Un mundo nuevo.
Después de la reunión en el lobby, dónde Akihiko Kayaba reveló que nadie lograría salir impune de SAO, Kirito salió a las zonas exteriores con el impulso y la desesperación por sobrevivir.
Cada monstruo era atacado con una ferocidad y desesperación palpables.
Los dedos alrededor de la espada de kirito estaban tensos. Su mandíbula se apretaba cada vez más. Un pensamiento brotó en la mente del espadachín: «No... No puedo morir aquí... ¡No puedo putas morir!»
Su respiración se entrecortaba con cada estocada que propinaba a esos jabalíes virtuales.
«¿Están... Atacando diferente?» Kirito no podía creerlo, ya no reconocía el patrón de ataque de los enemigos más sencillos que tenía para ofrecer el juego. Sabía que si bajaba la guardia aunque fuera por un momento... Significaría el final.
Uno de ellos lo embistió con todas sus fuerzas. Kirito apenas y pudo girar sobre sí mismo para redirigir la embestida y clavarle la espada en el cuello, lo que él sistema reconoció como un golpe crítico.
El jabalí estalló en cientos de fragmentos azules y Kirito aprovechó el momento para tomar algo de aire, su pecho subía y bajaba lentamente.
-Esto... Esto no es como la beta.- susurró para sí mismo, temblando por la idea de lo que eso significaba.
«Puedo... Sentirlo todo» pensó. «Los golpes... Las heridas... Incluso el cansancio; ¿Kayaba lo habrá programado así?»
Sus prendas, sus manos y su espada habían sido salpicadas con sangre. No era real, lo sabía. La sensación del acero cortando la carne, los gritos tanto de monstruos como de otros jugadores caídos parecían reales. Demasiado reales.
Kirito miró su barra de vida a la mitad, en amarillo. No había pociones, no habían aliados, solo una gran sensación de soledad y vulnerabilidad que jamás había esperado sentir ese día que decidió conectarse a SAO.
Un grupo de tres jugadores que caminaban por ese sendero se acercaron cuidadosamente a él.
De entre ellos, una chica de cabello corto y armadura de cuero alzó la mano.
- ¡Oye tú! - Kirito volteó con curiosidad.
- ¿Estás bien? ¿Tienes un equipo? - La chica parecía animada, sin intenciones hostiles y kirito respondió que no moviendo la cabeza de un lado a otro.
Los tres se acercaron más a Kirito y le ofrecieron unirse a su escuadrón.
Kirito siempre había estado más cómodo jugando sólo. Era ese tipo de persona que prefería andar a sus anchas, pero esta vez no podía permitirse algo así.
Su sentido de supervivencia, esa parte de él que había escuchado que si morían en el juego también lo harían en la vida real, le rogaba hacer equipo.
-Me llamo Kaede y manejo las cuchillas, mucho gusto - Kaede le extendió la mano a Kirito y él correspondió el saludo. - Ellos son Takato, usuario de un hacha de batalla y Hide, él prefiere las lanzas.
-Soy... Kirito, mucho gusto - al terminar de presentarse, los cuatro se dirigieron al siguiente pueblo para poder sanar más tranquilamente las heridas de kirito por sus enfrentamientos anteriores.
Takato mantuvo una actitud seria sin llegar a ser grosera, mientras que Hide le devolvió la sonrisa a Kirito, como si supiera lo que estaba pensando.
Por suerte para los cuatro, lograron llegar al siguiente pueblo justo antes del anochecer y alquilaron 2 habitaciones: una para Kaede, y otra para Takato, Hide y Kirito.
Una vez cómodos, Hide no pudo evitar hacer plática.
-Y dinos, Kirito ¿Por qué quisiste probar este juego? - dijo Hide mientras se acostaba en su cama.
-Ehh... Bueno... Y-yo... Lo compré por la emoción del momento, ya sabes, eso de que estaba en boca de todos.
-Ya veo, lo lamento mucho jaja.
Kirito quiso seguirle el juego - jaja... Eres muy sonriente para estar en esta situación con los demás ¿No?
Hide se levantó y miró más fijamente a Kirito - ¡Si! De hecho sí jajajaja cuando nos conocimos Kaede y yo, me regañó mucho por "tomarme esto a la ligera"
Pero a medida que Hide fue hablando, se puso un poco más serio. -Pero... No es que no me lo tome en serio, soy el tipo de persona que trata de ver el lado bueno de las cosas - Hide expresó una pequeña risa nerviosa - Es digamos, mi manera para lidiar con el miedo... ¿Verdad Takato?
Takato por su parte levantó su mirada fija de un punto en el suelo y asintió con la cabeza.
El ambiente de la posada donde se estaban hospedando se había vuelto algo tensa, la luz de la vela en aquella habitación proporcionaba la luz suficiente como para distinguir las siluetas.
Hide desde su cama trató de animar a sus compañeros -Ay vamos Takato, relájate un momento ¿si?
-Hide... - Interrumpió Takato con firmeza y un tono de voz más grave de lo habitual- Por favor, estoy muy tenso como para que me digas que simplemente me relaje.
-Uhhh... Es verdad... Lo siento. - Hide trató de disipar su mirada entendiendo que quizás no era el mejor momento para bromear.
Un silencio sepulcral inundó la atmósfera de la habitación -¿Estás bien Takato? - preguntó Kirito para aligerar el ambiente.
Takato juntó sus manos y posó su barbilla en ellas. -Allá afuera, en el mundo real, tengo una hija de dos semanas. No quiero morir aquí, quiero verla crecer, quiero estar para ella.
Kirito sintió un escalofrío recorriendo su columna, jamás habría imaginado que alguien se encontraría en una situación así dentro de SAO.
Esas palabras de Takato terminaron por sepultar la ligereza del ambiente esa noche.