que se alegró de que esos tres hombres tuvieran planes para hacerle daño. Cuando ya no escuchaba nada dentro decidió levantarse y mirar con cuidado dentro de la casa. Había unas luces tenues dentro que la permitieron observar que la ventana daba a un comedor. Había una enorme mesa dentro y muchas sillas, un gran cuadro de a saber qué en una pared. Decidió entrar y despacio se encaminó a la puerta, abrió con cuidado encontrando un enorme pasillo. Se decidió a ir a su izquierda adentrándose más en la mansión. Cuando pasaba por delante de una puerta escuchaba dentro y si no escuchaba nada la abría. Así encontró un almacén de trastos, una habitación y un baño. Al final del pasillo había una puerta diferente de las demás, ¿sería allí?, se preguntó. Caminó despacio hacia la puerta y escuchó. No había ruido dentro así que entró. Sonrió. Justo era lo que buscaba, aparentemente era el despacho de Bang Chan. Sacó su teléfono para poner la linterna. Efectivamente había una enorme estantería al lado derecho, un escritorio en madera con una enorme silla detrás, dos sillones en el lado izquierdo y dos archivadores detrás. Corrió hacia los archivadores, pero estaban cerrados con llave, suspiró y se dirigió al escritorio a buscar las llaves, primero por encima, en los estuches que había allí, antes de tocar nada observó el orden absoluto que tenía todo, parecía alguien obsesionado con el orden, el teclado inalámbrico perfectamente limpio, la pantalla plana del ordenador alineada y recta, los papeles perfectamente alineados uno encima del otro y un taco de madera con agujeros sobre los que había bolígrafos. Allí no había nada parecido a una llave así que empezó a abrir cajones, solo abrían los de arriba, encontrando papales que se detuvo a mirar detenidamente pero no era nada de lo que estaba buscando. Los demás cajones cerrados también. Escuchó la puerta ser abierta con premura y se agachó corriendo, escondiendo el móvil rápido bajo su sudadera. Escuchaba ruidos y luego como se cerraba la puerta. Gateando se escondió debajo del escritorio. Escuchaba leves gemidos y de repente un fuerte golpe sobre el escritorio que la hizo dar un pequeño salto. Se tapó la boca para aguantar la sorpresa. Se escucharon leves risas y cuando se calmó un poco escuchó unos sonidos que no sabría catalogar.

-Te he echado mucho de menos preciosa-escucho una voz masculina jadeante.

-Yo también bonito.-ahora una voz femenina pero también jadeante.

-¿Cuando dejas a tu novio y te tengo entera para mi?-pregunta el hombre.

-Sabes que soy tuya aunque esté con él, Chan no me hace sentir lo que tú-le siguió una pequeña risa y volvieron los sonidos misteriosos que ahora que había escuchado esa conversación concluyó en que se estaban devorando a besos. Volvió a sonreír, con que además de sus socios querer quitarle el negocio su novia lo engañaba con otro, se lo merece por ser la peor persona del mundo. Los jadeos y gemidos siguieron, volviéndose algo incómodo estar debajo, por los sonidos sobre el escritorio se imaginaba que ella estaba sentada encima y su amante la empujaba contra él, volvió a taparse la boca para evitar que una risa incómoda se le saliera. Entonces pararon y ella pareció bajarse, escuchó sus tacones tocar el suelo.

-Me está llamando, se preguntará dónde estoy-dijo ella.

-Que fastidioso, ¿no puede dejarte sola ni un minuto?

-Es mi novio amoroso que me quiere y me idolatra y es mi cumpleaños, seguro quiere que vea el regalo que me ha hecho.-ella se reía mientras decía eso, la enfadó un poco, le ponía los cuernos y además se reía de él, aunque fuera mala persona las infidelidades no la gustaban.-Vámonos, te prometo que mañana mismo voy a verte y acabamos lo que teníamos empezado. Aunque me ponía mucho hacerlo en su escritorio.

Salieron los dos amantes entre risas, despacio salió de debajo del escritorio. Deberían darle el premio a la mejor novia, pensó con ironía. Sacó el móvil con la linterna y siguió buscando. Cuando no pudo encontrar nada porque estaba todo cerrado se frustró. El nudo insoportable en su garganta se volvió lágrimas y se dijo, “ya hice lo más difícil, no me voy de aquí con las manos vacías”. Cogió un abrecartas y forzó el primer archivador, con todas sus fuerzas empujó y empujó y… con un gran ruido el archivador se abrió, cayendo ella al suelo de culo. Se asustó por todo el ruido pero corrió con el móvil a buscar que había conseguido. Había carpetas con iniciales, busco la suya, abrió la carpeta y sonrió, lo tenía, lo había encontrado. Abrazó los papeles contra su pecho y corrió hacia la puerta. Cuando salió una mano la atrapó por el brazo y la empotró contra la pared, en el golpe soltó los papeles al suelo, atraparon sus manos poniéndolas en su espalda y sujetándola fuerte de las muñecas con una mano, con la otra mano la empujaron contra la pared. Su pecho y su frente dolían por lo golpes, también sus muñecas al ser sujetadas con mucha fuerza. La luz a su alrededor se encendió.

-Vaya, pero que tenemos aquí…-una voz de hombre habló.

Ella reconoció al instante esa voz, aunque solo la había escuchado a través de un teléfono, toda la piel se le puso de gallina. Escuchó unos pasos acercarse a ella.

-¿Qué es esto?- los pasos se acercaron pero no pudo girarse porque la estaban manteniendo contra la pared, tampoco podía ver el hombre que hablaba, solo pudo ver la mano y el brazo del hombre cuando se agacho a su lado a recoger los papeles que ella dejó caer. Era una mano muy grande y se marcaban las venas, el antebrazo estaba cubierto por una chaqueta de traje.

El hombre levantó los papeles y se rio.

-Minho mete a la chica a mi despacho, vamos a hablar de esto.

El hombre a sus espaldas la separó de la pared empujando sus muñecas hacia atrás. También agarró su nuca, se estremeció de dolor y soltó un leve gemido, cuando dejó de agarrarla tan fuerte pudo ver que el hombre cuya voz le daba escalofríos estaba de espaldas entrando en el despacho. Era alto, con la espalda ancha, cuando encendió la luz del despacho vio que tenía un traje negro que le sentaba muy bien, se flexionaba con cada movimiento que hacía, llevaba el pelo negro, ligeramente largo. El hombre que la agarraba la empujó hacia dentro del despacho.

-Suéltala.

El hombre la soltó con fuerza, por lo que cayó dentro del despacho de bruces. Puso sus manos sobre el suelo para intentar levantarse, pero cuando se dio la vuelta a mirarlos se quedó petrificada.

Era el hombre más guapo que había visto en su vida.