Capítulo 1
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Souji: Ugh... mi cabeza... ¿Q-Qué pasó?—Murmuró desorientado, sintiendo como si acabara de despertar de una pesadilla—. ¿Q-Qué...? ¿Dónde estoy?
Al abrir los ojos, se encontró en una ciudad decadente, con edificios deteriorados y un cielo rojizo que teñía todo con un aire ominoso. Las calles estaban habitadas por personas extrañas de aspecto perturbador. Cerca de él, un letrero polvoriento se alzaba, con letras desgastadas que le helaron la sangre:
“Cannibal Town”.

Souji: ¿C-Cannibal Town...? ¡¿Q-qué mierda?!—Exclamó horrorizado, dando un paso atrás al notar a una pareja devorando un cadáver en plena vía pública.
Titubeante, su instinto le gritaba que huyera, pero su mente nublada lo llevó a hacer lo impensable. Trató de llamar su atención.
Souji: E-Emmm... ¿D-Disculpen...?—Se acercó con cautela, su voz temblorosa.
Uno de ellos, un hombre corpulento con la boca ensangrentada, levantó la vista con una expresión molesta.
Caníbal 1:Grrr...¡Es nuestro! ¡Piérdete!—Gruñó con fiereza.
Caníbal 2: Cariño, no seas grosero—intervino la mujer con una sonrisa perturbadoramente amable—. Hay mucho para compartir. Dime, ¿qué prefieres? ¿Un brazo o una pierna? El páncreas es mío, ¿eh~?
Souji: ¡Dios, no! ¡No quiero comer nada!—Gritó asustado, conteniendo las ganas de vomitar—. S-solo quiero saber dónde estoy...
Caníbal 1:Ñam... ¿Eres nuevo, verdad?—preguntó mientras masticaba un pulmón como si fuera un simple aperitivo.
Souji: S-sí... soy nue—¡Ay, Dios, qué asco!—Su rostro se torció de repulsión ante la grotesca escena.
Caníbal 2: ¡Eso lo explica todo!—exclamó con entusiasmo, aplaudiendo—. Pequeño, ¡bienvenido al infierno!
Souji: Oh... eso explica por qué están... “comiendo” en plena calle—dijo con tono irónico, aún intentando asimilar la situación.
Caníbal 2: Somos del grupo caníbal, y nuestro pecado... bueno, creo que es bastante obvio—rió divertida—. ¡Oh! Por cierto, mi nombre es Mary y él es mi esposo, Alfred.
Alfred: Un placer—dijo sin apartar la mirada de su comida.
Souji: ¿I-igualmente...? Me llamo Souji... Kusakabe Souji. Y agradecería que no me llamaran “pequeño”—masculló, bajando la mirada—. (Ya estoy acomplejado por mi altura...)
Alfred: No te has visto en un espejo todavía, ¿verdad?—preguntó con una sonrisa ladina.
Antes de que pudiera responder, Mary sacó un pequeño espejo de su bolso y se lo extendió con una expresión divertida.
Mary: Aquí tienes, querido. Quizás quieras echar un vistazo~
Souji: ¿Mi apariencia?—Tomó el espejo con manos temblorosas y lo abrió lentamente—. ¿Q-qué tiene mi apa—? ¡D-Dios, ¿qué me pasó?!—Gritó en estado de shock al ver su reflejo.
Su cuerpo entero era pequeño, oscuro como una sombra viviente, con una forma amorfa que le daba un aire espectral. Sus ojos brillaban con un intenso resplandor entre naranja y amarillo, como flamas espectrales danzando en la oscuridad. Sus extremidades eran cortas, y su cuerpo parecía más etéreo que sólido.Parecía... un pequeño fantasma.

-Altura actual de Souji: 1.10 M-.
Mary y Alfred soltaron una carcajada.
Mary: ¡Oh, me encanta cuando se dan cuenta~!
Alfred: Bienvenido a tu nueva realidad, Souji. Ahora sí, oficialmente... estás en el infierno.
Souji: ¿P-pero por qué? ¡¿P-por qué soy así?!
Mary: No exageres cariño. ¡Mírate!¡Eres super lindo que te comería a mordidas!
Souji: ...A besos querrás decir, ¿no?
Mary: ¿Oh⁓?¿Y qué dije?
Alfred: Es difícil de explicar *Ñam*, pero todo depende de tu pecado... o la forma en que moriste.
Mary: Cuéntanos, peke. ¿Cuál fue tu pecado?
Souji: ¿Mi pecado?... Pues era un asesino. Pero me encargaba de la gente mala. Asesinos, narcos, pedófilos, secuestradores... hacía el trabajo sucio.
Alfred: Todo un justiciero, pero parece que eso no le gustó al cielo. Hablando de eso, querida, tenemos que irnos, casi es hora—dijo con seriedad.
Mary: ¿Tan rápido? Oh, cielos...
La pareja se levantó, dejando de lado el cadáver.
Souji: ¿Eh? ¿Qué ocurre?
Mary: Ah, Souji querido, tienes que esconderte. No importa dónde, solo escóndete—dijo con un tono serio, pero su expresión reflejaba preocupación.
Souji: ¿Qué? ¿Por qué?
Alfred: Hoy es el Día del Exterminio—dijo con gravedad, tomando la mano de su esposa y comenzando a correr.
Souji: ¿“Día del Exterminio”? ¡E-esperen!—Empezó a seguirlos—. ¿“Día del Exterminio”? ¡¿Qué es eso?!
Alfred: Una vez al año, el cielo envía a unos ángeles llamados “Exorcistas”. Vienen para eliminar el exceso de pecadores—explicó mientras llegaban a una parada de autobuses donde se agrupaban más caníbales.
Souji: ¡¿Pueden hacer eso?!
Mary: Tengo entendido que lo han hecho desde el inicio de los tiempos.
Souji: ¿P-puedo ir con ustedes?
Mary: Lo siento, querido. Adonde vamos, nuestra jefa Rossie solo protege a los caníbales, y ni siquiera a todos...
Souji: ¿Cuándo empieza y cuánto dura el exterminio?
Alfred: Empieza en... 20 minutos—dijo sacando un reloj de bolsillo—. Y dura doce horas.
Souji: No inventes...
Mary: Oye, como te dije, solo tienes que esconderte. Los Exorcistas atacan a lo primero que ven—advirtió con calma.
En ese momento, un autobús llegó.
Alfred: Querida, hay que irnos ya...
Mary: Sí... lo siento, Souji. Espero que nos volvamos a ver—dijo con serenidad, subiendo al autobús seguida de Alfred.
Souji: ....
Alfred: ¡Ey, niño! ¡Atrapa!—gritó lanzándole su reloj a Souji—. ¡Mucha suerte y no mueras!
Las puertas del autobús se cerraron y arrancó a máxima velocidad, dejando solo a Souji, quien miró el reloj en sus manos.

Souji: Faltan 15 minutos para el mediodía... A esa hora empieza la exterminación...
Souji comenzó a correr desesperado, buscando algún lugar donde esconderse. Las calles eran un laberinto de edificios cerrados, muchos de ellos con ventanas tapiadas, como si sus habitantes hubieran intentado sellarse del horror que estaba por venir.
Souji: ¡Mierda! ¡Mierda! ¡¿Ahora qué hago?!—Jadeó con el corazón acelerado—. ¡¿Cuánto queda?!
Miró el reloj con manos temblorosas.
Souji: ¡Ah, seis minutos!—exclamó, sintiendo el frío del pánico apoderarse de él. Pero entonces, una idea cruzó su mente.
Una sonrisa forzada apareció en su rostro mientras intentaba recuperar la compostura.
Souji: Espera... ¿qué demonios estoy haciendo? ¡Soy Souji, el maldito niño demonio! Unos angelitos no son rivales para nosotros, ¿no lo crees, Onigo?
-Silencio-.
Souji frunció el ceño.
Souji: ...¿Onigo?—Llamó nuevamente a su espectral compañero, pero la respuesta fue la misma: nada.
El pánico regresó como una ola helada. Se acercó a un edificio y miró su reflejo en una ventana sucia y agrietada.
Souji: Sé que estás ahí, amigo... hora de salir—murmuró, intentando activar su poder.
Nada.
Probó otra vez.
Nada.
Souji: N-no... no puede ser...—susurró, retrocediendo un paso. Su respiración se volvió errática mientras la realidad lo golpeaba de lleno—. Ya no tengo a Onigo...
Las fuerzas lo abandonaron, y cayó sentado sobre la acera.
Souji: ¿Y ahora qué hago...?—murmuró con la mirada perdida en el reloj—. No tengo mi poder... voy a morir aquí... a manos de un maldito pájaro...
Apretó los dientes, frustrado. Su mente trabajaba a toda velocidad buscando una solución. Fue entonces cuando notó algo.
Observó el reloj. Luego, miró su propio cuerpo.
Souji: Soy... como un fantasma, ¿no?—susurró, sus ojos brillando con un destello de curiosidad—. Me pregunto si...
Sin pensarlo demasiado, tomó el reloj y lo presionó contra su pecho.
Para su sorpresa, su mano se hundió en su propio cuerpo, como si estuviera metiéndola en agua. Cuando la sacó... el reloj ya no estaba.
Souji: Okey... esto es útil—murmuró con una mezcla de sorpresa y alivio.
Pero no tuvo tiempo de procesarlo.
—¡Carajo! ¡Están aquí! ¡Corran!—
Souji: ¿Uh?
Levantó la vista justo a tiempo para ver el cielo desgarrarse. Un enorme portal dorado se abrió sobre la ciudad, bañándola con una luz ominosa. De él, un ejército descendió como sombras en la tormenta. Eran Ángeles.
Sus armaduras eran negras como la obsidiana, y en sus rostros portaban máscaras con una gran “X” tallada sobre uno de sus ojos.
Souji sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Souji: ...Mierda.
El exterminio había comenzado.
Souji: ¡Tengo que salir de aquí!—gritó alarmado antes de echar a correr.
A su alrededor, el caos reinaba. Los Exorcistas descendían como aves de rapiña, masacrando a los condenados sin piedad. La sangre manchaba las calles mientras los gritos de agonía llenaban el aire. Lo peor de todo es que no parecían simples verdugos... disfrutaban la matanza. Como si fuera un espectáculo.
Souji: ¡¿Esas cosas en verdad son ángeles?! ¡Los caníbales de hace un rato parecen más civilizados que ellos!—exclamó con incredulidad, apenas logrando saltar hacia atrás para esquivar una lanza que se clavó en el suelo frente a él—. ¡¿Qué mier...?!
Exorcista 1:¡¿A dónde con tanta prisa, pequeña mierda?!—rugió con una sonrisa sádica, lanzándose hacia él con otra estocada.
Souji: ¡Carajo!—rodó por el suelo, esquivando por los pelos—. ¡Mejor me largo de aquí!—exclamó sin pensarlo dos veces antes de salir corriendo.
Exorcista 1:¡¿A dónde crees que vas?! ¡Esto apenas comienza!—rió con locura, emprendiendo la persecución.
Souji zigzagueaba entre los escombros y cadáveres, saltando por encima de cuerpos destrozados mientras su mente buscaba desesperadamente una salida.
Souji: ¡Ajá! ¡Tiempo fuera!—gritó, esquivando otro ataque por poco—. ¡Deja de intentar matarme, maldita loca!

Exorcista 1:¡Entonces deja de moverte!—gruñó, frustrada.
—¡¿Puedo unirme, hermana?!—gritó otra voz desde el cielo.
Souji: ¡Ay no, ahora son dos!—se quejó con furia.
Dos exorcistas tras él. Peor aún, parecían estar disfrutando la cacería.
Souji: (Piensa, piensa... ¡Mierda!)
Fue entonces cuando vio un callejón estrecho a su derecha. No lo dudó.
Exorcista 1:¡Qué idiota!
Exorcista 2:¡Matémoslo ahora que está atrapado!
Ambas exorcistas se lanzaron en picada al callejón, listas para ensartar a su presa. Pero al entrar...
No había nadie.
Exorcista 1:¡¿Qué mierda...?!
Exorcista 2:¡¿Dónde demonios se metió?!—preguntó confundida, mirando de un lado a otro.
El callejón estaba vacío. Ni un bote de basura, ni una alcantarilla abierta, nada. No había lugar donde Souji pudiera haberse escondido.
Exorcista 1:Tsk...Tal vez escaló el muro. Estos pecadores cada vez son más escurridizos. ¡Vamos, no pudo haber ido muy lejos!—gruñó con frustración.
Ambas extendieron sus alas y salieron volando. El callejón quedó en silencio.
Unos segundos después, una sombra oscura emergió de la pared, deslizándose como un espectro.
Souji: Se fueron... ¡Qué buena suerte!—pensó, sintiendo el alivio recorrer su cuerpo.
Miró sus manos, observando cómo su cuerpo parecía haberse fusionado con el entorno. Era parte de las sombras.
Souji: Tal vez no tenga a Onigo... pero desperté con nuevos poderes—Sonrió—¡Soy una maldita sombra! ¡Ja, ja!—rió con emoción.
Sin perder más tiempo, se deslizó por el suelo como una serpiente, desvaneciéndose en las sombras. Se movía rápido, sigiloso, invisible para cualquiera que no prestara atención.
Aprovechando su “nuevo” camuflaje, decidió observar desde la oscuridad la masacre que los ángeles estaban llevando a cabo.
Narra Souji
Nunca imaginé... que esto pasara en el infierno.
Quiero decir, se supone que el infierno es un lugar de castigo eterno, ¿pero esto...? Me cuesta creerlo. Entiendo que hay gente muy mala en este lugar... pero esto parece un matadero.
Narrador.
Souji observó con el ceño fruncido mientras los Exorcistas continuaban su trabajo. Pecadores rogaban por sus vidas, solo para ser atravesados sin piedad. Algunos intentaban pelear, pero eran aplastados sin esfuerzo. La ciudad ardía en gritos de sufrimiento. Souji apretó los dientes.
Souji: (Esto... esto es una jodida masacre)—Pensó con enojo.
Deslizándose entre las sombras como un espectro, Souji se movía entre paredes y suelos con una agilidad que jamás había experimentado. En su recorrido, llegó a un callejón donde una escena inesperada lo hizo detenerse.
Frente a él, un pequeño niño caníbal temblaba de miedo mientras un Exorcista se interponía entre él y el resto del campo de batalla.
Souji: (Espera... ¿Va a matar al niño? Puede que sea un pecador, pero esto es demasiado. No lo pienso permitir.)—pensó, preparándose para atacar al ángel.
Pero lo que ocurrió después lo dejó perplejo.
Exorcista:¡Rápido, tienes que irte...!
Souji: ...¿Uh?
Exorcista:¡¿Qué estás esperando?! ¡Corre!—ordenó con urgencia, sin apartar la vista del cielo.
El niño no dudó en obedecer y salió corriendo, desapareciendo en la distancia. Souji, aún oculto en las sombras, parpadeó sorprendido.
Souji: (Entonces... no todas son malas.)—pensó con una leve sensación de alivio. Tal vez no todo estaba perdido, tal vez...
Su esperanza se hizo trizas en un instante.
De la nada, otra exorcista descendió en picada, blandiendo su espada con una velocidad aterradora. Antes de que su víctima pudiera reaccionar, le arrancó el ojo de un tajo.
Souji: (Retiro lo que pensé...)—se dijo con rabia al ver la brutal traición.
Exorcista 2:Eres una maldita decepción, Vagatha...—espetó con desprecio, sujetando a la exorcista herida por el cabello—. La más capaz entre nosotros resulta ser... ¡Una puta traidora!
Sin un ápice de piedad, de un solo movimiento le arrancó las alas, haciendo que la exorcista soltara un alarido desgarrador.
Vagatha:¡GRAAAAHH!—La sangre brotó de su espalda como un río dorado.

Souji apretó los puños.
Exorcista 2:Y por haber traicionado al cielo para salvar a un asqueroso pecador...—levantó su espada— el veredicto final es... ¡la muerte!
Pero antes de que pudiera ejecutar el golpe final, una sombra se deslizó a toda velocidad, interponiéndose entre ellas.
*¡CLANG!* Una vara negra cubierta de un aura violeta, sólida como el acero, bloqueó el ataque en el último segundo.

Exorcista 2:¡¿Qué...?!
Souji: Oh~... ¡Genial!—exclamó, mirando su nuevo arma con asombro.
Sin perder el impulso, giró sobre sí mismo y golpeó con todas sus fuerzas, enviando a la exorcista volando fuera del callejón y estrellándola contra una pared.
Souji: ¡¿Pero qué carajo?! ¡Puedo crear armas!—rió con euforia mientras hacía girar su báculo de sombras la cual tenía picos en cada extremo—. Este es el mejor día de mi vida... ¡Y ESTOY EN EL INFIERNO!
Vagatha, jadeante, intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondía.
Vagatha:T-Tú... no tenías...
Souji: ¿Eh? ¡Oh, wow!—se acercó, notando el estado en el que estaba—. Te dejaron hecha mierda...
Vagatha:T-Tienes que irte...—murmuró con voz débil.
Souji: ¿Y dejarte?—respondió firme—. Vi lo que hiciste por ese niño. No voy a dejarte morir aquí.
Se giró hacia la calle, aferrando su báculo con determinación.
Souji: Si puedes moverte, escóndete. Yo me encargaré de matar a tu compañera.
Los ojos de Vagatha se abrieron con horror.
Vagatha:N-No puedes...
Souji frunció el ceño.
Souji: “¿No puedo?” ¿Vas a protegerla después de lo que te hizo?—preguntó, confundido y molesto.
Vagatha:¡N-No! ¡T-Tú no... puedes matarla!—exclamó con urgencia.
Su voz tenía un tono diferente ahora. No era súplica, ni compasión... era miedo.
Souji entrecerró los ojos.
Souji: ...¿Qué demonios quieres decir con eso?—El aire se tornó más denso.
Desde la oscuridad de la calle, el sonido de alas batiéndose con furia anunció que la batalla aún no había terminado.
Souji: Un cuerpo sano, con nuevos poderes...¡Esto se pondra bueno!—Dijo emocionado mientras giraba su báculo preparándose para la batalla.

Continuara...