Episodio 1: La sombra en la ventana
Las noches en Buenos Aires siempre tenían ese no sé qué, una mezcla de calma y peligro que flotaba en el aire. Luna se ajustó la campera, sintiendo el fresco pegándole en la cara mientras caminaba por las calles apenas iluminadas. Le gustaba la noche, le daba esa sensación de libertad que el día le negaba. Pero esa noche era distinta. Lo sentía en la piel, en la nuca, como si alguien la estuviera mirando.
Al llegar a su casa, un PH antiguo en San Telmo, notó que la luz de su habitación estaba encendida. "Qué raro", pensó, frunciendo el ceño. Juraba haberla apagado antes de salir. Se quedó quieta en la vereda, mirando su propia ventana. Y ahí, entre las sombras, algo se movió.
El corazón le pegó un vuelco. No había nadie más que ella en esa casa. O al menos, no debería haber nadie. Respiró hondo, intentando convencerse de que era su imaginación. Pero cuando sus piernas se decidieron a avanzar, la luz se apagó de golpe.
Luna sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era la primera vez que pasaban cosas raras, pero esta vez era distinto. Miró a su alrededor, las calles vacías, el sonido lejano de un motor acelerando en alguna avenida cercana. Su instinto le gritaba que no entrara, pero su cuerpo ya estaba moviéndose, casi como si no fuera ella la que decidiera.
Empujó la puerta con cuidado. La madera crujió bajo su mano. La casa olía igual que siempre, a libros viejos y café frío. Dio un paso adentro y cerró la puerta detrás suyo. El silencio la envolvió.
—¿Hola? —su voz apenas fue un susurro.
Nada. Solo el tic-tac del reloj en la pared. Caminó despacio hasta su habitación y apoyó la mano en el picaporte. Dudó un segundo. Inspiró hondo. Y empujó la puerta.
La habitación estaba vacía. Todo en su lugar. La cama revuelta como la había dejado, la pila de libros en el escritorio. Pero había algo distinto. Algo que no encajaba.
Sobre la mesa de luz, descansaba una foto enmarcada que no recordaba haber puesto ahí. Su respiración se volvió errática mientras se acercaba. La foto mostraba a una niña de cabello oscuro, de espaldas, parada frente a una ventana. Era su ventana.
El vidrio reflejó su propia imagen, pero había algo más. Algo detrás de ella. Una sombra que no pertenecía a nada en la habitación.
Se giró de golpe, pero no había nada.
Por ahora.
Fin del episodio








