1. La decadencia del único testigo
El mundo se materializó ante sus ojos como un sueño fracturado. Un dolor punzante recorrió sus sienes mientras intentaba entender dónde estaba.
Sus manos pequeñas, sucias y arañadas temblaban frente a su rostro, con sus dedos delgados, con esas uñas rotas.
Se incorporó con esfuerzo, escaneando el paisaje con su mirada nublada, con su corazón golpeando contra sus costillas. El aire, que olía a tierra húmeda y a algo dulzón.
Ruinas, escombros devorados por enredaderas y musgo que se extendían a sus pies, los restos de lo que quizá fue un castillo o un templo olvidado.
¿Cómo puede saberlo? ¿Qué reglas había para esto?¿Para qué este silencio sea diferente al del dormitorio? Aquel silencio tenía un peso. Apretaba.
Las piedras, algunas del tamaño de su puño, otras tan grandes como torres derrumbadas, yacían cubiertas de líquenes brillantes. La naturaleza las había reclamado, tejiendolas en su telaraña verde.
Sus ojos, con curiosidad cautelosa, vagaron sin rumbo, perdidos en el vasto cielo azul por su grandeza.
‘’No te apartes del grupo’’, susurro la voz de alguien. Pero no había ningún grupo, solo ruinas. Se giró una, dos, hasta tres veces queriendo encontrar algo, una puerta o algo familiar pero solo encontró el horizonte, una línea impecable que lo encerraba en un mundo sin techo.
El miedo, entonces dejo de ser un susto agudo a un miedo alarmante, haciendo que sus manos tiemblen. No era el miedo conocido al castigo conocido, sino a la irrelevancia de que nadie, en ningún lugar, supiera siquiera que había dejado de existir.
Entre las sombras de las lianas colgantes, una figura pétrea se inclinaba hacia el vacío, suspendida en su caída eterna por los brazos serpentinos de las plantas. El corazón le latió con fuerza.
‘¿Una estatua? ¿Un... cuerpo?’.
Con su curiosidad, trepó por las rocas más bajas, resbalando en las superficies inestables, hasta quedar frente a ella.
Le pareció extraño, aún más extraño es en como lo encontró, por que no parecía haber nada a kilómetros de distancia, solo estaba la naturaleza, las rocas y el.
Era la forma de una persona, pero consumida por el tiempo. El rostro erosionado, mostraba apenas unos ojos cerrados. Las lianas la rodeaban como venas, apretándola contra la pared rocosa.
No se atrevió a tocar, solo se sentó en la base de ese pilar, encogiéndose, haciendo su cuerpo lo más pequeño posible
—¿Cómo llegué aquí? — pregunto a la nada, con el silencio absorbiendo su voz
Siguió mirando a lo lejos, a las rocas y a esa estatua. Habran pasado horas, o quizás minutos. El sol continuó su rumbo, las sombras se alargaban como dedos oscuros, los sonidos del crujir de una rama o el viento le hacía contraer los hombros, esperando lo peor. Esperando algo, cualquier cosa
La compañía de su propio miedo empezaba a ser la única constante, su amargo consuelo sería la estatua, su testigo mudo, ciego y eternamente indiferente a la desgarradora soledad que grecia dentro del niño.
Un viento frío recorrió su espalda. Miró a su alrededor: kilómetros de prado impenetrable, silencio. Ni pájaros, ni insectos.
Su estómago empezó a rugir, él no es fuerte y tampoco es el más inteligente, pero tampoco esperaría que su hambre crezca. Bajo poco a poco y con cuidado, camino por los alrededores que solo se veían hierbas verdes no apetitosas.
Tampoco sabía si se podrían comer o no, por precaución no lo intentaría hasta que no tenga opción. Su recorrido fue mas prolongado de lo que creía.
—¿Dónde... estaré? —su voz sonó áspera, frágil.
El sol no paró de descender, tiñendo el cielo de púrpura. Su estómago le rugió, vagó entre los escombros, pisando hierbas de hojas gruesas y flores con pétalos translúcidos.
La noche cayó de golpe. Las sombras se alargaron, y con temor a perderse, dio media vuelta y caminó rápidamente por donde vino, sus pasos ya no son firmes mientras acelera aún más el paso.
Corrió, tropezando con raíces que surgían del suelo como dedos esqueléticos. Una caída brutal lo dejó con los labios sangrantes, pero no importó. Se levantó nuevamente, jadeante, hasta refugiarse al pie de la estatua.
Ese lugar de noche daba miedo, todo estaba oscuro y por más que las estrellas o luna lo iluminaran, no fue suficiente.
Y la única presencia que sentía, provenía de esa estatua rocosa, no importa el por qué. Solo importa que ya está aquí y por más que suene miserable, prefiere estar cerca de una estatua inerte.
Mientras se calmaba y limpiaba su sudor, miró con cuidado a los alrededores y por último intentó distinguir el rostro de la estatua por un consuelo mínimo.
Allí, entre jadeos, notó algo en la oscuridad: frutos redondos colgando de las lianas. Manzanas verdes, duras, que no recordaba si estaban ahí antes. Las arrancó con nerviosismo.
El primer mordisco lo hizo encogerse: ácido, amargo, pero comió hasta llenarse. Su boca se metió adentro por su sabor.
Pero no paro de masticar.
Aunque él no recordaba que las manzanas estuvieran ahí antes, aun así siguió masticando. Empezó a masticar con rabia y desesperación, con los ojos clavados en la oscuridad, desafiando y cada trago forzado, un acto de defiance contra la impotencia que lo inundaba. Masticaba para no gritar. Para no llorar.
Pero su sabor ácido persiste, se le subió a la nariz, quemándole las fosas nasales, y algo más subio en el. Una presión en la garganta que ya no puede contener. Un nudo, tenso y doloroso, apretando la tráquea. Intentó tragar, obligándose a bajar la fruta masticada, pero ese nudo no lo dejaba.
Un sollozo se le escapó, ronco, involuntario. Y luego otro, y de pronto, ya no pudo más. Las lágrimas brotaron sin permiso, calientes y silenciosas al principio, luego convulsivas y con hipos que le sacudían el cuerpo entero.
Lloro con su mejilla apoyada en la pared de piedra, con los dedos manchados por el jugo ácido de la fruta, que aún mantenía en sus manos. Loro por el miedo, por la confusión. Lloro por que estaba irremediablemente, completamente, solo.
Al día siguiente despertó encima del pilar, con dolores musculares y sus ojos hinchados, pero ahora ya se sentía más tranquilo con la luz solar, le daba una frágil tranquilidad.
Los días se diluyeron en una rutina de supervivencia y preguntas sin respuesta.
Con las manzanas verdes, siempre verdes, siempre ácidas.
Hola, muy buenos días, tardes y noches✨
Hay alguna que otra cosa que debería aclarar, en primer lugar esta la portada y es que esta generado con IA, es penoso decirlo pero mis habilidades en el dibujo no son las mejores y si podría pagar a alguien para hacerlo, lo haría pero no cuento con los recursos para ello.
En todo caso la portada se mantendrá hasta que pueda hacer una decente o pueda pagarla, aunque la flor también me gusta mucho jaja, la imagen la guardé hace mucho pero si no mal recuerdo, la aplicación se llama Dream, por si les interesa.
Otra cuestión a tomar en cuenta es que no habrá lanzamientos fijos de capítulos, pero no creo que tarde más de un mes
Por último quiero agradecer por tomarse el tiempo de leer esta historia, muchas gracias ✨💜✨💜