A que sabe el amor - Veronica Espinoza

All Rights Reserved ©

Summary

Tras una oferta de trabajo increíble y después de sacrificar su futuro por su familia, Abigail , una chef con un don especial para poner sabor a la vida, y Amelia , una mujer que lucha por encontrar su lugar tras una pérdida devastadora, se cruzarán en un giro del destino en la encantadora ciudad de Verona. Unidas por el amor por la cocina y la búsqueda de un nuevo comienzo, descubrirán en ellas mismas la fuerza para perseguir sus pasiones y desbloquear los secretos que guardan en su corazón. ¿Encontrarán el coraje que necesitan para perseguir sus verdaderos deseos, enfrentarse a sus inseguridades y encontrar la felicidad que tanto anhelan?

Genre
Romance
Author
WNLesb
Status
Complete
Chapters
51
Rating
n/a
Age Rating
13+

1 EL TIEMPO PASA LENTO CUANDO EL CORAZÓN TE DUELE

AMELIA

Verona. 24 de diciembre, 2023

Nunca imaginé que podría llegar a odiar mi profesión. Los días avanzan y este año, cargado de instantes oscuros y demasiado dolorosos, pronto se convertirá en pasado. Me gustaría tener la capacidad de retroceder en el tiempo y volver a esos momentos en los que era feliz. Eso me ayudaría a traerla de vuelta a la vida, a borrar el dolor que llevo dentro y convertir el agotamiento que siento en felicidad.

Si Anne estuviera aquí con todos nosotros diría que un buen equipo no se deja llevar por las emociones, que nuestra vida queda fuera de la cocina y que el restaurante debe seguir y continuar como estaba antes de que ella muriese. Sin embargo, llevamos meses hundidos en una rutina pésima que nos pesa y nos ha arrastrado a un estado tan difícil que todos los que estamos presentes hoy en Giovanni’s necesitamos que el reloj marque las doce para desconectar y desearle al viejo del traje rojo, que el próximo año nos brinde la oportunidad de mejorar.

Hoy es uno de esos días en los que familias y parejas se reúnen para disfrutar de la velada más importante del año. Nochebuena siempre ha sido uno de nuestros mejores pases, pero, al contrario de años pasados, no lo estamos disfrutando como deberíamos. Su muerte nos ha hecho tanto daño que su vacío, el hueco que ha dejado, duele tanto como una herida que sangra y no cierra. Y aunque han pasado meses de ello y todos decidimos seguir adelante por ella, sé que no podemos más y que necesitamos salir de aquí para no volvernos locos.

Amaba la cocina incluso más de lo que la amo yo; era mi compañera, mi tándem perfecto y esa pieza que dotaba a cada uno de los platos su propia personalidad. Perderla ha abierto una grieta entre mi yo del pasado y la que quiero ser en el futuro. Ha conseguido derribar el muro tras el que me sentía segura y la extraño, la echo tanto de menos que desde que no está aquí me está costando salir de este pozo en el que me he estado hundiendo.

A mi alrededor mi equipo se mueve desincronizado. En otro momento de la historia de Giovanni’s todos seguirían un patrón, un compás pautado y escrito por la misma mujer que hace varios años me robó el corazón. Pero hoy, como tantas semanas atrás, avanzamos renqueantes, tropezando, dispersados en nuestros propios mundos, desencajados. Anne, así como yo, sabía que cada receta está compuesta por una serie de pasos que no pueden saltarse si lo que se quiere es dar lugar a una melodía de sabores que se grabe en el alma y despierte los sentidos; y, aunque agradezco que ella instruyera a todos de esta manera, ahora el restaurante se viene abajo como un castillo de naipes ante una ráfaga de viento descontrolada.

—Muy bien, esto ya está, podéis servirlo así. Pastel de calabacín con queso de cabra, ¡marchando!

Frente a mis ojos, los camareros, tan agotados como todos los presentes en la cocina, recogen los platos y salen por la puerta de servicio en dirección al salón principal. Me llevo las manos a la cintura unos segundos, me paso una mano por la frente y suelto un suspiro sintiéndome derrotada. Sé que debo volver al trabajo, esforzarme por ser la única pieza que no se salga de su lugar y que no puedo darme un descanso. Pero, a mi alrededor, la paz del restaurante se desmorona dejándonos sin aire, convirtiendo esta última noche de servicio en una agonía que se está alargando demasiado en el tiempo y que no terminará hasta que el último plato de postre sea servido

—Amelia, a la carne aún le quedan más de quince minutos, ¿cómo lo solucionamos? — Mis ojos van a parar al reloj que tenemos en la columna de al lado. Tenemos muy poco tiempo para servir el segundo plato y quince minutos es demasiado tiempo.

—Sube el horno de temperatura y ponle el ventilador. Se secará un poco, pero al menos lograremos que esté preparada para servirla.

Ella decía que en nuestro trabajo debemos exigirnos la perfección y la excelencia. Que, si no nos superamos cada día, un chef y el restaurante que está en sus manos pierde prestigio. Giovanni’s es uno de los restaurantes más famosos de Verona y un paso en falso puede provocar que todo esto se venga abajo.

—Decidme que las verduras contorneadas ya están listas —ruego al girarme y no ver nada preparado. Los platos han empezado a extenderse encima del banco de servicio y los demás han untado la base de estos con la salsa acompañante—. ¡Os he dicho que no podíamos tener fallos! ¡Esta noche no! —grito, desesperada a sabiendas de que esto no ayuda nada.

—Lo siento, chef, aquí están. —Ismail y Martha corren hasta dejar la bandeja de metal junto a mí y su mirada, una mezcla de apuro y nervios, me dice mucho más que las palabras —. Tuvimos un problema, se nos deshicieron las zanahorias y tuvimos que repetirlas.

—Lo bueno es que lo habéis solucionado a tiempo. Bien hecho, chicos —comento mientras coloco sobre la salsa de vino tinto un pequeño montón de ellas—. ¿Queréis ayudarme?

—¿Estás segura?

—Algún día tendréis que hacerlo sin que yo os dé indicaciones. Anne os enseñó bien — explico siendo perseguida por la curiosidad de ambos. A nuestra espalda, los hornos se abren y el aroma de la carne lo inunda todo anunciando que está preparada—. Martha, ve con Xhen y deshilacha la carne. Una vez que esté lista, regresa y comienza a colocar montones junto a las verduras —indico sin levantar la mirada—. Sigue tú, Ismail. Yo te observo. Todos iguales, ¿sabrás hacerlo?

—Sí, chef.

—Yo le daré el último toque.

Con Ismail pendiente de parte del plato, me separo de la zona de servicio para dejarle espacio y respirar. Esta representación del asado navideño tiene los aromas y los sabores del mismo plato que servía mi abuelo en Le Monde; descubrí su libro de recetas entre las cosas viejas que mi padre guardaba en el desván de casa y ella no dudó en darle vida de una manera muy diferente a como él lo servía.

—Con más cuidado y limpieza, Ismail. Si lo hacemos bien a la primera, luego nos evitamos tener que perder tiempo retocando las imperfecciones —exijo al ver que por culpa del temblor de sus manos ha manchado ya varios platos. Debo ser estricta, aunque me encantaría no tener que serlo—. Eso retrasará el servicio y no queremos que los platos lleguen fríos a la mesa, ¿verdad?

—No, chef.

—Lo estás haciendo bien, disfruta —le digo apoyando una de mis manos sobre su hombro—. Vale la pena respirar un par de veces y calmar los nervios antes de fallar. Y si lo haces, no estás solo, tienes un gran equipo, una familia que está detrás, que te ayudará y te levantará.

Mis palabras me llevan de viaje al pasado, a esos meses después de la muerte de Anne, semanas en las que el restaurante estuvo cerrado porque no podía volver a la cocina sin romperme en mil pedazos. Gracias a todo el equipo pude regresar, cocinar y mantener el nivel de Giovanni’s lo más alto posible; y no puedo evitar verlos como esa familia que elegí en algún momento de mi vida para compartir cada uno de mis días.

—Creo que ya está.

—¿Lo crees o lo sabes? —pregunto a conciencia, acercándome a Ismail un par de segundos antes de que Martha regrese con la bandeja de la carne y culmine el plato—. Un gran chef debe saber cuándo dar el siguiente paso. ¿Estás seguro de que el plato está totalmente listo?

—No, chef, aún quedan los últimos detalles.

Sonrío y, sin más, chasqueo los dedos para llamar la atención de los demás. Rota, Xien y Mikai aparecen para colocar una espuma de trufa, un pequeño caviar de frutos rojos y un poco de sal.

—¡Preparaos para culminar el postre! —alerto y, a mi espalda, todos se mueven con rapidez generando esa melodía de platos y pasos que alguna vez me llenaron el alma y que hoy me recuerdan que este año por fin se termina.

No sé cuánto tiempo pasa hasta que los últimos comensales se levantan de la mesa que han estado ocupando para dejar el salón principal vacío; pero, cuando lo hacen, mi corazón descansa y se ve envuelto por la pesadez y el agotamiento provocado por el dolor. Es Nochebuena, la primera en años que paso a solas y, aunque quisiera tener energía para celebrarla, lo cierto es que lo único que quiero es meterme en la cama y desaparecer.